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¿POR QUÉ ESCUCHAMOS
TANTAS NOTICIAS MALAS?

Capítulo 2 del libro
"EL ECOLOGISTA ESCÉPTICO"

por Bjorn Lomborg

En 1992 se llevó a cabo una encuesta de opinión a gran escala en muchos países, con el nombre de Health of the Planet [1] o, "La Salud del Planeta".

Su intención era investigar la actitud de las personas hacia el medio ambiente, y resultó que el tema sólo era preocupante para los encuestados en los países ricos. Muchos de los entrevistados expresaron su preocupación por el medio ambiente. En dieciséis de los veinticuatro países encuestados, el medio ambiente apareció como uno de los tres problemas más importantes
[2]. En la gran mayoría de los países, tanto en los industrializados como en los que estaban en vías de desarrollo, más del 50 por 100 de la población se mostraba preocupada por los problemas que afectan al medio ambiente [3]. Pero después se interrogaba a los encuestados acerca de su opinión sobre el medio ambiente local, nacional y mundial. En la Tabla 1 pueden verse sus respuestas.

Resulta curioso que, en la gran mayoría de los países encuestados, la impresión de sus ciudadanos fue que el medio ambiente global estaba fatal; el nacional, un poco mejor, y, por último, su entorno local presentaba un estado mejor que los otros dos, aunque aparecían ciertos problemas concretos y tangibles, como, por ejemplo, en las economías de transición de Rusia y Polonia.

A simple vista, esta evaluación general parece suficientemente razonable –y tanto los americanos como los británicos seguían el patrón de creer que su entorno local era mejor que la media de su país, que a su vez era mucho mejor que el descuidado resto del mundo. Pero detengámonos en un país típico como Alemania. En este caso, el 22 por 100 creyó que su medio ambiente local estaba en mal estado, mientras casi la mitad de los encuestados –un 42 por 100 - declararon que el medio ambiente de su país en conjunto presentaba un estado negativo. ¿Puede entonces ser razonable que la gente crea que su entorno local está mejor que el de su país en conjunto? ¿Es posible que la hierba sea más verde a este lado de la valla? Evidentemente, esto no se puede aplicar a todo el mundo, sobre todo porque la encuesta abarcaba todo el territorio alemán. Es imposible que todo el mundo disfrute de un medio ambiente mejor que la media de todos los medios ambientes locales.

En psicología estamos familiarizados con un fenómeno similar. Las entrevistas realizadas a distintos motoristas reflejan que entre el 70 y el 90 por 100 de ellos afirman conducir mejor que la media
[4]. Algo similar ocurrió en Estados Unidos a principios de los noventa, cuando algo más de un 70 por 100 de sus habitantes afirmaban que el público americano no estaba lo bastante concienciado con el medio ambiente, aunque ese 70 por 100 sí creía estar suficientemente preocupado por el asunto [5].

Tabla 1.

Esto nos demuestra que la gente tiene una visión algo deformada de su entorno. El fenómeno se repitió en casi todos los países encuestados. La mayoría de los individuos respondieron que el medio ambiente presentaba una situación peor "en cualquier otra parte" del país que en donde ellos vivían. La encuesta a nivel mundial nos permite afirmar que esta sensación es común a todo el planeta. En la gran mayoría de los países, la gente cree que el medio ambiente está peor "en cualquier otra parte" que en su propia nación.

Existen otras explicaciones posibles para esta interconexión. Cabe pensar que los problemas medioambientales que sufrimos a niveles nacional e internacional no están localizados ni se encuentran en áreas escasamente pobladas. Pero esto indica que el conocimiento de las cosas que tenemos cerca, derivado de nuestras propias experiencias, no es la principal fuente de nuestros temores acerca del medio ambiente. Muy al contrario,
cuanto más lejos estén de nosotros, más suelen preocuparnos las cosas, tanto física como mentalmente.

Esto apunta hacia el hecho de que nuestras preocupaciones por el medio ambiente se comunican a un nivel muy alto, y ahora veremos tres de esos importantes comunicadores: la investigación, las instituciones y los medios de comunicación. En este capítulo demostraremos que existe un buen motivo para creer que estos comunicadores nos muestran un claro predominio de noticias negativas. Por último, será nuestra voluntad particular la que deberá prepararse para escuchar y creer las malas noticias.

