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Natumaleza Venezolana
(Segunda Parte)

Por Carlos Wotzkow y el Morrocoy Azul*

El burdo aprendiz de dictador en Venezuela quiere luchar por el medio ambiente y por un país libre de transnacionales. Segura-mente, no tardaremos mucho en escucharle hablar de expropiaciones, o de un novedoso “Plan Bolívar”: copia de las expropiaciones en Cuba y del “Plan Turquino”.

A los amigos venezolanos debemos aclarar que eso de Bolívar nada tiene que ver con el libertador, ni de un plan original de vuestro autista emboinado, sino con la imitación de un plan cubano (el Pico Turquino, que al igual que el Pico Bolívar son las elevaciones más altas de Cuba y Venezuela), ideado por Fidel Castro y causante de la mayor degradación ecológica del archipiélago cubano.

No es un secreto los motivos que nos inclinan al temor. La invasión que día a día se lleva a cabo en las fincas más productivas de Venezuela es un capítulo ya escrito de la Cuba de los años 60. Ahora, como ayer, los militares que sostienen con el abuso y la mediocridad a Chávez, están arrasándolo todo. Confiscan el ganado, destruyen las in-stalaciones, promueven la tala indiscriminada y permiten el levantamiento de asentamientos sin estructuras sani-tarias adecuadas. Los ríos venezolanos se han convertido de la noche a la mañana en las letrinas de estos pobladores que confían en el “mar de la felicidad” cubana. ¡Pobre Mar Caribe!
Pero a lo que íbamos. El Plan Turquino fue una idea que, según el gobierno, pretendía detener la migración de los campesinos cubanos hacia las ciudades y les obligaba a plantar en las mon-tañas aquellos productos que les permitieran un mínimo de subsistencia. Gracias a esta bri-llante idea de Castro, miles de hectáreas de bosques fueron desmontadas para plantar yuca. Cientos de hectáreas de café fueron convertidas en efímeras plantaciones de malanga. O sea, los bosques vírgenes destruidos en función de la agricultura migratoria y las tradicionales plantaciones de café, eliminadas en función de una emergencia inventada por el racismo del estado.

Pero el Plan Turquino de Cuba, como mismo está ocurriendo ahora en Venezuela (a pesar de no contar todavía con un nombre), no es otra cosa que obligar a la población más desfavorecida a vivir en la precariedad: - “si son o no capaces de extraer plátanos de una ladera rocosa de montaña, ese es su problema, el gobierno les da la oportunidad”. Por ende, las abundantes lluvias que caracterizan el clima venezolano, y la tala indiscriminada que se lleva a cabo en la inmensa mayoría de los parques naturales “bolivarianos”, obligará muy pronto a desmontar nuevas áreas hasta que Venezuela pierda la maravillosa naturaleza que posee en la cordillera de Mérida, las Sierra de Perijá y todas las alturas comprendidas entre los Parques naturales de Yacambu y Guatopo.

