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Un Clima de Intolerancia

Hechos, no emoción, deberían informar
en la discusión sobre el cambio climático

por Eduardo Ferreyra

El diario más importante de Inglaterra, el The Times de Londres, publicó el 7 de abril pasado un editorial donde, quizás un poco tarde, llama la atención sobre el fundamentalismo y la intolerancia que existe en el importante tema del cambio climático. Y este tema no es impor-tante por las consecuencias que están profetizadas por los activistas del Apocalipsis climático, sino porque las medidas económicas y el cambio de estilo de vida que se nos propone son las que tendrán consecuencias mucho más graves que el agradable, inofensivo y hasta beneficioso aumento de la temperatura hasta ahora experimentado –por lo menos mientras ha durado.

Antes de nuestro comentario final, veamos las partes más importantes de lo que dice el edito-rial, porque hay algunos puntos en que el editorialista no parece estar actualizado, o sufrir aún los efectos de la abundante desinformación que cunde en los medios:

Un Cima de Intolerancia
http://www.timesonline.co.uk/tol/comment/leading_article/article1624077.ece
Abril 7, 2007

Hechos, no emoción deberían informar en la discusión sobre el cambio climático

Pocos científicos o políticos racionales dudan que el calentamiento global es un asunto serio que impone peligros a largo plazo para el planeta. La evidencia científica de que el clima del mundo ha cambiado y que este cambio se está acelerando, es convincente. Pero también está fuera de toda duda que el mundo está en peligro de quedar cautivo de poderosos grupos lobbystas que han distorsionado la información, realizado extrapolaciones injustificadas, e intentado anular el debate sobre uno de los asuntos más importantes de nuestro tiempo.

Las advertencias emitidas ayer por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) en Bruselas son una colección de escenarios del “peor caso”. El informe, aprobado por 130 gobiernos y respaldado pro 2500 científicos (pocos de los cuales probablemente hayan dado una mano para escribirlo), es una lectura atemorizante. Predice un futuro catastrófico para millones de humanos y otras especies.

El calentamiento global traerá hambre, inundaciones y escasez de agua. Los gases de invernadero cambiarán los patrones de lluvias, intensificarán las tormentas tropicales; acelerará el derretimiento del hielo del Ártico y los glaciares de montaña. África enfrenta hambrunas, las ciudades costeras serán inundadas y China verá el rápido avance del desierto.

Algunos de estos peligros podrían ser reales. Pero muchos son exageraciones deliberadas, ya que el mandato del IPCC ha sido destacar los peligros si las temperaturas globales suben hasta 4º C más que ahora. Esa suposición está muy lejos de haber sido probada. Pero es suficiente para que algunos grupos ecologistas hablen de “un futuro apocalíptico”, “una visión de pesadilla”, y “una catástrofe para la humanidad.”

Cada grupo tiene el derecho de hacer fuerte lobby para su causa. Pero subirse a un vagón con boci-nas y culpar de todo al cambio climático no es ni buena ciencia ni lobbysmo acertado. Los desiertos de China la han estado amenazando sus ciudades desde hace siglos. África no puede ser amenazada simultáneamente por las sequías y un rápido aumento de la malaria. Los niños están amenazados por el calentamiento global, pero han sido también ayudados por el desarrollo económico que algunos ecologistas parecer considerar como una actividad criminal. Decenas de millones de niños en India y China que debieron morir hace 30 años no están muriendo porque el aumento de la riqueza les ha traído mejores alimentos, agua más limpia, y un mejor acceso a la salud pública.

Las compañías y las personas tienen la responsabilidad de examinar su comportamiento y reducir su impacto sobre el planeta. Pero ese auto examen debería ser racional y real y no impuesto por alarmistas profesionales de la izquierda, cuya agenda social son recetas para pobreza y sufrimientos.

