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Gr$$npeace Estafa por TV

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
(Publicado el 14 de abril, 2005)

Greenpeace gasta una pequeña fortuna en avisos por televisión, en especial en el carísimo “aire” del Discovery Channel, con el objeto de recaudar dinero fácil. Estafa a la gente.

Como esta multinacional del ecologismo ha abandonado hace mucho tiempo al camino de la ciencia para lanzarse a una Cruzada Religiosa de carácter irracional, se ha vuelto
totalmente impermeable a la ciencia – aunque tiene “científicos” a sueldo para que elaboren trabajos desinformantes que se usarán para apoyar sus insanos reclamos.

Esto se hace verdaderamente patente en el caso
Greenpeace vs Energía Nuclear, donde no hay solo argumento que use esta pandilla de estafadores que tenga un resabio de verdad o siquiera de racionalidad. Pero hay otras áreas del saber científico que permanecen en total oscuridad para la inmensa cantidad de la gente común – los que tienen un televisor encendido en sus hogares – y que resultan las víctimas propiciatorias para la desinformación y las conti-nuas estafas de Greenpeace.

Muy largo es el historial de Greenpeace al respecto, y del mismo largo también es el de los periodistas que han puesto en evidencia este deshonesto accionar, entre ellos los premiados periodistas
Leif Blaedel, de Dinamarca, y Magnus Gudmunsson, de Islandia, premiados precisamente por su trabajo en exponer los fraudes mediáticos de Greenpeace en documen-tales que en su momento causaron sensación en Europa, a principios de la década de los 90.

Esta vez quiero referirme a un extenso “spot” publicitario que está apareciendo de manera sostenida en el
Discovery Channel y en el canal de cable TN – Todo Noticias, en especial durante la transmisión del esperpento desinformativo de TN Ecología. Se trata de un spot que apoya la campaña que pretende alertar sobre el desmonte de las yungas de Salta. Usando como estrella relatora de la desinformación al conocido actor argentino Roberto Darín –que por desgracia parece haber “comprado”, sin mayores precauciones, el verso de Greenpeace sobre sus pretendidas intenciones de “defender al ambiente –y de paso al hombre, ya que estamos”.

La Leishmaniasis

En el aviso, Darín relata lo que el guionista le hace decir, sobre el aumento de una enfermedad en la región de las Yungas Salteñas, llamada
leishmaniasis, y que Greenpeace relaciona de manera directa con la deforestación de los montes y selvas de la región. En verdad, la edición y montaje del spot está magistralmente hechos, porque presentan muy rápidas (e incompletas) escenas de presuntos expertos y médicos hablando sobre la enfermedad, pero sin llegar a decir nada importante ni relacionando la enfermedad con la deforestación. Sin embargo deja la impresión muy clara de que la enfermedad se introdujo en la región y está aumentando exclusivamente a causa de la incipiente deforestación. Pero, ¿qué es la leishmaniasis?

La
Leishmania es un género de protozoos zooflagelados del orden protomonadinos, de la familia tripanosómidos (similares al tripanosoma crucis, del Chagas). Son transmitidos por los mosquitos y causan varias enfermedades, entre ellas la Leishmaniasasis.

Se conocen tres tipos de leishmaniasis: el
Kala azar, que produce una tumefacción del bazo, propia de Europa, Asia y África; el Botón de Alepo, o “forúnculo oriental”, forma cutánea que deja grandes cicatrices deformantes, cuyo tipo americano es transmitida por la leishmania brasiliensis; y la Espundia, forma cutáneo-mucosa americana, o visceral, que si no es tratada de inmediato resulta mortal.

Hasta aquí, todo bien. La enfermedad es
endémica en todas las regiones selváticas. ¿Leyó bien? SELVÁTICAS de Sudamérica, pero no lo es en las regiones de pradera templada como la Pampa Húmeda y menos aún, la Patagonia. La leishmaniasis, contrariando lo afirmado por Greenpeace, no aumenta por el desmonte de selvas – ya que el mosquito y la enfermedad han estado presentes allí desde siempre.

