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Carta de FAEC a ESTRUCPLAN

Eduardo Ferreyra, presidente de FAEc, envió el siguiente comentario a un artículo aparecido en Clarín del 30 de diciembre, 2003, firmado por el Sr. Pablo Lacoste, asesor de la CNEA, y publicado en el sitio web de ESTRUCPLAN. Lea aquí el artículo del Sr. Lacoste.


La propuesta del Sr. Lacoste no sólo es sensata, sino que es imprescindible para reiniciar el avance tecnológico del país, después de décadas de sistemática destrucción del sector científico argentino, no sólo el nuclear. El programa que debiera diseñar el gobierno para reencauzar el desarrollo científico argentino tiene que apoyarse sobre tres pilares fundamentales.

1. El campo de la EDUCACIÓN: la enseñanza de la ciencia en escuelas primarias y secundarias, debe hacerse con métodos que no presenten a la ciencia como un campo espinoso y aburrido para las mentes de niños y adolescentes, sino que promuevan una activa participación en la investigación y experimentos sencillos pero prácticos que desarrollan el sentido de la correcta metodología científica.

2. El campo ECONÓMICO, donde el Estado deberá proveer a las universidades de los fondos necesarios para convertirlas en centros de investigación, experimentación y desarrollos de técnicas, productos, y tecnologías. Estos centros de investigación deberían de estar orientados hacia dos vertientes diferentes: una, la investigación científica pura, sin miras a una aplicación práctica o económica, y la otra, que tomará los descubrimientos hechos por los teóricos y desarrollarlos en busca de una aplicación práctica y concreta en beneficio de la sociedad toda, y no sólo de algunas empresas privadas que, aunque podrían invertir grandes sumas en este campo de la ciencia, el resultado de sus desarrollos llevarían agregado un costo elevado para la población.

3. El campo POLÍTICO: los organismos de investigación científica y desarrollo debieran estar dentro del ámbito del Estado, por tratarse de actividades estratégicas que no pueden estar en manos de empresas multinacionales, con consecuencias nefastas como las experimentadas con las telecomunicaciones, la generación de energía y los combustibles. Los casos de referencia, ejemplos de empresas estatales que se desempeñaron con éxito – en el campo técnico, no así en su conducción económica y política – es la misma CNEA, el INTA, la desmantelada Fábrica de Aviones de Córdoba, y la actual y exitosa empresa estatal INVAP.

El trabajo en este campo será el más difícil, ya que el estado y sus organizaciones de desarrollo científico contarán con un adversario formidable: las corporaciones multinacionales del ecologismo que cuentan con recursos ilimitados para promover “campañas de alerta” sin base científica, y que consiguen promover legislaciones absurdas que detienen el progreso de las naciones, buscan disminuir los rendimientos agrícolas, reducir el suministro de energía a las industrias, y prohibir compuestos químicos que contribuyen a elevar el nivel de salud de la población.

Los casos de la prohibición del DDT y los PCB, del malogrado Tratado de Kyoto y el exitoso Protocolo de Montreal que prohibió a los CFC son paradigmáticos. La resistencia de la corporación ecologista a revisar científicamente estos asuntos se basa en que se demostraría que son fraudes científicos y políticos escandalosos, que echaría por tierra sus pretensiones geopolíticas de la formación de un gobierno de dominación global, de la continuación del neocolonialismo, desterrando a las soberanías nacionales.

La tarea de enfrentar a estos grupos es casi imposible, si no existe una decisión política firme de desarrollarse y avanzar en busca de un futuro mejor. La Ciencia no puede rebatir argumentaciones de tipo religioso o emocional, por lo menos ante un jurado – el público – que ignora todo lo que hay saber sobre ciencia y tecnología. Por ello, el camino será largo, hasta que las nuevas generaciones, educadas e instruidas en la ciencia, sepan distinguir entre la verdad y la desinformación.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Fundación Argentina de Ecología Científica



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