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Eduardo Ferreyra está 430º en el
ranking mundial de escépticos

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Junio 22, 2010

La publicación oficial de la Academia Nacional de Ciencias de USA, Proceedings of the National Academy, publicó ayer un 'paper' con una Lista Negra de científicos y periodistas a quienes se califica de negacionistas de la ciencia climática. Es un honor por el que he estado aportando mi granito de arena durante muchos años. Festejaré destapando un Pomery.


En esta parte del listado aparece el científico argentino Eduardo Tonni, Investigador del Conicet. Por alguna razón inexplicada no figuran, ni la Dra. Rosa Compagnucci, conocida meteoróloga escéptica de las conclusiones del IPCC, y la Dra. Silvia Duahu, astrofísica del LAGE, de la Universidad de Buenos Aires, cuyos estudios sobre la actividad del Sol son reconocidos a nivel de la comunidad científica mundial y ponen en evidencia la innegable y excluyente influencia del Sol y la variación en sus ciclos sobre los cambios climáticos.

El “estudio”, publicado en el Proceedings of the National Academy (PNAS), examinó a 1.372 científicos que tomaron parte en revisiones de la ciencia del clima o habían puesto su nombre en declaraciones en relación a hallazgos cla-ves del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Los científicos fueron agrupados en “convencidos” o “no convencidos”, y los investigadores examinaron cuántas veces habían publicado estudios sobre el clima. El Abstracto de este trabajo, titulado “Credibilidad de Expertos en al Cambio Climático,” (que es un trabajo periodístico y no uno científico), dice:

Abstracto

Aunque estimaciones preliminares de la literatura publicada y encuestas de expertos sugieren un impac-tante acuerdo entre los científicos del clima sobre los postulados del cambio climático antropogénico (CCA), el público norteamericano expresa una duda sustancial sobre la causa antropogénica y el nivel de acuerdo científico que apoya al CCA. No se ha realizado ningún amplio análisis de la comunidad científica del clima, la distribución de credibilidad de los investigadores disidentes en relación con inves-tigadores que sí están de acuerdo, y el nivel de acuerdo entre los máximos expertos en clima y podría informar de las futuras discusiones sobre el CCA.

Aquí usamos una extensa base de datos de 1.372 investigadores del clima y su información sobre publicación y citas para mostrar que que (i) 97-98% de los investigadores del clima que publican más activamente en el campo apoyan los postulados del CCA delineados por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), (ii) que la relativa experticia climática y prominencia científica de los investi-gadores no convencidos del CCA está muy por debajo de la de los investigadores convencidos.

La publicación de este estudio es una convincente demostración del ínfimo nivel al que la ciencia del clima ha llegado, y se podría pensar que es bochornoso cuando una Academia Nacional de Ciencias se prestada a este tipo de jugarreta, si no fuese que es público y notorio que la Academia Nacional de Ciencias de EEUU (NSC) es, desde hace años, un cuerpo donde la política juega un rol mucho más importante que la ciencia, a la presuntamente debería estar dedicada.

Desaparecido es el tiempo cuando un ex presidente de esa Academia, Frederick Seitz, expreso su más absoluto repudio por el Tercer Informe Climático del IPCC (TAR) de 1995, afirmando que jamás había visto un proceso cien-tífico tan corrupto como el llevó a la elaboración de dicho informe. Se recuerda –porque así quedó demostrado cabalmente- que después que los científicos habían aprobado el borrador principal de todos los capítulos y volvie-ron a sus países dejando claro que “no hay evidencias de una influencia humana sobre el cambio del clima,” el pseudo científico Ben Santer –uno de los implicados seriamente en el escándalo Climategate- borró con el codo lo que habían aprobado todos los demás y cambió la conclusión a “se observa una significativa influencia humana en al cambio climático”. Los estafadores no descansan. Y sus discípulos tampoco.