Aunque no se tienen los datos necesarios, es muy probable que el número de casos de pacien-tes de leishmaniasis
dentro de las Yungas haya aumentado porque, una vez deforestadas ciertas áreas de las mismas, éstas han sido ocupadas por pobladores que inmigraron de otras partes fuera de las Yungas y fueron infectadas allí. Regla de 3 simple: aumenta la po-blación, aumenta el número de enfermos. Sería un tema de papeleo estadístico, sacar cifras de pacientes de una región y trasplantarlas a otra. El viejo truco de la estadística amañada, tradi-cional práctica de Greenpeace.

La Biodiversidad

También argumenta Greenpeace en sus campañas sobre las yungas que la deforestación
causará la pérdida de biodiversidad, y sugiere que se extinguirán las 9 especies de felinos (no especificadas) que habitan la región (según ellos, única región del mundo con 9 especies de felinos – lo que deja afuera otras regiones como la centro Boliviana, el Beni, el Mato Grosso, y otras de Sudamérica donde existen esas mismas especies de felinos. Pero ese tema no es culpa de Greenpeace, sino de sus “asesores científicos” que parecen saber muy poco de ciencia, pero que le dicen a Greenpeace lo que sus dueños quieren oír.

En la región del Amazonas Boliviano, donde
FAEC tiene a medio instalar su futuro centro de investigaciones amazónicas, específicamente en la aldea guaraya de Uribuchá, en la provincia de Guarayos, se observa la presencia de los siguientes félidos:

  1. Yaguareté, u onça pintada (felis onsa, o también panthera onsa)
  2. Puma (felis concolor)
  3. Eira (felis eira)
  4. Gato montés (felis geoffrroyi)
  5. Tigrillo o tigrina (felis wiedi) Inmigración reciente del norte de Sudamérica.
  6. Ocelote (felis pardalis)
  7. Yaguatirica (felis chibigouazou)
  8. Yaguarundí (herpailurus yougouaroundi)

La única especie que no existe en la zona "parecería" ser la del yaguareté
IXS, el jaguar que Greenpeace hizo cazar en Misiones y lo atribuyó a las Yungas de Salta. Los yaguaretés de la especie IXS son jaguares satelitales que deberían llevar collares electrónicos para que un satélite los rastree, pero que en realidad lo llevan terneros o baquianos que después inician demandas laborales para cobrar sueldos no pagados por “pasear” collares satelitales. Se acuerda de ese famoso fraude de Greenpeace? Si es nuevo en este sitio, léalo en el link indicado.

El tema de la biodiversidad es uno que las organizaciones como Greenpeace explotan a fondo y arrojan sobre la gente de manera despiadada, sin dejar ver el otro lado de la moneda: el lado de
los hechos comprobados por la ciencia. Veamos cuáles son:

Bjorn Lomborg nos lo ha explicado de manera mucho más sencilla que lo extensos estudios que hay sobre el tema biodiversidad. La extinción de especies ha sido exagerada de una manera que resulta muy difícil imaginar qué estaba pasando por la mente de los exageradores cuando elaboraban la teoría. Vapores etílicos, es una de las explicaciones que se me ocurren, aunque no la única, ya que hay razones como el afán de notoriedad y fama, acceso a subsidios de investigación, o más probable, haber firmado acuerdos para cobrar cheques a cambio de teorías que dan respaldo a agendas antihumanas, neocolonizadoras.

El concepto que la prensa y otros medios han aceptado como “ley de acero”, es la de que el hombre está extinguiendo especies (vegetales, animales, aves, peces, insectos, microorganis-mos)
a una tasa de 40.000 especies por año. Dejando de lado la real imposibilidad física de comprobar la extinción de apenas 2 o 3 especies anuales, el número de 40.000 lleva las cosas a un estado de ridiculez difícil de soportar.

