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WWF: World Wide Fraud

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Mayo 6, 2012

Christopher Booker lleva su microscopio (o periscopio, si prefiere) a ese extraño cuerpo, el WWF. Ostensiblemente un grupo de caridad ecologista, en realidad es el más grande, rico y más influyente organización de lobby ecologista en el mundo.


(El artículo completo en inglés está en este link)

Originalmente instalado en 1961 por Julian Huxley, el Príncipe Felipe de Edimburgo, el Príncipe Bernardo de Holanda y otros, para el admirable propósito de hacer campaña para salvar especies en peligro por la actividad humana, Booker nos cuenta que se ha metamorfoseado en los últimos 20 años en algo muy diferente, más afín a una corporación multinacional.

El imperio del WWF deriva ahora una generosa porción de sus ingresos de sociedades con gobiernos, o la Unión Europea, o multinacionales como Coca-Cola, y Sky, que les gusta usar su icónico logo del panda (originalmente diseñado por el naturalista Sir Peter Scott) para darle un lustro de “eco-amigable” a sus actividades comerciales.

Y por supuesto, estos días ninguna corporación multinacional vale un pepino a menos de que haya comprado su acción en la “crisis de moda”, la “batalla para detener al cambio climático”. Esta es la principal razón que llevó al WWF a aumentar su riqueza y su influencia habiéndose alineado con grupos tales como Amigos de la Tierra y Greenpeace.

Pero, abriéndose pasa hasta la superficie de su agenda a esa lucrativa y de moda causa ecologista ha llevado al WWF en otros raros enredos como los que la envolvieron recientemente y que emergieron acerca de sus actividades en Tanzania.

El trabajo en este pintorescamente llamado “país menos desarrollado” es un vasto esquema Ponzi dise-ñado bajo la égida de las Naciones Unidas conocido como REDD+ (“reducción de emisiones por la defo-restación y degradación forestal”). Actualmente está financiado por el programa “Comienzo Rápido” de la ONU de £17.000 millones de libras esterlinas. Gran Bretaña, que está tan repleta de dinero que no puede deshacerse de nuestro dinero lo bastante rápido, está derramando £1,500 millones de libras en ese resu-midero en particular, en segundo puesto detrás de Japón en un prolongado intento de suicidio ritual.

Apoyando al programa está el líder mundial en hipocresía, nada menos que el Príncipe Carlos, que ha encontrado su verdadero rol en la vida como presidente del WWW UK. En noviembre pasado coló a Tanzania en una misión de Relaciones Públicas para sus socios verdes, entregando premios “Planeta Viviente” a cinco “líderes comunitarios” involucrados en proyectos del WWF en el delta del Río Rufiji.

Esta área tiene al mayor bosque de manglares y parte del esquema del WWF es detener lo que ellos llaman “daño” a estos pantanos pestilentes, impidiendo que los granjeros locales limpiarlos para plantar arroz y cocos para su sustento.

La justificación para lo que es conocido como eco imperialismo es que se supone que estos pantanos almacenan enormes depósitos de “Carbono” (CO2), lo que significa que para hacerlo parecer bueno, los granjeros tenían que irse a otra parte.

Así, poco después de la llegada perfectamente orquestada del Niño Carlos, se reveló miles de aldeanos habían sido desalojados del bosque, sus chozas en los arrozales quemadas con lanzallamas, y sus palme-ras de coco derribadas.

Para permitir una negación plausible, esto fue ejecutado por la División de Bosques y Apicultura de Tan-zania, con quien el WWF había estado trabajando. Pero Stephen Makiri, entonces la cabeza del WWF Tanzania fue rápido en insistir que el WWF nunca había abogado por la expulsión de las comunidades del delta, y que “los desalojos fueron ejecutadas por las agencias del gobierno.”

Booker nos informa amablemente que, en este punto, intervinieron dos profesores norteamericanos. Ellos acababan de publicar un estudio del delta en una revista ecologista, estudio titulado “La amenaza del REDD: resurgente proteccionismo en bosques de mangle.”

