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Agujero de Ozono:
Conocido desde hace mucho

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
(18 de abril, 2008)

A pesar de que ha pasado mucho más del tiempo necesario para comprobar si las profecías hechas sobre el desarrollo y los efectos del “agujero de ozono” eran acertadas, y que ninguna de ellas estuvo ni cerca de cumplirse, todos los años se publican las acostumbradas noticias sobre la “vida y obra” del famoso agujero del ozono de la Antártida que parece no querer cerrarse nunca. Esta desinformacion constante es necesaria, cada vez más, para mantener en terapia intensiva al mito y fraude de la disminución de la capa de ozono y los CFC. El agujero no puede cerrarse nunca ni lo hará jamás –simplemente porque es de origen 100% natural.

Revisando viejas publicaciones y archivos uno siempre tiene la oportunidad de comprobar –una vez más- que todo ha sido una fantasía, una locura, una estafa gigantesca –en donde miles de aprovechados hicieron fortunas, conquistaron fama y poder, y hasta ganaron un Premio Nobel en Química. Vergüenza sobre el Nobel !

Ya lo expresó muy claramente en 1995 (1) el fallecido volcanólogo francés Haroun Tazieff, una celebridad científica que se desempeñó en su país como Secretario de Estado para Grandes Riesgos Naturales y Tecnológicos, además de haber sido director del Centro Nacional de Inves-tigación Científica de Francia, quien declaró entonces que:

“Este Premio Nobel es un escándalo! El otorgamiento del Premio Nobel a menudo ha sorprendido a la gente competente; esto ha sido cierto en ciertos premios Nobel de literatura, Paz, y Econo-mía, campos que no pertenecen a las ciencias exactas. Pero nunca –jamás!- en mi conocimiento, tal asombro y estupefacción como los que han impactado al mundo de los químicos. Los tres premios otorgados por lo que hoy se conoce como la teoría del 'agujero de ozono' son, de hecho, un tremendo escándalo científico. La intención es intimidar a los científicos honestos que han tratado de resistir al catastrofismo y las mentiras que han reinado durante unos 20 años en el tema del ozono y el efecto invernadero.” […]

Los argumentos de Sherwood Rowland, Mario Molina y Paul Crutzen son científicamente inexistentes cuando son confrontados con la realidad de lo que se observa en la Antártida. Los modelos que han elaborado, especialmente, han sido constantemente refutados por las observa-ciones de tierra y de los satélites.” […] Rowland et al omiten mencionar, deliberadamente, que esas variaciones en el contenido de ozono en la Antártida fueron descubiertos, no en 1985, como querrían que creamos, sino en 1956 por el primer científico que estudio la atmósfera superior allí, Gordon Dobson. Ellos cometen así el peor de los crímenes científicos, que es la disimulación y ocultamiento de hechos, ignorando publicaciones previas sobre el mismo asunto.”

Tiene razón Tazieff al decir que Dobson fue el primero en estudiar la capa de ozono en la Antár-tida, aunque los científicos franceses B. Leroy y P. Rigaud también lo hacían desde su base An-tártica en Dumont D'Urville, en el otro extremo del continente. Tanto Dobson como los france-ses quedaron sorprendidos por los muy bajos niveles de ozono que se medían durante la prima-vera antártica. Dobson lo atribuyó a una calibración defectuosa del espectrofotómetro de su invención, mientras que los franceses Leroy y Rigaud lo atribuyeron a problemas con los reac-tivos en sus placas fotográficas.

Sin embargo, la variación en las concentraciones de ozono durante distintas épocas del año ya era un fenómeno conocido en el hemisferio norte, donde los noruegos habían estado realizando investigaciones desde mediados de la década de 1920. En un artículo publicado por Einar Tonsberg y Kaare Olsen en 1944 (2), presentan los resultados de sus mediciones de ozono en Tromso, al norte del Noruega, entre 1935 y 1942. Esas medidas presentan unas variaciones espectaculares en la densidad de la capa de ozono, que podían variar de 50 Unidades Dobson (UD) en diciembre a 410 UD en febrero. Los resultados se ven en el gráfico publicado por los autores en la página 23 del artículo.


