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Lo Que El Mundo
Necesita Ahora es DDT

Jamás creímos que publicaríamos aquí un artículo
del New York Times - y que además lo alabaríamos!

Pero, finalmente el sentido común y la razón están lentamente retornando a los periodistas, y es una gran señal que el New York Times haya permitido la publicación de este artículo. Tenemos la esperanza de que no haya sido el error de algún editor en el diario, y que ese editor esté renunciando a su puesto en los próximos días. Ya veremos. Mientras tanto, goce de esta pieza de periodismo como hace mucho que el New York times no publicaba. Al final de la misma hallará los comentarios y conclusiones de Eduardo Ferreyra.



Arriba, izquierda: Con equipo provisto por UNICEF, un equipo de rociado de DDT se prepara para rociar de casa en casa, en Masuleh, Irán. Centro: El DDT era un insecticida preferido en los EEUU. Entonces, en 1962, vino "Primavera Silenciosa" de Rachel Carson. Derecha: Un mosquito hembra, necesitando sangre para alimentar sus huevos, la chupa a través de su probóscide.

El año 2000 fue un tiempo de plaga para la ciudad de Ndumo, en Sudáfrica, en la frontera con Mozambique. Ese mes de marzo, mientras el mundo estaba atento al SIDA, más de 7.000 personas ingresaron a la clínica local con malaria. La Fuerza de Defensa Sudafricana fue convocada, y los soldados instalaron tiendas de campaña en las afueras de la clínica para tratar a los enfermos. En el hospital del distrito de Mosvold, a 45 kilómetros de distancia, los pabellones estaban repletos de pacientes que sufrían de dolor de cabeza, debilidad y fiebre malárica – 2.303 pacientes sólo ese mes. “Creí que quedaríamos enterrados en malaria,” dijo Harvey Vaughan Williams, el director del hospital.

Hoy, la malaria ha casi desaparecido en Ndumo. En marzo 2003, la clínica trató nueve casos de malaria, el hospital de Mosvold, solamente tres.

Dado que la malaria brota nuevamente en África, las victorias son pocas. Pero Sudáfrica está venciendo a la enfermedad con un simple remedio: rociar las paredes interiores de las casas en las regiones afectadas, una vez al año. Se pueden usa varios insecticidas, pero Sudáfrica ha elegido al más efectivo de todos. Dura el doble que sus alternativas. Repele a los mosquitos además de matarlos, lo que demora la instalación de la resistencia al pesticida. Cuesta la cuarta parte del más barato de sus reemplazos. Es el DDT.

Kwa Zulu-Natal, la provincia de Sudáfrica en donde Ndumo y Mosvold están ubicadas, rociaron con DDT hasta 1996, luego se detuvieron, en parte bajo la presión de otras naciones, y cambiaron a otro insecticida. Pero los mosquitos resultaron resistentes al nuevo insecticida, y los casos de malaria hicieron erupción. Desde que el DDT fue traído nuevamente a la acción en el 200, la malaria está otra vez bajo control. Para los Sudafricanos, el DDT es su mejor defensa contra una enfermedad asesina.

Para los norteamericanos, el DDT es simplemente un asesino. Pregúntenles a los americanos de más de 40 años que nombre al producto químico más peligroso que conocen y muy probable-mente le dirán DDT. El dicloro-difenil-tricloroetano fue prohibido en los Estados Unidos en 1972. El insecticida era rociado entonces en grandes cantidades sobre ciudades y campos de algodón y otros cultivos. Su persistencia en el ecosistema, donde aumenta hasta matar pájaros y peces, se ha convertido en un símbolo de los peligros de jugar a Dios con la naturaleza, un ícono de la arrogancia humana.

Países de todo el mundo han firmado un tratado prometiendo erradicar su uso. Y sin embargo, lo que hoy realmente merece la ira sobre el DDT no es que Sudáfrica aún lo siga usando, como lo hacen otros cinco países para un rutinario control de la malaria y otros 10 para casos de emergencia, sino que docenas de otros países no lo hacen! La malaria es una enfermedad en la que los occidentales no tienen que pensar más. Especialistas en malaria independientes creen que mata a dos millones de personas todos los años, principalmente a niños menores de 5 años, y 90 por ciento de ellos en África. Antes de ser superada por el SIDA en 1999, era la principal asesina de África.

Uno de cada 20 niños africanos muere de malaria, y muchos de los que sobreviven sufren de daños cerebrales. Cada año, entre 300 y 500 millones de personas contraen malaria en el mundo. Durante la estación de las lluvias en algunas partes de África, aldeas enteras permanecen en cama, temblando de fiebre, demasiado débiles para estar de pie o comer. Muchos pasan la mayor parte del año incapacitados lo que mutila a las economías Africanas.

Una comisión de la Organización Mundial de la Salud encontró que sólo la malaria achica la economía de los países donde es más endémica en un 20 por ciento durante 15 años. No existe actualmente ninguna vacuna. Aunque los viajeros a regiones maláricas pueden tomar medicinas preventivas, estas drogas son demasiado tóxicas para el uso continuado a largo plazo de los residentes.