¿De dónde sale la cifra de 40.000 extinciones anuales? De la afiebrada (etílica?) imaginación de Norman Myers, en su libro de 1979, The Sinking Ark, (El Arca que se Hunde). De allí lo levantó el
Informe Global 2000, una espantosa pieza de desinformación encargada por el ex presidente norteamericano James Carter (una burda repetición del Global 1900, presentado en 1880, donde se anunciaban las peores catástrofes ambientales para el año 1900 – ninguna se hizo realidad, por supuesto). El asunto corrió como un reguero de pólvora y todo el mundo se lanzó a crear sus propias profecías caseras: la revista Discover nos dijo que la mitad de las especies conocidas hoy se habrán extinguido para dentro de 100 años (serían unas 800 Mil especies), aunque si Myers tuviese razón, las ¾ de las especies que había en el mundo YA SE HAN EXTINGUIDO, porque elaboró su teoría hace 26 años, y si se multiplican por 40.000, el resultado es 1.040.000 especies extinguidas –del 1.600.000 conocidas y clasificadas. Si Pepitito Marrone viviese diría: Vamos, Chéeee!

Pero nadie quería quedarse atrás y los más famosos eco-pesimistas se lanzaron al ruedo con sus propios cálculos: el biólogo de Harvard, Edward O. Wilson, afirmaba que estamos per-diendo
entre 27.000 y 100.000 especies cada año. Al Gore repite en su libro “Earth in the Balance,” las 40.000 especies de Myers, pero Paul Ehrlich les arrebató la bandera y en 1981 se puso al frente de los catastrofistas afirmando que se perdían unas 250.000 especies por año, y que la mitad de las especies conocidas se extinguirían para el año 2000. Aparte de ver que ello no sucedió ni de lejos, se contradice Ehrlich en sus dichos, porque de ser verdad sus cálculos, las 1.600.000 especies conocidas y clasificadas por la ciencia se habrían extinguido en poco más de 6 años – en 1987 la vida se habría extinguido sobre la Tierra, incluido los ecologistas, lo que no vendría nada mal para los seres humanos. Uno ha visto estúpidos en su vida, pero jamás a uno tan grande como Ehrlich, y que además se lo siga respetando, subsidiando y considerando un genio de la biología!

Las 40.000 Especies, o Un Delirio Etílico

Esta insólita cifra de 40.000 especias anuales es explicada en su libro por Norman Myers diciendo que hasta el año 1900 se extinguía una especie
cada cuatro años, y después subió a una especie por año. Acto seguido, dice Myers que en una conferencia de biólogos realizada en 1974, se “arriesgó una suposición” de que las extinciones “estarían” alcanzando ya las 100 especies anuales. Su razonamiento y única evidencia científica es la siguiente. Léala con cuidado:
“Y sin embargo, esa cifra parece ser baja … Vamos a suponer que, a consecuen-cia del manejo humano del ambiente natural [la deforestación tropical], el último cuarto de este siglo sea testigo de la eliminación de 1 millón de especies – una perspectiva nada lejos de ser probable. Esto daría por resultado que durante esos 25 años la tasa de extinción promedio fuese de 40.000 especies anuales, o unas 100 extinciones diarias.”

Este es todo el argumento de Myers;
toda la evidencia científica aportada para afirmar a los cuatro vientos que se extinguen 40.000 especies anuales! Bjorn Lomborg lo explica mejor que yo en su libro, El Ecologista Escéptico:

“Este es el argumento de Myers en su totalidad. Si suponemos que en 25 años se extinguirán 1 millón de especies, entonces se extinguirán 40.000 especies por año. Un argumento perfectamente circular. Si usted supone 40.000 por año, bue-no, tendrá 40.000 por año. Uno se rehúsa a creer que este pueda ser el único argumento, pero Myers no proporciona en su libro ninguna otra referencia científica u otro argumento para su afirmación.”