Figura 1: Valores mensuales del ozono sobre Tromso entre 1935 a 1942.

Antes de esa fecha también!

Más abajo reproducimos una imagen escaneada de otro artículo sobre mediciones de la capa de ozono, publicado en 1950 en la revista francesa Annales de Geophysique (3). El autor, R. Penndorf, que realiza sus mediciones entre 1926 y 1942 muestra que los niveles de ozono pueden variar entre 50 y 433 DU. La figura muestra también las bruscas variaciones de los niveles del ozono y el autor menciona la aparición de “agujeros” en la capa de ozono (“holes”, en itálicas, en la parte inferior del texto). Desde los años 50 estos 'agujeros' eran bien conoci-dos y reportados en la literatura científica, por lo que la declaración en 1985 del “descubrimien-to” del agujero de ozono en la Antártida por el British Antarctic Survey y toda la propaganda que se construyó a su alrededor, no es más que una clara demostración de manipulación de la información que era necesaria para engañar a la prensa y a la población del mundo para impul-sar con éxito la prohibición irracional y fraudulenta de los cloro fluoro carbonos, los “malditos CFC”.

El Re-Descubrimiento del Agujero

A pesar de todos los documentos científicos contenidos en la librería de la atmósfera superior y también de que la palabra 'agujero' apareció en 1926 y ya se usaba con frecuencia desde fines de los años 50, el discurso mediático cuenta que al agujero lo “descubrieron” en 1985. Las más altas autoridades políticas, científicas y mediáticas se tragaron el cuento y aceptaron esta falsificación de la historia.

Figura 3: Facsímile de la página 5 del artículo de R. Penndorf de 1950 donde se muestra la brusca y profunda variación del nivel de ozono sobre Tromso, Noruega, y la mención de la aparición de “agujeros” (holes) en la región de la estratosfera.

Las conclusiones de Penndorf son las siguientes:

  1. La variación anual no sigue una línea sinusoide simple.
  2. Un disminución constante ocurre desde Marzo (0.34 cm O3) hasta Septiembre (0.2 cm O3) haciéndose más o menos constante hasta el principio de Diciembre.
  3. Durante la noche polar (desde Diciembre hasta el 19 de Enero) ocurren “agujeros” es decir, la cantidad de ozono cae a 0.15 cm para pentadas. Algunas observaciones indican valores tan bajos com hasta 0.05 cm jamás medidos en otras latitudes.
  4. Un aumento del 100% tipo “erupción” ocurre desde la mitad hasta el final de Enero.

La historia está escrita por intereses oscuros

Los propulsores del Protocolo de Montreal necesitaban que el miedo a las consecuencias de la disminución o desaparición de la capa de ozono tuviese la capacidad de paralizar el correcto funcionamiento de los cerebros de la mayor cantidad posible de gente en el mundo, en especial el de los políticos que deberían promulgar las leyes que prohibiesen a los CFC. No fue demasiado difícil conseguirlo. Los científicos a sueldo de la desinformación se encargaron de ello y publica-ron toda clase de “estudios” que supuestamente demostraban la validez de la teoría de Sher-wood Rowland, Molina y Crutzen. Entre mucho estudios espurios que aparecieron, figuraba el del equipo de la famosa Susan Solomon que termina de explicar cómo midieron al ozono sobre Thule, en Noruega, y sin haber hecho absolutamente ninguna conexión entre la disminución del ozono del polo norte y el cloro que supuestamente provendría de los CFC, y sin haberlos nombrado en todo el estudio ni establecido una conexión entre ellos, el cloro y el ozono, termina en sus dos párrafos finales recomendando la prohibición de los gases de refrigeración por la acción (no demostrada jamás) que los CFC tendrían sobre el ozono estratosférico. Este estudio fue analizado y desenmascarado por mí en 1992, y la crítica está publicada en este sitio desde hace años en: Ozono: El fraude mediático desenmascarado otra vez