Algunas dudas que surgen: ¿Esos 1372 expertos en clima, son todos los expertos en clima que existen en el mundo? ¿No habrán aplicado aquí el conocido método de “escoger frutillas” tan común entre los manipuladores de información como han demostrado ser los “calentadores”? Toman los datos de 500 científicos expertos y les añaden 872 científicos a sueldo de gobiernos y fundaciones que jurarán por las cenizas de su abuela que el IPCC es “pala-bra santa” y que sus pronunciamientos son el Evangelio según San Gore? Con ese método se tiene asegurado cual-quier “consenso” –aunque no tenga nada de científico, porque la ciencia no trata de consensos sino de observa-ciones y evidencias comprobadas. La verdad en la ciencia, por suerte, no se obtiene por votación. Consenso puede haber entre políticos, pero jamás entre científicos. Parafraseando a Michael Crichton,“Si es ciencia, no hay consenso –pero si hay consenso entonces no es ciencia.”

Algunas reacciones en los medios

el pseudo científico Ben Santer –uno de los implicados seriamente en el escándalo Climategate- borró con el codo lo que habían aprobado todos los demás y cambió la conclusión a “se observa una significativa influencia humana en al cambio climático”. Los estafadores no descansan. Y sus discípulos tampoco.

Algunas dudas que surgen: ¿Esos 1372 expertos en clima, son todos los expertos en clima que existen en el mundo? ¿No habrán aplicado aquí el conocido método de “escoger frutillas” tan común entre los manipuladores de información como han demostrado ser los “calentadores”? Toman los datos de 500 científicos expertos y les añaden 872 científicos a sueldo de gobiernos y fundaciones que jurarán por las cenizas de su abuela que el IPCC es “pala-bra santa” y que sus pronunciamientos son el Evangelio según San Gore? Con ese método se tiene asegurado cual-quier “consenso” –aunque no tenga nada de científico, porque la ciencia no trata de consensos sino de observa-ciones y evidencias comprobadas. La verdad en la ciencia, por suerte, no se obtiene por votación. Consenso puede haber entre políticos, pero jamás entre científicos. Parafraseando a Michael Crichton,“Si es ciencia, no hay consenso –pero si hay consenso entonces no es ciencia.”

Algunas reacciones en los medios

  • “Los científicos que creen en el cambio climático causado por el hombre son más estimados que los que se oponen al concepto, de acuerdo con un nuevo 'paper'. Pero los expertos dijeron que el 'paper' divide a la científicos en grupos artificiales, no consideran un espectro equilibrado de científicos, y es inherentemente sesgado debido a la naturaleza del proceso de 'revisión por los pares'. –Nick Collins, The Daily Telegraph, Junio 22, 2010.

  • Entonces, ¿qué mide este 'paper' exactamente? Demonios si lo sé. Pero es claro que el debate sobre el clima existen buenos tipos y hay muy malos tipos, y para poder distinguirlos es necesario tener una lista. Una Lista Negra. –Roger Pielke Jr, Junio 21, 2010.

  • “Es una lista negra. También está risiblemente equivocada. Es un día negro para la ciencia y muestra que hay personas que son más estúpidas que Ken Cuccinelli” –Thomas Fuller, Environmental Policy Examiner, Junio 21, 2010. [Ken Cuccinelli es el Fiscal de Distrito que está investigando si Michael Mann cometió uso indebido de fondos públicos para dar vida a su desacreditado estudio MB98, conocido como el 'Palo de Hockey.]

Los autores del libelo

La persona que preparó y envió al PNAS este “estudio” es nuestro viejo amigo, el científico del clima Stephen Schneider, que comenzó a prepararlo con una terrible urgencia apenas explotó el Climategate. Había que hacer algo urgente para reparar el daño que el escándalo científico/delictivo produciría. Lo hicieron rápidamente y enviaron el estudio al PNAS para su revisión el 12 de diciembre de 2009, a escasos 20 días de la publicación de los emails reveladores del fraude que se estaba cometiendo en la “ciencia” del clima. Los otros perpetradores de esta tontería del PNAS son:

  • James W. Prall, ingeniero en computación de la Universidad de Toronto;
  • Jacob Harold, de la Fundación William y Flora Hewlett, Palo Alto, Calif.
  • William R.L. Anderergg, del Departamento de Biología de la Universidad de Stanford,
  • Stephen H. Schneider, del mismo departamento en la misma universidad.

