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Ningún Humeante Punto Caliente

Por David Evans - Julio 18, 2008
Origen: The Australian News

Yo dediqué seis años a la contabilidad del carbono, construyendo modelos para la Oficina Australiana del Invernadero. Yo soy el “científico de cohetes” que escribió el modelo de contabilidad de carbono (FullCAM) que mide el cumplimiento de Australia con el Protocolo de Kioto, en el área forestal y cambio en el uso del suelo. Estuve siguiendo muy estrechamente el debate del calentamiento global durante años.

Cuando en 1999 comencé con el trabajo, la evidencia de que las emisiones de dióxido de carbono parecían estar causando el calentamiento global parecían ser bastante buenas: el CO2 es un gas de invernadero; los datos de las muestras de hielo; no había otros sospechosos. La evidencia no era concluyente, pero ¿por qué esperar a estar seguros cuando parecía que necesitábamos actuar de inmediato? Muy pronto el gobierno y la comunidad científica estaban trabajando juntos y se crearon muchos puestos de trabajo para investigar científicamente al clima. Nosotros los científicos teníamos apoyo político, el oído del gobierno, enromes presupuestos, y nos sentíamos muy importantes y útiles (por lo menos yo lo sentía así). Fue grandioso. Estábamos trabajando para salvar al planeta.

Pero desde 1999 nuevas evidencias han debilitado seriamente el caso de que las emisiones de carbono son la causa principal del calentamiento global, y para 2007 la evidencia era sumamente concluyente de que el CO2 jugaba un rol muy menor y no era la causa principal del calentamiento global. Como famosamente dijo Lord Keynes: “Cuando los hechos cambian, yo cambio de parecer. ¿Y usted qué hace, señor?”

No hubo un verdadero debate público acerca de las causas del calentamiento global y la mayor parte del público y quienes toman las decisiones políticas no están al tanto de los hechos más básicos e importantes.

  1. La señal del invernadero está ausente. Hemos estado mirando y midiendo durante años, y no la podemos encontrar. Cada causa posible del calentamiento global tiene un patrón diferente sobre el lugar del planeta en donde el calentamiento ocurre primero y en mayor medida. La señal o signatura de un efecto invernadero reforzado es un punto caliente a más o menos 10 km de altura en la atmósfera de los trópicos. Durante décadas hemos estado midiendo a la atmósfera usando radiosondas: globos meteoro-lógicos con termómetros que envían por radio los datos de la temperatura a medida de que ascienden a través de ella. No muestran ningún punto caliente. Nada. CERO.

    Si no hay un punto caliente, entonces el refuerzo del efecto invernadero no es la causa del calentamiento global. De manera que sabemos con seguridad que las emisiones de dióxido de carbono no son una causa significativa del calentamiento global. Si hubiésemos hallado a la signatura del invernadero, entonces yo volvería a ser un alarmista otra vez.

    Cuando en 2007 se descubrió que la signatura estaba ausente (después del último informe del IPCC), los alarmistas objetaron que quizá las lecturas de los termómetros de las radiosondas podrían no ser precisos y quizás el punto caliente estaba allí pero había pasado desapercibido. Sin embargo cientos de radiosondas han dado siempre la misma respuesta, de manera que estadísticamente no es posible que no hayan descubierto al punto caliente.

    Recientemente los alarmistas han sugerido que ignoremos a los termómetros de las radiosondas, y que en su lugar tomemos las mediciones de vientos de las radiosondas, apliquemos una teoría acerca del cizallamiento del viento, y corramos los resultados a través de sus computadoras para estimar las temperaturas. Luego dicen ellos que los resultados muestran que no podemos descartar la presencia de un punto caliente. Si usted cree en eso, usted puede creer en los Reyes Magos.

  2. No hay evidencia para apoyar la idea de que las emisiones de dióxido de carbono causan significativo calentamiento global. Ninguna. Hay amplia evidencia de que el calentamiento global ha ocurrido, y la teoría sugiere que las emisiones de carbono deberían elevar las temperaturas (aunque en cuánto es un punto álgidamente discutido) pero no hay observaciones hecha por nadie que impliquen a las emisiones de dióxido de carbono como una significativa causa para el reciente calentamiento.