El verdadero peligro de los celotes es que en este debate no se aceptan argumentos en contrario. Esto no significa que los científicos deberían tener una visión miope de las cifras que apuntan al peligro, como el aumento de los niveles de dióxido de carbono de 380 partes por millón, excedien-do por mucho el rango “natural” de los pasados 650.000 años. Pero tan sólo preguntar cuál sería el “rango natural” es visto como una herejía, y hacer preguntas sobre la contribución precisa de las influencias humanas es cometer un crimen del pensamiento. Ya hay ejemplos de científicos ambien-tales que han sido despedidos de su trabajo por atreverse a cuestionar la ortodoxia prevaleciente. El Resumen del IPCC es de manera inevitable una narración política, una en la que cada palabra y cada frase serán elegidas selectivamente por gente como Greenpeace y sus amigos.

El planeta merece el beneficio de la duda. El cambio climático es serio y debe ser una prioridad política. Pero los argu-mentos deben ser objeto de un libre y riguroso debate y los hechos debe ser separados de fantasiosas predicciones –el ambiente es demasiado importante para ser confiado a los histéricos.

Comentario de FAEC:

El editorial de la edición Online del Times tenía dos respuestas de sus lectores que valen la pena incluirse aquí:

Como lo describe usted tan efectivamente, la hipótesis del Calentamiento Global es una religión. Sus sumos sacerdotes y teólogos han emitido un informe donde dice que “SI” la temperatura global sube 4º C, “ENTONCES”… Desgraciadamente sus más recientes predic-ciones sobre las actuales condiciones resultaron ser falsas. Las evidencias parecen mostrar que el “calentamiento global” hizo su pico en 1999 y ahora está en su fase descendente.

Pero como los buenos teólogos en todas partes, ellos nunca dejan que algunas “verdades inconvenientes” se interpongan en el camino de una buena (y redituable) historia. Yo predigo que este verano volverá a ser nuevamente “el más caliente desde que los registros se inicia-ron”, aunque nieve en Julio.

Brian Vallance,
Lefkimmi, Grecia.



El principal redactor parece aceptar que la visión del politizado IPCC de que el actual nivel de “unas 389 partes por millón” exceden por mucho los niveles existentes durante el último medio millón de años. Bueno, quizás si; o quizás no.

Los niveles históricos citados interminablemente por el IPCC no son, por supuesto, reales mediciones de CO2 en la atmósfera. En vez de ello, han sido derivadas de mediciones proxy de CO2 incrustadas en antiguos cilindros de hielo, con la cuestionable suposición de que esas mediciones representan los niveles de CO2 en la atmósfera al tempo en que el hielo fue depositado como nieve.

Sin embargo, una reciente revisión de la literatura científica hecha por el Dr. E G Beck ha sacado a luz informes de 90.000 ensayos y evaluaciones químicas directas del CO2 atmosfé-rico hechas por distinguidos científicos desde 1829. Estas mediciones muestran que durante muchos períodos desde 1829 el CO2 en la atmósfera han sido MÁS ELEVADOS que hoy.

El estudio del Dr. Beck acaba de ser publicado en la revista Energy and Evironment, Volumen 18, No. 2, 2007.

Ian,
Exeter,
Gran Bretaña



Ambas respuestas tienen un elemento básico imprescindible para analizar cualquier asunto que se nos presente: sentido común, o dicho de otra manera, sensatez a la antigua. La sensatez de reconocer que hay opiniones y evidencias que se contraponen con la palabra “oficial” y que desde Copérnico para acá nos hacen sospechar siempre de la “palabra santa” de las autoridades y los expertos. El consenso científico y político era en 1492 que Colón llegaría al borde del mundo y caería a un abismo insondable. Era claro, ya que las “autoridades” estaban de acuerdo con que el mundo era plano como una hostia.

También se recuerdan consensos sobre el hombre de Piltdown, el convencimiento de que Marte estaba surcado de canales, la soberbia con que se rechazaba la teoría de las placas tectónicas de Wegener, la seguridad de Rutherford de que la energía del átomo jamás podría ser dominada, o que el hombre no podría salir al espacio exterior porque la gravedad se lo impediría –o el convencimiento de Napoleón de que n se podía hacer navegar un barco en contra del viento mediante una caldera de vapor debajo de cubierta, o el argumento de que si Dios hubiese querido que el hombre volara le habría dado alas…

¿Es posible debatir sobre el Clima?