A pesar de todo, el DDT, el mismo insecticida que erradicó a la malaria de los países desarrollados, ha sido esencialmente desactivado como un control para la malaria. La paradoja es que, rociado en minúsculas proporciones dentro de las casas – la única forma en todos proponen usarlo – el DDT no resulta dañino para las personas ni para el ambiente. Ciertamente, cualquier posible daño a causa del DDT está ampliamente contrabalanceado por su capacidad de salvar vidas de niños.

Nadie preocupado por el daño ambiental del DDT sale a matar niños Africanos. Pero varios factores, principalmente la persistencia de la imagen tóxica del DDT en el oeste, y el peso desproporcionado que tienen las decisiones norteamericanas sobre el resto del mundo, han conspirado para hacerlo no disponible para las naciones maláricas. Con la excepción de Sudáfrica y otras pocas naciones, los países Africanos dependen enormemente de donantes que paguen su control de la malaria.

Pero al momento, existe solamente un país en el mundo que está recibiendo dinero donado para usar DDT: Eritrea, que recibe dinero del Banco Mundial con el entendimiento de que buscará otras alternativas. Los principales donantes, incluyendo a la Agencia para el Desarrollo Internacional, de los Estados Unidos, (USAID) no han financiado ningún uso del DDT, y algunas instituciones globales como la OMS y su programa para la malaria, “Roll Back Malaria”, desalientan activamente su uso a los países que lo necesitan.

Parte del motivo para la marginalización del DDT es que su método de empleo, no funciona en todas partes. El insecticida rociado en el interior de las casas repele a los mosquitos, y mata a aquellos que ingresan y se asientan sobre las paredes – y los hace durante muchos meses. Dado que la mayoría de los mosquitos pican durante la noche, cuando es más probable que la gente esté en el interior de las casas, el rociado disminuye la cantidad de veces que la gente resulta picada. Si alrededor del 80 por ciento de las casas están cubiertas, el rociado protege a todos, ya que las picaduras que ocurren serán de mosquitos que quizás no hayan picado a personas infectadas. Pero el rociado de las casas sólo es efectivo contra los mosquitos que pican en el interior – y no todos lo hacen. También requiere de un gobierno capaz de organizar, entrenar y equipar rociadores, lo que está fuera de las posibilidades de muchos países.

Aún cuando el rociado es posible, sin embargo, las naciones desarrolladas no quieren pagar por ello. En su lugar, el establishment de la malaria en algunas naciones desarrolladas promueve el uso de mosquiteros tratados con insecticida. Que la gente puede comprar y colgar sobre sus camas. Los mosquiteros tratados son una herramienta útil para el control de la malaria. Pero tienen limitaciones significativas, y una de las razones para que la malaria haya resurgido es que los mosquiteros son la única herramienta promovida por los donantes Occidentales. “No veo ninguna posibilidad de vencer a la malaria sin el poder del DDT,” dice Renato Gusm-o, quien dirigió programas antimaláricos en la Organización Panamericana de Salud, u OPS, la rama del la OMS que cubre a las Américas. “Los mosquiteros impregnados son un auxiliar. En el África tropical, si usted no usa DDT, olvídese.”

La otra razón por la que el DDT ha caído en desuso es el temor de los países ricos a una doble norma. “Para nosotros, estar comprando y usando en otro país algo que nosotros no permitimos en el nuestro hace surgir el espectro de un tratamiento preferencial,” dice E. Anne Peterson, el administrador asistente para la salud global del USAID. “Ciertamente tenemos que pensar en “¿Qué pensará y querrán los norteamericanos?”, y en ¿Qué pensarán los Africanos si le hacemos a ellos lo que no haríamos a nuestra propia gente.”

Dada la maligna historia de las compañías norteamericanas empleando drogas peligrosas y pesticidas en el extranjero, que no usarían o no les estaría permitido usarlas en casa, es comprensible por qué los funcionarios en Washington dicen que sería hipócrita financiar el DDT en las naciones pobres. Pero los niños que mueren de malaria podrían percibir una hipocresía más letal en la imposibilidad de usar el DDT: América y Europa usaron irresponsablemente al DDT para erradicar a la malaria. Cuando descubrimos que estaba dañando al ecosistema, hicimos su uso imposible para las naciones mucho más pobres y enfermas.

Actualmente, los occidentales sin memoria para la malaria suponen a menudo que siempre ha sido sólo una enfermedad tropical. Pero la malaria se encontraba antes en Boston y Montreal. Oliver Cromwell murió de malaria, y Shakespeare alude a ella (como “ague”) en ocho piezas de teatro. La malaria no afecta más a los Estados Unidos, Canadá y el Norte de Europa, en parte por los cambios en hábitos de vida – la mudanza a las ciudades, mejor sanidad pública, ventanas con mosquiteros. Pero otra gran razón fue el DDT, rociado desde aviones sobre las ciudades y pueblos de Norte América mientras los niños jugaban afuera.

En la Europa del Sur, América latina y Asia, el DDT jugó un papel mucho más prominente para el control de la malaria. En 1950 comenzó una campaña mundial para la erradicación de la malaria. Cuando empezó, la India estaba perdiendo 800.000 personas todos los años a causa de la malaria. Hacia fines de los años 60, las muertes en la India se aproximaban a cero. En Sri Lanka, entonces llamada Ceilán, los 2.8 millones de casos anuales cayeron a 17. En 1970, la Academia Nacional de Ciencias escribió un informe diciendo que “Sólo a muy pocos productos químicos le debe tanto el hombre como le debe al DDT,“ y daba crédito al insecticida, quizás exagerando un poco, con haber salvado 500 millones de vidas.

