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Mark Lynas: El hereje verde
perseguido por su conversión nuclear

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Octubre 29, 2008

Mark Lynas es un ultraecologista inglés, furioso partidario del fraude del calentamiento global, del fraude del DDT, de la capa de ozono, y en general de toda la Biblia y los Evangelios Verdes y tiene un blog en http://www.marklynas.org/. También es el inspirador de la terriblemente desinformante docu-mental del canal de cable del National Geographic, “Seis Grados”.

He discutido con él en el pasado sobre estos temas, pero dejé de hacerlo por su postura totalmente religiosa sobre esos temas. La religión y la ciencia (o las observaciones de los hechos concretos) no se llevan bien –más bien se dan de patadas. Me hace recordar al personaje ficticio de SpikedOnline.com Ethan Greenhart, furibundo y ciego fundamentalista del ultraecologismo, que tanta gracia nos causa con sus consejos sobre una manera “ecológicamente ética de vivir". Hemos publicado en nuestro sitio gran cantidad de sus consejos. No tienen desperdicio.

Por ejemplo, para comprender a Mark Lynas tendría que leer antes algo de Ethan Greenhart. Vea sus anteriores consejos ecológicamente correctos en:

¿Es ético festejar el Día de San Valentín?
¿Es ético casarse?
¿Es ético construir un baño nuevo?
¿Cómo hacer para dejar a la gente en tierra?
¿Es ecológicamente ético viajar a Australia a ver los Ashes?
¿Hay que contribuir con las ONGs filantrópicas en África?
La Manera Ecológicamente ética de suicidarse

Volviendo a Lynas, este muchacho no tuvo una peor idea que dejarse tentar por la curiosidad y comen-zar a informarse del sonido de la “otra campana” sobre la energía nuclear. Resultado: una conversión a la energía nuclear que él califica de “Revelación Damascena.” Además de ser una mujer nativa de la ciudad turca de Damasco y colores para futas y flores, los ingleses usan a esa expresión como “revela-ción divina.” Siempre lo religioso de por medio.

Entonces el 19 de septiembre pasado escribió en su blog un artículo titulado:

Por que los verdes deben aprender
a amar la energía nuclear

El calentamiento global y los recursos finitos significan que nuestra forma de vida está más amenazada que nunca, y es tiempo de que el movimiento ecologista enfrente algunas ver-dades duras.

99 comentarios

Creo que lo más ofensivo debe haber sido el contenido de su párrafo donde hace una apretada y exacta síntesis del movimiento ecologista que él mismo estuvo (y sigue) apoyando:

Ser anti-nuclear es un artículo de fe (y empleo esa palabra intencionalmente) para mucha gente en el movimiento ambiental de hoy y de más allá, tal como lo fue durante los años 70. Que el Partido Verde, Amigos de la Tierra y Greenpeace hayan mantenido esa misma postura en el tema durante 30 años podría revelar una consistencia admi-rable -pero también podría ser la evidencia de una mente cerrada y dogmática.

¡Bueno! Se lo dijo todo de golpe ¡y sin respirar! Si lee los comentarios (y conoce inglés) verá que lo más livianito que sus críticos le dijeron fue "HdeP." Hubo algunos, sin embargo, que estuvieron de acuerdo, pero, siempre le encuentran un pelo en la leche...

Entonces Mark Lynas, salió a defender su posición en el The Times de Londres, y debemos felicitarlo porque lo hizo bastante bien. Claro que todavía se le “ven las patas a la sota”, y ello porque no se ha decido todavía a investigar los demás mitos y fraudes en la ecología, como lo hizo con la energía nu-clear. Pero es un paso adelante en el camino hacia la verdad. Está a medio camino de ser un escép-tico. Bienvenido a bordo, Mark.

Mark Lynas: El hereje verde perseguido
por su conversión nuclear


Por Mark Lynas
The Times Online de Londres
Septiembre 28, 2008



Se que debería estar furioso. La postura de la EDF [Electricité de France, la compañía francesa que genera electricidad en Londres], significa que cuatro nuevas centrales nucleares podrían construirse ahora en Gran Bretaña, la primera construcción nuclear en una generación. Como viejo miembro de Partido Verde, uno que puede cortar su propia leña, cultivar su propia verdura, criar gallinas y ponerle a los hijos pañales reutilizables, la indignación antinuclear debería saltar con facilidad a mis labios.

Después de todo, la energía es algo que me preocupa. La última vez que comprobé mi “huella de carbono”, califiqué con una quinta parte del promedio nacional. Raramente vuelo, aún cuando debo concurrir a hablar a audiencias lejanas acerca de mi obsesión personal, el cambio climático –un tema que he cubierto en tres libros. Cada vez que la palabra “nuclear” aparece en mis charlas, un estremecimiento corre por la habitación. Porque todos saben que los verdaderos ecologistas odian a la energía nuclear. Simplemente es la maldad.

Excepto que, bien, ya no creo más en eso. Hace justo un mes tuve una conversión Damascena: la Causa Verde contra la energía nuclear está basada largamente en mitos y dogmas. Mi punto que quiebre vino cuando descubrí cuánto ha cambiado la energía nuclear desde que puse mi mente en contra de ella por primera vez. “Receta para el Planeta,” un nuevo libro del escritor norteamericano Tom Blees, abrió mis ojos a los rectores de “regeneración rápida” de cuarta generación, que pueden usar el combustible con mucha mayor eficiencia que los reactores del tipo viejo, producir residuos de menor vida media, y que también se pueden diseñar como “seguros para dejar funcionando solos”. [walk away safe]

Mejor todavía, estos nuevos reactores –prototipos que ya han sido ensayados- pueden producir energía quemando el stock de los residuos nucleares existentes. Como Belles lo presenta: “Tenemos así un prodi-gioso abastecimiento de combustible gratis que en realidad es mejor que gratis, porque es material del que queremos desembarazarnos.” ¿Quién puede oponerse a ello?