También apoyaron el fraude numerosos científicos como Richard Stolarski, Rumen Bojkov, Robert Watson, Michael Prather, y hasta el IPCC también colaboró con el fraude. Nada nuevo, por otra parte, parece que el IPCC ha mantenido sus malas costumbres hasta la fecha. Stolarski y Pra-ther (4) escribieron en Science: “La búsqueda de pruebas sobre la disminución del espesor de la capa de ozono no produjo ningún resultado hasta el descubrimiento en 1985 del agujero Antár-tico”. Sin hacer nada más que abrir un par de revistas científicas de la época hemos podido comprobar que las afirmaciones de estos “notables científicos” eran mentiras de las más gordas que se pueden encontrar registradas. Me pregunto: “¿quién les pedirá cuenta por haber mentido a la gente y seguir cobrando sus muy jugosos sueldos –pagados con los impuestos de la inge-nua y crédula gente que fueron estafados en su buena fe?

Pero el agujero de ozono de la Antártida aparece en primavera y desaparece antes de la llegada del verano. La alarma que representa el agujero no habría tenido éxito alguno porque la Antár-tida es un continente donde no hay gente viviendo, y los científicos que salen al exterior duran-te la presencia del agujero no lo hacen en traje de baño. Por ello era necesario que la amenaza fuese mayor y se extendiese a un peligro peor: que toda la capa de ozono del mundo podría desaparecer. Para conseguir convencer a la gente de esto hubo que trabajar mucho, pero se consiguió mediante la vieja técnica de Joseph Goebbles: Repita una mentira las veces nece-sarias y se convertirá en verdad. Pero la existencia de agujeros de ozono en los polos ya en 1926 les echaba a perder todo el trabajo de desinformación y fue necesario que hasta Al Gore saliese a mentirle al público diciendo que el agujero de ozono de la Antártida había dejado ciegas a las liebres y las ovejas de la Patagonia, o que los bebitos de Punta Arenas estaban desarrollando melanomas!

La medición del ozono y los modelos

La información científica seria no confirmó nunca la teoría de la destrucción de la capa de ozo-no, ni la acción del cloro sobre el ozono –hasta el punto que Molina se vio forzado a “inventar” un mecanismo para explicar cómo el cloro atacaba al ozono, un desatino de la química conocido como “El Dímero de Molina”. Con eso se ganó un Premio Nobel. Lo que nos hace dudar seriamen-te sobre la validez de los premios Nobel a otros científicos, porque si “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”, ¿que garantía tenemos de que no nos seguirán mintiendo?

Dado que las observaciones no confirmaban la teoría, y la radiación ultravioleta había estado disminuyendo a una tasa de 0,7% anual durante 10 años seguidos (5) a los tramposos no les quedaba nada más que un arma para ganar la batalla: los modelos computados. Esos modelos fueron basados en los cálculos y teorías de Stolarski, Cicerone, Rowland, Molina, etc, que predecían una baja sensible en los niveles globales del ozono. Lo de siempre: se aplicó aquí la vieja máxima de la informática –“Basura entra, basura sale.” Y como los resultados serían muy difícil de comprobar en el corto plazo (se hablaba de disminuciones a 25 y 50 años, lo mismo que para el otro fraude, el calentamiento global), era mejor prevenir que curar y los políticos decidieron creerle a los científicos de la Gran Trampa.