Desde 1940 hasta fines de los 60, el rociado interno de las casas fue probado en toda el África. Era menos efectivo en las sabanas de las tierras bajas del África Occidental, pero aún programas parcialmente exitosos proveyeron de considerable mejora en la salud pública. Y en otras partes de África, el DDT redujo la mortalidad infantil a la mitad, y en algunos lugares barrió totalmente con la malaria.

Sin embargo, el DDT estaba perdiendo el favor de la gente aún antes de la publicación en 1962 del libro “Primavera Silenciosa” de Rachel Carson, que describía la descarga de DDT y otros pesticidas sobre las ciudades y granjas de los Estados Unidos, y detallaba la destrucción que se causaba. El DDT no fue vendido para controlar a la malaria, sino para erradicarla. Pero la erradicación falló - es considerado hoy biológicamente imposible – y porque el DDT no cumplió con su promesa, la desilusión se hizo presente. Al mismo tiempo, el uso indiscriminado del DDT estaba provocando el desarrollo de resistencia en los mosquitos, y muchos países estaban cambiando a sistemas de salud descentralizados, lo que significaba que ya no eran capaces de organizar rociados de casas a escala nacional.

El alejamiento del DDT en los 60 y 70 llevó a un resurgimiento de la malaria en varios países – Sri Lanka, Madagascar, Swazilandia, África del Sur y Belice, para citar a unos pocos. Aquellos países que regresaron al DDT vieron controladas sus epidemias. En México, en los años 80, los casos de malaria aumentaron y disminuyeron de acuerdo a la cantidad de DDT rociado. Donald Roberts, un profesor en la Universidad de los Servicios Uniformados de las Ciencias de Salud en Bethesda, Md, ha argumentado que cuando América Latina dejó de usar DDT en los 80, la malaria creció de inmediato, llevando a más de un millón de casos extras al año. El único país que continuó venciendo a la malaria fue Ecuador, el único país que siguió usando DDT.

En los pocos países en que se sigue usando actualmente, el DDT no es más rociado desde aviones, y ningún país admite su uso como insecticida para cultivos – aunque hay casos en que es desviado para usos agrícolas. Su único uso legítimo es para rociado en el interior de las casas. Roberts dice que la cantidad usada para el rociado hogareño es tan pequeña que Guyana, para dar un ejemplo, podría proteger a cada ciudadano de sus zonas maláricas con la misma cantidad de DDT que se usaba antes para fumigar 500 hectáreas de algodón. “Los negativos efectos ambientales del uso del DDT que llevaron a su prohibición se debieron al masivo y extendido uso agrícola,” dice un folleto publicado por USAID (ningún admirador del DDT). “Se considera que el rociado de cantidades limitadas de DDT dentro de las casas no tiene un impacto negativo para el ambiente.”

¿Qué hay acerca del impacto del DDT sobre la gente dentro de las casas? La más seria evidencia del daño del DDT sobre los humanos son unos pocos estudios que muestran que altas dosis de DDE (la forma que toma el DDT al metabolizarse) en la sangre de una madre está asociado con nacimientos prematuros y una menor duración de la lactancia. Pero otros estudios no han hallado tales asociaciones. Existía la sospecha de que el DDT causaba cáncer de mama, pero estudio tras estudio no hallaron esa conexión. En general, el DDT es temido por su efecto sobre el ambiente, no sobre los humanos. Ha sido usado en tan gran escala durante los últimos 50 años que resulta razonable pensar que si tuvo serios efectos sobre los seres humanos, ya lo sabríamos.

Releyendo “Primavera Silenciosa”, quedé nuevamente impresionada por las muchas virtudes del libro. Se publicó en una serie en el New Yorker en junio de 1962 y publicado como libro en septiembre de ese año – un tiempo en que los norteamericanos estaban viviendo el dorado esplendor del progreso de posguerra y la ciencia era reverenciada. “Primavera Silenciosa” hizo que los americanos cuestionaran por primera vez a los científicos y funcionarios que les habían estado asegurando que ningún perjuicio resultaría para ellos de la lluvia de pesticidas que caía sobre sus granjas, parques y patios. Carson detalló la manera en que el DDT viaja en la cadena alimentaria en concentraciones cada vez mayores, cómo los petirrojos morían cuando comían gusanos expuestos al DDT, cómo el DDT condenaba a los pichones de Águilas a una muerte temprana, cómo el salmón moría porque el DDT había matado a los insectos del arroyo que él comía, cómo el cangrejo violinista colapsaban en convulsiones en las marismas costeras rociadas con DDT.

“Primavera Silenciosa” cambió la relación que muchos americanos tenían con su gobierno e introdujeron el concepto de ecología y la interconexión de los sistemas en el debate nacional. Rachel Carson comenzó el movimiento ecologista. Pocos libros hicieron tanto para cambiar al mundo.