EL ARCHIVADOR Y EL MASAJE A LOS DATOS

Los investigadores se enfrentan a un problema tan incómodo como frecuente, que aparece cuando dedican mucho tiempo a investigar un dilema pero no encuentran conexiones importantes. ¿Qué hacer entonces? Deben ser capaces de publicar el resultado de sus investigaciones mientras les paguen por ellas ("
también es interesante que no haya conexiones"), pero la mayoría de los editores se muestran reacios a este tipo de situaciones, por lo que son muchas las investigaciones de este tipo que terminan en un archivador.

Igual que resulta imposible pensar que un editor rechace artículos con
"buenas conexiones", esta actitud conduce a un desequilibrio en la presentación global de la ciencia. Supongamos, por ejemplo, que muchos investigadores estudian la conexión entre la electricidad estática y los campos magnéticos de las líneas de alta tensión y el cáncer humano [6]. La mayoría de ellos concluye sus investigaciones sin encontrar relación alguna, pero sus hallazgos no se publican nunca. En cambio, el primer estudio que encuentra una relación (probablemente una pura coincidencia) se publica de inmediato y crea cierta agitación. Es en este momento cuando un estudio que no presenta conexiones se considera interesante. El fenómeno se conoce de modo habitual como el efecto archivador: primero encontramos la conexión preocupante y después descubrimos que los estudios que no la encontraron tan sólo menospreciaban el peligro.[7]

También es posible acumular tal cantidad de material que alguno de los datos termine mostrando una conexión. Cuando un estudio sobre la conexión entre los pesticidas y el cáncer en granjas francesas encuentra un vínculo entre el uso de pesticidas y el cáncer cerebral, podemos sospechar por qué se ha preguntado por ese tipo de cáncer y no por cualquier otro
[8]. Si investigan treinta tipos de cáncer, es probable que terminen encontrando alguna conexión –la conexión del cáncer cerebral-, aunque sea simplemente por pura casualidad [9]. Esta forma de llegar a un descubrimiento es lo que se denomina un masaje de los datos –porque tortura los datos hasta que hablan [10].

Todo el mundo desea publicar conexiones interesantes, lo que a veces lleva a los investigadores
a exprimir los datos lo más posible. El hecho es que no debemos tener una fe ciega en todas las investigaciones que se publican, ya que hay algunas que se quedan en los archivadores y que pueden perfectamente desmentir a las otras.

LA INVESTIGACION

La investigación consiste básicamente en revelar verdades sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno, ya sea natural o creado por el hombre. Pero la investigación no es autónoma; necesita financiación. Esto significa que el problema a investigar se ve influenciado, en mayor o menor medida, por los intereses de quienes financian el estudio.

En nuestra sociedad moderna, gran parte de la investigación se desarrolla con financiación pública, que lógicamente espera una repercusión de los resultados en la sociedad
[11]. No hay nada sospechoso en este hecho, ya que parece lógico obtener algún resultado a cambio de nuestros impuestos, pero sí tiene consecuencias en las características de la propia investigación.

La investigación básicamente
lleva implícita cierta parcialidad. Si un científico afirma que ha investigado su campo de estudio y no ha encontrado problemas generales, los demás nos limitamos a no hacer nada más. Si, por el contrario, descubre un problema potencialmente importante, lo normal es que tomemos medidas, como mínimo profundizando más en la investigación. Esto significa que, ante investigaciones similares, siempre reforzaremos aquellas áreas que puedan presentar problemas.

Al mismo tiempo, existe también otra imperfección. No siempre resulta sencillo identificar exactamente qué es un problema. Si siempre hubiese habido escasez de oxígeno en el golfo de México, este fenómeno no resultaría un problema. Si, por el contrario, este suceso se ha convertido en algo más frecuente debido a un exceso de nutrientes, entonces el problema puede considerarse serio. La identificación de un problema depende de la teoría con la que interpretemos aquello que observamos en el mundo.

En esta conexión aparece una máxima sencilla y fácilmente comprensible, que resulta fundamental: cualquier teoría que vincule la acción humana (cómo dañamos a la naturaleza) con un problema claramente identificable. También ocurre que la mayoría de los problemas medioambientales son increíblemente complejos y
resulta difícil aceptar o desmentir cualquier teoría en un corto período de tiempo. El calentamiento global, la desaparición de ciertas especies o la reducción del oxígeno son problemas que generan conexiones sólo demostrables a muy largo plazo y con un elevadísimo coste.

Cualquier situación que presente un problema potencial y una teoría fácilmente explicable
atraerá importantes subvenciones para continuar investigando, y es razonable pensar que dichas investigaciones se prolongarán ampliamente en el tiempo. Esta situación no entraña nada negativo en sí misma. En realidad, es un indicador del buen funcionamiento de una sociedad: hay muchos investigadores trabajando en gran número de campos, por lo que nos proporcionan el conocimiento necesario para asegurarnos de que sólo unos pocos de esos problemas se investigarán a fondo.