Hubo un informe de la NASA (6), que hacía notar la existencia de numerosas lagunas en el conocimiento del ozono, de incoherencias entre los conjuntos de datos, y “en definitiva pocos elementos para apoyar la hipótesis de una tendencia estadísticamente significativa” del ozono global,” y “el estudio atento … de los modelos y de las mediciones … que limitan nuestra confianza en las predicciones emitidas por los modelos.” En efecto, los modelos daban (y dan) valores de ozono sistemáticamente inferiores a las observaciones realizadas por los satélites.

Las causas de estas divergencias son muchas: incertidumbres “de primer orden” sobre la dura-ción de la vida en la atmósfera de las especies químicas; subestimación de la influencia del ciclo solar de once años en un factor de dos o tres años; una subestimación severa de la influencia de la Oscilación Cuasi Bianual, (OCB, también conocida como QBO); pobre conocimiento del rol de la temperatura de la superficie del océano (SST) en las variaciones del ozono global; poco conocimiento de los modos de producción del ozono en la estratosfera; que podría llevar a los modelos a un error de más del 30%. Pero a pesar de todo esto, el discurso mediático continúa afirmando que el ozono disminuye, confirmando así la validez de los modelos. Aunque los datos de observaciones no muestran nada parecido, y los modelos presentan lagunas gravísimas. Y que la radiación UV descendió 7% entre 1975 y 1984, según lo demostró Scotto en el estudio (5) que le costó su carrera y la eliminación de la red de estaciones que medían la radiación UV en los estados Unidos. Desde entonces los rayos UV se miden mediante “modelos” porque los instrumentos fueron eliminados.

Los procesos que limitan la influencia de los CFC

Hay numerosos procesos naturales que afectan y gobiernan la formación, extensión y duración del agujero de la Antártida. A los procesos ya mencionados más arriba debemos añadir a los compuestos clorados emitidos por los volcanes; la producción de compuestos halogenados de diversos procesos naturales, y la retención y eliminación de los CFC por bacterias y otros mecanismos. Todos estos procesos, por cierto, no están incluidos en los modelos computados que ganaron el Premio Nobel.

Los Volcanes

Las erupciones volcánicas más potentes inyectan compuestos de cloro directamente en la es-tratosfera, donde según Ralph Cicerone “provoca la destrucción del ozono en su fase gaseosa […] Así, una erupción volcánica puede provocar una disminución del espesor de la capa de ozono debido a un aumento del cloro proveniente de otras fuentes que no son los CFC.(7) El mismo Paul Crutzen, uno de los ganadores del Nobel de Química por el fraude, dice que “Debe-mos señalar, de manera muy clara, que la actividad volcánica juega un rol esencial.” (8). En efecto, Johnston demuestra que la erupción en 1976 del volcán Augustin de Alaska inyectó a la estratosfera una masa de cloro equivalente a entre el 17 y el 36% del cloro contenido en toda la producción mundial de CFC de ese año. Las erupciones de ese tamaño y potencia, decía Johnston, se producen por lo menos una vez por año. Pero las hubo y las hay mayores, por supuesto. La erupción del Tambora en 1815 inyectó unos 216 millones de toneladas de HCl en la estratosfera, mucho más que todo el cloro contenido en los CFC en 1988 que era de apenas 2,8 millones de toneladas. Se calcula que la erupción del volcán Toba (hace 75.000 años) inyectó a la atmósfera entre 400 y 4.000 millones de Tm de HCl. ¿Debemos deducir entonces que todo el ozono del planeta desapareció entonces, y con él la vida sobre el planeta? A pesar de todos los datos, estudios y observaciones realizados en la ciencia de la atmósfera, los modelos computa-dos del ozono siguen sin incluir el efecto de los volcanes sobre el ozono atmosférico. Un fraude que se resiste a morir.

Los otros compuestos halogenados

La destrucción del ozono atmosférico puede ser provocada por numerosos compuestos haloge-nados que catalizan reacciones químicas similares a las causadas por el cloro. De tal forma tanto el bromo como el yodo (bajo las formas de Br, BrO, I y IO) amenazan de igual manera a la capa de ozono. Tampoco estas reacciones químicas del bromo y el yodo estaban incluidas en los modelos computados que llevaron a la prohibición de los CFC.

