Hora de Córdoba
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Inundaciones en Sudamérica:
se quemaron los libros

Por Eduardo Ferreyra

Las variaciones que viene experimentando el clima de la Tierra ha dejado perplejos a climatólogos y meteorólogos, y muchos se resisten todavía a reconocer que la hipótesis del cambio climático causado por las emisiones de CO2 de origen humano está demostrando cada vez más estar profundamente equivocada. El año 2007 fue una muestra de ello.

Hay meteorólogos que atribuyen al calentamiento que se produjo durante el Siglo 20 algunas cosas que están sucediendo en los últimos meses, pero esas atribuciones van contra todo lo conocido hasta hoy en climatología y física atmosférica, incluyendo muchas de las leyes de la termodinámica y de conocidos procesos meteorológicos que nadie osaría discutir. Una de las cosas que deja a los científicos pensando por qué las cosas no funcionan de acuerdo a la hipótesis del cambio de clima antropogénico y las “predicciones” de los modelos del clima, es el comportamiento del tiempo o el clima en el Hemisferio Sur desde hace un año largo. Durante 2007 se quemaron todos los libros de la climatología del “calentamiento humano”, o dicho de otro modo, muchos científicos “se han quedado colgados del pincel.”

El verano de 2007 comenzó con una temperatura que hizo profetizar a la NASA/GISS que sería el año más caliente de la historia, batiendo al histórico 1998 y su poderoso Niño –sobre todo porque desde Julio de 2006 se había iniciado un Niño que prometía contribuir al calentamiento global y batir todos los récords. Después de todo, decían, los niveles de CO2 había seguido aumentando de manera sostenida desde 1998, a una tasa de 1,5 ppm anual. Como decía Al Gore (y aún lo dice, sin pensar en lo que dice) “…mientras más CO2 mayor temperatura.”

Pero la naturaleza tiene sus caprichos: no parece querer colaborar con el GISS y su jefe James Hansen y sus programas computados y climatología estilo PlayStation®. En FAEC usamos una estación de referencia –el observatorio nacional de Pilar- porque es una estación rural, lejos de alguna isla de calor urbano, en la provincia de Córdoba, bien en el centro del país- donde el 1º de enero de 2007 se registró 35.5º C. Con la ayuda del Niño en progreso, las cosas en 2007 se pondrían calientes en serio. Consideremos que el 30 de enero de 2006 la máxima había sido 39,5ºC de manera que se esperaban temperaturas cálidas récord.

Sin embargo, esos 35,5º C recién se repitieron casi dos meses después, el 25 de febrero, con otros 35.5º C y esto se repitió otra vez recién el 22 de noviembre y luego el 31 de diciembre de 2007. Se recuerda que el verano de 2007 fue inusualmente fresco, con la histórica nevada en Bariloche el 17 de febrero, primera nevada en Córdoba el 4 de abril, la más que histórica nevada en todo el país del 9 de julio, y las desastrosas heladas tardías que el 14 y 15 de noviembre diezmaron los sembrados de cebada, maíz, y trigo de la provincia de Buenos Aires, con pérdidas de entre el 50 y el 90% de las cosechas. Este gráfico de las temperaturas de 2007 en el centro de la Argentina lo dice todo:


La temperatura mínima de Pilar también marcó récords de frío. Se puede ver el frío que motivó la generalizada nevada en Argentina el 9 de julio –nada mejor para festejar una fiesta patria que una nevada como no habían visto jamás más de 40 millones de personas.


Niños traviesos y Niñas desobedientes

Era lógico pensar que, debido al Niño y las lluvias que traería en gran cantidad, ese verano no sería tan cálido en Sudamérica, pero las predicciones se quedaron cortas. Hubo inundaciones en casi toda Sudamérica, como acontece cada vez que hay un Niño funcionando, porque es sabido que en los años del Niño las aguas cálidas evaporan gran cantidad de humedad y la depositan como lluvias torrenciales en desde el ecuador hacia el sur. Siempre ha sido así (no hay nada que nos haga pensar que cambiará en el futuro), y aún recordamos El Niño de 1982-83 cuando la gigantesca creciente del Río Paraná casi arrastra al Túnel Subfluvial Hernadarias, que une a las ciudades de Santa Fe con Paraná, en Entre Ríos. Hubo que lastrarlo con miles de toneladas de hierro y cemento. El viejo puente de acero a la salida de Santa Fe fue arrastrado por la correntada.

