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DDT: El Poder Paralizante del Miedo

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

“No existe al tiempo presente ninguna evidencia de que el DDT
es cancerígeno (o tumorogénico) en ninguna especie animal
cuando se lo administra a niveles menores en dos grados de magnitud
a la máxima dosis alcanzable por los fabricantes y trabajadores
de planta durante toda una vida de exposición.”

Al presente, no existe ninguna evidencia que surja de
experimentos de que el DDT sea cancerígeno o mutagénico.
Leonard Axelrod, Ph.D.,
Funcionario de la EPA, 4 de abril, 1974

En la ethología, la ciencia que estudia el comportamiento de animales y seres humanos, es bien conocido el poder paralizante que el miedo ejerce sobre los mecanismos cerebrales. Los animales como el león lo saben bien, y de allí el rugido previo al salto sobre la presa. La primera reacción de la presa es la parálisis total de sus músculos, y en los animales se nota una contracción de los músculos de las piernas traseras preparando la huída. En los experi-mentos sobre seres humanos se advierte también una contracción en sus músculos, que produce un encogimiento de tiende a imitar la posición fetal.

De inmediato, se produce un derrame de adrenalina en el torrente sanguíneo que será ne-cesaria para afrontar la lucha o la actividad física que sobrevendrá. Una vez que el peligro ha pasado, sin consecuencias para la presa, los niveles de azúcar en la sangre caen vertigi-nosamente y la presa o persona sufren estados de lipotimia, o accesos de temblores muscu-lares. Pero donde más efecto tiene el miedo, sobre todo cuando se llega al estado de pánico, es en los mecanismos cerebrales. Las víctimas del pánico pierden virtualmente toda capacidad de realizar procesos lógicos que podrían llevarles a evitar el peligro y a una eventual salvación.

Entre los seres humanos, los expertos en este tema definen al Miedo Paralizante como generado a raíz de una situación de peligro inventada por el pensamiento, si bien puede ser que en algún momento suceda esa situación pero que no está ocurriendo en el momento presente. Es decir, que la imaginación alimenta a este miedo. También afirman los entendidos que el miedo forma parte de la misma esencia del ser humano. El miedo, como el hambre o la lujuria, no es algo malo en sí mismo, siempre que uno sepa dominarlo y no se vea desbordado por él. Gracias al miedo somos capaces de segregar adrenalina, producir más plaquetas y tener el cuerpo en disposición de combatir a pleno rendimiento. El miedo es un poderoso aliado, siempre y cuando no lo dejemos derivar en pánico.

Los Miedos Irracionales

En su inmensa mayoría, los miedos son irracionales, y nutren sus raíces en la ignorancia: la oscuridad es uno de los miedos más antiguos, porque ignoramos lo que se esconde en los ámbitos oscuros. Podría haber algo que nos cause daño, un monstruo que nos devore, o los fantasmas que pueblan la literatura y las películas de Hollywood. Se puede decir que el único antídoto contra el miedo es el conocimiento. Les puedo afirmar que la primera vez que uno se lanza en paracaídas se siente un miedo cerval, profundo, y en algunos casos es un miedo paralizante. Las semanas previas de estudio y entrenamiento antes del pri-mer salto hacen que se vaya ganando en conocimiento y se vaya perdiendo el miedo, aun-que los tres segundos previos al primer salto quedarán grabados a fuego en su memoria.

Al tercer salto, el miedo ha descendido a niveles totalmente manejables y finalmente termina por transformarse en respeto, la forma más aconsejable de miedo. Cuando el miedo es respeto, la mente funciona a su óptima velocidad y el rendimiento de los mecanismos racionales alcanza niveles de excelencia. Quien dice no tener miedo a nada olvida que le tiene respeto a muchas cosas. Si realmente no teme a nada, lo más probable es que se trate de un inconsciente, que ignora las consecuencias que le puede traer su falta de respeto o de miedo.

Entrando de lleno en el tema que impulsa este artículo, en la ciudad de Córdoba, Argentina, los miedos tienen diversos orígenes y causas, aunque la principal es la inseguridad personal de la gente que sufre robos, y asaltos (y no me refiero al accionar acostumbrado de los políticos) sino al de otro tipo de delincuentes más violentos, aquellos que roban a punta de pistola o cuchillo, que ingresan a los hogares y toman rehenes, y demás “hazañas” ensalzadas por algunos "cuarteteros". El miedo de las víctimas es casi siempre paralizante. Sólo los expertos en defensa personal, karatecas y yudocas no pierden la cabeza, aunque sienten un enorme respeto por el arma del asaltante.