“Nótese la masiva desviación entre la tasa observada de un cuarto de extinción anual, una y quizás 100 extinciones anuales, y la estimación de 40.000 extincio-nes anuales. Esta afirmación es 40.000 veces más grande que su propia informa-ción, 10.000 veces más grande que la ultima tasa de extinción observada, y 400 veces más grande que la
máxima suposición de 100 especies anuales.”

Sin embargo, fue la cifra de 40.000 especies la que la prensa le propinó al público, y la que se ha convertido en la Verdad Revelada para el ecologismo y para Greenpeace. El legado inte-lectual y político de Joseph Goebbels se mantiene vivo y en perfecta salud en la publicad de Greenpeace!

La Mentada Pérdida de Diversidad

La selva del Amazonas está intacta en un 86% de lo que era en 1900. Una parte de la defores-tación ocurrida fue a cuenta de la urbanización (las ciudades se extienden), mientras que el resto fue causado por la conversión de bosques en áreas de cultivo en regiones marginales del Amazonas, en la várzea de los ríos, (región que se inunda todos los años y la fertilidad se re-nueva) donde la cobertura boscosa fue reemplazada por una cobertura vegetal del tipo sabana.

Por el otro lado, la región de Brasil conocida como la Foresta Atlántica, la región a lo largo de las costas del país, fue deforestada casi en su totalidad, permaneciendo apenas una porción del 12% de bosques muy fragmentados. De acuerdo a las reglas de extinción enunciadas por E.O. Wilson, se debería esperar que la extinción de especies alcanzase a la mitad de las que había. Pero cuando la Sociedad Brasileña de Zoología analizó el estado de los 171 animales selváticos conocidos descubrió que “no se pudo hallar ni una sola especie animal que pudiese ser declarada adecuadamente como extinta, a pesar de la masiva reducción del área y la fragmentación de su hábitat.” (Brown y Brown, 1992:127) De manera similar tam-poco se hallaron especies de plantas que se hubieran extinguido. Los investigadores Heywood y Stuart (1992:28) informaron que después de profundas investigaciones sobre 1000 especies de aves que se afirma que están extinguidas, ellos pueden afirmar que, gracias a los esfue-zos de conservación, “sería probable que relativamente pocas de estas especies se extin-gan para el año 2016.”

De acuerdo al modelo de los biólogos Mawsdsley y Stork, es posible demostrar que desde el año 1600 hasta la fecha se ha extinguido el 0,14% de todos los insectos, o sea
0,0046% por década. Pero como ellos afirman que la tasa de extinción aumentará entre 12 y 55 veces durante los próximos 300 años, ello significa que la tasa de extinción para todos los animales permanecerá por debajo del 0,208% por década, y probablemente sea del 0,7% para los próximos 50 años.

Si de los varios miles de kilómetros cuadrados de las Yungas Salteñas se deforestan unas cuantas miles de hectáreas (no estamos seguros si llegarán a ser tantas, recuerde que las Yungas son casi todo montañas) de acuerdo a lo observado en la Floresta Atlántica Brasilera, lo más probable es que
no se pierda ni una sola de las especies que hoy son innecesaria-mente consideradas “amenazadas” o en “vías de extinción” – y hasta es probable (no habría que descartarlo) que el número de especies de la región aumente. No, no estamos locos. Simplemente conocemos del tema.

El estudio más grande realizado sobre la correlación entre extinción de especies y deforesta-ción fue llevado a cabo en Puerto Rico por el biólogo
Ariel Lugo, del Departamento de Agri-cultura de los EEUU. Lugo es uno de los más famosos y respetados ornitólogos del mundo – y oriundo de Puerto Rico. Lugo encontró que el bosque primario de la isla se había reducido en un 99% durante un período de 400 años. “Sólo” siete de las 60 especies de aves aborígenes se habían extinguido – aunque actualmente la isla de Puerto Rico alberga a 97 especies de aves. (Lugo, 1988:26). Una vez más, las técnicas y predicciones de catastrofistas profesiona-les como E.O. Wilson quedan expuestas a la burla pública. A pesar de que el bosque de Puerto Rico se redujo en un descomunal 99% desde hace 400 años, la isla terminó con 37 espe-cies más que las que tenía originalmente! ¿Por qué no podría suceder lo mismo en las Yungas Salteñas?