Cabe esperar que la investigación más eficaz nos proporcione información sobre muchos problemas potenciales en el futuro. Pero el hecho de que escuchemos muchas historias no significa necesariamente que estemos a las puertas del juicio final. Ni mucho menos.

La lluvia ácida (de la que hablaremos más adelante) es un buen ejemplo. A finales de los setenta y principios de los ochenta, los bosques de Centroeuropa presentaban una considerable pérdida de follaje. Este hecho por sí sólo ya era suficientemente importante como para preocupar a gran número de investigadores de los países afectados. Sin embargo, científicos alemanes creyeron, además, que podían vincular esa pérdida de follaje con la contaminación industrial. Básicamente pronosticaron que todos los bosques expuestos a la lluvia ácida sufrirían daños considerables
[12].

Esta afirmación sembró la alarma a gran escala y se pusieron en marcha programas de investigación a nivel nacional en la mayoría de los países occidentales. También sirvió para sentar la base de innumerables proyectos de investigación. Algunos de los más afamados científicos noruegos escribieron lo siguiente sobre la lluvia ácida
: "La posibilidad de que se reduzca el crecimiento de los bosques ha sido el motivo principal para obtener una mayor financiación para investigar los efectos de la lluvia ácida" [13]. Diez años después, todos los temores habían desaparecido –la lluvia ácida sólo daña los árboles que presentan ciertas condiciones extrañas, pero durante estos diez años hemos escuchado una increíble serie de teorías, algunas como resultado de las investigaciones, y la mayoría, como explicaciones negativas de origen popular.

En cualquier caso, no habría estado de más
investigar las conexiones. Si se hubiere encontrado una explicación ambigua, se habría proporcionado la mejor premisa para manejar los potenciales problemas. Pero esto también significa que durante ese período deberíamos habernos preparado para escuchar historias negativas que no necesariamente se habrían vuelto verdaderas.

LAS INSTITUCIONES

Al tiempo que se siguen buscando inversores, la investigación se ha convertido en una verdadera industria. Los investigadores comienzan a estudiar campos derivados y casos especiales dentro del problema original, sin necesidad de tener que interesarse por el campo investigado como un conjunto. Aunque el asunto mantiene indudablemente su integridad profesional, cada vez resulta más difícil afrontar el problema que se está consolidando. Por un lado, la tendencia natural a asegurar la financiación hacia su propio campo estimula a los científicos a no criticar el conjunto global de la investigación. Por otra parte, muchos participantes se limitan a investigar los problemas de su especialidad, sin plantearse las premisas de esto. Así, el tema alcanza cierto grado de independencia y comienza a definir su propia realidad.

Uno de los críticos de esta institucionalización es el profesor retirado Aksel Wiin-Nielsen, antiguo secretario general de la
UN World Meteorological Organization. Sobre la cuestión del calentamiento global, el profesor comentó: "La explicación más importante para justificar el enorme número de teóricos que han estado trabajando en el desarrollo de modelos climáticos durante los últimos diez años es que el desarrollo de modelos mantiene las inversiones y asegura los empleos en los centros de investigación" [14].

Evidentemente, las críticas tan extremas como esta dificultan su adecuada justificación, y el
UN Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) también ha criticado a Wiin-Nielsen, por su falta de pruebas documentadas [15]. En mi opinión, lo importante es subrayar que, en los principales campos de investigación, resulta complicado presentar información que vaya en contra de los intereses institucionales.

Cierto investigador argumenta en la afanada publicación
Energy Policy que en realidad los investigadores climáticos, junto, por ejemplo, con los fabricantes de molinos de viento y la burocracia medioambiental, eran los principales protagonistas políticos de las negociaciones climáticas [16]. La cuestión es que se trata de intereses institucionalizados, y no, como cabría pensar, de la perspectiva de un posible calentamiento global que se deriva del enorme apoyo a las restricciones de CO2 incluidas en el Protocolo de Kioto de diciembre de 1997 (sobre el que trataremos en profundidad en la Parte quinta).

Pero también hay otras instituciones con mayor implicación política que realizan diversas investigaciones medioambientales. Entre otras, además de
Greenpeace, WWF y el Instituto Worldwatch, aparecen la National Federation of Independent Business (NFIB) y el American Farm Bureau (AFB), en Estados Unidos [17], o la Confederation of British Industry (CFI) y la National Farmers Union (NFU), en el Reino Unido. Todas estas instituciones tienen intereses particulares en las consecuencias políticas y en las decisiones resultantes de las investigaciones.