Es importante señalar aquí que si al autista bolivariano se le ocurre construir en el Parque Natural de Guatopo un engendro como aquel de “El Gato”, se nos muere Caracas. En Guatopo están las represas que dan agua potable a casi 5 millones de habitantes, pero puede que el tecnócrata internacionalista de Fidel Castro no le resulte productivo mantener invariable el suministro. Durante siglos, el acueducto de Albear llevó agua abundante y limpia a la Ciudad de la Habana hasta que al viejo sátrapa se le ocurrió desatenderlo, desecar sus fuentes de agua natural (manto freático y Laguna de Ariguanabo) y construir “El Gato”: un medio fascista para chantajear a la población capitalina con la sed. O vas a la próxima movilización, o esta semana no te bañas.
Sin vegetación natural, las cadenas montañosas y los ecosiste-mas continentales de Venezuela serán testigos de más desla-ves, mientras las casas de los nuevos ricos en Cuba contarán con ventanas y muebles de lujo gracias a la caoba y otras tan-tas maderas preciosas del estado Venezolano. La tragedia ocurrida en Vargas me recuerda al voluntariado castrista del Dique Sur en Cuba (1). Allí, como siempre ha ocurrido cada vez que la naturaleza dio su esperada respuesta al Plan Tur-quino, el régimen de Chávez ha empezado a nombrar “caci-ques”. En Vargas nombró a Carlos Genatios (hoy desaparecido y con los bolsillos llenos) como si se tratara de su nuevo San-cho en la ínsula prometida. Pero en el Dique Sur, como mismo ocurre ahora en Vargas, resulta que “las obras para prevenir los desastres estaban erróneamente concebidas”.
En Venezuela, a los tecnócratas de Chávez se les denomina “autoridades únicas” y esa de Vargas es, a todas luces, un cachorro del “único responsable” de la miseria en la que vive Venezuela en estos días: Hugo Chávez. Como Castro, el régimen de Chávez está militarizando la ayuda a sus votan-tes. A golpes de demagogia, los bomberos, la defensa civil y las organizaciones especializadas en desastres han perdido la autoridad operativa con que contaban anteriormente. “Autoridades únicas” de última hora, o cortesanos de la revolución narcisista del sietemesino, o tecnócratas al estilo del Plan Turquino, son a partir de ahora los “especialistas” indiscutibles del país.
“Autoridades únicas” que sobresalen, no por su efectividad, sino por la lentitud y la desorganización que les ha caracterizado durante la planificación y la entrega de la “ayuda” a los damnificados. Para colmo, a los centenares de familias que habían quedado aisladas en muchas zonas costeras, o a los residentes de Caracas que no podían regresar a sus casas por obra y gracia de las prioridades del “líder máximo” de los venezolanos, el mismísimo los llamó “dignificados”. ¿Cómo es posible que tantos ciudadanos de ese país, todavía con cierto acceso a la información, sigan apoyando a este energúmeno que los ha transformado en un rebaño de “ovejas dignas”?

No hay que ser muy inteligente para percatarse que el problema de Vargas se fue empeorando por la falta de atención a los drenajes y otras obras que impedían que los deslaves llegaran a la categoría de catástrofe. En cinco años, para ser honestos, no se hizo nada por prevenir que la tragedia de 1999 volviera a repetirse.

