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LA CRISIS ENERGÉTICA NACIONAL
Y EL ROL DE LOS PEQUEÑOS
Y MEDIANOS PROYECTOS ELÉCTRICOS

por Carlos A. Ortiz

No obstante la difusión que varios especialistas de la temática energética venimos realizando en los últimos años respecto a la severísima crisis energética, a la cual seguimos encaminándonos a pasos agigantados, la población aún no tomó conciencia de la gravedad de la situación; cuyos directos efectos casi con seguridad frenarán las espectacular reactivación económica lograda tras la severísima crisis socio económica y política de 2001, la cual estuvo a punto de desembocarnos en el nefasto callejón sin salida de la disolución nacional.

Y lo notable del caso –si bien nada sorprendente- es el poco espacio y casi nula importancia que al tema le dedican los comunicadores sociales, aún los especializados en temas económicos.

A la fecha, ya entrando en los primeros sordos pero inconfundibles estertores de una crisis energética de dimensiones apocalípticas –salvo que se implementen muy rápidas y acertadas medidas de acción- debe analizarse sin preconceptos el importante rol que pueden desempeñar numerosos proyectos o estudios de mediana y baja potencia (algunos aún a nivel de idea o de anteproyectos), los cuales pueden estar en servicio en plazos cortos –energéticamente hablando- de entre dos a cuatro años.

El nuevo escenario tiene un contexto técnico diferente, en el que las acuciantes necesidades de la de-manda que se verán parcialmente insatisfechas, dejan fuera del escenario posible en el corto plazo a la mayoría de los proyectos de grandes potencias, pues sus plazos de ejecución precisamente exceden el corto plazo. Si hoy se actuara con la debida decisión, impulsándose con toda rapidez nuevas mega usinas termoeléctricas (adicionales a las dos que –aparentemente- comenzarían a instalarse en los próximos meses), la terminación de la atómica Atucha 2, Garabí, Corpus Christi, Añá Cuá, Paraná Medio, Chihuido II, alguna otra del Comahue, y posiblemente Cóndor Cliff; estaríamos ante la imposibilidad material de terminarlos en el corto plazo, y en varios de ellos recién se terminarían en una década, año más o menos.

Estamos ante un bache técnico de entre dos a cuatro años, tampoco superable –solo marginalmente- con importaciones, excepto grandes ampliaciones de las redes de alta tensión, lo cual también lleva su tiempo si se deciden sus construcciones.

En ese contexto de caos eléctrico en ciernes, ya se están impulsando proyectos de instalación o de reciclado de algunas pequeñas o medianas unidades térmicas; por lo general de muy baja eficiencia y de altos costos operativos; lo cual sin duda constituye un conjunto de parches solo viables en un entorno como el descripto.

Es interesante consignar que en las últimas tres décadas, en base a caprichosos criterios de "eficiencia financiera" (puestas en boga por la Escuela Económica Monetarista y por todo el contexto ultra neoliberal); la viabilidad de las diversas obras de generación eléctrica se decidió en base a la tasa de retorno de la inversión, la cual bajo la apariencia de ser un instrumento asépticamente técnico, encubre un poderoso instrumento de discriminación de inversiones energéticas que prioriza el cortoplacismo, por lo que operó como "justificación técnica" para impedir las centrales hidroeléctricas y atómicas, favoreciendo por ende las instalaciones de centrales térmicas –que operan en base a hidrocarburos.

Para que se entienda mejor eso, las proyecciones financieras rara vez excedieron los exiguos plazos de una a dos décadas, por lo que se anuló "técnicamente" la ventaja de las mayores vidas útiles de las centrales nucleares, y sobre todo la larguísima vida útil de las hidroeléctricas. Por otra parte, cuanto mayor sea la tasa de interés financiero utilizada, más se perjudica las evaluaciones de los proyectos que demandan mayores inversiones iniciales (precisamente las centrales nucleares e hidroeléctricas) sin considerarse que sus costos operativos son sensiblemente menores que las termoeléctricas.