Tanto
NFIB como AFB muestran especial interés en proteger a sus miembros y trabajan para fomentar decisiones en beneficio de ellos. Del mismo modo, las organizaciones medioambientales basan sus actividades en el deseo de promocionar decisiones que resulten beneficiosas para sus integrantes. La diferencia radica en que mientras las instituciones conservadoras suelen luchar por valores tradicionales como la distribución del tiempo y del dinero, las organizaciones ecologistas pelean por asuntos como mayores bosques, diversidad de especies, recuperación de entornos naturales y estrictas normas de regulación de productos químicos. Aun así, podríamos argumentar que las organizaciones ecologistas luchan por los intereses de sus miembros, ya que en los últimos análisis sólo son capaces de hacer lo que sus miembros, simpatizantes y patrocinadores creen que es bueno y necesario – porque sin su apoyo las campañas de estas organizaciones tendrían escaso o nulo valor.

Las organizaciones pueden presentarse como benefactoras de los pingüinos y de los pinos, para utilizar expresiones como las del capítulo anterior, pero siguen dependiendo de las personas que simpatizan con sus puntos de vista y contribuyen económicamente, con su prestigio y su influencia, a través del voto democrático y de la presión sobre los políticos.

La mayoría de la gente parece saber perfectamente que cuando la
NFIB nos dice que una regulación medioambiental sobre la industria es innecesaria, deben tener argumentos válidos y sensibles, pero también tienen un claro interés en evitar ese tipo de regulaciones. Son muchos los que tienden a ver los argumentos de la NFIB con un cierto escepticismo natural, ya que saben que dichos argumentos pueden ocultar otros motivos más profundos. Teniendo esto en cuenta, parece increíble que haya tanta gente que crea ciegamente en las organizaciones ecologistas, que también tienen sus propios intereses en la reglamentación medioambiental [18]. Puede ser que estas organizaciones dispongan de mejores argumentos para la regulación (aunque asimismo puede que sus argumentos sean peores), pero resulta obvio que también están interesadas en presentar argumentos con un fin concreto.

Por lo tanto, si por una parte la industria y las organizaciones de agricultores tienen un interés evidente en definir el medio ambiente como correcto y sin necesidad de hacer nada al respecto, las organizaciones ecologistas también tienen un claro interés en decirnos que el medio ambiente está en mal estado y que debemos actuar para defenderlo. Y cuanto peor hagan aparecer este estado, más fácil les resultará convencernos de que debemos gastar más dinero en el medio ambiente en lugar de hacerlo en hospitales, guarderías, etc.

Desde luego, si fuéramos igual de escépticos con ambos tipos de organizaciones, sería un problema menor. Pero como solemos tender a tratar a las organizaciones ecologistas con mucho menos escepticismo, puede producirse un
grave prejuicio en nuestra percepción del estado del planeta. No obstante, conviene resaltar que sólo se trata de un argumento teórico en lo que se refiere al interés que las organizaciones ecologistas tengan en retratar el mundo como algo oscuro y ruinoso. El interés que realmente tengan en hacerlo es, en gran parte, el tema del resto de este libro [19].

LOS MEDIOS DE COMUNICACIóN

Por último, son los medios de comunicación quienes transmiten los resultados de las investigaciones, ayudados probablemente por las instituciones. Los medios juegan un papel central en esta conexión, ya que el mundo se ha convertido en algo tan complejo que resulta imposible confiar principalmente en nuestras propias experiencias. En lugar de eso, son los medios quienes nos suministran la mayor parte del conocimiento de la realidad.

Pero su peculiar forma de proporcionarnos las noticias influye profundamente en nuestra visión del mundo. Como es evidente, no resulta habitual que en un artículo aparezcan más dudas que hechos, o dicho de otra forma, las noticias que recibimos suelen ser ciertas. En este sentido, los medios se limitan a reflejar el mundo tal como es. Sin embargo, lo realmente interesante es el largo y sinuoso camino que separa un acontecimiento que ocurre en el mundo y su posible aparición en los medios de comunicación. Si miramos las noticias desde este punto de vista, comprobaremos que los medios de comunicación nos presentan de forma sistemática una visión sesgada de la realidad: una imagen incoherente y esporádica aunque al mismo tiempo sea tranquilizadoramente predecible y familiar. Una imagen en la que
los problemas lo ocupan todo y en la que se enfatiza sobre el drama y el conflicto. Tal como escribió un jefe de redacción: "Que un periódico sea rentable sólo es cuestión de distorsionar las proporciones" [20].