Siguiendo la pista de los cálculos de extinción, ya comprobamos que nos lleva a Norman Myers y su tremendamente alocada e ilógica técnica científica para calcular extinciones. Luego, las profecías de Paul Ehrilch, o Lester Brown, se caen solas por el excesivo peso de irracionalidad que contienen. Y el último que le queda a Greenpeace para apoyar sus reclamos, Edward O. Wilson, tiene como único y poderoso argumento el siguiente razonamiento científicamente demoledor:
“Créanme, las especies se están extinguiendo. Fácilmente estamos elimi-nando unas 100 MIL especies anuales.” Según Wilson, sus cifras son “absolutamente innegables,” y basadas “literalmente en cientos de informes anecdóticos.” ¿Metodología científica? ¿Para qué? Mentir y que los medios de prensa le crean es suficiente. (Citado en Charles C. Mann. 1991 “Extinciones: ¿Están los Ecologistas Gritando Lobo?”, Science, 253, p. 736-38.)

Consecuencias de Exagerar la Pérdida de Biodiversidad

Son varias y graves. Ya se aceptó la convención sobre Biodiversidad firmada en Río de Janei-ro, en la Cumbre de la Tierra, en 1992 –evento payasesco como pocos en la historia, a pesar de estar basada en la metodología anticientífica de Myers, Wilson, et al porque “la tasa de extinción causada por las actividades humanas continúa a un ritmo alarmante.”

Luego los países desarrollados, después de haber talado el 99% de sus bosques primarios le exigen al mundo pobre que no corte sus árboles. Un increíble artículo en la revista Science en 1993 (nos da una idea de hasta donde se remonta la pérdida de calidad de la otrora famosa revista) informa que
“luminarias científicas como Edward O. Wilson de Harvard, y Paul Ehrlich de Stanford” están apoyando el principio del Proyecto de Tierras Silvestres (Wild-lands Project), donde se propone aumentar el territorio de los Estados Unidos dedicado a la vida silvestre en exclusividad a una extensión tan desmesurada que hará inevitable el desalojo y evacuación de miles de pequeñas ciudades del país. Ellos hablan de transformar las “tierras silvestres en un archipiélago de islas habitadas por los humanos rodeadas por áreas salvajes.” ¿Y la agricultura? ¿La ganadería?¿Carreteras? ¿No...?

¿Por qué firmar un anticientífico tratado de biodiversidad? ¿Por qué obligar a que los seres humanos reduzcan sus actividades agropecuarias y reduzcan de paso su población? ¿Por qué deben los seres humanos renunciar al progreso alcanzado después de miles de años de civilización? La razón está en impedir que se “extingan” 40.000 especies por año.

Se ha machacado tanto con esta cifra, se ha insistido tanto en propalar falsedades científicas de toda calaña, que la gente común ha terminado por creerlo y es presa fácil de inescrupulosos como
Greenpeace, el Worldwatch Institute, la Unión de Científicos Preocupados (en hacer crecer sus cuentas de banco) y el resto de las miles de ONGs ecologistas subsidiarias y cóm-plices de las fundaciones filantrópicas que cada día más consiguen asegurar su dominio sobre los recursos naturales de los países que quieren desarrollarse – pero que los ecologistas, enviados como tropas de choque por sus amos, se lo están impidiendo.

En los asuntos donde debería regir exclusivamente la ciencia,
la política es lo único que impera. Una vez lograda la politización unilateral de la ciencia, hacer dinero con ella es un paseo cuesta abajo. Greenpeace lo sabe muy bien. El deber moral de ustedes, amigos lectores, consiste en avisarles a sus amigos y conocidos, no enviarles ni un centavo y que no se salgan con la suya.



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