Siendo una producción honesta, era fuertemente crítica de la llamada política de “conservación de forta-leza” abogada por el WWF bajo el REDD+, interfiriendo con los nativos que habían estado cultivando y pescando en el área durante siglos. La afirmación era que este genocidio en cámara lenta (porque geno-cidio es en efecto) estaba dañando seriamente la vida tradicional de esas comunidades locales –que es los que el genocidio en cámara lenta tiende a hacer.

De manera predecible, esto provocó una vehemente respuesta del Sr. Makiri que afirmó que el estudio había dañado seriamente su reputación y la de sus staff que había estado trabajando em el proyecto REDD.

Para entonces, estos santificados ejemplos de raza humana habían estado involucrados en un furor sobre reclamos de gastos falsos a una escala masiva, por montos de más de £1 millón de libras ester-linas. Uno puede sólo presumir que ellos habían estado vigilando bastante de cerca a la práctica parla-mentaria británica.

Era sumamente obvio que esto había que patearlo hacia el pasto alto –mientras más largo mejor– de modo que en diciembre el WWF respondió en una manera honrada en el tiempo. Gastó incontable miles del dinero de sus donantes en contratar a uno de los más caros auditores internacionales en el negocio, Enst & Young, en quienes se podía confiar para investigar los robos de la manera correcta.

Desgraciadamente para el Sr. Makiri eso quería decir que debía irse y, en febrero se anunció su renuncia como cabeza del WWF Tanzania. Esto dio suficiente distancia a la oficina local del Departamento de Desarrollo Internacional de Gran Bretaña (DIFID) para saltar al ruedo y decir “nada que ver con nosotros en el gobierno.” Sólo les da dinero al WWF en Gran Bretaña y deja que ellos decidan cómo es robado.

Oficialmente, eso significaba que, mientras que “esperaban ansiosamente” el informe Ernst & Young, DIFID quería enfatizar que, aunque tiene un programa general financiando al programa del WWF el área, no habían sido responsables del financiamiento de ninguno de esos proyectos directamente.

Advertidos de las posibles implicancias internacionales del robo, eso hizo que el WWF USA interviniese con una declaración, buscando proteger sus $500 millones de dólares de ingresos anuales. En marzo, nos contó que “hasta ahora 13 empleados han dejado la organización, junto con dos gerentes que tenían responsabilidad de supervisión.”

Booker intenó obtener más detalles de DIFID, pero ellos lo derivaron al WWF, que está haciendo lo impo-sible para enterrar al asunto. El informe, que estaba programado para ser publicado en febrero, todavía no está disponible y se ha convertido en “una serie de informes” y no todos de ellos “han sido ya com-pletados.” Pero que un resumen de sus hallazgos será publicado “a su debido tiempo.”

Y esto es apenas la mitad de lo que el artículo de Booker informa, que también muestra la manera en que el WWF ha secuestrado al IPCC, y el exhaustivo análisis de la canadiense Donna Laframboise, que llevó a su reciente libro sobre el IPCC, “El Adolescente Delincuente Que Fue Tomado por Error Como el Mejor Ex-perto Climático del Mundo.”

Booker también se ocupa de nuestro trabajo anterior sobre el REDD, un esquema tan “sumido en la co-rrupción”, que está hecho a propósito para los que, como el WWF, el disimulo es su segunda naturaleza.

Al final de su informe, Booker hace notar que una indicación de cuán lejos ha viajado el WWF desde su noble propósito para el que fue creado, está simbolizado por la manera en que eligió como su principal herramienta de marketing a su lema “Adopte a un oso polar.”

"Si el WWF todavía tiene alguna preocupación por las especies en peligro más cerca de su corazón." escribe, "sabría que la idea de los osos polares muriendo a causa del calentamiento global no es más que propaganda sentimental." Pero ese parecer ser el principal negocio del WWF ahora –muy a costa del resto de nosotros y, por supuesto, de esas comunidades del Delta del Rifiji.