Esta realidad basada en los medios de comunicación genera multitud de consecuencias. En primer lugar, la información incoherente que recibimos nos proporciona un conocimiento muy limitado de los problemas concretos, impidiéndonos de esta forma participar en el proceso democrático de toma de decisiones. En segundo lugar, nos resulta muy cómodo creer que sí disponemos de suficiente información como para participar en dicho debate e incluso tomar decisiones apropiadas. En tercer lugar, la impresión que recibimos de los problemas es demasiado negativa y distorsionada.

REALIDAD SESGADA: ESPORÁDICA, PERO PREDECIBLE

El trabajo principal de los medios de comunicación es informar sobre hechos individuales y desconocidos procedentes de muchas partes del mundo
[21]. Por definición, las noticias deben ser algo nuevo. Este condicionante limita lo que denominamos noticias o sucesos ocurridos en el último período de producción, frecuentemente una semana, veinticuatro horas e incluso menos. Esto significa que cualquier cosa que tardemos mucho tiempo en desarrollar tendrá un valor como noticia considerablemente menor que los sucesos más puntuales. El hambre de áfrica nunca será tan buena noticia como un accidente aéreo.

Resulta curioso que la tragedia provocada en 1984 por el hambre en Etiopía se convirtiera en noticia gracias a que un equipo de periodistas de la BBC, camino de otro trabajo en otro lugar, tuvieron que pasar la noche en Addis Abeba y enviaron a casa impactantes imágenes de niños que morían literalmente delante de sus cámaras
[22].

También existe una fuerte tendencia a centrar las noticias en historias individuales. Si hablamos en términos históricos, el papel de los medios de comunicación en las democracias libres de Occidente ha sido principalmente el de informar de sucesos, y en un grado mucho menor, describir posibles sucesos futuros o analizarlos desde una perspectiva más amplia. Por este motivo, las noticias son básicamente incidentes, en lugar de predicciones, explicaciones o material de fondo
[23]. Los motivos de este enfoque predominante son también de tipo técnico: tiene que ser posible filmar, fotografiar o describir las noticias en términos relativamente sencillos. Este es el motivo por el que sólo recibimos información de fondo cuando los individuos o instituciones "noticiables" generan un informe propio que predice o explica otras noticias. Es entonces cuando el informe se convierte en la escarpia de la que cuelga la historia [24].

Por lo tanto, el mundo que vemos a través de las noticias aparece fragmentado y compuesto por incidentes aislados. Si a pesar de todo ello creemos que es posible obtener una información general de lo que ocurre en el mundo, lo debemos al hecho de que la cobertura de las noticias aisladas está sujeta a un marco rígido que las convierte en consistentes y predecibles. Resulta asombroso comprobar cómo un aparentemente impredecible universo de noticias puede resumirse en veinte minutos de informativo televisivo o en doce o dieciséis páginas de un periódico, y así cada día
[25]. Para lograrlo, es imprescindible reconducir el flujo de noticias que se reciben a diario. Un consejo editorial está obligado a rechazar diariamente más del 75 por 100 de las noticias que recibe [26].

Los informativos de noticias suelen comenzar con, por ejemplo, un gran incidente que atraiga la atención de los telespectadores, seguido de una variada oferta de noticias e historias humanas que sigan manteniendo el interés. La colocación de la información más común (los deportes y el tiempo) al final del noticiario mantiene al espectador atento hasta que termina el programa
[27]. Esto ayuda a dar la impresión de que hemos recibido una información global y de que todo está bajo control.

Ahora bien, alguien podría decir, tal como señaló en 1940 el investigador de medios de comunicación Park:
las noticias son predecibles. El contenido de los periódicos no es del todo impredecible, ya que suele incluir el mismo tipo de sucesos y accidentes que han habían sido noticia anteriormente [28].

REALIDAD SESGADA: MALAS NOTICIAS

Los medios de comunicación no pueden sobrevivir sin la audiencia. Desde la aparición de los periódicos comerciales a mediados del siglo XIX, los medios de comunicación masivos han tenido que centrarse primordialmente en satisfacer los intereses de un público plural. La facilidad para cambiar de canal aumenta todavía más esta necesidad en los medios televisivos.

Esto significa que resulta imprescindible que las noticias sean interesantes. Y, a menudo, interesante significa lleno de serios acontecimientos, problemas y accidentes. En un libro de texto para periodistas aparece la frase
"Una buena historia suele constar de malas noticias" [29]. Aunque no resulta fácil explicar el porqué, todos solemos sentir curiosidad y fascinación por las malas noticias, y eso es lo que vende periódicos. Los diarios de noticias están obligados a centrarse en las sensaciones, porque dependen de que sus lectores los encuentren suficientemente excitantes como para comprarlos cada día. De hecho, un reciente estudio mostraba que el uso de la palabra "alarma" había aumentado bastante en la prensa americana, llegando a duplicar su frecuencia en los titulares [30].