Es necesario considerar que el bromo tiene una capacidad de destrucción del ozono entre 40 a 100 veces superior al cloro. Más todavía, los flujos de bromo y yodo de origen natural son descomunales cuando se los compara con las emisiones de esos gases por la actividad humana. El bromuro de metilo es la fuente principal del bromo estratosférico y tiene su origen de manera brumadora en los océanos (9), del fuego de los bosques y de su uso como pesticida agrícola. La contribución de estas tres fuentes se reparten por igual, pero en los modelos usados para el Protocolo de Montreal sólo se ha incluido la del origen agrícola con la intención de prohibir al fumigante bromuro de metilo, el único fumigante efectivo conocido para granos y cosechas. La prohibición del mismo ocasionaría la pérdida del 40 al 60% de las cosechas de granos del mundo.

Los flujos naturales del yodo provienen principalmente del océano (10), y según la misma Susan Solomon, (11) hace notar que “Las fuentes naturales de iodocarbonos son tan importantes que las actividades humanas no podrían aproximarse, a diferencia de los cloro- bromo-carbonos,”

La Destrucción y Retención de los CFC por Procesos Naturales

La teoría común es que el único lugar donde los CFC pueden ser destruidos es la estratosfera (12). Pero esta afirmación está desmentida por la experiencia. Hegg et al., (13) demostraron que entre el 15 al 50% de las emisiones globales de CF2Cl2, uno de los principales CFC, provienen del incendio de los bosques. Este compuesto no puede ser sintetizado por los vegetales, por lo tanto es recogido y mantenido en depósito por la vegetación hasta que es liberado por el fuego. De este modo se mantiene aislado del ambiente una importante proporción de los CFC liberados al ambiente. Khalil y Rasmussen han demostrado también que los CFC (CCl4, CH3CCl3, F11 y F12) (13) son asimismo absorbidos y eliminados por los suelos donde una variedad de bacterias los descomponen. También las termitas juegan un papel importante en la descompo-sición y eliminación de los CFC, como los demostraron los mismos autores (14).

Procesos que Afectan al Ozono

Negando la acción de los volcanes, los compuestos halógenos naturales y la destrucción o retención natural de los CFC los modelos han exagerado la influencia de los CFC sobre el ozono estratosférico. En el sentido inverso, los fenómenos mayores que controlan realmente al ozono son negados o minimizados al máximo. Ello se practica en relación a los conocidos procesos del ciclo solar de once años, la Oscilación Cuasi Bianual (o QBO), y los procesos atmosféricos dinámicos.

El ciclo solar de Once Años

Nadie puede negar o desafiar la influencia de las variaciones solares, en especial al ciclo de once años, sobre el ozono global, tal como lo reconoce el mismo IPCC (15). La figura 4 muestra la notable correlación entre el número de manchas solares (indicativas de la actividad solar) y los niveles del ozono global.(16)


Figura 3: El Ozono Global y la Cantidad de Manchas de Sol.
Fuente:
J.K. Angell. Journal of Climate, Nov. 1989.

Debemos notar la fuerte baja en los niveles del ozono a principios de los años 60, que no podría haber sido provocada por los CFC, cuya concentración en la atmósfera era todavía demasiado débil en esa época. Desde 1962 Willett notaba “una correlación negativa muy significativa entre el número de manchas de sol y la media mundial del ozono total,” (17) Esos resultados fueron confirmados por Paetzold et al., (18) y también por Callis y Nealy (19). Estos últimos añadieron que las variaciones del flujo del ultravioleta solar eran la causa de las variaciones del ozono total y que veía también “un procesos físico que podría relacionar al ciclo solar [de once años] con la circulación atmosférica general.”

