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    Arroz Dorado: ¿Un Salvavidas?

    Amy Harmon

    The New York Times
    Agosto 24, 2013



    Arroz Dorado genéticamente modificado cultivado en
    un campo en Los Baños, Provincia Laguna, Filipinas

    Una brillante mañana de este mes, 400 manifestantes destruyeron las cercas que rodean un campo en la región de Bicol en las Filipinas, y arrancaron las plantas de arroz genéticamente modificadas que cre-cían allí.

    Si las plantas hubiesen sobrevivido lo bastante para florecer, habrían mostrado un claro tinte amarillo en la parte que normalmente es blanca en el grano. Esto se debe a que el arroz está dotado con un gen del maíz y de otra forma de una bacteria, haciéndola la única planta que produce beta caroteno, la fuente de vitamina A. Sus desarrolladores lo llaman “Arroz Dorado”.

    La preocupación expresada por los participantes en el acto de vanda-lismo del 8 de agosto –que el Arroz Dorado podría imponer riesgos no previstos a la salud de los humanos y al ambiente- es un refrán fami-liar en la vieja controversia sobre los méritos de los cultivos modifica-dos genéticamente. Ellos están impulsando el deseo de algunos norteamericanos para una etiqueta obligatoria “O.M.G” (organismo modificado genéticamente) en los alimentos con ingredientes hechos con cultivos cuyo ADN haya sido alterado en un laboratorio.

    Y ellos han motivado ataques similares en ensayos de otros cultivos modificados genéticamente en los años recien-tes: uvas diseñadas para combatir a un virus mortal en Francia, trigo diseñado para tener un índice glucémico menor en Australia, remolacha azucarera en Oregon diseñada para tolerar un herbicida, para nombrar a unos pocos.

    “No queremos que nuestro pueblo, especialmente nuestros niños, sean usados en estos experimentos,” le dijo un granjero que era el líder de la protesta, al diario filipino Remate.

    Pero el Arroz Dorado, que apareció en la tapa de la revista Time en 2000 antes de que estuviese listo para el hora-rio estelar, es diferente a cualquiera de los cultivos modificados genéticamente ampliamente en uso hoy, diseñado para resistir herbicidas vendidos por Monsanto y otras compañías químicas, o resistente al ataque de insectos, o con beneficio para los granjeros pero no directamente para los consumidores.

    Y una inminente decisión del gobierno filipino sobre si se permite que el Arroz Dorado sea cultivado más allá de los otros cuatro campos restantes ha añadido una nueva dimensión al debate sobre los méritos de la tecnología.

    No es propiedad de ninguna compañía, el Arroz dorado está siendo desarrollado por un grupo sin fines de lucro llamado International Rice Research Institute con el fin proveer de una nueva fuente de vitamina A a la gente de las Filipinas, donde la mayoría de los hogares obtienen gran parte de sus calorías del arroz, y eventualmente en muchos otros lugares del mundo donde el arroz es ingerido todos los días por la mitad de la población. La falta del nutriente vital causa ceguera en desde un cuarto a medio millón de niños todos los años. Afecta a millones de personas en Asia y África y debilita al sistema inmunológico haciendo que unas dos millones de personas mueran a causa de enfermedades que podrían prevenirse.

    La destrucción del campo de experimentos y las razones dadas para ello, tocó un nervio sensible entre científicos de todo el mundo, espoleándolos para contrarrestar las afirmaciones sobre los riesgos de la tecnología para la salud y el ambiente. En una petición apoyando al Arroz Dorado circulada entre científicos y firmada por varios miles, mu-chos ventilaron una frustración latente con organizaciones activistas como Greenpeace que ellos ven como jugando con miedos mal ubicados sobre la ingeniería genética en el mundo en desarrollo y en el occidente industrializado. Algunos llevaron a otros canales para comunicar a gastrónomos y agricultores filipinos por igual el amplio consenso científico de que los OMG no son intrínsecamente más peligrosos que otros cultivos y que pueden ser probados con toda confianza.

    Está en juego, dicen ellos, no sólo el futuro del arroz biofortificado, sino también un medio racional de evaluar una tecnología cuyo potencial para mejorar la nutrición en los países en desarrollo, y en los ya desarrollados, que podría quedar sin realizarse.

    “Hay tanta desinformación flotando alrededor de los OMG que ha sido aceptado como un hecho por la gente,” dijo Michael D. Purugganan, un profesor de genómica y biología y decano de ciencia de la Universidad de New York, que trató de calmar las preocupaciones por el riesgo para la salud en un artículo en GMA News Online, un medio de prensa en las Filipinas: “Los genes que ellos insertan para hacer la vitamina no son extraños materiales manufactu-rados,” escribió, “sino que son hallados en calabazas, zanahorias y melones.”