Todos estamos perfectamente familiarizados con las malas noticias sobre el medio ambiente. Quizá la más obvia fue la llegada de
El Niño a Estados Unidos en 1997-1998, al que se relacionaba prácticamente con cualquier evento meteorológico. Incluso el Instituto Worldwatch apuntó incesantemente que "a medida que avanzaba el año 1998, resultaba difícil encontrar una noticia relacionada con el clima que no mencionara la influencia de El Niño" [31]. Se nos informó de cómo las ciudades estaban "reforzándose ante el evento climático del siglo" [32]; las noticias nos avisaron de la llegada del "insólito clima" y de una interminable lista de problemas:

Los expertos dicen que este El Niño es uno de los más intensos que se han registrado. San Francisco ha pasado el invierno más húmedo desde 1867. Los daños provocados por tormentas y riadas han supuesto un coste para California de más de 300 millones de dólares, y se ha cobrado al menos diez vidas humanas. En Florida, una serie de potentes tornados han destrozado más de trescientas viviendas y han costado la vida a más de tres docenas de personas. "Esto demuestra que El Niño es muy peligroso para Florida", dijo Scout Spratt, un meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional [33]. De hecho, se culpó a
El Niño de casi todo: del fracaso del turismo [34], de la aparición de más alergias [35], del deshielo de las estaciones de esquí [36], e incluso de un alud de nieve en Ohio, que causó veintidós muertes [37]. Quizá la afirmación más asombrosa fue la acusación de Disney, que culpó a El Niño de la caída de sus acciones [38]. Incluso cuando El Niño causaba algún efecto positivo, este era totalmente ignorado, como reflejó la revista Time: "Grandes áreas del este y del centro de Estados Unidos continúan gozando del invierno más suave desde hace años, llegando incluso a florecer los cerezos de Washington en la primera semana de enero. Esto podría parecer todo lo contrario a un desastre, pero todas las anomalías climáticas tienen su lado oscuro" [39]. Y el periodista continuó hablando de los problemas del clima templado.

No obstante, un reciente artículo de investigación, publicado en el boletín de la
American Meteorological Society, intentó contabilizar todos los problemas y beneficios que acarrea El Niño [40]. Y aunque los efectos negativos, como las tormentas en California, los daños en las cosechas, los gastos derivados de la ayuda gubernamental y las pérdidas humanas y económicas derivadas de los tornados son ciertos, sólo son una cara de la moneda. Al mismo tiempo, las altas temperaturas del invierno significaron cerca de 850 muertes menos por congelación, menores gastos en calefacción, escasas inundaciones primaverales y un gran ahorro en transporte terrestre y aéreo.

Más aún, en 1998 se puso de manifiesto en Estados Unidos una clara y documentada conexión entre el fenómeno de El Niño y
el menor número de huracanes atlánticos, de los cuales ninguno fue grave, lo que evitó enormes pérdidas humanas y económicas.

El total de los daños se estimó en unos 4.000 millones de dólares, mientras que el total de los beneficios alcanzó los 19.000 millones de dólares
[41]. El problema reside en que, debido a la amplia cobertura que los medios de comunicación brindaron a las malas noticias, el hecho de que El Niño fuera globalmente beneficioso para Estados Unidos no fue la impresión que recibieron la media de lectores o telespectadores.

REALIDAD SESGADA: CONFLICTO Y CULPABILIDAD

Cuando se trata de buscar buenas noticias, los conflictos también entran en escena. El conflicto lleva consigo un elemento que nos resulta familiar, heredado de los cuentos de hadas y demás figuras literarias, por el cual una batalla entre el bien y el mal se sigue con interés hasta el final, para conocer el desenlace. Los periodistas han aprendido a adaptar sus historias al patrón de los cuentos de hadas
[42].

Directamente relacionada con la historia del conflicto aparece la cuestión de la culpabilidad
[43]. Resulta bastante habitual que las partes implicadas en el conflicto reciban el sambenito de la culpabilidad, que a su vez ayuda a proporcionar un cierto toque más humano a las noticias. Algunos ejemplos de esta teoría han sido puestos en práctica en Estados Unidos, donde se han esforzado más en resolver el problema de los vertidos de basura que en luchar contra el radón radiactivo, a pesar de que la lucha contra este habría sido mucho más efectiva. ¿Por qué han actuado así? Sencillamente porque aquellos proporcionan "buenas imágenes" y son claramente "fallo de alguien" [44].