Una segunda e importante fuente de miedos y angustias se produce cada vez que inician sus sesiones las Cámaras legislativas y Concejos Municipales, porque sus miembros se han erigido en verdaderos dueños de nuestras fortunas y nuestras libertades. No es aventurado afirmar que cada vez que nuestros legisladores terminan una sesión, hemos quedado un poco más pobres y ellos un poco más ricos – o por lo menos con más privilegios.

La otra fuente de miedos, pánicos y constantes angustias la constituyen las constantes campañas de alarmas sobre imaginarios miedos que provendrían del ambiente, y que han llevado a que los niveles de miedo hayan llegado instalar en la población una angustia y un terror por lo que nos depara el futuro, que se ha convertido en una grave patología conoci-da como “neurosis ambiental”. Por desgracia, hay mucha gente que lucra con estos miedos y este estado de miedo constante; gente que recibe subsidios y ha hecho carrera aterrorizando a la población con riesgos y peligros imaginarios.

Las organizaciones más famosas que aprovechan este filón siguen precisas instrucciones de sus organizaciones “madre” en Europa o los Estados Unidos. Son organizaciones inspiradas en la filosofía maltusiana del Club de Roma, y seguidoras de programas destinados a impe-dir el desarrollo industrial de los países que han sido designados –como el nuestro- prove-edores de materia prima barata e importadores de tecnologías caras. Pero de esto ya la gente se ha dado cuenta hace bastante tiempo, aunque no tiene ni la menor idea de cómo hacer para impedirlo.

Según un experto politólogo de un sitio web:

El discurso del miedo, con el insano des-propósito de mantener privilegios mata principios, moviliza y/o inmoviliza, según el INTERÉS programado, el miedo o con-veniencia de la masa manipulada; mediante la amedrentación y/o mercadeo con: "dinero, especie o cuerpo cierto", de lo comprable del dirigente o "líder" político, social, comunicacional, gremial, etc.

El discurso del miedo, teme la transparentación de su dualidad: genocidio-huma-nismo. Doble moral legitimada y exhibida como encarnación del bien; que al perder su efecto moral, facilitador del bloqueo mental y/o conciencial para su submundo, revela la depredación causada por manos poderosas; a través del encubrimiento cómplice de medios de comunicación, articulistas, editorialistas, banqueros, empresarios, aburguesados y demás de nivel económico alto - medio - bajo - marginal; periodistas, movimientos sociales, elites sindicales, partidos políticos, ong's, sociedad civil, en fin…

Por supuesto, pareciera que el ensayista, hombre de izquierdas él, hubiese estado pensan-do en ONGs como Greenpeace, el WWF, Amigos de la Tierra, Worldwatch Institute. O bien nuestra local ecologista FUNAM, dirigida de manera brillante por su presidente, el biólogo Raúl Montenegro, quien ha mantenido desde 1983 una incansable batalla contra la muy inofensiva y útilísima Central Nuclear de Embalse. Pero Montenegro también realizó exito-sas campañas contra el herbicida 2,3,4,5-T, contra las líneas de alta tensión, la extracción de uranio en las Sierras Grandes de Córdoba, la fabricación de combustible para las centra-les nucleares en la empresa Dioxitek, la caza de iguanas en el norte de Córdoba, los concur-sos de tiro al pichón, la fumigación de herbicidas, y su muy recordada campaña en barrio Ituzaingó Anexo, primero con el tema de los PCB de los transformadores eléctricos, más tarde con el barro de los tanques de agua, en seguida con los herbicidas en los campos cer-canos, más tarde con las líneas de alta tensión del barrio, y por último, visto que ninguno de esas causas de por sí era la causante de las enfermedades de los vecinos, recurrió al “cóctel” de causas que, según parece, se suman para provocar todas las enfermedades denunciadas.