Para iniciar un debate que nos pueda llevar a reconocer las causas y luego las consecuencias de cualquier problema, primero hay que comenzar por reconocer que sobre cualquier asunto existen muchas opiniones o visiones diferentes, y que todas ellas, en principio, tienen algo de razón. De la comparación de opiniones diferentes con leyes fundamentales que rigen la naturaleza, como las de la termodinámica y otras leyes físicas y químicas, se puede determi-nar cuál es la visión del problema que más nos acerca a alguna solución.

Pero la ortodoxia oficial que domina al campo de la “climatología política” (para diferenciarla de la “científica”) es que no hay lugar para el disenso. La discusión no forma parte de los planes del establishment climático de las Naciones Unidas. Como lo vienen repitiendo cada vez con más insistencia, “El debate está terminado”. Por el contrario, el debate está cada día más caliente que nunca, y como lo dice el editorial del Times, las consecuencias para los disi-dentes son la expulsión del seno de la comunidad científica y su inclusión en las filas de los parias, los negadores del Holocausto, los mercenarios a sueldo de los contaminadores –mere-cedores de un juicio al estilo Nuremberg, porque hoy, estar en desacuerdo con el IPCC y sus políticas propuestas, representa un crimen de lesa humanidad. Vea en YouTube el informe del noticiero Fox sobre el meteorólogo del estado de Washington despedido por disentir con el Informe del IPCC.

Está muy claro que la bibliografía científica que lee las Naciones Unidas y el IPCC nada tiene que ver con la realidad. Como lo cuenta el ensayista español José Vilas Nogueira, en su artícu-lo, “De inmutabilidades climáticas y mutaciones progres”:

Por ejemplo, hace unos días leí que algunos científicos habían descubierto que el planeta Marte se estaba recalentando. ¿Cómo ha podido llegar tan lejos el pérfido capitalismo sal-vaje?, me pregunté estupefacto. Si sólo con el envío de unas pequeñas sondas exploratorias ya hemos calentado Marte, ¿qué sucederá cuando llenemos aquel planeta de chimeneas industriales y toda clase de humos contaminantes?

Pero, no, según los científicos descubridores de este fenómeno climático marciano, el origen de tales alteraciones se halla en la evolución de las manchas solares; desgraciadamente, en la ONU siguen leyendo otra bibliografía. El comité ad hoc ha emitido un nuevo informe, más terrible que el anterior, menos, sin duda, que el próximo. Un tercio de los bichos vivien-tes se extinguirá. Tanto laicismo, para acabar reescribiendo el Apocalipsis de San Juan.

Entre las últimas novedades figura que se ha popularizado un video en YouTube sobre una documental exhibida en Canadá en el año 2004, llamada “Doomsday Called Off,” o “El Día del Juicio Final Cancelado”, que se puede ver en cinco partes de 10 minutos cada una si hace clic aquí. Vale la pena porque allí verá a Nils Axel-Mörner, el presidente de la Comisión Internacional sobre Cambios en el Nivel del Mar y Evolución de las Costas, mostrando las evidencias sobre el descenso del nivel del mar en las Islas Maldivas desde 1970 en adelante. Según Axel-Mörner, el nivel del mar –que había subido en el Océano Índico hace unos 200 años - ahora está en descenso. Lo mismo parece estar pasando en la región de la Isla de Tuvalu, a la que Greenpeace y Al Gore ponen como ejemplo del catastrófico ascenso de del nivel del mar.

Nuestro disenso con el editorial del The Times

Dice el editorial del The Times: “La evidencia científica de que el clima del mundo ha cam-biado y que este cambio se está acelerando, es convincente.” Y nos vemos forzados a disentir porque el cambio no se está acelerando –por el contrario, hasta el mismo IPCC en su último informe del pasado 2 de febrero ha reducido sus estimaciones de aumento máximo esperado de la temperatura de 5,8 a 4º C y el aumento del nivel del mar de 75 centímetros a 30. Pero una cosa son las estimaciones y proyecciones que salen de esos vistosos y carísimos video juegos que han dado en llamar “modelos climáticos computarizados”, y otra cosa son las observaciones del mundo real.