    El Sr. Purugganan, que estudia la evolución de las plantas, no trabaja en cultivos modificados genéticamente, y hasta hace poco no había participado en los debates públicos sobre los riesgos y beneficios de los OMG. Pero habiendo sido criado en una familia de clase media en Manila, él se sintió obligado a apoyar al Arroz Dorado. “Una gran cantidad de críticas de los OMG en el mundo occidental nacen de una falta de comprensión de lo realmente seria que es la situación en los países en desarrollo,” dijo.

    Algunos de los proponentes de los OMG dicen que otras cuestiones más críticas, como donde la tecnología debería de ser una prioridad en los esfuerzos para enfrentar las causas raíces del hambre y la desnutrición, y cómo impedir que unas pocas compañías las controlen, sería mucho más fácil de llevar adelante si no fuesen amontonadas junto a miedos infundados de los que se oponen a los OMG.

    “Ya se ha pasado demasiado el tiempo en que los científicos debieran ponerse de pie y gritar 'Basa de mentiras –basta de alarmismo!',” dijo Nina Fedoroff, una profesora en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdullah, en Arabia Saudita, y una ex consejera de ciencias de la Secretaría de Estado de EEUU, que ayudó a lanzar la petición. “Estamos hablando aquí de salvar a millones de vidas.”

    Precisamente por su propósito aparentemente altruista, el Arroz Dorado atrajo las sospechas de los escépticos de la tecnología, además de los manifestantes que forzaron su entrada al campo de experimentos. Muchos países prohíben el cultivo de todos los cultivos modificados genéticamente, y después del debut en los medios en la década pasada, Vandana Shiva, un ecologista indio, lo llamó un “Caballo de Troya” cuyo propósito era ganar el apoyo del público para toda clase de cultivos genéticamente modificados que beneficiarían a las corporaciones multinacionales a expensas de los granjeros pobres y los consumidores.

    En un artículo de 2001, “El Gran Bombo Amarillo”, el autor Michael Pollan, un crítico de la agricultura industrial, sugirió que podría haber sido desarrollado para “ganar un argumento más que resolver un problema de salud pública.” Él citó propagandas de la industria de biotecnología que publicaban las virtudes del arroz, que en ese momento tenía que ser ingerido en gran cantidad para proporcionar una significativa dosis de vitamina A.

    Pero desde entonces el arroz fue perfeccionado: ahora un bol de arroz proporciona 60% del requerimiento diario de vitamina A para niños saludables. Y Gerard Barry, el líder del proyecto del Arroz Dorado en el Instituto Internacional de Investigación de Arroz –y, tiene que ser dicho, un ex científico senior y ejecutivo en Monsanto– sugiere que los intentos para desacreditar al Arroz Dorado no toman en cuenta los sufrimientos que podría aliviar si el arroz resulta-se exitoso. También dijo que los críticos que sugieren alentar a las familias pobres a que simplemente coman frutas y verduras ricas en beta caroteno ignoran los costos y las dificultades logísticas que frustrarían tales esfuerzos.

    Identificado en la infancia de la ingeniería genética como teniendo el potencial para el mayor impacto para los pobres del mundo, el arroz productor de beta caroteno fue inicialmente financiado por la Fundación Rockefeller y la Unión Europea. En una década de trabajo culminando en 1999, dos científicos académicos, Ingo Potrykus y Peter Beyer, finalmente conmutaron la producción del beta caroteno al añadirle al genoma del arroz genes del maíz y ADN de bacterias. Ellos licenciaron los derechos de la patente a la compañía de agronegocios que luego se convirtió en Syngenta, con la condición de que la tecnología y cualquier mejora sería de libre acceso para los granjeros pobres en el mundo en desarrollo. Manteniendo la compañía el derecho de usarlo en los países desarrollados, potencialmen-te como una alternativa a los suplementos vitamínicos, los científicos de Syngenta mejorar más tarde la cantidad de beta caroteno sustituyendo un gen del maíz por uno del narciso.