La Oscilación Cuasi Bianual – QBO

Los vientos y las temperaturas ecuatoriales presentan una oscilación irregular donde el período se sitúa alrededor de los 28 meses y que h sido bautizada como la “oscilación cuasi bianual” (o QBO, por sus siglas inglesas de Quasi Biannual Oscillation). Ello produce una inversión de los vientos estratosféricos (entre 60 y 10 milibares) que fluyen alternativamente de este a oeste. La influencia de la QBO también se hace sentir en las zonas extra tropicales.

La influencia de la QBO y de las variaciones solares sobre los niveles del ozono global fueron puestos en evidencia de manera espectacular por Varotsos (19) apoyándose sobre las ideas de Labitzke y de van Loon, él demuestra que la influencia de las variaciones solares sobre el ozono se hacen evidentes si se separan los datos del ozono en dos conjuntos: uno correspondiente a la fase este de la QBO, y el otro a la fase oeste. De esa forma, en la figura 4 se superpone los datos concernientes al flujo solar (curva de puntos que une círculos negros) y los datos relati-vos al ozono total global (línea llena que une los círculos blancos y las cruces. Bajo esta forma, la correlación entre el flujo solar y el ozono total no parece ser evidente. Pero si se separan los datos del ozono en dos conjuntos que se corresponden con las fases este y la oeste de la QBO, se obtiene las figuras 5 y 6, que hacen aparecer ítidamente las correlaciones positivas y negativas del ozono con el flujo solar.

La Radiación Ultravioleta

La EPA publicó un informe (6) sobre el tema del ozono, luego reproducido en la revista Nature, donde afirmaba que la disminución de la capa de ozono prevista por los modelos provocaría 40 miloones nuevos casos de cánceres de piel, y 800.000 muertes suplementarias. Sólo en los Estados Unidos la EPA profetizaba 150 millones de casos de cánceres de piel entre quienes naciesen antes de 2075., provocando la muerte de 3 millones de ellos (entre 1,5 y 4,5 millones). Además preveía la aparición de unos 18 millones nuevos casos de cataratas y numerosos casos de ceguera.(20) Por supuesto, la realidad no apoya en absoluto ninguna de esas predicciones, y las observaciones no mostraron ningún aumento significativo en los cánceres de piel que pudiesen atribuirse a un aumento de los rayos UV que, como se vio antes, no sólo no habían aumentado sobre la superficie de la tierra sino que habían disminuido de manera significativa entre 1975 y 1984, algo que admite el mismísimo Richard Benedick, el alarmista que impulsó ferozmente el fraude y firmó el Protocolo de Montreal en nombre de los Estados Unidos, cuando declara: “Además, el flujo de ultravioletas que alcanzan la superficie terrestre no presentan ningún aumento sino que muestran lo contrario, porque lo que ha sido medido muestra una disminución de la radiación”(21).

Efectivamente, las mediciones efectuadas por Joseph Scotto y su equipo mostraron que entre 1974 y 1985 no se había registrado ningún aumento de la radiación sobre el territorio de los Estados Unidos sino que se había observado una disminución del 0,7% anual de la radiación UV-B, para un total de entre 2 y 7% según las regiones. Después de la publicación de este trabajo en la revista Science (22), Scotto se vio obligado a suspender sus investigaciones porque le fueron retirados los fondos necesarios para continuarla. Además, la red de estaciones de instru-mentos que medían la radiación UV-B en la superficie fue desmantelada y desde entonces los niveles de UV-B son calculados por modelos computados.