Nos dicen las mediciones de un mundo real y cruel, que el ritmo de aumento de los niveles de CO2 en atmósfera ha comenzado a disminuir en los últimos años. Quien lea las tablas que publican la NASA, el GISS/NOAA, Hadley/CRU, etc, comprobará que de un aumento lineal del 1% anual ha bajado a un aumento del 0,4% anual, o menos de 1,5 partes por millón. Y que a pesar de ese pequeño aumento del CO2, la temperatura ha comenzado a descender desde 1998, año en el que alcanzó su máximo nivel.

O con ver el comportamiento de la temperatura en nuestra región del centro de Argentina desde 1987 a la fecha, la afirmación del aceleramiento del calentamiento es algo que no termina de encajar con la realidad:

Por desgracia para la salud del conocimiento y el debate, todas las cifras que se manejan en el asunto son obtenidas y manipuladas por organismos e instituciones que son, a su vez, grandes propagandistas de la hipótesis del “calentamiento global catastrófico.” Los científicos disi-dentes han venido reclamando que se haga una revisión oficial de los registros de temperatura que se usan para establecer la “temperatura media global”, porque sostienen que hay errores insalvables en los mismos, y porque sospechan que los datos están siendo “manipulados” para dar la impresión que las temperaturas van en aumento en el mundo. Sin embargo, no han tenido ningún éxito en su reclamo.

Cuando Steve McIntiyre le pidió a Phil Jones del Hadley Center de Gran Bretaña que mostra-se los datos y la manera en que allí se calculaban las temperaturas globales le respondió: “Te-nemos 25 años invertidos en el trabajo. ¿Por qué debería yo facilitarle los datos a usted, cuando su intención es tratar de encontrar algo que está errado en ellos?”

Lo mismo sucedió cuando se le solicitó a Richard Mann los algoritmos de cálculo estadísticos usados para diseñar al famoso y ya totalmente desacreditado “Palo de Hockey” de su estudio de 1998, y sobre los que el IPCC había basado su Tercer Informe de Evaluación (TAR), con la afirmación que el siglo 20 había sido el más caliente en el milenio. Los científicos del calenta-miento se niegan a que su trabajo sea revisado porque podría suceder, como aconteció con el Palo de Hockey, que se demuestre que tienen fallas irreparables y deban ser descartados. Con ello desaparecería la hipótesis del cambio de clima catastrófico –un brillante negocio para muchos y una oportunidad de imponer políticas mundiales que llevarían al Gobierno Único Mundial.

Antes de seguir adelante, es necesario hacer notar que casi nadie (o muy pocos) niegan la existencia de un calentamiento de grandes regiones del planeta, como tampoco puede nadie negar el enfriamiento de otras grandes regiones. Lo que se cuestiona es:

  1. Si el calentamiento realmente es global,
  2. Si la causa son las actividades del hombre,
  3. Si el calentamiento causará estragos y calamidades como se afirma, o
  4. Si el calentamiento en realidad será beneficioso, como lo demuestran todos los anteriores cambios climáticos causados por previos calentamientos.

También se cuestiona si es que puede hablarse de un “clima global”, dado que en mientras en un hemisferio es invierno, en el otro es verano y las temperaturas difieren de manera radical, o mientras que algunas regiones registran un calentamiento en otras regiones se comprueba enfriamiento. Pero los climatólogos y meteorólogos han aceptado como algo más cómodo un concepto de “promedio” de temperaturas globales, aunque con rigor científico ello no tenga ningún asidero. Para poder tener una verdadera temperatura “promedio” de la Tierra, debe-ría haber cuando menos un termómetro por kilómetro cuadrado sobre el planeta, incluidos los mares –algo que sin dudas es irrealizable.

