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¿Y quién va a pagar
los platos rotos de Ezeiza?

por El fueguino adoptado

“Miente, miente, que algo quedará”
Joseph Goebbels,
ministro de Propaganda nazi

Greenpeace y sus secuaces sembraron el pánico en Ezeiza y alrededores con un claro objetivo: Desprestigiar al CAE / CNEA y a la investigación e industria nuclear nacional, difundiendo que el acuífero Puelche estaba contaminado por uranio proveniente de dicha institución.

Lo hicieron ante las cámaras de televisión prestadas o pagas por ellos mismos, aunque poco importa, presentando a mozos de bar que convidaban “agua radioactiva”.

Una primera pericia judicial les dio la razón. Aunque tengo para mí que esa razón fue adquirida a precio vil.

Para desbaratar la bien urdida maniobra de arrimar conclusiones periciales ¿equivocadas? a una causa judicial, fue necesario movilizar a gran parte del acervo científico nacional. Igualmente no alcanzó.

Se requirió una auténtica fuerza de tareas científica de carácter internacional, para rebatir las conclusiones de una pericia desastrosa. Una nueva pericia coor-dinada por Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), fue llevada a cabo conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organi-zación Panamericana de la Salud (OPS), el Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Comisión Internacional de Protección Radiológica (CIPR) y la Asocia-ción Internacional de Protección Radiológica (IRPA).

Este nuevo peritaje concluye tajantemente y sin lugar a equívocos:

“Hay uranio natural en el acuífero de Puelche, como resultado de procesos geo-químicos naturales.”

Sí. Leyó bien. En el acuífero Puelche hay uranio natural. El mismo uranio que en mayor o menor medida encontrará en cualquier agua que haya pasado por las entrañas de la tierra, en cualquier punto del planeta. El CAE nada tiene que ver con ese uranio. Así lo afirma una pericia internacional llevada a cabo por organis-mos de imparcialidad incuestionable.

Al CAE se lo ha desprestigiado públicamente a nivel nacional. Pero tal como anticipé no hace mucho, ya no hubo cámaras dispuestas a desmentir la sarta de pavadas puestas al aire por Greenpeace y sus secuaces.

No existió ni una mísera columna en ningún matutino dispuesta a dar a conocer los resultados de este peritaje. Ni un segundo de cámara, ni medio micrófono que pusieran en el aire las conclusiones de esta nueva pericia.

Así, dos cosas quedan evidenciadas:

a) La multinacional del terrorismo ecológico seguirá triunfando en sus objetivos. Aunque no sea cierto, el pueblo argentino seguirá creyendo que la investigación científica -pilar del desarrollo- y la industria nuclear nacional, están en manos de irresponsables que contaminan el ambiente.

b) La multinacional del terrorismo ecológico seguirá actuando del mismo modo, siempre. Mentirá y mentirá y lo difundirá de modo conveniente a sus intereses, habida cuenta que ninguna consecuencia le trae.

Esperemos ahora la sentencia en esa causa judicial. El Magistrado interviniente en la causa por contaminación no tiene escapatoria. Deberá archivar la causa, porque no puede dudar válidamente de las conclusiones periciales allegadas por organismos de tamaña envergadura. Científicamente hablando, ya no queda nadie en este mundo con capacidad de rebatirlas.

Pero no todo es esperar. Cuando eso suceda debe producirse el contraataque de la ciencia. Judicial o mediáticamente. Luchando con las mismas armas que utili-zan quienes causan tamaño desprestigio.

Si no es así, si no educamos al soberano aunque sea informándolo como se debe, nuestro pueblo será quien en definitiva se hunda en sus propias heces y lleve consigo hasta el fondo al patrimonio nuclear nacional y su producción tecnológica.

Justo cuando el mundo está ávido de energía y renace válidamente la alternativa nuclear como fuente para obtenerla.


Nota de FAEC: "El Fueguino Adoptado" ostenta un alto cargo en el Poder Judicial de una provincia Argentina que, por razones personales, no puede opinar libremente como sería su deseo. Qué triste que en nuestro país haya personas que teman hablar por miedo a perder sus puestos de trabajos y verse perseguidos. Creíamos que estas épocas ya habían sido superadas, pero quienes aún dependen de un car-go en la justicia para mantener a su familia, o trabajan en organismos sensibles a la presión gubernamental, deben recurrir al seudónimo para mantenerse alejados del castigo que la "corrección política" les aplicaría en caso de conocerse sus nombres. Tristes, oscuros y cada vez más solitarios caminos está recorriendo nuestro país.

No recuerdo quién dijo en una arenga, "Sepa el Pueblo votar!", pero era como nosotros, un iluso incurable.


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