Casi todo el mundo en la eco-escena me dio la espalda. Comencé a recibir e-mails de mis amigos y colegas advirtiéndome sobre el tópico. ¿Quería yo en verdad arriesgar mi reputación alienando al movimiento verde? La respuesta a mi primer artículo sobre el asunto causó el colapso de mi casilla de correo, los blogs comenzaron a chorrear veneno, las miradas sucias se multiplicaron. Un ex campañista de Green-peace escribió en mi página web que yo “debería mostrar un poco de humildad” y “menos arrogancia”. En la página de Greenpeace se burlaron de mi opinión como “la expresión de deseos del día.” En el programa de Radio 4, “El Programa de Hoy” , el líder del Partido Verde Caroline Lucas me acusó de “haber perdido mi estrategia.” Cuando argumenté en contrario, me acusó de “simplemente ser un tonto.” Yo era un traidor.

Este era el momento que yo había estado temiendo por casi tres años, desde que comencé a sospechar que lo mucho a que yo había sido llevado a creer sobre la energía nuclear –que es, sin excepción, sucia, peligrosa e innecesaria- no era verdad. La ciencia ha seguido adelante. Las viejas cifras ya no se sos-tienen más.

De acuerdo con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, la energía nuclear es una fuente de energía tan baja en emisiones de carbono como la eólica y la solar: los 439 reactores nucleares del mundo cada año le ahorran al planeta 2 mil millones de toneladas extra de dióxido de carbono, que habrían sido emitidas si en su lugar se hubiese carbón.

¿Y esos peligros? Todavía siguen allí pero tenemos que discutirlos de verdad. Por ejemplo, tomemos Chernobyl. Todos sabemos que fue un desastre: el sitio de Greenpeace declara una cosecha de muertes de 60.000 y predice otras 140.000 muertes en el futuro. Pero estas estadísticas les dan en la cara cuando vemos las de la Organización Mundial de Salud y el Comité Científico de las Naciones Unidas sobre Efec-tos de la Radiación Atómica (UNSCEAR), 28 personas murieron en la fase inicial y varios miles más han sufrido del cáncer no fatal de la tiroides a causa del accidente. El informe de la ONU concluye en que “no hay evidencia alguna de un gran impacto sobre la salud pública atribuible a la exposición a la radia-ción, 20 años después del accidente.” –de manera que la verdadera cosecha de muerte del peor acciden-te nuclear del mundo es minúscula. En una base de muertes por gigawatt/año, la energía nuclear es mucho más segura que el carbón o el petróleo.

Con la curiosidad picada, revisé la literatura científica buscando evidencia que apoyase al otro gran cargo levantado contra la energía nuclear: que mata a sus vecinos. Pasé el peine por pilas de rigurosos estudios epidemiológicos de todas partes del mundo, buscando alguna prueba de que la gente que vive cerca de las centrales nucleares están más predispuestas al cáncer y a la leucemia. Ninguno de los más respetados 'journals' científicos me mostró alguna relación.

Estos son apenas dos ejemplos de eco-mitos: hay muchos más. Si sólo se nos permitiese discutirlos sin ser flagelados por herejes.

Cuando le envié un e-mail a un viejo científicos ecologista con mis conclusiones, él estuvo de acuerdo, pero en privado. “No me cite como promotor de la energía nuclear,” me rogó. Aún estoy impactado que personas de esta estatura esté tan intimidados para hablar libremente. El resultado de este miedo es que el público es desinformado peligrosamente acerca de la energía nuclear.

Finalmente he pensado en algo útil que puedo hacer con mi tarjeta de afiliación al Partido Verde: la remataré en eBay y enviaré el dinero al EDF –con la sugerencia de que refuerce a su departamento de marketing. ¿Alguna oferta?


Demostró Mark Lynas que se puede regresar del infierno. Que con un poco de trabajo, sudor y pacien-cia se puede uno acercar a la verdad, o a algo que se parece mucho a ella. Sólo es necesario que no deje caer los brazos y continúe con su búsqueda. Debe comenzar por considerar que el actual enfria-miento es real y verificado por varios conjuntos de datos globales y distintas organizaciones a cargo de registrar las temperaturas.

Este enfriamiento es inexplicable en términos de la teoría de los gases de invernadero o del “calenta-miento global de Al Gore y James Hansen”. Va en contradicción absoluta con las predicciones de los modelos computados del clima y sus proyecciones. En un mundo con gases de invernadero las tasas de calentamiento pueden variar de un año para el otro, pero el presente enfriamiento ha ocurrido sin nin-gún forzamiento aparente, lo que hace surgir serias dudas acerca de la reclamada magnitud del efecto invernadero del CO2. Cuando mucho debe ser tan minúsculo que puede ser revertido por fluctuaciones climáticas menores, normales en el clima terrestre

Estoy seguro de que abandonará su amor de años, se divorciará de la vieja y arrugada teoría del calentamiento global y se casará con la joven y agraciada "frío global". Por supuesto, escribirá otros tres o cuatro libros acerca del enfriamiento global y hará otra documental con el National Geographic llamada "2 Grados Menos". Nunca es tarde -en especial cuando la taquilla promete ser tan buena como la otra.

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