Del estudio “epidemiológico” anunciado en Diciembre del 2004 por un epidemiólogo de Buenos Aires no se han recibido noticias, pero no perdemos las esperanzas. Sabemos lo extraordinariamente difícil y costoso que resulta diseñar correctamente y conducir un buen estudio de esta naturaleza. Lo que siempre nos pareció desacertado fue la propaganda que se hizo a su alrededor y que se lo haya tomado como si los resultados ya hubiesen confir-mado que las enfermedades denunciadas eran motivo de alarma pública, y que los casos eran más numerosos de lo que sería normal hallar en la población.

Hoy, el DDT, mañana qué?

El tema de hoy es el DDT y sus espantosas consecuencias sobre la población alrededor del depósito que el SENASA tenía en el barrio Alta Córdoba. Aparentemente, si la gente no viviese cerca del depósito con DDT, o en Barrio Ituzaingó Anexo, o en Barrio Poeta Lugo-nes, no se enfermaría nunca, y el cáncer, la leucemia, los linfomas No-Hodgkins, y otros desperfectos observados en el chasis, carrocería y motor de los vecinos, estarían totalmente ausentes. Por desgracia, con hacer una lista de enfermos de cualquier barrio de cualquier lugar del mundo se podría obtener una cantidad, variedad y proporción de enfer-medades igual o similar a las encontradas por las campañas de FUNAM. De hecho, el estu-dio de la Universidad de Córdoba, demostraba que las casos reportados en Bo. Ituzaingó Anexo no eran superiores en númerno al del resto de la ciudad de Córdoba.

En la literatura científica hay capítulos enteros de estudios que “
sugieren” (la palabra clave es “sugieren”) que el DDT es cancerígeno y es el responsable de gran cantidad de diversos tipos de cáncer (hígado, mama, próstata, pulmón, estómago, faringe, etc.), mien-tras que una cantidad similar de estudios “demuestran” y “prueban” que el DDT no es cancerígeno en los seres humanos o animales a los niveles hallados normalmente en el ambiente.

Nos preguntarán: “
¿Entonces, cuándo resulta tóxico el DDT?”. Por lo general, cuando se lo usa para suicidarse, o para asesinar al esposo, es decir, cuando se ingiere un frasco completo del insecticida, o cuando se ha estado comiendo milanesas o puré de papa sazonado con DDT durante varias semanas. Los mismos resultados se habrían obtenido bebiendo tinta china, o esmalte para uñas, o champú. O peor aún, agua lavandina, o nafta, pero no por ello hay que salir a los alaridos pidiendo la prohibición de esas cosas tan útiles para la sociedad.

Dejando las bromas de lado, hay que sobrepasar un umbral determinado en las dosis para que el DDT sea tóxico. El padre de la toxicología, Paracelso, ya decía en el siglo 15,
“La Dosis hace al Veneno”, queriendo decir que hay sustancias y elementos que son esen-ciales para la vida y el metabolismo de los seres vivos, pero que en dosis elevadas son venenos. Tome una caja de cereales para el desayuno y lea la etiqueta donde se listan los ingredientes: Cualquiera de ellos que se ingieran en dosis muy elevadas le causarán problemas serios –algunos le matarán.

Los ejemplos clásicos de esto son el selenio, o el cobre, esenciales para la vida pero que son venenosos cuando se pasa de la dosis adecuada. Por otra parte, hay elementos y sustancias que son venenosas y tóxicas a niveles muy bajos de ingestión, como el mercurio, pero gene-ralmente esos niveles se alcanzan por accidente. En cuanto al DDT, el elemento clave es el cloro, al que Greenpeace quiere ver eliminado de la faz de la Tierra (aunque no nos ha dicho como hará para eliminarlo del mar), y como reemplazará al cloro en las medicinas –
el 80% son clorhidratos.

Estudios Científicos Varios

Para saber con profundidad cuál es el origen de la prohibición del DDT, le recomiendo al lector que lea los artículos al respecto que pueblan este sitio web y que podrían ser los siguientes, “Malaria: El Asesino que se Pudo Derrotar”; “Primavera Silenciosa, y la Traición del Ecologismo”; “La prohibición del DDT ha causado millones de muertes”; “Es tiempo de rociar DDT!”, editorial del columnista del muy ecologista diario The New York Times, Nicholas Kristof, o sino “DDT, preguntas frecuentes”.

Pero para picarle la curiosidad, le adelantaré algunos párrafos reveladores del informe que rindió el entomólogo y ecólogo William Hazeltine, en el Seminario del Centro Internacional de Ecología Científica, mayo, 10, 1993, en París, Francia.

