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¿Qué parte de “NO” no entienden?

por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

La Corte dijo “NO”, pero los elefantes del bazar siguen atropellando estanterías llenas de loza. Ahora parece que la Corte les hubiese dado la razón y las papeleras serán desmanteladas. Sólo hay un problema: hay que probar el daño irreversible, que no es moco de pavo.

El voluntarismo y el materialismo dialéctico no son buenas herramientas para solucionar problemas. Sólo la ciencia y la fría evidencia de los hechos comprobados sirven para sortear obstáculos y seguir adelante. Dar de cabezazos contra un muro de piedra no abrirá una puerta al otro lado. Mejor será buscar para ver si el muro tiene alguna abertura o si se encuentra una escalera que permita saltar.

La Corte de La Haya se tomó la friolera de 86 incisos y 12 páginas para explicar porque el pedido de la Cancillería Argentina para detener las obras de Botnia y Ence en Fray Bentos no tenía ni pies ni cabeza. Claro que el asunto no es gratis. Para preparar tan absurda denuncia el gobierno argentino contrató asesores ambientales y jurídi-cos, algunos de ellos en Europa, sufragó gastos de pasajes aéreos en Business Class a us$ 4,449 per cápita, alo-jamientos en hoteles jjjjj (caviar, Dom Perignim y Pomery incluido), a un costo que los wichis de Formosa y los niños desnutridos del noroeste son incapaces de comprender.

Dejando de lado este tipo de injusticias absurdas e hipocresías flagrantes, trataremos de explicarle al Dr. Kirch-ner por qué “preparar cosas importantes” debería estar referido a problemas más urgentes en el país al que le ha tocado en suerte administrar –sobre todo considerando que no es de su exclusiva propiedad, como parece dar a entender. Como el inminente colapso del sistema energético nacional, algo en el que ni Chávez ni Evo podrán impedir. Más bien lo verán con cierta simpatía, aunque se cuidarán de ponerlo en evidencia y se rasgarán las vestiduras alegando solidaridad bolivariana y otra clase de sonseras.

El Daño Irremediable

O irreparable, o sin vuelta atrás, o como les guste declamarlo a los verdes antidesarrollo. El famoso inciso 86, que dice

"86. Considerando que la decisión deja sin afectar el derecho de Argentina de presen-tar en el futuro una nueva petición para la indicación de medidas provisorias bajo el Artículo 75, párrafo 3, de la Reglas de la Corte, basado en nuevas evidencias.”

Que se une a una interpretación antojadiza del artículo 78, que dice:

78. considerando que procediendo con la autorización y construcción de las plantas, Uruguay necesariamente carga con todos los riesgos relacionados con el hallazgo de méritos que la Corte pueda realizar más tarde; considerando que la Corte hace notar que su construcción en el actual emplazamiento no se puede conceptuar al presente momento que vaya a crear un hecho consumado porque, dado que la Corte ha tenido la ocasión de enfatizar, “si se establece que la construcción de obras que involucren una infracción a un derecho legal, no se puede ni se debe excluir a priori la posibilidad de un hallazgo judicial que tales trabajos no deben continuar, o deben modificarse o desmantelarse. (Pasaje a través del Gran Cinturón, (Finlandia v. Dinamarca). Medidas Provisiorias, Orden del 29 de julio 1991, I.C.J. Reportes 1991, p. 19 para. 31)

Salvo interpretación mejor, la Corte ha dicho que si Argentina consigue en el futuro DEMOSTRAR que las plantas de de Fray Bentos contaminan y alteran el ambiente causando un daño de manera irreparable, la Corte podrá emitir un fallo ordenando a Uruguay que modifiquen, primero, el sistema de purificación de las plantas y, que si ello no se realizare por los motivos que se quiera, las plantas deberán desmantelarse.

El problema es DEMOSTRAR el daño ambiental irreparable. Claro que también juega aquí el tamaño y la gravedad del “daño irreparable”. Encender un fueguito para hacer un asado mientras se ve el Rally de Córdoba produce un daño ambiental que se puede demostrar mediante instrumentos muy precisos, y más aún si hacen asados 100.000 espectadores en la sierra. De manera absoluta, el daño se “habrá consumado”, como le gusta decir a la Dra. Picolotti. De manera relativa el daño es imperceptible. La respiración de cada ser humano añade CO2 al ambiente, contribuyendo al calentamiento global. El daño se puede medir, y sumado al de los demás 6400 millones de humanos del planeta es una cifra considerable de dióxido de carbono. ¿Es irreparable?

Los efluentes de las plantas de celulosa que funcionan en casi todas partes del mundo emiten contaminación que se puede medir, y de manera absoluta se causa un “daño”, si modificar ligeramente las condiciones del entorno se puede calificar de daño. Las emisiones de las plantas siguen normas muy severas y muy bien especificadas para que la modificación que realicen del ambiente sea la menor posible, y de tal manera sea aceptable y no se constituya en un “daño irreparable”.

