Hora de Córdoba
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CO2: El Escándalo Científico
Más Grande de Nuestro Tiempo

Por Zbigniew Jaworowski, M.D., Ph.D., D.Sc.[*]

Introducción

El 2 de febrero de 2007 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) volvió a recitar su mantra catastrofista acerca del calentamiento global provocado por el hombre. Después de muy ruidosa propaganda, se presentó un “Resumen Para Políticos” de 21 páginas, del Cuarto Informe del IPCC 2007, en el marco de una grandiosa ceremonia en París, frente a una muchedumbre de políticos y periodistas, acompañado de un apagón de la Torre Eiffel para mostrar que la energía eléctrica es mala. El evento indujo un tsunami de histeria que recorrió al mundo. Este era, probablemente, el principal objetivo de este muy claro escrito político, preparado por burócratas de gobiernos y de las Naciones Unidas, y publicado más de tres meses antes de que el reporte científico de 1600 páginas del IPCC, que sería publicado en marzo.

En verdad, recién fue conocido en septiembre. Dijo el IPCC que esta demora era necesaria para hacer los ajustes del texto principal de manera que los “cambios… [puedan hacerse] para asegurar la consistencia con el 'Resumen para Políticos'" Ni una sola palabra en estas 1600 páginas puede estar en conflicto con lo que los burócratas políticos han dicho antes en el Resumen!

Esta es un método extraño e inusual de operación para un informe científico, y es todavía más extraña la franqueza del IPCC en sus palabras acerca de la demora en la publicación del informe final, dejando al descubierto su ausencia de integridad científica e independencia. Es exactamente el modus operandi demostrado en los tres informes anteriores del IPCC de 1990, 1995, y 2001: Primero la Política; la ciencia, después.

El estilo del IPCC fue criticado acerbamente hace alguno años, en dos editoriales en la revista Nature (Anónimo 1994, Maddox 1991). En cada una de estas críticas, Nature usó al Comité Científico de la Naciones Unidas sobre Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR) como un ejemplo ideal de la manera independiente y objetiva en que deben prepararse los informes científicos, en este caso un informe sobre los riesgos globales de todas las fuentes de radiación, incluyendo las armas nucleares y Chernobyl. Las evaluaciones del UNSCEAR presentados todos los años a la Asamblea General de la ONU son consideradas como la Biblia de la ciencia de la radiación ionizante. Sí, el UNSCEAR llena la descripción de Nature –pero a un precio. A causa de que con mucha frecuencia los informes del UNSCEAR difieren enormemente con la visión catastrófica del Programa Ambiental de la ONU (UNEP), o del reciente ex secretario general, Kofi Annan, ls burocracia de la ONU estrangulado las finanzas del UNSCEAR a una escala que ha causado casi una detención total de sus actividades (Jaworowski 2002)

Obviamente, este no es el caso del IPCC, que está atosigado con dinero y en total acuerdo con las polí-ticas de la ONU, que están dominadas por los verdes y el fanatismo misántropo. En los últimos seis años, el Presidente de los Estados Unidos dedicó casi $29.000 millones de dólares a la investigación del clima, liderando al mundo con su compromiso financiero sin paralelo (La Casa Blanca 2007). Esto significa $5.000 millones por año, más del doble de lo gastado en el Programa Apollo ($2.300 millones por año), que en 1969 puso al primer hombre en la Luna. Un efecto colateral de esta situación, y la politización del tema del clima, fue descrito por el meteorólogo Piers Corbyn en el Boletín de Weather Action, en diciem-bre 2000: “El problema que enfrentamos es que el establishment meteorológico y el lobby del calenta-miento global, que reciben enorme financiación, están hoy tan corrompidos por la largueza con es recompensado que los científicos del lobby han vendido su integridad.”

Surge entonces la pregunta: “Las decisiones que conciernen a esta enorme financiación de la investiga-ción del calentamiento ¿fueron producto de una preocupación genuina de que el clima está presunta-mente cambiando como resultado de las emisiones industriales de CO2?", o ¿Existen otras ideas ocultas detrás de este dinero, la actividad del IPCC, Kioto, y toda la grotesca propaganda a la que está hoy ex-puesto el mundo? Si esta preocupación es genuina, ¿por qué no hemos visto una tormenta de funciona-rios de la ONU exigiendo el reemplazo de todas las plantas generadoras de electricidad operadas con combustibles fósiles por centrales nucleares que tienen cero emisión de gases de invernadero, son am-bientalmente amigables, más económicas, y más seguras para los trabajadores de las plantas, y mucho más seguras para la población general que otras fuentes de energía (Jaworowski 2006).

Los autores y cómplices del fraude

El co-presidente del Grupo de Trabajo I, en París, 2 de febero 2007, después de que el "Resumen para Políticos" fuese apro-bado por el grupo: Susan Solomon (centro), y DaheQin (dere-cha). A la izquierda está Martin Manning, cabeza de la Unidad de apoyo Técnico.