El Dr. Falk relató acerca de varias partes de estos ensayos y luego dijo, “Obtuvi-mos resultados positivos, por ejemplo, un significativo número de hepatomas en ratones con 140 mg de DDT en la dieta. Pero a medida de que disminuimos el nivel de DDT en la dieta hasta el nivel en que los humanos estamos expuestos ahora, muy probablemente tendríamos que decir que la incidencia de hepatomas hubiese sido 0%

El testimonio de Leonard Axelrod, Ph.D., la persona de la Agencia de Protección del Am-biente (EPA) que estaba haciendo la revisión de toda la literatura científica publicada en el mundo sobre el potencial cancerígeno del DDT, se registró en la trascripción de las audien-cias del 4 de abril, 1974 diciendo:

“No existe al tiempo presente ninguna evidencia de que el DDT es cancerígeno (o tumorogénico) en ninguna especie animal cuando se lo administra a niveles menores en dos grados de magnitud a la máxima dosis alcanzable por los fabri-cantes y trabajadores de planta durante toda una vida de exposición.”

Al presente, no existe ninguna evidencia que surja de experimentos de que el DDT sea cancerígeno o mutagénico.

No existe ninguna evidencia de estudios de monitoreo en humanos durante un período de 5 años de que el DDT como se encuentra en el ambiente haya causado un aumento de cualquier discracia fisiológica (descomposición de la sangre).

Otros estudios con interesantes conclusiones:

Ottoboni experimentó con perros Beagle de pura raza dosificados durante 3 gene-raciones con 10 ppm de DDT en su alimento, con sacrificio a los 2 1/3 años. No se hallaron efectos adversos debido al tratamiento con DDT: la Dra. Ottoboni informó (comunicación personal): que “se observaban efectos beneficiosos en los perros tratados en este estudio multigeneracional”; ella también dijo que los técnicos comenzaron a referirse a los perros de control no tratados como los “animales deficientes de DDT”.

Los experimentos sobre seres humanos son reveladores y destruyen la hipótesis de un DDT cancerígeno para los humanos:

Hayes et al, (1971, Arch. Env. Health, 22:1-9) alimentó a voluntarios con DDT a tasas de hasta 35 mg por días durante 21,5 meses, y algunos de los sujetos fueron seguidos durante 5 años desde el inicio del período inicial de alimentación. La dosis fue calculada en 535 veces más alta que la ingesta diaria promedio en los Estados Unidos, sin que se observaran efectos adversos.

Laws et al, 1967, (1967, Arch. Env. Health, 15:766, y Laws, 1971) siguieron a 35 hombres con 11 a 19 años de elevada exposición en una fábrica donde se producía DDT (la fábrica Montrose, California) y estos hombres no mostraron efectos ad-versos atribuidos a la exposición al DDT. Basado en niveles de almacenamiento y excreción, la ingesta promedio diaria fue calculada entre 3 y 18 mg, por hombre, por día. Esto hay que compararlo con la ingesta diaria para la población en general de 0,04 mg diarios.

Más resultados benéficos sobre seres humanos:

Un estudio de R.P.H. Thompson et al, 1969 (Lancet II (7161):4-6, julio 5, 1969) explica cómo el DDT fue administrado a un joven de 17 años para control de una ictericia no conjugada. Este tratamiento reemplazó a la fenobarbitona que había sido usada anteriormente. El mecanismo sugerido para la exitosa terapia fue la inducción de enzimas microsomales del hígado que dieron por resultado reducidos niveles de bilirrubina en el plasma.

Si le interesa conocer el muy largo “paper” de William Hazeltine presentado en el mencio-nado Seminario en París, en 1993, haga clic sobre este link HAZELTINE y lo pondrá en pantalla.

¿Y que Haremos con los Niños?

Otro asunto que asume ribetes de preocupante gravedad es el efecto que estas denuncias tienen sobre las personas afectadas –gente de Barrio Ituzaingó Anexo, de Alta Córdoba y finalmente de Bower – pero más nos preocupan el efecto que esta situación tendrá sobre los niños, y no sólo de los barrios directamente afectados. De la literatura científica se pueden extraer análisis como este:

Trastornos De Ansiedad.