El concepto de la “temperatura global” es matemática y termodinámicamente una imposibi-lidad, como los explica el profesor Bjarne Andresen, del Niels Bohr Institute, de la Universi-dad de Copenhague quien analizó este tópico junto con los profesores Christopher Essex (Uni-versidad de Western Ontario) y Ross McKitrick (Universidad de Guelph, Canada), en un paper titulado “¿Existe una Temperatura Global?”, publicado en el Journal of Non-Equili-brium Termodynamics, vol. 32, p. 1-27, 2007.

Los niveles de CO2

¿Cuáles son en realidad los niveles “naturales” de CO2 en la atmósfera? Es una pregunta que acepta cualquier respuesta. Si los niveles de CO2 atmosférico variaron durante el período Cretácico entre 3000 y 2600 partes por millón, las 374 ppm actuales son “naturales”? Si, lo son. También serían naturales las 2000 pppm, por supuesto. Y también serían naturales para el Siglo 20 mediciones de 400 o 500 ppm de acuerdo a cientos de estudios realizados sobre los cilindros de hielo de la Antártida y de Groenlandia, según lo demostró el científico polaco Zbig-niew Jaworowski hace años:

Pero sobre todo, el último “paper” del Dr. E. G. Beck, publicado en la última edición del Energy & Environment, indica que hay unos 900 estudios realizados desde 1824 hasta mediados del siglo 20, que indican niveles de CO2 atmosféricos muy por encima de los 400 y hasta 500 partes por millón, confirmando la denuncia de Jaworowski sobre la manipulación que hiciera Callendar en 1958 sobre las proporciones de CO2 en las muestras de hielo de Groenlandia.

Callendar revisó en 1958 los datos de CO2 en el hielo antiguo, de un trabajo de Fonselius et al de 1956, y de todos los ejemplos que se muestran más arriba seleccionó los que están rodea-dos por círculos. (Callendar, G.S., On the amount of carbon dioxide in the atmosphere. Tellus, 1958. 10: p. 243-248.). Ello le permitió afirmar que el promedio de CO2 en la época preindus-trial era de 290 ppm, y que por supuesto, los valores medidos actualmente son el resultado de las emisiones humanas. Como se puede ver en el gráfico los valores superiores a las 400 ppm son numerosos.

El trabajo de Beck, sin embargo, muestra que ensayos químicos directos –no estudios proxys pasibles de errores- realizados por eminentes químicos de la época, muestran amplias varia-ciones en los niveles de CO2 atmosférico desde 1829 que superan en muchos casos las 500 partes por millón –algo que se puede considerar un nivel “natural”, dado que existieron y fueron medidos.

Por eso disentimos en parte con el editorial del The Times, en donde demuestra el redactor estar influenciado por la desinformación imperante, que poco a poco, y gracias al trabajo de muchos “escépticos” está siendo revertido y demostrada como falsa. Pero estamos totalmente de acuerdo con el editorial cuando advierte del peligro inminente de quedar atrapados y rehenes de un movimiento corporativo ecologista que hace de la intolerancia y el engaño su leiv-motiv.

El “planeta que se calienta” hasta resultar una trampa mortal para la vida humana y del 30% de las especies conocidas no parece querer hacer honor a ese calificativo: si de algo sirven las anécdotas risueñas, valga recordar algunas de ellas:

El 17 de enero de 2004, Al Gore alquiló un teatro en Nueva York para dar inicio a su campaña de alerta por el calentamiento del planeta. Dio una conferencia exponiendo los mismos argu-mentos que mostró después en su documental premiada con un Oscar “a la fantasía científi-ca”. Sin embargo, mientras Gore daba su conferencia sobre el caliente planeta Tierra, afuera se estaba registrando la noche más fría en los últimos 100 años o algo así. Era como si la vieja Tierra le dijese: “No amigo Gore, antes que calor, hay frío para rato.” Gore parece no haber-se inmutado ni darse cuenta de que el planeta no tiene un espíritu muy colaborador.