¿Por qué no vemos un esfuerzo a escala global para reemplazar al motor de combustión interna por uno de aire comprimido de polución cero? Una versión mejo-rada de tal motor, inventado en 1870 por Ludwik Mekarski, impulsó a los tranvías de Nantes durante 34 años después de 1979, transportando a millones de pasajeros. Locomotoras neumáticas estuvieron traba-jando en las minas de todo el mundo hasta fines de los años 30. Un auto neumático no es una ilusión sino algo bien real, ahora en construcción, que en su ver-sión francesa recorre 300 km antes de que su tanque de aire necesite ser rellenado, a un costo de $2 dóla-res cada 100 km. ¿Puede usted imaginar las conse-cuencias beneficiosas y estabilizantes para las polí-ticas globales y la economía, y para la higiene urbana de un reemplazo de esa clase, combinado con un cambio desde el petróleo, gas y carbón a la energía nuclear? Pero en el encuentro masivo realizado en noviembre 2006 en Nairobi por 6000 seguidores de Kioto (incluyendo al entones secretario general Kofi Annan, el presidente de Kenya y Suiza, y un cortejo de ministros de 180 países), los participantes fueron presionados para no mencionar a la energía nuclear.[1]

La preocupación por el cambio climático que se ve en las altas esferas no es genuino, y hay motivos ocultos por detrás de la histeria del calentamiento global. Aunque en este paper no hay espacio para discutir esos motivos en su totalidad, ellos pueden ser ilustrados por las siguientes citas (para referen-cias completas ver Jaworowski 1999).

Las Cuatro Mentiras Básicas del IPCC

Pero volvamos otra vez al Informe 2007 del IPCC. Las cuatro declaraciones básicas en el “Informe para Políticos” son:

  1. El dióxido de carbono, el gas de invernadero antrópico más importante, aumentó notoriamente como resultado de las actividades humanas, y su concentración atmosférica de 379 ppm en 2005 excedieron por mucho el rango natural de 180 a 300 ppm durante los últimos 650.000 años.

  2. Desde 1750, las actividades humanas han calentado al clima.
  3. El calor de la última mitad del siglo es inusual, es el más alto en por lo menos 1300 años, y 'muy probablemente' sea causado por el aumento de la concentración de los gases de invernadero antrópicos.

  4. Se han hecho predicciones de que el calentamiento global continuará durante siglos, y entre 2000 y 2099 la temperatura promedio de la superficie aumentará entre 1,1ºC y 6,4ºC. Se han profetizado varias historias de terror de catástrofes globales que ocurrirán si las emisiones del CO2 producido por el hombre no son recortadas por drásticas decisiones políticas. Los obvios efectos benéficos del calentamiento global para el hombre y toda la biosfera son minimizados.

Excepto el CO2, todos estos puntos están galardonados con calificaciones como “probable”, “muy pro-bable”, “sumamente probable”, “con alta confianza”, y “sin equívocos”. De hecho, y todo lo contrario es verdad, estos 4 puntos son incorrectos.

La primera declaración del “Resumen para Políticos” sobre el aumento el CO2 causado por el hombre es la piedra basal de la teoría que el CO2 “es el gas de invernadero antrópico [trazas] más importante,” pero un factor del efecto invernadero es el agua presente de manera natural en la atmósfera, que con-tribuye con el 95% del efecto invernadero total. Este hecho básico no se menciona en absoluto en el “Resumen para Políticos.” Tampoco se menciona al hecho que el 97% del total de emisiones de CO2 a la atmósfera proviene de las emisiones naturales de tierra y océanos; los seres humanos añaden un mero 3 por ciento. Este 3 por ciento del CO2 añadido por el hombre es responsable de una insignifican-te fracción del efecto invernadero total, probablemente cercano al 0,12%. La propuesta para cambiar, o mejor dicho destruir, al sistema de generación de energía global a causa de esta insignificante contri-bución humana, frente a las enormes fluctuaciones de corto y largo plazo en el CO2 atmosférico, son totalmente irresponsables.

La Verdad Sobre las Muestras de Hielo

Como las muestras de hielo profundo de la Antártida y Groenlandia son consideradas como los cimientos de la hipótesis del calentamiento global antrópico, investiguemos el asunto por algunos momentos.

La suposición básica detrás de la glaciología del CO2 es una visión tácita de que las inclusiones de aire en el hielo son un sistema cerrado, que preserva de manera permanente la composición química e iso-tópica del gas, y por ende las inclusiones son una matriz adecuada para una reconstrucción confiable de las atmósferas preindustriales y antiguas.

Esta suposición está en conflicto con la muy amplia evidencia de numerosos estudios previos del CO2, indicando lo opuesto (ver revisión en Jaworowski et al. 1992b). Las determinaciones proxys del CO2 atmosférico en los análisis de las muestras de hielo, reportadas desde 1985, han mostrado general-mente ser más bajas que los niveles medidos recientemente en la atmósfera.

Pero, antes de 185, las muestras de hielo mostraban valores mucho más elevados que las actuales concentraciones atmosféricas (Jaworowski et al. 1992b). Estos valores proxy recientes de las muestras de hielo permanecieron siendo bajos durante todos los 650.000 años pasados (Siegenthaler et al. 2005) –aún durante la seis anteriores períodos cálidos interglaciales, cuando la temperatura global era hasta 5º C más alta que en nuestro actual interglacial!

