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    Centrales nucleares en mi área –no hay problema!

    Forbes
    Junio 1, 2013

    Es final –las centrales nucleares no tienen ningún efecto sobre las tasas de cáncer para quienes viven cerca de ellas. Punto. Entonces, ¿tenemos que seguir repitiendo esto una y otra vez?


    Central nuclear de Pickering en Ontario. La central nuclear de Embalse, en Cordoba, Argentina es una central gemela.

    Acaba de ser publicado un muy completo y minucioso estudio realizado por la Comisión Canadiense de Seguridad Nuclear (CNSC) sobre las poblaciones que viven cerca de las centrales nucleares de Ontario. El estudio “Radiación e Incidencia de Cáncer Alrededor de las Plantas Nucleares de Ontario desde 1990 a 2008” (El Estudio RADICON) ha demostrado que no hay evidencias de clústeres de leucemia infantil, ni aumento de linfomas no-Hodgkins, como tampoco ningún aumento en ningún otro cáncer en cualquier grupo de edad, en comunidades dentro de 25 kilómetros de las centrales nucleares de Pickering, Darlington y Bruce.

    Estos resultados son similares a otros serios y confiables estudios hechos para cualquier otra central nuclear en todo el mundo. (El Informe Comare de de GB), esto es, no hay relación causal entre la energía nuclear y el cáncer. Por supuesto, hay muchos estudios muy discutibles o deshonestos que dicen lo contrario (ver artículo de Abril 1º).

    El estudio RADICON evaluó las dosis de radiación y las tasas de cáncer durante un período de 18 años sobre la gente viviendo en las cercanías de tres reactores, comparadas con gente en la población ge-neral de Ontario, e incluyó cáncer de la tiroides, pulmón y bronquios, mamas, ovario, esófago, estóma-go, colon y recto, vejiga, cerebro y otros sistemas nerviosos, hígado, leucemia y linfomas no-Hodgkins. Y luego todos los tipos de cáncer combinados. La variación en la ocurrencia de cáncer a lo largo de estas poblaciones (algunas altas otras bajas) aparecen completamente al azar como sería esperable con cánceres que surgen por factores ajenos a la radiación.

    La particular fortaleza del estudio RADICON está en que usaron una detallada información pública de la dosis de radiación alrededor de cada sitio generada desde liberaciones radiológicas y datos de monito-reo ambiental directo. La información recogida para este estudio toma en cuenta todos los picos de emisión de los reactores, y la metodología mejora con recientes estudios epidemiológicos sobre cáncer infantil que usaron la distancia desde la centrales nucleares como un sustituto para la real dosis de radiación.

    Dado que las dosis públicas de radiación que resultan de la operación de las plantas nucleares (0,001 – 0,050 mSv/año) son de 100 a 10.000 veces más pequeñas que la radiación natural de fondo (2 – 10 mSv/año), estos resultados no son sorprendentes, en especial la observación sobre que la radiación no se correlaciona con la proximidad a la planta nuclear, ya que otros factores como la dirección de los vientos prevalecientes y la dieta, influencian a las dosis de radiación pública más que la distancia.

    Las dosis más cercanas a las plantas nucleares no fuero consistentemente más altas que las dosis más alejadas, y viceversa. De modo que la distancia a una central nuclear no es un sustituto apropiado de la dosis, tal como se hace en muchos estudios.

    Por otro lado, las características de los estilos de vida de las comunidades en los alrededores, como el uso de tabaco, dieta pobre, obesidad y inactividad física, tomaron cuenta de un 60% de todas las muertes por cáncer.

    En general, el estudio RADICON mostró que todos los cánceres para todos los grupos etarios están bien dentro de la variación natural de las enfermedades en Ontario. El gráfico de abajo es para dos grupos etarios de niños: recién nacidos hasta 4 años, y recién nacidos hasta los 14 años. No hay diferencias en las tasas de cáncer entre los que viven cerca o lejos de los reactores nucleares.

    Entonces, la radiación no es una explicación plausible para ningún exceso de cánceres observado dentro de la vecindad de las centrales nucleares.

    Por favor, ¿podemos ahora movernos a asuntos más importantes sobre energía y radiación?

    Figura B del estudio RADICON CNSC comparando cánceres entre niños de dos grupos etarios viviendo cerca y lejos de tres centrales nucleares canadienses. Se usan los ratios de incidencia estandarizada (SIRs) para comparar las tasas de cáncer entre diferentes poblaciones y diferentes áreas, y represen-tan la relación entre el número de casos observados dividido por el número de casos esperados en la población generala. Uno (1) es normal (línea gris vertical). Las barras de error representan intervalos de confidencia del 95%. Barras de error grandes indican muy pocos casos de cáncer. No hay ninguna diferencia estadística en estas tasas de cáncer, las mismas que se ven para todos los grupos etarios. La información del reactor Bruce es puntuada porque había tan pocos cánceres en esa población que casi no se podían medir.



    COMENTARIO DE FAEC: Esto se conocía desde hace mucho tiempo. Desde que la energía nuclear comenzó a utilizarse para generar electricidad en los años 50, la cantidad de años/reactor ha sobre-pasado ya los 14.500 años, es decir, la cantidad de reactores en el mundo por los años de funciona-miento de cada uno de ellos. Diríamos que ha pasado ya el tiempo más que suficiente para comprobar que los resultados de este estudio bien específico pueden ser traspolados a todos los reactores del mundo, sobre todo porque en ningún reactor se ha comprobado un aumento de la incidencia de cán-ceres o alguna otra enfermedad que pueda ser atribuida a la radioactividad.

    Sin embargo, la notable neurosis antinuclear que todavía es manifiesta en las organizaciones ecologis-tas persiste con una fuerza casi religiosa. Un claro ejemplo de ello son las actuales demostraciones de pánico que caracterizan a las recientes protestas en Río Tercero, Córdoba, contra la instalación en el parque industrial de esa ciudad de la planta Dioxitek, procesadora de combustible nuclear de uranio natural para abastecer a los reactores argentinos de Embalse y de Atucha I y II. Estas protestas están, como no podía ser de otra manera, fogoneadas por la ultra ecologista organización FUNAM dirigida por el sempiterno denunciador profesional del “peligro nuclear”, el biólogo Raúl Montenegro.

    Si dentro de una central atómica hay niveles de radiación muy elevados, y nada de esa radiación escapa al exterior, o si lo hace es en niveles que casi no se pueden medir, no hay explicación racional posible para el terror a una contaminación de radiactividad de la planta de Dioxitec que usa mineral de uranio natural con una radiación que es la normal de fondo en las Sierras Grandes de Córdoba y otras montañas de Argentina. No hay otra explicación para ese miedo que la abundante y constante desin-formación de los grupos antinucleares, como Greenpeace, que tienen una agenda bastante oscura para impulsar.

    Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC


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