Algunos temores son comunes en los niños. Pero cuando éstos no desaparecen con el tiempo, pueden ser signos de trastornos de ansiedad. Los trastornos de ansiedad se presentan en diferentes formas y pueden ser experimentados en forma distinta por cada persona. Pero su factor común es el sentimiento de terror constante, miedo o preocupación más allá de las reacciones normales al peligro.

Las fobias son temores irracionales a objetos o situaciones que no pueden ser supera-dos con explicaciones o acciones racionales. No deben ser confundidas con los temores infantiles normales que pasan con el tiempo, como el miedo a la oscuridad, ya que las fobias son tan severas que dificultan la vida normal de la víctima.

Se está formando a una sociedad cargada de miedos y neurosis que no pueden ser curadas mediante “explicaciones o acciones racionales.” A esta altura de los acontecimientos no se le puede quitar a la gente que han sido afectadas por las campañas de FUNAM la sensación de miedo y angustia permanente que se les ha ido inyectando durante años. La angustia se traduce en lo que se conoce como “estrés”, condición mental de la persona que tiene efectos perniciosos graves sobre el organismo, manifestándose primordialmente como un debilita-miento del sistema inmunológico y el reconocido aumento de la predisposición de las perso-nas a ser víctimas de infecciones y hasta de cánceres.

¿Se puede cuantificar esta acción perniciosa de las neurosis y miedos que resultan de las campañas alarmistas de algunas Organizaciones ecologistas? Sería posible, pero el estudio que sería necesario hacer es de una complejidad, de un costo y una duración tal que lo harían impráctico e inútil. Lo que sí se puede hacer no es cuantificarlo sino calificarlo:
es una acción de irresponsabilidad criminal, similar y al mismo nivel que la prohibi-ción en 1972 del inofensivo pesticida DDT.

La Solución

Educar a la gente en la verdad es imposible en el poco tiempo que hay disponible. Serán necesario muchos años para revertir la perniciosa acción de FUNAM, Greenpeace, y demás ONGs verdes en relación al DDT, los PCB y demás alarmas ecológicas. Las autoridades de la provincia y de la Nación tienen dos alternativas muy factibles:

  1. Usarlo para combatir a las vinchucas del norte argentino y de la provincia de Córdo-ba, para reducir la incidencia del Mal de Chagas-Maza, con los cual demostrarían que –aunque sea por esta única vez- se preocupan realmente de la salud de la población y de sus votantes, con lo cual ganarán agradecimiento eterno y votos, o sino,

  2. Donarlo a las Embajadas de Sudáfrica y/o Ecuador para que lo empleen en sus excelentes programas de lucha contra la malaria que, en el caso de Ecuador lo han estado haciendo desde 1960 sin interrupción y sin efectos adversos para la población. Ambos países estarán eternamente agradecidos por el gesto solidario de Argentina. 12 toneladas de DDT no son baratas en la India o China, donde se lo fabri-ca y se lo usa también sin problemas.

De acuerdo con el editorial del New York Times, el periodista Kristof dice:

“Llamé al World Wildlife Fund, pensando que hallaría guerra. Pero Richard Liroff, su experto en toxinas, dijo que él podría aceptar el uso de DDT cuando fuese necesario en la lucha contra la malaria. “Sudáfrica estuvo bien al usar al DDT,” dijo, “Si las alternativas al DDT no están funcionando, como no lo hacían en Sudáfrica, entonces uno tiene que usarlo. En Sudáfrica previno decenas de miles de casos de malaria y salvó muchas vidas.”

En Greenpeace, Rick Hind notó razones para preocuparse por el DDT, pero añadió: “Si no existe otra cosa, y va a salvar vidas, todos estamos a favor de él. Nadie es dogmático sobre el asunto.

Si ni el WWF ni Greenpeace se oponen en Europa y Estados Unidos al uso del DDT, ¿por qué sus sucursales y personeros locales se siguen oponiendo? Y entonces, si encuentran acertado que se use para combatir a la malaria, ¿por qué no se puede usar en Argentina para combatir a la vinchuca y al Mal de Chagas? ¿Alguien puede responder? ¿Alguna de esas autoridades sanitarias de la provincia o de la nación, podría responder a esta simple pregunta? Por favor…

Mientras tanto los legisladores legislan sin saber nada sobre el tema. No sería la pri-mera vez, y lo peor es que no será la última. Pero, con la ayuda de Dios, quizás no desaprovechen esta oportunidad de rehabilitarse ante la gente.


Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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