Adicionalmente, esos criterios de "eficiencia financiera" soslayan y desprecian todas las muy importan-tes consideraciones estratégicas y geopolíticas, como las fluctuaciones –con fuerte tendencia al alza- de los precios de los hidrocarburos, el agotamiento de las reservas de petróleo y gas, la dependencia de repuestos e insumos importados de las termoeléctricas, la mayor vulnerabilidad de ese tipo de centra-les, sus mayores índices de contaminación, y otros factores importantes.

El lógico desprestigio de todo el contexto político – económico neoliberal (que el establishment intenta tapar y soslayar por medio de los opinantes y desinformadores a destajo), no logró desmantelar aún la maraña jurídico – normativa, y el manejo de sectores burocráticos intermedios y altos, afines a la falaz filosofía de la "eficiencia de los mercados" y contrario a los Intereses Nacionales.

Pero ha dejado importantes resquicios que la crudeza de la realidad se encarga de transformar en enor-mes grietas por las que se abran paso poderosos y crecientes caudales de datos de la realidad y necesi-dades insatisfechas, irrefutables y crecientes; como ocurre ahora en el contexto de la crisis energética, hoy ya claramente indisimulable, y que amenaza con provocar un dantesco cuadro de caos social, político y económico.

En todo ese contexto, cobran renovado vigor las alternativas de pequeñas (de más de 1 MW a 10 MW) y medianas usinas eléctricas (de más de 10 MW a 100 MW), viables técnica y económicamente, como son los múltiples proyectos hidroeléctricos –muchos con estudios totalmente terminados-, las centrales atómicas modulares CArEN), y las plantas de generación eléctrica convencionales pero alimentadas con biocombustibles.

El interesantísimo caso de las centrales modulares CArEN, con estudios terminados pero aún sin ningún prototipo construido, es en si mismo todo un tema, y merece su tratamiento pormenorizado y separado, el cual –Dios mediante- se hará en próximos artículos.

Lo propio sucede en lo referente a los biocombustibles, cuyo potencial es enorme, y respecto al cual reconozco el enorme caudal de informaciones que tan gentilmente me remite el colega Contador Claudio A. Molina.

Respecto a los proyectos hidroeléctricos, existen muchos estudios realizados en todo el entorno cordi-llerano y en especial desde San Juan hasta El Comahue, en el NOA, en provincias precordilleranas, en las vastedades patagónicas, y muy especialmente en la pequeña pero hídricamente muy dotada provincia de Misiones.

En el caso particular de Misiones, existe al menos media docena de proyectos con estudios técnicos terminados (que incluyeron perforaciones con muestras de suelos), con gamas de potencias de 4 a casi 40 MW; además del muy interesante proyecto del Túnel del Urugua-Í, que triplicará la capacidad de generación media anual de la central homónima, con la actual potencia instalada.

Como ventaja adicional de los proyectos misioneros, existe la concreta posibilidad de instalar paulati-namente una red de irrigación que provea el vital líquido a los sufridos colonos, tantas veces castigados por las recurrentes sequías. Además de ello, el complejo de obras debe integrarse con proyectos industriales abastecidos con energía eléctrica muy económica, producida por las propias centrales a construirse, en el marco de un contexto ambientalmente sustentable. Este tema ya fue desarrollado en artículos precedentes.

Cabe enfatizar que en Brasil, país en el cual se planifican y ejecutan las obras eléctricas con una visión de largo plazo, existen claros estímulos para promover las construcciones de centrales hidroeléctricas de módulos de potencia similares a los descriptos.

Incluso uno de esos proyectos en construcción está siendo dirigido técnicamente por un calificado ingeniero argentino, que en su momento dejó su impronta muy positiva en la hoy disuelta Dirección General de Construcciones Eléctricas de Misiones.

Si no se actúa con la rapidez y patriotismo que las delicadas condiciones actuales imponen, se frenará el vigoroso proceso de recuperación económica, volviéndose a los negativos ciclos de recesiones recu-rrentes, "cuellos de botella" económicos, despidos de obreros, aumento de la desocupación, y todo el contexto de frustraciones que tantas veces experimentamos los argentinos.

C.P.N. Carlos Andrés Ortiz

Ex Docente Investigador Universitario
Especialista Universitario en Gestión de la Producción y Ambiente.
Investigador y escritor de temas económicos, energéticos, ambientales y geopolíticos.
Cursante de la Maestría en Gestión de la Energía (UNLa-CNEA)


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