Pero esta vez, también fui impactada por algo que no me había ocurrido cuando leí el libro por primera vez, a principios de los años 80. En sus 297 páginas, Rachel Carson jamás mencionó al hecho que, en el mismo momento en que ella estaba escribiendo su libro, el DDT era el responsable de salvar decenas de millones de vidas, quizás cientos de millones.

El DDT mataba águilas calvas por su persistencia en el ambiente. “Primavera Silenciosa” está ahora matando niños Africanos por su persistencia en le mente del público. La opinión pública es tan firme sobre el DDT que hasta funcionarios que saben que puede ser usado sin problemas no se atreven a recomendarlo. “El asunto significativo es si puede o no ser usado aún en maneras que probablemente no causen daño ambiental, animal o humano, cuando existe un sentimiento general en el público y la comunidad ecologista de que se trata de un producto nocivo.” Dijo David Brandling-Bennett, un ex director diputado de la OPS.

Anne Peterson, la funcionaria de USAID, explicó que parte de la razón por la que su agencia no financia al uso del DDT es que ello requeriría una batalla para ganar la opinión pública. “Deberíamos explicarle a todo el mundo por qué esto está realmente OK y es seguro, cada vez que lo hacemos,.” dijo ella – “de manera que uno sigue a la alternativa con que todo el mundo se siente cómodo.”

“Por qué esto no puede ser manejado racionalmente, como se manejaría cualquier otro pesticida, no lo sé,” dijo Janet Hemingway, directora del Escuela Liverpool de Medicina Tropical. “La gente se molesta con el DDT y alegremente va y recomienda otro insecticida que es mucho más tóxico.”

A causa de que la prohibición del DDT se convirtió en la bandera del movimiento ecologista, el debate sobre el mismo, aún hoy, está extrañamente polarizado. La mayoría de los grupos ecologistas no objetan al DDT en donde es usado de manera apropiada y es necesario para luchar contra la malaria. Pero los liberales lo siguen considerando un símbolo de los efectos Frankenstein de una confianza ciega en la tecnología. Para los conservadores, el DDT sigue representando la victoria de los reguladores demasiado celosos y Ludditas que hacen malas lecturas de la ciencia y la distorsionan.

Hasta ahora, los conservadores no han sido capaces de torcer el brazo del USAID, aunque han conseguido que la agencia rehaga su política sobre programas en el extranjero para promover la abstinencia y desacreditar el uso de preservativos. Pero la malaria no es parte del debate público de la manera en que lo es el SIDA, y el DDT no tiene la misma urgencia cultural para el derecho religioso que el de la abstinencia.

William Ruckelshaus, la cabeza de la nueva Agencia de Protección del Ambiente, prohibió al DDT en 1972. Permanece siendo una de las decisiones más controvertidas que la EPA haya tomado. Ruckelshaus estaba bajo una tormenta de presiones para prohibir al DDT. Pero el Juez Edmund Sweeney, quien dirigió las audiencias de la EPA sobre el DDT, concluyó que el DDT no era peligroso para los humanos y podía ser usado en maneras que no perjudicaban a la vida silvestre. Ruckelshaus lo prohibió igualmente, menos para emergencias.

Ruckelshaus tomo la decisión correcta – para los Estados Unidos. En ese momento, el DDT era rociado principalmente sobre cultivos, en su mayoría algodón, un uso mucho más riesgoso que el rociado en el interior de las casas. No había malaria en los Estados Unidos – en parte gracias al DDT – de manera que su uso no reportaba beneficios públicos para la salud. “Pero si yo fuese un tomador de decisiones en Sri Lanka, donde los beneficios del uso sobrepasan a los riesgos, yo decidiría de manera diferente.” Me dijo recientemente Ruckleshaus. “No nos incumbe balancear los riesgos y beneficios de otra gente. Hay arrogancia en la idea de que todo el mundo hará lo que nosotros hacemos. Nosotros no estamos tomando estas decisiones para el resto del mundo, no es verdad?

De hecho, lo estamos haciendo – y es la principal razón por la cual las naciones Africanas que necesitan DDT no pueden usarlo hoy. Washington es el mayor donante a la OMS, y “Detengan a la Malaria” (Roll Back Malaria), y la mayor parte del resto del financiamiento para esos grupos proviene de Europa, donde el DDT está también prohibido. No hay ninguna ley que diga que si Estados Unidos no puede usar DDT, Mozambique tampoco puede hacerlo, pero esa es la manera en que funciona en la práctica. La prohibición contra el DDT en los Estados Unidos y otros países ricos ha colocado, en primera instancia, a los sectores agrícolas de los países más pobres en contra del uso del DDT por razones económicas. Por ejemplo, un embarque de tabaco de Zimbabwe tuvo bloqueada su entrada a los Estados Unidos porque contenía trazas de DDT, convirtiendo a los cultivadores de tabaco en Zimbabwe en un efectivo lobby anti-DDT en su país. Desde un punto de vista de la salud, por supuesto, la ofensa Americana habría sido más apropiada si se hubiesen hallada trazas de tabaco en su DDT, y no al revés.