La Medida del Absurdo

¿Qué es un daño irreparable? ¿Hay un límite de tiempo para intentar la reparación? ¿Hay normas al respecto basadas en experiencias pasadas? Cada una de estas preguntas tiene un respuesta. Como ejemplo, se mencionaba que el famoso Exxon Valdez había causado un daño irreparable al ecosistema de una región costera de Alaska. En verdad, el daño fue extenso y muchas especies de animales, aves y peces se vieron afectadas durante un tiempo. Se habló de que se produciría un “daño irreparable”, aún con las medidas de limpieza y remediación que se tomaron. Sin embargo, después de algunos pocos años la situación del ambiente costero de esa región de Alaska ha retornado a los niveles anteriores al accidente.

Por otro lado, algunas acciones de los salvadores del planeta causaron verdaderas hecatombes ecológicas y huma-nas con sus campañas. Dejamos de lado la prohibición criminal del DDT y otras sustancias y productos. Green-peace falsificó filmaciones para su campaña en contra de la caza de focas. Dejamos de lado también que fue de-mostrado ante los tribunales en Noruega y provocó la renuncia de su entonces presidente, Bjorn Oekern. Tu-vieron éxito, y las focas se multiplicaron de una manera asombrosa. La enorme población de focas se alimentaba de los salmones en las desembocaduras de los ríos canadiense y de Alaska, y causaron una peligrosa escasez de salmones que llegaran a desovar ríos arriba.

La población de salmones descendió a niveles peligrosos y, si no se hubiese intervenido a tiempo, el daño hubiese sido grave –aunque no se sabe si irreparable. Siempre quedaba la posibilidad devolver a “sembrar” salmones en los ríos. Pero el costo de reparar una acción irracional fue en realidad mucho más grave entre la población Inuit de Groenlandia que se vio privada de su modo de tradicional de vida –ellos no cultivan; el hielo lo café imposible. Cazan osos, focas, ballenas, ballenatos, etc, para comer, y el comercio de la piel de focas les servía para obtener dinero y lograr objetos manufacturados como implementos domésticos y artefactos, combustible, herramientas, ropas modernas, radios, botes a motor, motonieves, rifles, y miles de otros productos.

Cuando el comercio de la piel de foca se terminó, casi se terminan los salmones y la población Inuti cayó en la miseria, sobreviviendo de la caridad del gobierno de Islandia y Dinamarca. Aunque parezca que detener la caza de focas era algo sensible, nos demuestra que cuando no se piensa en las consecuencias de nuestras acciones, el refrán “El camnio del Infierno está pavimentado de buenas intenciones” tiene una validez aterradora.

Absurdos e Ignorancia

Concretamente, el problema que enfrenta la Dra. Picoloti será demostrar que el daño que han causado las plan-tas es de tipo grave e irreparable. No podrá, por ciento denunciar “futuros daños,” porque ya lo hicieron en la reciente denuncia y la misma Corte que hoy les dijo NO, les dirá NO otra vez –pero le refrescará la memoria advirtiéndole que sería mejor que traiga “pruebas al canto”. ¿Cuáles son las pruebas que la Dra. Picolotti podría aportar? Mediciones de efluentes obtenidas in situ, certificadas por escribanos públicos, y por autoridades del ministerio del ambiente de Uruguay y de la Argentina, a través del CARU, tal como recomienda la misma Corte de La Haya, si es que quieren que la Corte tome el caso para analizar una nueva denuncia.

Será mejor que considere Picolotti que la Corte tiene en su haber las reglamentaciones ambientales de la Unión Europea, las mismas que se emplean para controlar las emisiones de contaminantes de las futuras plantas de Fray Bentos. La Corte sabe cuáles son los parámetros para determinar cuál es el nivel de “daño ambiental” y cuál sería un “daño irreparable.” La Corte ha demostrado que no se le puede meter el dedo en la boca. No presentar las pruebas que realmente, de manera científica e irreprochable, demuestren un daño irreparable, sería volver a provocar el bochorno de otra negativa de ese tribunal internacional.

El presidente Kirchner le hizo un muy flaco favor a la Dra Picolotti al nombrarla al frente de la secretaría del Ambiente de Argentina. Creemos que ha matado a varios pájaros de un tiro. Ha neutralizado a Greenpeace, ha descolocado a la Asamblea de Gualeguaychú, y tendrá un chivo emisario a quien culpar por el fracaso de las futuras políticas ambientales en Argentina. Claro que tomará algún tiempo llegar a ese punto pero, ¿cuál es el problema? Cuando ya no estemos… Como el Rey Sol, a quien se pretende imitar, “Aprés moi, le deluge…!

Me pregunto qué parte del NO de la Corte no han comprendido...

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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