Hora de Córdoba
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La Iglesia del Verde

Por Jonah Goldberg

Mayo 21, 2008 - Fuente: www.Townhall.com

Lo admito: no soy ecologista. Pero me gusta pensar que soy algo conservacionista.

Sin ninguna duda para millones de norteamericanos esto es una distinción sin ninguna diferencia, ya que ambas palabras normalmente son usadas de manera indistinta. Pero son cosas diferentes, y el país estaría mejor si afiláramos las distinciones entre ambas palabras y conceptos.

En su núcleo, el ecologismo es una especie de adoración de la naturaleza. Es una ideología holística, disparada con sentimiento religioso. “Si uno mira con cuidado,” observa el autor Michael Crichton, “uno ve que el ecologismo es en verdad una reformulación perfecta del siglo 21 de las tradicionales mitos y creencias Judeo-Cristianas.”

Los recursos más renovables del ecologismo son el miedo, la culpa, y el matoneo moralista. Su mirada global muestra al hombre como una criatura pecaminosa que, a través de su búsqueda del conocimiento prohibido, abandonó nuestro Edénico pasado. John Muir, quien echo los cimientos filosóficos del ecologismo moderno, describió a los seres humanos como “egoístas, arrogantes criaturas.” La salvación viene a partir de arrepentirnos de nuestros pecados, el rechazo de nuestras adiciones (al petróleo, al consumismo, al confort, al progreso, etc) y la demostración por un inconmensurable amor por la Madre Tierra. Cita de Al Gore: “La crisis climática no es un asunto político; es un reto moral y espiritual para toda la humanidad.”

Recientemente pude escuchar a Al Gore en la Radio Pública Nacional. Se le preguntó acer-ca del absurdo comentario del pastor evangélico Joseph Hagee de que el huracán Katrina era la Ira de Dios por la depravación sexual de Nueva Orleáns. Naturalmente Gore se sonrió ante semejante pensamiento retrógrado. Pero acto seguido el premio Nóbel culpó a los pecados energéticos del hombre por Katrina. Me dio la impresión de que ambos hombres no eran tan diferentes. Quizás si los residentes de la Gran Fácil hubiesen adherido a la Guía Greenpeace del Sexo Ecológicamente Amigable

Los ecologistas afirman que su movimiento es espiritual. Pero el uso de la palabra “espiri-tual” no lo hace a uno más espiritual que usar la palabra “Cristiano” y creer que automá-ticamente uno se comporta como un cristiano. El pionero abogado ecologista Joseph Sax describe a los ecologistas como “profetas espirituales, predicando un mensaje de salva-ción espiritual.” También Al Gore ha sido descrito como “un profeta”. Un hotel de California, con preferencias verdes provee el libro “Una Verdad Incómoda” de Gore junto a la Biblia y un libro budista.

Ya sea que haya o no adoptado la parafernalia de la religión, mi mayor incomodidad con el ecologismo es lo confortablemente irracional que es. Antepone el ritual a la realidad, simbolismo antes que sustancia, mientras que afirma ser mucho más racional y científico que esos adoradores de dios en el cielo y desequilibrados adictos al petróleo.

A menudo parece que demostrar fe en la causa es más importante que hacer avanzar a la causa verde. El gobierno norteamericano acaba de colocar a los osos polares en la lista de especies amenazadas porque el cambio climático está encogiendo al hielo donde ellos viven. No importa que los osos polares se hayan estando multiplicando rápidamente –su número se ha cuadruplicado en los últimos 50 años. Tampoco importa que la adopción total del Tratado de Kioto sobre gases invernadero salvará exactamente un solo oso, según el científico social danés Bjorn Lomborg, autor del libro “Enfríelo!” Sin embargo, se podrían salvar entre 300 y 500 osos todos los años, dice Lomborg, si se impusiera una prohibición de cazarlos. ¿Qué es más barato? ¿Miles de billones para reducir emisiones de carbono, o un esfuerzo para prohibir la caza deportiva de osos polares?

Están prohibiendo las bolsas de plástico en los supermercados, aunque ellas requieren menos energía para fabricarlas o reciclarlas que las bolsas de papel. El país está siendo forzado a ajustarse a una moderna versión trans-sustanciación donde el maíz es milagrosa-mente transformado en energía sin pecado –aunque cause más daño que el petróleo.

La conservación, que comparte sus raíces con el conservacionismo, está contrapuesto a esta histeria de masas. Sí, el conservacionismo puede tener un elemento religioso también, pero ello surge del mandato bíblico de ser un buen guardián de la tierra, más que un adorador de ella. Pero ser guardián involucra a la economía, no al misticismo. La economía es el estudio de la elección entre beneficios que compiten. Los ecologistas ven a la economía como el enemigo porque el análisis costo-beneficio es totalmente antiromántico. Lomborg es un hereje porque trata a los desafíos del mundo natural como si fuesen económicos, procurando gastar dinero donde maximizará los beneficios, y no las buenas sensaciones entre los ecologistas.

Muchos autodenominados ecologistas son de hecho conservacionistas. Pero el movimiento ecologista gana sus batallas haciendo borrosa esta distinción, argumentando que todos los amantes de la naturaleza deben seguir su liderazgo. Al mismo tiempo, mucha gente abierta los argumentos conservacionistas, como los cazadores, rechazan los esfuerzos razonables porque no quieren ayudar a los “desequilibrados.”

En el sentido más amplio, el movimiento ecologista ha ganado. Los norteamericanos son “verdes” en el sentido que están dispuestos a gastar mucho dinero para mantener a su país ecológicamente sano –algo que lo es.

Pero ahora ha llegado el momento de salvar al ambiente de los ecologistas.

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