Para peor, y como la frutilla de la torta, tenemos que añadir que el rol de los rayos UV-B como agente causante de los melanomas ha sido fuertemente cuestionado por varios científicos como P. Wolf et al., (23), y también nada menos que por Paul Crutzen, en un estudio titulado “Sobre el desproporcionado rol del ozono troposférico como filtro contra la radiación solar UV-B” (24) donde reconocían que la radiación de los rayos UV-B habían disminuido sobre la superficie de la Tierra. Esta observación hecha por Crutzen, que contradice de manera destructora las conclu-siones de sus modelos y su teoría del ciclo catalítico del cloro y la demuestra totalmente falsa, no le impulsó sin embargo, a devolver un Premio Nobel que fue ganado por razones políticas y no por motivos científicos.

En Julio de 1993, el Dr. Richard Setlow, del Brookhaven Nacional Laboratory publicó los resulta-dos de un experimento que indicaba que el cáncr de piel conocido como melanoma maligno no es causado por la radiación UV-B, la parte del espectro filtrada por la capa de ozono, sino por la UV-A, una parte del espectro que no es afectada por el espesor de la capa de ozono (25). En otras palabras, esta investigación demostró que la capa de ozono es irrelevante para las tasas de ocurrencia del melanoma maligno, que es la amenaza fundamental supuestamente impuesta por la disminución del ozono. Los aumentos reportados del melanoma deben tomarse con pinzas: aunque son reales pero no pueden ser atribuidos a una inexistente reducción de la capa de ozono. Esta ha sido la conclusión de un simposio, “Ozono, Sol, Cáncer”, de los más famosos fotobiólogos del mundo que se reunieron en Paris en mayo de 1994.(26) Los expertos concluye-ron que las actuales tasas de cáncer de piel –de los cuales el melanoma es sólo uno de ellos- están causadas por una variedad de factores, pero que “el principal y determinante factor es el comportamiento individual”. En otras palabras, la sobreexposición al sol, el uso de camas sola-res, y quizás el uso de las lociones para bronceado y las cremas con filtro solar.

Conclusiones

La prohibición de los CFC fue el segundo mito elevado a la categoría de fraude científico. El primero había sido la prohibición del insecticida DDT en 1972. Era necesario que el fraude del agujero de ozono tuviese éxito y se llegase a la firma del Protocolo de Montreal, porque ello implicaba el triunfo de la idea maltusiana de que el hombre es “el cáncer del planeta,” y la reducción de la población es la meta a conseguir por los medios que sean necesarios. El Proto-colo de Montreal ponía la piedra fundamental del futuro edificio del Gobierno Único Mundial controlado por el minúsculo grupo de personajes influyentes conocido como el G-300, o los “verdaderos dueños del mundo”. Poco a poco se han ido cumpliendo los pasos y se han logrado las metas propuestas entonces. Todo lo que se nos tiene destinado está escrito con lujos de detalles en el documento llamado La Carta de la Tierra, o “Earth Charter”, inspirada en la filo-sofía de club de Roma, una exposición de deseos, proyectos y metodologías que le demostraría a George Orwell que se había quedado corto en su profecía del futuro hecha en su gran libro “1984”.

El advenimiento de “El Gran Hermano Te Vigila” está muy próximo –y no se trata de un Reality Show. Es una verdad estremecedora que ya ha causado demasiadas muertes en el Tercer Mundo y ahora viene por más… Vienen por nosotros y nuestra forma de vida.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC.