El instigador de la elaboración y publicación de este 'paper', claro, fue nuestro conocido Stephen Schneider, quien en la década de los 60 y 70 alertaba desesperadamente por la inminente edad de hielo que se avecinaba, causado, como siempre, por las emisiones de CO2 al ambiente que hace el hombre. Este tipo de caballero que cambió de caballo en medio del río, sin que hubiese existido alguna evidencia científica para hacerlo, es el mismo que recorda-mos diciéndole a la revista Discover en Octubre de 1968, que “los científicos deben hacer predicciones alarmistas para captar la atención del público, y que cada uno debe establecer cuál es el límite entre ser honesto y ser efec-tivo.”

También se recuerda que Schneider fue entrevistado en el episodio de Mayo 1978 en la serie de Leonard Nimoy (el Sr. Spock, en 'Viaje a las Estrellas') titulado “La Próxima Edad de Hielo,” y se discutía si los terriblemente fríos inviernos de 1976 y 1977 podrían ser una evidencia de una nueva glaciación: “Los expertos climáticos creen que la próxima glaciación está en camino. De acuerdo con evidencia reciente, podría ser más pronto que lo esperado.”

Uno de los expertos citados era Stephen Schneider, que trabajaba para el National Center for Atmospheric Rese-arch y se le preguntó si una posible solución para detener al cambio climático sería usar bombas atómicas para aflojar los casquetes polares. El video de abajo muestra la parte relevante en el minuto 6:40. Responde Schneider:

“¿Podemos hacer estas cosas?. Sí. Pero, ¿mejorarán las cosas? No estoy seguro. No podemos predecir con ninguna precisión lo que sucederá en el futuro con nuestro clima. ¿Cómo podemos intervenir con tanta ignorancia? Se podrían derretir los casquetes polares. ¿Qué le haría eso a las ciudades costeras? La cura sería probablemente peor que la enfermedad. ¿Sería eso mejor o peor que el riesgo de una edad de hielo?

Imagínese: en 1978, uno de los actuales líderes del alarmismo climático por calentamiento no sólo apareció en la TV advirtiendo de la próxima edad de hielo, sino que también dijo: “No podemos predecir con ninguna precisión lo que sucederá en el futuro con nuestro clima.”

Ahora, 30 años más tarde, Schneider está desesperadamente profetizando lo que ocurrirá con el clima usando modelos computados, y aboga por la intervención del gobierno para reducir las emisiones de gases invernadero para impedir el calentamiento global –justo cuando el Sol ingresó en un ciclo de 70 años de disminución casi sin prece-dentes que causará un enfriamiento notable de la Tierra.

Sin embargo, 30 años antes, cuando alarmaba a la gente con su miedo a una nueva edad de hielo, estaba preocu-pado porque la cura propuesta podría ser peor que la enfermedad.

Por otro lado, la Universidad de Stanford es un nido de alarmistas fracasados que contaba, y cuenta todavía, con personajes como el biólogo Paul Ehrlich y su socio en la redacción de obituarios para la humanidad, afirmando en 1968 que para 1980 los Estados Unidos habrían reducido su población a la mitad a causa de las hambrunas. Sí, la gente moriría de hambre en las calles. Afirmaba, con la misma seguridad que el Reverendo Thomas Malthus, que los recursos se naturales se habrían terminado, junto con el petróleo, y que la escasez de alimentos causaría una hambruna global que eliminaría a casi toda la humanidad.

También podría uno preguntarse ¿Por qué los inviernos de 1977 y 1978, fueron considerados como el anuncio de una nueva y catastrófica edad de hielo, pero los últimos 3 inviernos de 2008, 2009 y 2010 en el Hemisferio Norte no lo son?

Un último consejo: descarguen la tabla donde están listados los escépticos -perdón, los "negacionistas", y podrán apreciar la inmensa cantidad de profesores eméritos que hay. El lugar donde investigan, los doctorados que han conseguido, la cantidad de publicaciones con "peer review" que tienen, en fin, la seriedad con que esos investiga-dores trabajan. No por nada es que Schenider y su cofradía están tan alarmados; el botín se les está escapando de las manos.

NOTA: Los agraciados con la inclusión en la Lista Negra de Negacionistas hemos decidido confeccionar un distin-tivo para bordar y coser sobre el bolsillo de la chaqueta y un emblema metálico que nos distinga de los Fervientes Creyentes en el Calentón Global. Lo portaremos con orgullo; hemos trabajado duro durante años y lo merecemos.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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