Cuando hace poco algunos alarmistas del Calentamiento Global estaban en una expedición que partió de Alaska rumbo al Ártico para medir el espesor del hielo que se estaría derritiendo a causa del calor, demostrando así la existencia del calentamiento provocado por las actividades humanas, la expedición tuvo que ser cancelada y regresar a puerto debido al extremo frío que causó principio de congelamiento entre la tripulación. Quizás en unos meses más, durante el verano, podrán demostrar que el hielo sí se estaba derritiendo.

También este año 2007, el 2 de febrero el IPCC lanza su informe para Políticos Crédulos e Ingenuos después de que los informes sobre el hielo del Ártico decían que se había vuelto a formar y cubierto totalmente –sólo que mucho antes de lo esperado. El frío que se abatió sobre el Hemisferio Norte a partir de la segunda quincena de Enero fue congelante como pocas veces se recordaba.

Una Pascua Bajo Cero

El frío siguió abatiéndose sobre EEUU, Canadá, y grandes partes de Rusia, en España y Portu-gal se dieron nevadas como no se habían visto en muchas décadas y los fríos fueron espeluz-nantes. El frío sigue cayendo sobre Estados Unidos en plena primavera, y la estación de tele-visión ABC emitió su popular noticiero “World News Tonight”, con un impresionante video que podrá usted ver haciendo clic aquí

obre la terrible ola de frío que aún está abatiéndose sobre el centro y este de los Estados Unidos, amanzanado con pérdidas totales de la cosecha de trigo en la región afec-tada, y de frutas en los estados de Alabama, Georgia, Nueva Inglaterra, Carolina del Norte y al del sur, y probablemente alcance la soleada Florida mañana. Pronostican los meteorólogos que la ciudad de Atlanta tendrá la temperatura más baja en 100 años, que los partidos de béisbol se suspendieron porque las nevadas no permitían jugar. En Chicago la temperatura estableció un nuevo récord de mínima batiendo el antiguo establecido en 1936, y la máxima fue de 0º C –la máxima normal para este tiempo es 15º C.

Apenas terminado el noticiero con las heladas noticias, comenzó el programa siguiente que se llama “Yendo Verde” (o Going Green), que presenta “ideas frescas para enfrentar a un planeta que se calienta.” Aún sonaban en los oídos de los televidentes la palabras del relator del noticiero World News Tonight, y su informe “Pascua Ártica” detallando “… las brutalmente frías temperaturas a lo largo de gran parte del este del país… donde podría haber fríos récord durante la noche.” Los hubo.

Sin embargo, a pesar de que el planeta se niega a colaborar con los alarmistas, y cada invierno se hace más frío que el anterior, o los veranos en el hemisferio sur son también más fríos que los anteriores, los alarmistas permanecen imperturbables sin dar muestras de haberse ente-rado de tantas malas noticias para su propaganda. Para demostrar que el verano que hemos tenido en el centro de Argentina ha sido uno de los más fríos que registra la historia del país, este es el gráfico de las temperaturas desde el 1º de Enero hasta el 31 de Marzo de 2007 para la estación rural de Pilar, a 40 km. al sudeste de la ciudad de Córdoba.

Si alguien tiene todavía alguna duda, simplemente pídale al Servicio Meteorológico Nacional los datos de la temperatura y compruébelo por sí mismo. Lo que resulta sintomático es que a medida de que El Niño se iba debilitando –y dejando de aportar calor al continente Sudame-ricano, el frío fue haciéndose cada vez más notorio. Las razones para ello es que los frentes helados de la Antártida, los llamados “Mobile Polar Highs” por el climatólogo francés Marcel Leroux, se hicieron presentes con una frecuencia desusada, marcados por los bruscos picos descendentes de la gráfica. Sin querer alarmar a nadie, son los primeros síntomas predichos para 2006-2007 por el físico solar Theodor Landscheidt sobre el próximo Doble Mínimo Solar Gleissberg, preanunciando el inicio de una nueva Pequeña Edad de Hielo.

El planeta que se calienta dicen Al Gore y el IPCC. ¿Cuál? ¿Marte?

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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