Comentario de Eduardo Ferreyra: La historia del WWF estuvo plagada de sucesos oscuros y controvertidos desde su creación. Comienza con la foto de su creador, el Príncipe Felipe de Edimburgo, consorte de la Reina Isabel II de Gran Bretaña, posando junto a un tigre de Bengala cazado por él durante una visita al Rajá de Jaipur, en 1960. Y luego con su haza-ña, durante esa visita, de haber matado a una rinoceronte hembra, dejando que su cría es-capase hacia una segura muerte por inanición. Como este hecho había provocado un escán-dalo periodístico de magnitud, Felipe nombró como presidente del WWF a su primo hermano, el Príncipe Bernardo de Holanda, porque además - como declaró Sir Peter Scott, uno de los fundadores del WWF, «Cuando iniciamos al WWF, un presidente inglés se hubiese visto demasiado colonialista».

En 1972, Sir Peter Scott, comisionó a Alan Parker, un gran cazador (legal) que vivía en Nai-robi para que investigara al lucrativo comercio ilegal de marfil, cuernos de rinoceronte, etc. Entre otras cosas, Parker descubrió que la familia del presidente de Kenya, Jomo Kenyatta participaba ampliamente del tráfico ilegal, y que su hija Margareth era la secretaria de una compañía que vendía cuernos de rinoceronte y colmillos de elefante al Oriente Medio, comer-cio que más ha diezmado a las grandes especies de animales de Kenya. Parker también inclu-yó en su informe a varios de los más importantes "conservacionistas" de Kenya entre los cazadores ilegales. Los zorros cuidando el gallinero ...

Todos estos manejos oscuros e ilegales son apenas una pequeña parte del historial tenebro-so del WWF. Los detalles completos de la manera en que WWF cometió toda clase de trope-lías, asesinatos masivos de supuestos cazadores furtivos –en realidad miembros del congreso Africano de Nelson Mandela, mientras su líder purgaba 25 años de cárcel en Sudáfrica, los podrá encontrar en el Capítulo 12, “WWF: World Wide Fraud,” (PDF) de mi libro “Ecología, Mitos y Fraudes”, que podrá descargar gratis desde este mismo sitio –si no lo hizo todavía.

¿Salvar Animales?

A fines de 1989, John Phillipson, profesor de la Universidad de Oxford, completó una investi-gación interna solicitada por el WWF sobre la efectividad de la organización. “El Informe Phillipson”, un detallado estudio de 252 páginas es una severa condena a la incompetencia y a los disparates del WWF. La conclusión final del profesor Phillipson es que “lo que menos sabía hacer el WWF era precisamente aquello que había escogido como misión: salvar a determinadas especies de animales.”

Sólo un pequeño resumen de las tropelías cometidas por el WWF:

  • En 1963 el WWF contrató a Ian Parker para matar a 2500 elefantes en Uganda, y de paso eliminó a 4000 hipopótamos.

  • En 1975, la African Wildlife Leadership Foundation, creada por Russel Train, presidente del WWF de los EEUU, contrató a Ian Parker para que matara prácticmente a todos los elefantes de Ruanda, con el argumento que los ruandeses no podrían proteger simultá-neamente a los gorilas de las montañas y a los elefantes, de modo que los elefantes tenían que morir. El motivo real: la tierra donde vivían era ideal para el cultivo del piretro, de donde se obtiene la piretrina, un insecticida natural «no contaminante».

  • El WWF le otorgó en 1986 al ex combatiente rhodesiano Clem Coetze (entregada por las manos del director general del WWF, DeHaes) por haber supervisado una campaña en la que se mataron más de 44.000 elefantes en la república de Zimbabwe.

  • El WWF promovió la instalación de Parque Nacionales en varios países de África, donde tenían su base diversas organizaciones guerrilleras que operaban contra los gobiernos de sus países. Desde el Parque Nacional Virunga partieron las fuerzas guerrilleras que causaron la horrible carnicería de Ruanda en 1994, después de que el WWF transporta-ra gran cantidad de material de guerra pesado para “combatir a los cazadores furti-vos”. Bazookas y ametralladoras calibre .50 para combatir aldeanos armados de lanzas y escopetas de avancarga?

No olviden los lectores argentinos, antes de colaborar con donaciones o prestarle credibili-dad, que la Fundación Vida Silvestre Argentina es la filial del WWF en el país.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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