Lo inverso acontece cuando hay una Niña en progreso: las aguas frías que emergen de las profundidades del océano no se evaporan con la misma intensidad y se produce una sequía en la región sudamericana. Las lluvias se producen en el otro extremo del Pacífico, en Australia, en Indonesia y Malasia. Pero hay gente que confunde las cosas y atribuye fenómenos climáticos a las razones equivocadas. Es el caso del sitio web www.nuestroclima.com, que nos presentó un pequeño informe con fotos satelitales de las torrenciales lluvias e inundaciones en Bolivia –y las atribuye a La Niña! Veamos algunos extractos:

Imágenes satelitales: Inundaciones en Bolivia

Meses enteros de persistentes e intensas lluvias han causado la inundación de extensas zonas del norte y el centro de Sudamérica, y muy especialmente en Bolivia. Las siguientes imágenes satelitales permiten establecer una comparación sobre la situación en Bolivia en el mes de diciembre, cuando las lluvias ya eran preocupantes, y unos meses más tarde, en donde resulta evidente el avance de las aguas.


Las inundaciones en Bolivia comenzaron a mediados de diciembre, luego de casi un mes entero de lluvias constantes. Hasta el momento se registran más de 50 víctimas fatales y 41.000 familias evacuadas, además de cuantiosos e irreparables daños a propiedades y terrenos de cultivo.

Las imágenes satelitales que vemos a continuación fueron tomadas el 27 de diciembre y el 2 de febrero respectivamente, por los sensores MODIS del satélite Terra de la NASA. Los datos recopilados por el satélite para producir las imágenes incluyen tanto la luz visible como la infrarroja. […] Recordemos además que a la fecha de la primera fotografía, ya había llovido durante casi un mes y medio.

Las imágenes muestran el norte del lago Poopó y el río Desaguadero, ubicados al oeste de Bolivia. El lago Poopó, de poca profundidad, varía en sus dimensiones según la época del año y está vinculado al lago Uru-Uru -ubicado un poco más al norte- por un estrecho curso de agua. En febrero, el desmesurado caudal de agua proveniente del río Desa-guadero provocó la salida de cauce de toda la cuenca, incluyendo a ambos lagos, afec-tando también a la ciudad de Oruro. La imagen muestra claramente la invasión del terreno circundante por parte de los cursos de agua de la región, incluso los más pequeños.


Mapa de la región de Oruro

El siguiente conjunto de imágenes satelitales permite comparar la situación en la cuenca del río Mamoré, uno de los más importantes de Bolivia, en los días 20 de diciembre y 6 de febrero, respectivamente. Las aguas cubrieron la ciudad de Trinidad, y el estado de los caminos dificultó las posibilidades de brindar ayuda a sus pobladores. […] El agua, en las áreas anegadas, está representada con tonos negros y azules, frente a las tonalidades verdes, grises y marrones del terreno sin inundar. Las nubes son de colores celestes y blancos.


Mapa de la región del Río Mamore

Otro preocupante foco de inundación se ubica en la cuenca del río Grande, que también se ha desbordado y provocado anegamientos en una considerable cantidad de hectáreas dedicadas a la actividad agrícola.

Las intensas lluvias que afectan no sólo a Bolivia sino a buena parte del centro y norte de Sudamérica se deben a la actividad del fenómeno conocido como La Niña, cuyas condiciones en el Océano Pacífico pueden haber causado esta inusual cantidad de preci-pitaciones. Si bien el mes de febrero se encuentra dentro de la estación lluviosa y las inundaciones resultan frecuentes en esta época del año, sus efectos han sido amplifi-cados por una superficie oceánica más fría que lo normal, producto de la influencia de la corriente de La Niña.

El siguiente gráfico muestra los valores totales de precipitaciones registrados entre el 5 de febrero y el 4 de marzo en el sector noroeste del territorio sudamericano. La imagen se compone de datos obtenidos por el Sistema de Análisis Satelitales de Precipitaciones del Centro Espacial Goddard de la NASA, que monitorea continuamente los valores de precipi-taciones en los trópicos. Los valores más altos, del orden de los 600 milímetros, se produ-jeron en la región central de Bolivia y al este de la cordillera de los Andes, en tanto que los valores de mas de 300 milímetros, principales causantes de las inundaciones, abarcan un área que incluye también a Perú y la cuenca del Amazonas.


Mapa de lluvias en Sudamérica

¿Cuál Otra Explicación?