    Si el arroz obtiene la aprobación del gobierno de las Filipinas, no costará más que cualquier otro arroz para los granjeros pobres, que estarán en libertad de guardar semillas y replantarlas, dijo el Dr. Barry. No contiene alérgenos ni toxinas conocidos, y las nuevas proteínas producidas por el arroz se demostró que se disocian rápidamente en jugo gástrico simulado, tal como lo requiere las normativas de la Organización Mundial de la Salud. Está en progreso un estudio que alimenta ratas en un laboratorio de los Estados Unidos. El potencial de que el Arroz Dorado podría producir un cruzamiento de polinización con otras variedades, algunas veces llamada “contaminación genética”, ha sido estudiado y se encontró que es limitado porque el arroz es auto polinizado. Y su producción de beta caroteno no parece proveer de alguna ventaja competitiva –o desventaja- que pudiese afectar la supervivencia de varie-dades silvestres con las que se podría mezclar.

    Si el Arroz Dorado es un Caballo de Troya, ahora tiene algo de compañía. La fundación Bill y Melinda Gates, que está patrocinando los ensayos finales del Arroz Dorado, está también suscribiendo el desarrollo de cultivos diseña-dos para el África sub-Sahariana, como la mandioca que puede resistir los virus que la devastan de manera rutinaria a la tercera parte de las cosechas, las bananas que contiene mayores niveles de hierro, y maíz que usa al nitróge-no de manera más eficiente. Otros grupos están desarrollando un garbanzo de ojo negro resistente a las pestes, y una “Banana Dorada” que también proveería vitamina A.

    Más allá del miedo al control de la agricultura por las corporaciones, quizás la objeción más citada a los OMG es que pueden tener riesgos que podrían no ser comprendidos. La decisión de cultivar o comerlas descansa, como en muchas otras decisiones, en un análisis de costo-beneficio.

    La manera en que los consumidores en el mundo sopesen ese cálculo tendrá probablemente grandes consecuen-cias. Tales cultivos, declaró la revista Scientific American en un editorial de la semana pasada, llegarán al plato de la gente “sólo con el apoyo público”.

    Greenpeace, por su lado, descarta los beneficios de los suplementos de vitaminas a través de los OMG y ha dicho que continuará con sus oposición a todos los usos de la biotecnología en la agricultura. Tal como lo pone Daniel Ocampo, un campañista de la organización en las Filipinas, “Preferimos errar por el lado de la precaución.”

    Para otros, el potencial de cultivos como el Arroz Dorado para aliviar los sufrimientos es todo lo que importa. “Esta tecnología puede salvar vidas,” escribió uno de los firmantes de la petición, Javier Delgado, de México. “Pero falsos miedos pueden destruirla.”


    Comentario de FAEC: La organización Greenpeace nunca ha podido probar de manera cientí-fica, con evidencias concretas e irrefutables, ninguno de los argumentos que apoyan sus campañas de oposición a un sinnúmero de actividades, tecnologías, productos o sustancias usadas por la humanidad. Su desprecio absoluto por el rigor científico es proverbial, y sus métodos muchas veces se han compro-bados como fraudulentos y a veces directamente como estafas donde consiguieron esquivar las accio-nes penales.

    Son famosas sus campañas donde crearon falsas evidencias como su vieja campaña para “salvar a las focas”, pagando a mercenarios para perseguir, apalear, matar y torturar focas mientras eran filmados por los camarógrafos de Greenpeace International. La denuncia del periodista islandés Magnus Gudmun-sson, fue presentada en dos documentales que le llevó a la justicia en Noruega por difamación –pero que la justicia noruega le absolvió al comprobarse la veracidad de las denuncias. El proceso terminó con la renuncia de Bjorn Oekern, entonces presidente de Greenpeace Noruega, quien lo hizo avergonzado diciendo que “Greenpeace es una organización fascista…”. También perdió el apoyo de 15.000 donantes noruegos que se borraron de sus registros.

    También recordamos en Argentina el fraude científico que perpetraron con el Proyecto Yaguareté - La organización Greenpeace quedó en medio de un escándalo, que comentamos en su momento en 2004. O su lamentable actuación como iniciadora del conflicto Argentino-Uruguayo por la planta de pulpa de madera de la finlandesa Botnia –pero que más tarde quiso lavarse las manos después de que nadie pudo demostrar contaminación alguna, y que hasta la muy ecologista Green Cross de Gorbachov les dijo que la planta no contaminaba. Y hasta el día de la fecha sigue sin hacerlo.

    Pero con el asunto cultivos OMG Greenpeace demuestra que la vida y la salud de millones de personas, especialmente la de niños, no les importa en lo más mínimo. Pareciese que el negocio de oponerse a la biotecnología y tener a Monsanto como el demonio y el “hombre de paja” para quemar en la plaza, es redituable porque atrae la atención y las contribuciones monetarias de la “gente sensible” –pero igno-rante y por ello crédula.

    Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC



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