Y están las compañías químicas. “Me preguntan todo el tiempo -- ¿Le pagan a usted las compañías químicas?”, dice Thomas DeGregori, un profesor de economía e la Universidad de Houston, y un partidario del DDT. La pregunta es divertida, porque los intereses corporativos en este asunto están del otro lado. El DDT no está más bajo patente, y es sabido que se fabrica únicamente en la India y China – y que el precio ha subido a las nubes desde que los países ricos pusieron a sus fabricantes fuera del negocio, haciendo que fuese más difícil de adquirir para los países pobres. Janet Hemingway, de la Liverpool School, que asesora a gobiernos Africanos, dice que ella y los funcionarios con quienes trabaja están acosados por las compañías químicas que venden insecticidas más caros, contándole toda clase de horrores sobre el DDT, “De manera clara, ellos quieren ver prohibido al DDT – se entromete en sus mercados,” nos dijo.

Pero más importante para el abandono del DDT ha sido la presión del establishment internacional de la malaria. Algunas veces es directa. México abandonó al DDT, por ejemplo, porque el tratado de libre comercio con EEUU (NAFTA) lo obligó a hacerlo. Donald Roberts, que estaba trabajando en Belice a principios de los 1990, dijo que USAID le advirtió al país que dejara de usar DDT o perdería la asistencia económica extranjera. Belice lo hizo, y la tasa de malaria se fue a las nubes.

En mayo de 2001, 91 países y la Comunidad Europea firmaron un tratado en Estocolmo sobre 12 contaminantes orgánicos persistentes, la “docena sucia.” Desterró a 9 de inmediato. Para el DDT, el tratado permitió su uso en el rociado interior de las casas para propósitos de salud pública, pero exigió su erradicación gradual. La excepción del DDT, que fue opuesta por los grupos ecologistas, pero apoyada por los expertos en malaria, permitió a los países dependientes del DDT continuar usándolo por el momento. Pero le principio guía de Estocolmo – erradíquelo! – es un factor más que desalienta a los donantes para financiar al DDT.

Brian Sharp, que dirige al programa de rociado de casas en Sudáfrica, dijo que algunas agencias internacionales de investigación no financiarán los estudios que estén asociados de alguna manera con el DDT. “Roll Back Malaria” ve a su estrategia de controlar al mosquito como la promoción del uso de mosquiteros. Y punto. Su informe 2003 de África apenas si menciona el rociado de casas. El “Fondo Global de Lucha contra el SIDA, Tuberculosis y Malaria” – que usa directivas establecidas por la OMS – actualmente no financia al DDT. Vinand Nantulya, Asesor Senior del director ejecutivo del Fondo, dice que el Fondo teóricamente podría proveer DDT a un país que lo reclame – pero ninguno lo ha hecho. Esto no es una sorpresa: estos países trabajan estrechamente con la OMS y los asesores del USAID para formular sus propuestas al Fondo Global, y es muy difícil que ellos pidan cosas que tienen muy pocas probabilidades de ser aprobadas.

Muchos científicos y funcionarios de salud Africanos informan que los donantes les han dicho: “Tendrán dificultad de obtener dinero para esto”, o “Los donantes creen que esto tiene efectos ambientales inaceptables.” En estas relaciones, la balanza de poder está tan inclinada en dirección de los donantes, que los países pobres irán a cualquier extremo con tal de no ofenderlos. El DDT es controvertido, mejor ni mencionarlo.

En 1999, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomendó que Ecuador usara DDT para controlar la malaria en vísperas del El Niño. El Banco Mundial dijo no. En un documento donde explicaba su decisión, el Banco dijo: “A causa de los temas controvertidos que rodean al DDT, el equipo de malaria del Banco Mundial desalienta el uso habitual del DDT para el control de la malaria.” Renato Gusm-o, de la OPS dijo que el grupo ecológico del banco le dijo que estaban luchando para la eliminación del DDT y no podían permitir que el Banco financiase al DDT al mismo tiempo que procuraban su prohibición.

En muchos países, las decisiones acerca del DDT son hechas por ministros del ambiente, con poca injerencia de los funcionarios de salud. Cuando Colombia prohibió al DDT a principios de los años 90, por ejemplo, “La gente en salud pública los supo cuando lo leyó en los periódicos,” dice Gusm-o. Los casos de malaria casi se duplicaron. Los años 80 y 90 también vieron el ascenso de las unidades ecológicas en las instituciones de salud y en los donantes como el Banco Mundial. Estos perros guardianes eran muy necesarios, y en general, han sido una herramienta crucial para la protección del ambiente. Pero ellos se fijan sólo en los riesgos, no en los beneficios. Walter Vergara, el funcionario del Banco Mundial que encabezó la unidad que desechó al DDT en el Ecuador, defendió ante mí esa decisión: “El DDT tiene un horrible impacto sobre el biosistema y está siendo eliminado por la comunidad mundial. Existen alternativas. No somos la única especie sobre el planeta.”

David Brandling-Bennett, el ex diputado director de la OPS dijo, “Mi experiencia en la OPS fue que la comunidad de la malaria eventualmente cedió ante la fuerte presión de los grupos ecologistas, incluyendo los de dentro de la organización misma. Hace unos años hubo un debate bastante pesado en la OPS acerca si debíamos usar DDT donde resulta efectivo. Pero la abrumadora percepción del DDT como el más malvado de los chicos de la cuadra, hizo muy difícil argumentar para la continuación de su uso. Realmente, la comunidad de la malaria se retiró.”