Creemos que la gente de www.nuestroclima.com ha tomado las fotos y los comentarios de la NASA/GISS y los ha presentado en su sitio, sin detenerse a pensar que había algo que no andaba muy bien con las conclusiones de que La Niña causa lluvias e inunda-ciones. Nos preguntamos quiénes en la NASA/GISS han podido achacar a La Niña las lluvias torrenciales en Sudamérica, contraviniendo toda la experiencia registrada por la climatología moderna: el varón, El Niño = lluvias; la nenita, La Niña = sequías severas.

No quedan dudas sobre que las lluvias ocurrieron, como tampoco quedan dudas de que La Niña también ocurrió y causó un enfriamiento de las aguas del Pacífico cercano a América del Sur mucho más pronunciado que en ocasiones anteriores. Se registraron descensos de la temperatura de la superficie del mar de hasta 4ºC. Lo que no puede aceptarse es la explicación de que La Niña es la responsable de las lluvias e inundaciones. Entonces, ¿cuál es la explicación más plausible?

Pueden haberse aunado dos factores naturales: uno bien conocido –la inversión de la Oscilación Decadal del Pacífico Oriental, que ha retornado a una fase fría de sus aguas; y otra todavía no aceptada por los “calentadores”: un sol excepcionalmente quieto, sin manchas en su superficie, con una disminución notable del viento solar y el aumento consiguiente de la llegada de rayos cósmicos a la troposfera de la Tierra. Como hemos venido explicando en este sitio, la teoría de Henrik Svensmark parece haber tenido una comprobación observada: a pesar de una ausencia severa de humedad ambiente causada por La Niña, el poco vapor de agua que puede haberse “reciclado” de las selvas Amazóni-cas, habría sido condensada alrededor de los núcleos de condensación que se formaron de manera creciente por la acción de los rayos cósmicos. El aumento de la nubosidad sobre el subcontinente americano, ayudado por un aumento en la frecuencia e intensidad de los frentes fríos de la Antártida (o Mobile Polar Higs, según Marcel Laroux) lograron condensar esas nubes y provocar las lluvias que son el motivo de la información del sitio www.nuestroclima.com y su aventurada atribución de las inundaciones a La Niña.

La manera en que una Niña enfría las aguas del Pacífico cercanas a Sudamérica se puede ver en la siguiente animación gráfica del NOAA: la imagen con grandes regiones de color azul oscuro al oeste de América corresponde al 17 de noviembre de 2007, durante el comienzo de la fuerte La Niña en curso, y la otra (con colores amarillos y naranja = mayor calor) corresponde a la misma fecha del año anterior, 1 noviembre de 2006, durante El Niño iniciado en el mes de julio anterior, donde se aprecian aguas cálidas cercanas a Sudamérica.


El Niño y La Niña: separados un año entre sí.

Quizás haya sido la horrible experiencia de que su predicción para el 2007, como el más caliente de la historia”, se haya venido al suelo como castillo de naipes soplado por Katrina, y comprobando que ha sido el segundo año más frío de la década, detrás de 2001, lo que les haya secado el cerebro a los cráneos del GISS. O por lo menos las tres neuronas que tienen algunos de ellos.

Y parece que, según el Hadley Center de la Gran Bretaña, viejo socio del GISS, 2008 será todavía más frío que 2007, permitiendo creer que las predicciones de los astrofísicos so-bre un ciclo solar 24 muy débil se harán verdad y se verá un descenso de la temperatura global de manera sostenida hasta por lo menos 2020. Si se cumple el pronóstico hecho por Theodore Landscheidt en 2003 (sobre el próximo doble mínimo solar Gleissberg en 2020-2030), podemos esperar que el frío sea tan severo como durante la Pequeña Edad de Hielo ocurrida entre 1640 y 1750, y habrá que esperar unos 70 años más para volver a otro ciclo de calentamiento que traerá mejores condiciones de vida para la humanidad. Porque los ciclos enfriamiento calentamiento cada vez más parecen que se encuadran en ciclos de 70 años, de acuerdo con este gráfico:


Temperaturas: Ciclos de 35-70 años

Pero nos han quedado todavía las ganas de seguir riendo cuando leímos “…Las intensas lluvias … se deben a la actividad del fenómeno conocido como La Niña”. ¿Qué otra cosa inventarán para disimular el papelón que vienen cometiendo desde el año 2001? Todos sus libros se les han quemado. ¿Quizás insistan con que el calentamiento causará un enfriamiento? Sería bueno ver si con esa teoría los muchachos del GISS pueden enfriar la cerveza en el horno de la cocina…

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

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