REFERENCIAS

  1. Haroun Tazieff, “This Nobel Prize is a Scandal,” 21st Century Science & Technology, Spring 1996, vol. 9 No. 1.
  2. Einar Tonsberg, Kaaren Olsen, “Investigations on atmospheric ozone at Nordlys-Observatoriet, Tromso,” Geophysike Publikasjoner, vol. 13, no. 12, 1994, pág. 3-29)
  3. R. Penndorf, The annual variation of the amount of ozone over northern Norway, Annales de geophysique, tome, 6, fasc. 1, 1950, p. 4-9.
  4. Stolarski y Prather, Science, vol. 256, abril 17, 1992 p. 342-349.
  5. J. Scotto, et al., Biologically Effective Ultraviolet Radiation: surface Measurements in the United states, 1974-1985, Science, vol. 239, Febrero 12, 1988, p. 762-764.
  6. “Present State of Knowledge of the Upper Atmosphere, ”Washington D.C. 1986, chap. 12
  7. Actes du colloque Planète Terre, Paris, 12 y 13 de junio 1989, Ministerio de la Investigación y de la Tecnología, p. 36.
  8. Ibid: p. 38.
  9. M.A.K. Khalil, R.A. Rasmussen, R. Gunawardena, Atmospherc Methyl Bromide: Trenes and Global Mass Balance, JGR, vol. 98, no. 2, D2, Febrero 29, 1993, p. 2887-2896.
  10. H.B. Singh, L.j: Salas y R.E. Stiles, Methyl Halides in and Over the Eastern Pacific (40ºN-32ºS), JGR, vol. 88, nº C6, Abril 20, 1983, p. 3684-3690.
  11. S. Solomon, R.R. García, A.R. Ravishankara, On the Role of Iodine in Ozone Depletion, JGR, vol. 99, nº. D10, Octubre 20, 1994, p. 20.491-20.499.
  12. D.M. Cunnold et al., Atmospheric Lifetime and Annual Release Estimates for CFCl3 and CF2Cl2 From 5 Years of ALE Data, JGR. vol. 91, nº. D10, Septiembre 20, 1986, p. 10.797-10.817.
  13. M.A.K. Khalil, R.A. Rasmussen, The Potential of Sols As a Sink of ChlorofluoroCarbons and other Man-made chlorocarbons, GRL
  14. M.A. Khalil et al., The Influence of Termites on Atmospheric Trace Gases: CH4, CO2, CHCl3, N2=, CO, H2 and Light Hydrocarbons, JGR vol. 95, nº D4, Marzo 20, 1990, p.3619-3634.
  15. IPCC 1994. p. 191.
  16. J.K. Angell, On the Relation Between Atmospheric Ozone and Sunspot Number, Journal of Climate,vol. 2, Noviembre 1989, p. 1404-1416.
  17. Hurd C. Willett, The Relantionship of Total Atmospheric Ozone to the Sunspot Cycle, JGR, vol. 67, nº 2, Febrero 1962, p. 661-670.
  18. H.K. Paetzold,et l., Secular Variation of the Stratospheric Ozone Layer over Middle Europe during the Solar Cycle from 1951 to 1972, Nature vol. 240, diciembre 4, 1972, p. 106-107.
  19. C. Varotsos, Comment on connections between the 11-year solar cycle, the QBO and total ozone, Journal of Atmospheric and Terrestrial Physics, vol. 51, nº 5, 1989, p. 367-370.
  20. EPA, “Protection of the Stratospheric Ozone”, p. 47494; EPA, “Assessments of Risks”, chap. 7, citado por Benedick, Ozone Diplomacy, p.21.
  21. Richard E. Benedick, “Ozone Diplomacy”, p. 18.
  22. J. Scotto, et al., Biologically Effective Ultraviolet Radiation: surface Measurements in the United states, 1974-1985, Science, vol. 239, Febrero 12, 1988, p. 762-764.
  23. P. Wolf et al., Effect of Sunscreens on UV-Radiation-Induced Enhancemnt of Melanoma Growth in Mice, J. Nat. Canc. Inst. 86, 99, 1994.
  24. C. Brühl, P. Crutzen, On the disproportionate role of tropospheric ozone as a filter against solar UV-B radiation, GRL, vol. 16, nº. 7, Julio 1989, p. 703-706.
  25. R.B. Setlow et al., Wavelengths Effective in Induction of Malignant Melanoma, Proc. Nat. Acad. Sci. USA, 90 6,666 (1993).
  26. Los estudios más importantres fueron publicados en un libro: Ozone, Sun and Cancer, editado por Dubertret, R. Santus, y P. Morliere (París: Les Editions lserm, 1995).


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