Cuando Lee Jomg-Wook se convirtió en cabeza de la OMS, el año pasado, escribió un artículo para The Lancet, la publicación médica Británica, mostrando su visión. Lee escribió acerca del SIDA, acerca del SARS, acerca de fortalecer los sistemas públicos de salud. Pero no mencionó a la malaria.

Probablemente lo peor que le haya ocurrido a la malaria en los países pobres haya sido su erradicación en los países ricos. Ello convirtió a uno de los principales asesinos en África en algo chocantemente invisible. “Primavera Silenciosa” tenía un claro mensaje acerca de las cosas que los americanos podían ver, tocar y sentir en su tierra,” dice Brooks B. Yeager, vicepresidente del programa de Amenazas Globales, para el World Wide Fund for Nature (WWF), “Los americanos que viven la costa de Carolina del Norte saben que los pelícanos marrones han regresado,” desde que el rociado se detuvo. “La malaria está muy lejos. Uno tiene que leer sobre ella o ver su devastación en persona, y no muchos americanos tienen la oportunidad de hacerlo.”

Lawrence Barat, el asesor sobre control de la malaria en el Banco Mundial, dijo, “Cuando le digo a la gente que trabajo sobre la malaria, algunas veces me dicen, 'Ehhh, no sabía que aún existía'.”

Uno de los aspectos más depresivos al hablar de la malaria es que uno tiene que escuchar la frase, “el poderoso lobby del SIDA”, un término que nadie sino un experto en malaria usaría. El SIDA en el tercer mundo sigue estando criminalmente sub financiado, pero por lo menos obtiene algo de dinero y mucha atención. La malaria obtiene las sobras del SIDA. El SIDA fue una plaga súbita, muy visible en la elección de sus víctimas, y tiene una constitución vocal en los países ricos. Aún en África, la malaria no obtiene ni de cerca la atención que recibe el SIDA. Siempre estuvo presente, y no mata adultos de clase media, sino niños de 4 años en el campo, que no tienen un lobby propio.

El status de la malaria puede ser leído en las cifras de la ayuda. Para los años 90 era totalmente ignorada, y los programas de control de malaria de África se desintegraron. En algunos países, todo el programa federal anti-malaria empleaba a dos o tres personas. Cuando las naciones desarrolladas se juntaron para comenzar con el programa Roll Back Malaria en 1998, se comprometieron a aportar dinero para conseguir la meta de reducir la cosecha de muertes a la mitad para el 2010, pero desde entonces procedieron a donar migajas. En el 2000, según Amir Attaran, un miembro del Royal Institute for Internacional Affairs, con base en Massachussets, los 23 países más ricos del mundo, más el Banco Mundial, suministraron $100 millones de dólares para combatir la malaria – menos de la décima parte de la suma anual necesaria para lograr las metas de Roll Back Malaria.

La epidemia de SIDA a comenzado a excitar un interés más amplio en las enfermedades del tercer mundo, y la malaria se ha beneficiado. Especialmente del establishment del Global Fund, que ha aprobado $490 millones para la malaria – aunque hasta ahora ha desembolsado la décima parte de esa cantidad. USAID, que en 1998 donó apenas $12 millones para luchar contra la malaria, proporciona ahora $80 millones anuales, un avance notable.

Pero el dinero sigue siendo muy escaso. Una muestra de la mezquindad de los donantes es el hecho que el mundo sigue empleando hoy curas para la malaria que no funcionan. Como las cepas resistentes de malaria han evolucionado, la cloroquina, el remedio más popular, falla el 80% del tiempo y un nuevo tratamiento, el Fansidar, no es mucho mejor y se está poniendo peor. Esos remedios se siguen usando porque son baratos; la dosis de cloroquina cuesta apenas unos centavos, un costo que la mayoría de las familias africanas pueden afrontar. Existen nuevas y efectivas medicinas, pero cuestan un mínimo de 40 centavos para el tratamiento de un niño, y $1,50 para el de los adultos, lo que significa que los gobiernos africanos – y en consecuencia, los donantes – tendrán que pagar por ello.

Sólo un puñado de los 42 países africanos endémicos con malaria han cambiado; uno de ellos es Sudáfrica, donde las nuevas drogas han sido parcialmente responsables por el reciente éxito del país. Esos precios pueden parecer no muy caros para combatir la malaria, especialmente ciando se contrastan con los cientos de dólares anuales necesarios de por vida para tratar al SIDA. Pero aparentemente, 40 centavos por niño es demasiado dinero para que lo provean los donantes.

La falta de interés político en la malaria ha sido un factor muy importante en la declinación del rociado de casas y el crecimiento de los mosquiteros. Los mosquiteros siguen la moda en el desarrollo de la asistencia de hoy: hacer un bypass a los gobiernos y trabajar a través del sector privado, grupos no gubernamentales, y con la misma gente afectada. La gente puede comprar los mosquiteros en un comercio de $ 2 a $10, o su distribución subsidiada y aún gratis puede ser integrada a otros programas de salud, como los días de vacunación.