¿Fueron Ganatios y sus bien vestidos “hombres de negocios” los que se apropiaron de los millones de dólares recaudados gracias a la solidaridad privada? ¿Será la FAN (Fuerza Armada Nacional) la que ha evaporado los fondos del estado? A juzgar cómo utilizan en Venezuela los medios del ejército, todo es posible.
En el estado de Carabobo los chavistas llegaron al absurdo de utilizar los blindados “Dragón” para abrir las vías de comunicación. Como espectáculo mediático, propio de un estado gobernado por un ignorante, seguramente valía la pena. Era como decirle a los analfabetos votantes, - “mi-ren muchachos, hasta el ejército participa en su rescate“. Con una motoniveladora, un pequeño buldózer, o cualquier equipo especializado en el movimiento de tierras, la cosa hubiera funciona-do más rápido y mejor. Pero el “diputado” oficialista Nicolás Maduro, (otra brillante “autoridad única”) declaró que la culpa de las lluvias caídas en Venezuela era de los países que no habían firmado el Protocolo de Kyoto. Ergo, los Estados Unidos.
Como en Cuba, la culpa de todos los desmadres nacionales producidos por la incapacidad y los tecnócratas del gobierno la tienen los gringos. Inmediatamente, Hugo Chávez devino ecologis-ta y se sumó a los que acusaban a Estados Uni-dos de ser un caballo irresponsable por permitir al cochero emborracharse. Lo llamativo del hecho no obstante, era que la Venezuela de este payaso tampoco aparecía entre los firmantes de esa desfachatez ecologista llamada “Protocolo de Kyoto”. El país había ratificado el documen-to (Gaceta Oficial 38.081) desde el 7 de diciem-bre del 2004, pero alguna “autoridad única” había olvidado depositar la ratificación en las Naciones Unidas (2).
Seguramente los bolivarianos en Nueva York estaban más ocupados disfrutando los mojitos de sus colegas cubanos en la amarilla comisión de derechos humanos (minúsculas intencionales). Pero para los que conocen cómo actúa Cuba en materia ambiental, quizás el “lapsus” estaba bien planificado. Desde hace medio siglo, Cuba es signataria de cuanto protocolo ambientalista se le ocurre a los sesudos de la ONU. Sin embargo, la mayoría de las veces, o se olvida de rati-ficarlo, o se olvida de cumplirlo. Pronto veremos a los constructores bolivarianos levantando mansiones en las reservas naturales más conservadas de Venezuela. Pronto los veremos igno-rando las categorías de protección de esas áreas en “aras de salvar las gloriosas conquistas de la revolución bolivariana”.
Pronto veremos a Venezuela repleta de embalses y a Chávez, anunciando que las minihidroeléctricas sustituirán al petróleo. Pronto veremos cómo se planifican pedraplenes a través del Lago de Maracaibo, Diques Nortes sobre los manglares, bosques de eucaliptos y de casuarinas donde antes los había de Caoba y Majagua. La espantosa experiencia cubana a escala continental es sólo una cuestión de tiempo y Venezuela, será la primera tierra arrasada por las hordas ecologistas del feudalismo de Castro. Para lograrlo, el sietemesino Chávez cuenta con unos cuantos millones de estúpidos bolivarianos, y no pocos cubanos dispuestos a destrozar toda Venezuela por una jaba de comida a cambio.
De momento, quién duda que sean los mismos agentes bolivarianos los que estén contaminando los productos de la Nestlé en Venezuela. Todo, con tal de exacerbar el descontento popular contra esa transnacional suiza y más específicamente, contra el país que ha admitido a trámite la demanda laboral de los miles de despedidos en PDVSA. La ola de anima-les afectivos envenenados por los productos Nestlé bien pudiera tener un origen criminal. De esta misma forma, Chávez la emprende contra el proyecto de cultivos genéticamente modificados (GM) que se llevaba a cabo en Mesa de Guanipa. De pronto, yo diría que casi al unísono, el gobierno anti-transnacional de Hugo Chávez se ha opuesto a los GM y la transnacional ADM cierra su planta de Tres Passos, Brasil.
Para los que crean que esta empresa norteamericana sólo está preocupada por eliminar a los transgénicos de sus productos y penetrar el mercado Chino (3), les recomiendo no sólo leer las contradictorias declaracio-nes que han llevado al cierre de esa sucursal en Rio Grande do Sul (4) sino también, observar con deteni-miento el impresionante documental “Covering Cuba 4: the rats bellow” dirigido y producido por el docu-mentalista Agustín Blázquez. ADM (Archer Daniels Midland Company) no es sólo un gigante agrícola con base en Decatur, Illinois, sino una transnacional norte-americana con larga historia de contactos y favores al más puro estilo mafioso y en beneficio del régimen de Fidel Castro. ¿Por qué no podría tenerlos con su he-rmano bolivariano, el impresentable Hugo Chávez, al que por poco compra Internacional Multifoods? (5)

Carlos Wotskow, y El Morrocoy Azul

Suiza y Venezuela
Abril 29, 2005

*Morrocoy Azul (nombre que se le da a una tortuga venezolana) fue un semanario humorístico de alto vuelo, escrito por las mejores plumas de principios del siglo 20. Todas las personas dedicadas a recolectar datos y fotos para esta serie de artículos sobre el destrozo de la ecología venezolana en tiempos de dictadura estarán protegidas por duro capara-zón de este seudónimo. Esperamos que los lectores puedan comprender por qué.

REFERENCIAS

(1) Wotzkow, Carlos (1998): Natumaleza Cubana. Miami. Ediciones Universal. p 122.
(2) El Universal (2005): A más agua, más paja. Opinión. Febrero 17, 2005.
(3) American Soybean Association Weekly Update: Venezuela cancels GM Soy Project.
(4) NUTRA (2005): ADM closes soybean oil plant. Food ingredients. April, 14, 2005
(5) Bloomberg News (2005): Archer backs out of Venezuelan purchase. Latinamerican studies.org.


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