A los periodistas suele importarles mucho que sus historias sean "cercanas" para los lectores. A menudo, esto implica a las personas en una historia y permite explicar con términos sencillos lo que está ocurriendo.

Por último, una historia debe ser nueva y excitante. Cualquier historia relativa a un problema nuevo o un nuevo conflicto es potencialmente mucho más interesante que la simple descripción de un problema típico y que resulte familiar.

LAS CONSECUENCIAS

Una de las consecuencias de la demanda de noticias rápidas es que nuestra visión del mundo aparece fragmentada. La demanda de noticias interesantes y sensacionalistas significa que nuestra imagen del mundo se vuelve distorsionada y negativa. Este hecho, junto con el cuidadoso trabajo llevado a cabo por los representantes de las organizaciones ecologistas y la investigación orientada a los problemas, puede acarrear una clara predisposición a la percepción negativa del estado del mundo.

No obstante, conviene resaltar que la "culpa" no es de nadie en concreto. La cantidad de noticias negativas que recibimos no hay que apuntárselas a las malvadas intenciones de ningún periodista, sino al hecho de que los medios de comunicación se encuentran inmersos en una estructura de incentivos cuyos beneficios se centran sobre todo en los sucesos negativos. Las organizaciones ecologistas
son grupos con intereses como cualquier otro, y argumentan a favor de su propia causa. El hecho de que creamos ciegamente en sus noticias negativas no es culpa de ellos, sino de nosotros, que sólo nos mostramos escépticos ante los argumentos de la American Farm Bureau, y no ante los que provienen del grupo de presión de los ecologistas. La investigación está muy preocupada por los problemas potenciales. Esta posición es socialmente beneficiosa, ya que proporciona la mejor oportunidad para afrontar problemas futuros, pero también significa que estamos recibiendo una continua lluvia de noticias acerca de potenciales desastres.

Lo cierto es que no podemos evitar esta versión parcial y negativa. En lugar de eso, debemos aferrarnos al hecho de que el flujo de información que recibimos contiene una parcialidad inherente, y que debemos realizar un esfuerzo para compensar dicha parcialidad. Lamentablemente, esto puede resultar bastante complicado, ya que tendemos, de forma natural, a pensar que
cualquier tiempo pasado fue mejor, y que todo va por mal camino. El filósofo escocés David Hume escribió en 1754 que "la tendencia a culpar al presente y admirar el pasado está profundamente arraigada en la naturaleza humana, y su influencia afecta incluso a quienes gozan del más profundo y equilibrado de los juicios" [45].

Sal Baron escribió en su libro la historia de un judío, quien afirmaba que todos los profetas que realizaban predicciones optimistas eran automáticamente considerados como falsos profetas
[46]. Una tablilla de piedra Asiria, de miles de años de antigüedad, nos advertía sobre el firme sentimiento de decadencia:

"Nuestro planeta ha degenerado en los últimos días; el soborno y la corrupción son habituales; los niños ya no obedecen a sus padres; todos los hombres quieren escribir un libro, y el fin del mundo se aproxima claramente" [47]. Más aún, se ha sugerido que el espíritu del calvinismo ascético sigue planeando sobre la civilización occidental [48]. En cierto sentido, ¿deberíamos ser castigados por haberlo hecho tan bien? Siguiendo este argumento, puede que el calentamiento global sea la búsqueda de un justo castigo, que nos penalice por el exceso de consumismo; un castigo por haber jugado a aprendices de brujo.

Estas observaciones parecen sugerir que, tanto histórica como quizá biológicamente, estamos predispuestos a aceptar las noticias negativas. Pero si nuestra intención es implicarnos en un proceso racional de toma de decisiones políticas y elegir los objetivos más correctos, debemos recordar que el flujo de información que recibimos está descompensado. Solemos escuchar a diario muchas historias negativas y problemáticas, que no necesariamente deben tomarse de forma literal. La televisión intenta atraer nuestra atención, las organizaciones ecologistas pelean por sus causas y la investigación científica ya está examinando una serie de soluciones que nos protejan cuando aparezcan los problemas.

Evidentemente, esto no significa que podamos sentarnos e ignorar los problemas. Lo que realmente implica es que debemos ver el mundo con una saludable porción de escepticismo y afrontar el reto, porque sabemos que nos enfrentamos continuamente a un exceso de noticias negativas.