Los mosquiteros son una forma excitante e importante de control del mosquito. Pero tienen grandes desventajas. Aún unos pocos dólares es demasiado dinero. Una encuesta realizada en áreas rurales de África acerca de lo que les gustaría comprar, en caso de tener dinero, listaba a los mosquiteros en el sexto lugar. Los primeros tres ítems eran una bicicleta, una radio y, muy desgarrador, un balde de plástico. El precio es también mantenido artificialmente alto porque la mayoría de los países, vergonzosamente, aún ponen impuestos sobre los mosquiteros. Y hasta que se puedan distribuir mosquiteros con un insecticida de larga duración, los mosquiteros necesitarán de un tratamiento periódico de reimpregnación con insecticida. Es el insecticida el que protege, no la red mosquitera, y el insecticida se desvanece sin que la gente se de cuenta.

Tanto los mosquiteros como el rociado de casas pueden ser efectivos, y los estudios que comparan costos difieren sobre cuál es el más barato. Para el establishment mundial de la malaria, sin embargo, una inmensa diferencia esa aquella en la que, con el rociado de casas, los gobiernos centrales (y por consiguiente los donantes) son los que soportan los costos. Financiar repetidas sesiones de rociado, arguyen los donantes, no es sustentable. “Pero 'sustentable' es aquello que uno elige sostener,” se enoja Amir Attaran. “Nadie exige que mi recolección de basura en Cambridge, Massachussets, sea sustentable. El recolector de la basura viene una vez a la semana, y se acepta que sea la sociedad la que paga por ello.”

Mozambique está actualmente llevando a cabo un exitoso y muy barato rociado de casas, sin un ejército nacional de rociadores y una flota de camionetas 4x4. Mozambique contrata a unas pocas personas en cada comunidad y les da dos semanas de entrenamiento y los materiales necesarios. Esos rociadores caminan entonces de casa en casa, rociando a cada una dos veces al año. “Ayuda a ahorrar en costos de transporte, y el hecho que los rociadores provienen de la comunidad lo hace mucho más creíble en términos de que la gente acepta lo que se está haciendo en sus hogares,” dice Jotham Mthembu, el encargado del programa de control de malaria de KwaZulu-Natal, que también asesora el programa en la vecina Mozambique. Dado que Mozambique depende de los donantes occidentales, empela un insecticida máscaro. Pero si usase DDT, podría proteger a la gente a razón de $1,70 por persona, por año.

Existen otras maneras de controlar mosquitos. Partes de la India, por ejemplo, están teniendo éxito sembrando las lagunas que crían mosquitos con “guppies” que se comen las larvas de los mosquitos. Pero la ingeniosa estrategia de la India no funcionaría en África, donde los mosquitos crecen en las huellas de pisadas del ganado durante la estación lluviosa.

La malaria debería de ser más que un simple ítem en el presupuesto de salud. La malaria mata al turismo y a la inversión extranjera. Reduce en gran medida la inteligencia humana y la productividad, y disminuye los rendimientos agrícolas. En contra de estos costos, se debería unir voluntariosamente los sectores de negocios y los ministerios de economías de las naciones afectadas – y los donantes deben comenzar a pensar que el control de la malaria es un programa desusadamente costo/efectivo para combatir a la pobreza.

El éxito de Sudáfrica está inspirando una nueva mirada sobre el DDT en todo el continente. Uganda, Kenya, y otros lugares están ahora examinando si podría también funcionar en sus países. Si pudiese, los donantes deberían alentarlo. El DDT es víctima de su éxito, habiendo eliminado tan terminantemente a la malaria en los países ricos que hemos olvidado que alguna vez necesitamos del DDT. Pero la malaria mata africanos en el día de hoy. Aquellos preocupados por la arrogancia de jugar a Dios deberían darse cuenta de que hemos forjado un instrumento de salvación, y que hemos elegido esconderlo entre nuestras ropas.

Tina Rosenberg escribe editoriales para el New York Times. Su último artículo para la revista fue acerca de la corrupción global.




Comentario de FAEC:

¿Qué hemos sacado en limpio de este artículo? ¿Cuáles son las conclusiones lógicas que se pueden extraer de él? Son varias y muy importantes – por lo menos si creemos que la vida de un niño – o de cualquier persona – es algo importante.

Primero se comprueba que, aún mucha gente que defiende al DDT, sigue ignorando que las razones usadas para prohibir al
DDT no tenían nada que ver con la ciencia, y estaban fundadas, 100%, en razones políticas. En las presiones ejercidas por la desproporcionada campaña en contra del DDT montada por grupos interesados en que el planeta no fuese sobrepoblado – en especial con “esa gente de pieles marrones” del Tercer Mundo.

La redactora, Tina Rosenberg cree, y acepta implícitamente, que el DDT provocaba la muerte de águilas, pelícanos y otras aves, cuando la verdad y los registros demuestran que durante los años en que el DDT se roció y espolvoreó masivamente en los Estados Unidos (y en casi todo el mundo)
se produjo una explosión en la población de pájaros y un aumento de la cantidad de águilas y halcones peregrinos que habían estado disminuyendo desde principios del siglo 20.

