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    La locura del calentamiento global de Obama

    No, Sr. Presidente, no necesitamos una guerra contra el carbón

    por Charles Krauthammer

    National Review
    Julio 4, 2013

    La economía se estanca. Siria arde. Los escándalos se acumulan a sus pies. China y Rusia se mofan de él, y hasta un “hacker de 29 años” reveló al mundo los secretos de espías americanos. ¿Cómo responde el presidente? Con un grandilocuente discurso sobre el cambio climático.

    ¿Cambio climático? Está bien al fondo de una lista de preocupaciones de los norteamericanos (la última de 21, según la encuesta de Pew). Lo que significa que la declaración unilateral de una guerra Americana contra el calentamiento global, cualquiera sea su costo –y será muy pesado- es altamente visionario o sufre irremedia-blemente de un subjetivismo que sólo existe o puede ser conocido por él mismo.

    Usted decide:

    Las temperaturas globales estuvieron sin moverse durante 16 años –Obama eligió un curioso momento para develar un gran, inmensamente costoso y socialmente disruptivo programa de lucha contra el calentamiento.

    Ahora, este hallazgo inconveniente no es determinante. No significa que no exista un calentamiento global. Pero es algo que los muy complejos modelos del calentamiento global que Obama afirma ingenuamente que representan la ciencia establecida, tienen muchos problemas para explicar. Por consiguiente pone en relieve la presunción del presidente al desestimar a los escépticos como los “Ignorantes de la Tierra Plana”.

    Por el contrario, son creyentes en que la tierra es plana como Obama quienes se rehúsan a reconocer la naturaleza contradictoria de la información. Son los “Tierra-plana” como Obama quienes citan a la reciente ola de calor en Alaska –un evento aislado, en un lugar, en algún momento- como una presunta evidencia de un cambio climático planetario. Son los “Tierra-plana” como Obama quienes citan fenómenos perennes como las sequías como una retribución cósmica por los pecados ambientales.

    En aras de argumentar, sin embargo, concedamos que el calentamiento global es precisamente lo que Obama piensa que es. Luego responda a esto: “¿En el nombre de Dios, que hará por el clima su masivo programa regulador –que comienza con una guerra contra el carbón y termina con miles de millones en más subsidios para nuevas Solyndras?

    Los Estados Unidos ya redujeron radicalmente sus emisiones de CO2 -más que cualquier otro país en el mundo desde 2006. Según la Agencia Internacional de Energía. Las emisiones de hoy están de nuevo en los niveles de 1992.

    Y sin embargo, al mismo tiempo, las emisiones globales han aumentado. Eso es –sorpresa!- nosotros no controla-mos el uso de la energía del otro 96% de la humanidad.

    En el corazón del programa de Obama están las regulaciones de la EPA que harán imposible abrir ninguna planta generadora de electricidad que use carbón y cerrará sistemáticamente todas las plantas que existen hoy. “Polí-ticamente, la Casa Blanca está hesitando decir que tenemos una guerra contra el carbón,” explicó uno de los asesores climáticos de Obama. “Por el otro lado, una guerra contra el carbón es exactamente lo que es nece-sario.”

    Efecto neto: decenas de miles de puestos de trabajo destruidos, estados enteros empobrecidos. Esto en un momento de desempleo crónico y aplastante, lento crecimiento, mercados nerviosos, y profunda incertidumbre económica.

    Pero eso no lo peor de todo. Este sacrificio masivo valdría la pena si en verdad detuviese al calentamiento global y salvase al planeta. Lo que lo hace una idea muy tonta es que no lo hará. Esta auto infligida herida económica no tendrá ningún efecto sobre el clima.

    Los que tienen nada están industrializándose con rapidez. Mientras hablamos, China e India juntas están abriendo nuevas plantas de carbón todos los días. Podemos matar al carbón de los estados Unidos y devastar al país del carbón todo lo que queramos, pero el tercer mundo en industrialización más que lo compensará. El efecto neto del plan de Obama será simplemente el desmantelamiento de la industria del carbón en Estados Unidos para exportarla al extranjero.

    Creer que haremos que estos países cooperen es una loca fantasía. Hemos estado negociando tratados climáticos durante 20 años y no hemos llegado a ninguna parte. China, India y los demás países en desarrollo hacen notar que Occidente tuvo 150 años de ventaja en la industrialización que les hizo ricos. Ellos siguen siendo pobres. Y ahora, justo cuando están haciéndose ricos, ¿les decimos que tienen que detenerse?

    Ninguna posibilidad. Obama cree que va a engatusar a China en una reducción de la emisión de gases invernadero que frenará su economía, aumentará el costo de la energía, descarrilará a la industrialización, y se arriesgarán a un serio malestar social. Esto viniendo de un presidente que ni siquiera pudo convencer a China que entregase a un señor Edward Snowden a las autoridades norteamericanas.

    Yo no estoy en contra de un pacto global para reducir las emisiones de CO2. Por cierto, estoy a favor de ello. Pero en la ausencia de un pacto –y no hay ninguna posibilidad de llegar a uno en un futuro próximo- no tiene ningún sentido el que Estados Unidos cometa un suicidio económico que no tendrá efecto sobre el cambio climático, cuya inversión es, después de todo el alegado motivo del ejercicio.

    Que un presidente proponga esto con semejante certeza agresiva es incomprensible. Es el un de los más crudos ejemplos de una creencia que es impermeable a las evidencias. Y la palabra para ello es FE, no CIENCIA.



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