Y, sobre todo, significa que debemos comenzar a buscar los hechos que permitan medir el verdadero estado del mundo. Y aquí empezaremos a comprobar el esfuerzo humano realizado hasta la fecha.

NOTAS

  1. Dunlap y otros, 1993.

  2. Ibídem, pág. 10.
  3. Porcentaje de los que afirmaron estar "muy concienciados" o "razonablemente concienciados" (Dunlap y otros, 1993: 11).
  4. Svenson, 1981. Se aprecia un comportamiento similar en la sistemática y super-optimista evaluación de las opciones particulares de la gente (cf. Weinstein, 1980).
  5. Saad, 1999.
  6. Los campos eléctricos y magnéticos se conocen con el nombre de EMF. En el último informe al respecto, el Nacional Institute of Environmental Health Sciences llegó a la conclusión de que "las pruebas científicas sugieren que la exposición a EMF de baja frecuencia no supone ningún tipo de riesgo para la salud" (NIEHS, 1999:11).
  7. Ashworth y otros, 1992.

  8. Viel y otros, 1998.
  9. Esta es, por ejemplo, la conclusión a la que llegó Hoyer y otros, 1998, tanto por COC (1999: 5) como por NRC (1999: 257-258). Véase también la sección de pesticidas y cáncer en la Parte quinta.
  10. En estudios a gran escala sobre el cáncer se han excluido aquellos que no incluyen al menos tres tipos distintos de cáncer, precisamente para evitar este tipo de masaje de los datos (Acquavella y otros, 1998: 65).

  11. Evidentemente, no es aplicable a todas las investigaciones. No obstante, la investigación básica no suele generar un conocimiento público, y si así lo fuera, nada nos hace pensar que siempre se tomen los resultados de forma positiva, negando los posibles resultados negativos.

  12. Abrahamsen y otros, 1994c: 298.
  13. Ibídem.
  14. Ingenioren [El Ingeniero] 26-27: 14 (1996).
  15. Ingenioren 28-29:8 (1996).
  16. Boehmer-Christiansen, 1997.
  17. Considerados por la revista Fortune el segundo y el vigésimo primer lobbies más poderosos en Washington (Birnbaum y Graves, 1999). Véase también la discusión crítica sobre AFB en Rauber y McManus, 1994.
  18. Las encuestas demuestran que la gente otorga más crédito a los grupos ecologistas a la hora de defender el medio ambiente que a las empresas (un 78 por 100 frente a un 38 por 100) e incluso que a la EPA (72 por 100) (Dunlap, 2000).
  19. El presidente danés de WWF, Kim Carstensen, escribió en Politiken: "Los miembros de WWF esperamos ansiosamente los "hechos" [de Lomborg] que corroboren que las especies no están desapareciendo y que el calentamiento global puede frenarse. Saltaremos de alegría si lleva razón" (Politiken, 22-I- 1998). Pero en realidad es fácil descifrar este texto: no parece posible que los miembros de WWF salten de alegría. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tendría entonces su organización?
  20. Bent Falbert, cit. en Meilby, 1996: 53.

  21. McQuail, 1994: 268.

  22. Singer y Endreny, 1993: 36.

  23. Ibídem, pág. 21.

  24. Ibídem, pág. 22, nota 1.

  25. McQuail, 1983: 145.

  26. McCombs, 1994: 4.v
  27. McQuail, 1994: 272.

  28. Cit. en McQuail, 1994: 268.
  29. Meilby, 1996: 58. Este interés en las noticias negativas ha sido analizado, entre otros, por el Glasgow Media Group, 1997, 1990; Zillman y Bryant, 1994: 452 y sigs.
  30. Altheide y Michalowski, 1999.

  31. Dunn, 1998.
  32. Ridnouer, 1998.
  33. Anón., 1998c.
  34. Brady, 1998.
  35. Gorman, 1998.
  36. Griffith, 1998.
  37. Nash y Horsburgh, 1998.
  38. Por culpa del descenso de público en el parque de Disney (Anón., 1998a).
  39. Nash y Horsburgh, 1998.
  40. Changnon, 1999.
  41. Se trata de cifras de Estados Unidos. El coste generado por El Niño en otras partes del mundo sería muy distinto.

  42. El modelo Actant, en Thorsen y Moller, 1995.
  43. Singer y Endreny, 1993: 103 y sigs.
  44. Finkel, 1996.
  45. Hume, 1754: 464.
  46. Cit. en Simon, 1995a.

  47. Cit. en Simon, 1996: 17. No obstante, la cita original carece de referencia, por lo que podría ser apócrifa.

  48. Knudsen, 1997.


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