Ignora Rosenberg que los estudios sobre adelgazamiento de las cáscaras de los huevos de
aves fue un fraude resultado de mala metodología científica en los trabajos de DeWitt y otros, y una amañada forma de conducir los experimentos. Toda esta muy sórdida parte de la historia está extensa y detalladamente relatada en varios artículos en este mismo sitio, como: Malaria: “El Asesino que se pudo haber vencido”, o " DDT: Preguntas y Respuestas", o el excelente trabajo de Thomas Jukes en "Primavera Silenciosa y la Traición del Ecologismo".

Algo que resulta evidente es que hay “donantes” que usan el dinero para imponer políticas económicas a los países “ayudados”. Dado el grado de corrupción que se ha comprobado en los países pobres, lo más probable es que el dinero de “ayuda” humanitaria termine en las cuentas Suizas de los gobernantes –
con pleno conocimiento y complicidad de los “donantes”. La peligrosidad del DDT para los donantes no reside en el daño que podría causar al ambiente, a los seres humanos o los animales, sino en su capacidad de erradicar la malaria. La malaria es un excelente método de matar gente, pero sobre todo, de impedir que las niñas mujeres lleguen a la edad fértil en la que pueden concebir más seres humanos.

La malaria sigue siendo una herramienta muy efectiva para mantener a los países pobres de África en su lamentable condición de baja producción alimentaria, extensa pobreza, y escasa industrialización. Son así presa fácil de la “ayuda” de donantes, representantes de grupos que, como Shylock, cobran su libra de carne de manera constante y regular.

También se ignora masivamente que las estadísticas de SIDA de África y de otras regiones donde la malaria es endémica,
están distorsionadas por un hecho científico innegable: los análisis de SIDA por el método tradicional de reacción sérica, dan invariablemente falso positivo cuando el paciente es portador del plasmodio de la malaria. La malaria es endémica desde el sur del Sahara hasta ciudad del Cabo, y afecta al 60% de la población. Curiosamente, y no por casualidad, la población africana al sur del Sahara que es portadora del HIV se eleva… al 60%.

Mientras que la proporción del 60% de portadores de malaria es uniforme al sur del Sahel, en la costa norte de África. Desde Egipto hasta Marruecos, la tasa de portadores del HIV es de
… apenas el 3%. ¿Razón? Los portadores de malaria en la región son también el 3%.

La única evidencia de que los africanos están “infectados” con un virus llamado HIV es una evidencia indirecta: se basa en el ensayo aleatorio de una pequeña porción de la población para la presencia de anticuerpos que reaccionan con una colección de las llamadas “proteínas HIV”. Los resultados de esos ensayos son proyectados a la población general del África y se obtiene la cifra de 23 millones de portadores para la región al sur del Sahel, y 2,5 millones de enfermos de SIDA. Es sólo un trabajo estadístico que hace agua por los cuatros costados.

Para saber que pasa en realidad con el HIV en África, el Dr. Eduardo Leschot realizó trabajos de investigación recogiendo muestras de sangre entre 5000 prostitutas de Mozambique, cuya tasa de HIV positiva era del 60%, igual a la de portación de malaria, y luego de escrutadas las muestras por el microscopio electrónico, rindieron una tasa de presencia real del virus de sólo el 5%. Sin embargo, el test era 60% de muestras seropsitivas para HIV!

Luego hay estadísticas que no se divulgan pero que existen: En África,
23 millones de HIV positivos generan anualmente 75.000 nuevos pacientes de SIDA, es decir, UN caso de SIDA por cada 300 HIV positivos.

Pero en Estados Unidos, los
900.000 HIV positivos (OMS, Registro Epidemiológico Semanal 73, pp. 373-380, 1998), generan ahora anualmente 45.000 pacientes de SIDA (Centros de Control de Enfermedades, 1999), es decir, UN caso de SIDA por cada 20 portadores de HIV. Como se puede apreciar, hay algo que no cuadra entre el SIDA-HIV africano y el americano. Según las estadísticas, el HIV de EEUU sería mucho más potente que el de África. Entonces, ¿Son dos virus diferentes? O todo el asunto del HIV-SIDA no es más que otra gigantesca patraña?

Me inclino por esto último.

Pero dejando de lado al tema HIV-SIDA, el asunto de la malaria nos demuestra que en las agencias de ayuda internacional, el Banco Mundial, y las organizaciones ecologistas que se oponen al uso del DDT, existe
una pavorosa y estremecedora indiferencia por la suerte de las 3 a 4 millones de personas que mueren anualmente de malaria. Para esta gente, los niños, mujeres y ancianos que son barridos por la enfermedad son apenas cifras en una estadística, pero que el dinero que ganan oponiéndose al uso del DDT para salvar vidas es lo único que les importa. Porque no convencerán a nadie con sentido común, de que se preocupan por la salud de los seres humanos y les quieren evitar posibles cánceres.

Quien diga que el DDT no se puede usar porque causará en algunos seres humanos un hipotético cáncer
después de 30 años de exposición, es un hipócrita que mira para otro lado (el de su chequera) cuando le dicen que en el mundo están muriendo 5.000 niños por día a causa de la malaria - la mayoría no ha cumplido aún 5 años.

Seguramente “dona” 25 dólares mensuales a Greenpeace.



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