  3. Todos los satélites que miden a la temperatura del mundo dicen que la tendencia al calentamiento termi-nó en 2001, y que la temperatura ha descendido unos 0,6ºC sólo en el año pasado (hasta los niveles de 1980). Las lecturas de las temperaturas de superficie están corruptas por el efecto de “isla de calor urbano”: las áreas urbanas que rodean las estaciones donde están los termómetros calientan al micro-clima alrededor del termómetro debido a cambios en la vegetación, concreto cercano, automóviles, casas, etc. La información de los satélites es la única información en la que podemos confiar, pero se remonta sólo hasta 1979. La NASA informa solamente los datos obtenidos en tierra, e informa de una modesta tendencia al calentamiento y un reciente enfriamiento. Los otros tres registros de las temperaturas mundiales usan una mezcla de mediciones de satélites y de tierra, o sólo satélites, y ellas no muestran calentamiento desde 2001 –y un reciente notable enfriamiento.

  4. Las nuevas muestras de hielo de la Antártida y de Groenlandia muestran que en los seis calentamientos globales ocurridos en el pasado en los últimos 500.000 años, el ascenso de la temperatura ocurrió en un promedio de 800 años antes de que el aumento del CO2 se produjese. Lo que dice a las claras que hay algo importante sobre cuál es la causa y cuál es el efecto,

Ninguno de estos puntos es discutido. Los científicos alarmistas están de acuerdo con ellos, aunque algunos de ellos discutirán su relevancia. El último punto era conocido y aceptado desde 2003, pero Al Gore hizo su película en 2005 y presentó a las muestras de hielo como la única razón para creer que las emisiones de CO2 causan el calentamiento global. En cualquier otro contexto nuestra cínica y experimentada prensa seguramente habría llamado a esto deshonesto y habría cuestionado severamente las afirmaciones del político.

Hasta ahora el debate del calentamiento global ha sido apenas un asunto académico de poco interés. Ahora que tiene importancia, deberíamos debatir las causas del calentamiento global. Hasta ahora ese debate ha consisti-do en un pase mágico de prestidigitación: mostrar evidencia de calentamiento global, y mientras que la audien-cia está apabullada por las implicaciones, aseverar simplemente que se debe a las emisiones de dióxido de carbono. En la mente de la audiencia, la evidencia de que el calentamiento global ha ocurrido se confunde y amalgama con la causa alegada, pero la audiencia no se ha percatado de que las causas han sido meramente afirmadas, pero no demostradas. Si realmente hubiese alguna evidencia de que las emisiones de dióxido de carbono causaron al calentamiento global, ¿no cree usted que ya hubiésemos oído hablar de ella hasta causar-nos náuseas?

El mundo ha gastado unos $50.000 millones de dólares en el calentamiento global desde 1990, y no hemos hallado hasta hoy ninguna evidencia fáctica de que las emisiones de CO2 hayan causado el calentamiento global. Las evidencias consisten en observaciones hechas por alguien, en algún momento, que apoyan la idea de que las emisiones de carbono cusan el calentamiento. Los modelos computados y los cálculos teóricos no son evidencia: son apenas teorías no demostradas.

¿Qué sucederá durante la próxima década cuando las temperaturas sigan sin aumentar? El gobierno Laborista está a punto de destrozar deliberadamente a la economía para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Si más tarde se comprueba que las razones resultan ser espurias, el electorado no va a reelegir a un gobierno Laborista durante mucho tiempo. Cuando salga a la luz que el fraude del calentamiento y el carbono era conocido en 2008, el gobierno Laborista será reconocido como criminalmente negligente o ideológicamente estúpido por no haberlo visto en su momento. Y si los Liberales apoyan la dirección de esas acciones, también serán vistos de la misma manera.

La responsabilidad debería estar en aquellos que quieren cambiar las cosas para que provean la evidencia de por qué son necesarios esos cambios. Eventualmente habrá que contarle la verdad al pueblo de Australia, de modo que sería mejor que se la digan antes de que destruyan a la economía.



El Dr. David Evans fue consultor de la Oficina Australiana del Invernadero desde 1999 hasta 2005.

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