Esto significa que, o los niveles del CO2 atmosféricos no tienen una influencia discernible sobre el clima (lo que es verdad), o que las reconstrucciones proxy de la composición química de la atmósfera antigua son falsas (lo que también es verdad, como se demuestra más adelante).

Jamás se ha demostrado experimentalmente que los registros de las muestras de hielo representan la composición atmosférica original. Otros proxys han demostrado que hace muchos millones de años atrás, los niveles de CO2 en la atmósfera alcanzaron, en varias ocasiones, 377 ppmv, 450 ppmv, y hasta 3.000 ppmv (Kurschner et al. 1996; Roeyer et al. 2001), y que durante los últimos 10.000 años estos niveles eran, como regla, más elevados que 300 ppmv, fluctuando hasta los 348 ppmv (Kurschner et al. 1996; Roeyr t al. 2001, Wagner et al. 1999 y 2002). Los resultados de estos últimos estudios demuestran que es falsa la afirmación de niveles estables de 270 a 280 ppmv del CO2 en el Holoceno hasta la llegada de la Revolución Industrial.

Los resultados de los citados estudios pre-1985 están fuertemente apoyados por las mediciones direc-tas del CO2 atmosférico realizadas en la atmósfera preindustrial y la del siglo 20 (ver más abajo). Hace unos 2000 millones de años los niveles atmosféricos del CO2 eran entre 100 y quizás hasta 1000 veces más elevados que los actuales. Según los actuales modelos climáticos, la Tierra debería haber sido de-masiado caliente para sostener la vida en ese tiempo (Ohmoto et al. 2004). Sin embargo, la evidencia geológica sugiere que no existía un “calentamiento desbocado” al estilo Venus. En vez de ello, la vida florecía en la tierra y los océanos, con niveles tan enormemente altos de de este “Gas de la vida”, del cual estamos hechos todas las criaturas vivientes (Godlewski 1873). Sin embargo, los Verdes llaman a este gas un “contaminante” peligroso.

Hay otras cuatro suposiciones arbitrarias detrás de la glaciología del CO2 que fueron usadas para apoyar a la primera suposición de más arriba:

  1. En los hielos a una temperatura media anual de -24º C o menos no ocurre ninguna fase líquida (Berner et al. 1977; Friedli et al. 1986; Rayanud y Bartola 1985).

  2. El atrapado de aire en el hielo es un proceso mecánico sin diferenciación de componentes de gas (Oeschger et al. 1985).

  3. La composición original del aire en las inclusiones de aire es preservada de manera indefinida (Oeschger et al. 1985).

  4. La edad de los gases en las burbujas de aire es mucho más joven que la edad del hielo en están atrapadas (Oeschger et al. 1985), variando la diferencia de edad entre varias décadas hasta varias decenas de miles de años.

Hace más de una década que se demostró que estas cuatro suposiciones son falsas; que las mues-tras de hielo no pueden verse como un sistema cerrado, y que las bajas concentraciones preindustria-les de CO2 y otros gases trazas de invernadero, son un artificio causado por más de 20 procesos físico-químicos operando in situ en la nieve y el hielo polar, y en las muestras de hielo. La perforación del hielo polar para la obtención de los cilindros muestras es un procedimiento brutal y contaminante, que perturba drásticamente a las muestras –Figura 1 y 2 (Jaworowoski 1994a, Jarowowski et al. 1990, Jaworowski et al. 1992a y 1992b)


Fuente: A partir de Jaworowoski 1994a y Boutron et al. 1990

Figura 1: Alta Polución de Plomo y Zinc en las Muestras de Hielo de Vostok

Polución extremadamente elevada de los muestras de hielo de la base Antártica Vostok con plomo y zinc, que penetró el líquido de perforación en la partes más internas de las muestras, a través de fisuras horizontales en el hielo formadas como resultado de drásticos cambios en las presiones. Una polución similar ha sido reportada en otras muestras de hielo de Antártida y Groenlandia demos-trando que estas muestras no están cumpliendo con los absolutamente esen-ciales “criterios del sistema cerrado”, y en consecuencia no deberían ser empleados para la reconstrucción proxy de los niveles de gases invernadero en la atmósfera del pasado lejano.

El autor (derecha) trabajando con columnas de intercambio de iones en una tienda laboratorio en el Glaciar Kahiltna, Alaska, 1977. Cortesía del autor.

Algunos de estos procesos, que causan todos frac-cionamiento de los componentes del aire, están re-lacionados con la solubilidad de los gases: en agua fría, el CO2 es 70 veces más soluble que el nitrógeno (N2) y más de 30 veces más soluble que el oxígeno (O2). El agua líquida está comúnmenete presente en la nieve polar y el hielo, aún a la temperatura eutéc-tica de –73ºC (ver revisión en Jaworowski et al. 1992b).

Por consiguiente, las conclusiones sobre niveles bajos de gases de invernadero preindustriales no se pueden considerar válidos, antes de que estudios experimen-tales excluyan la existencia de estos procesos de fraccionamiento. Tales estudios han sido propuestos por este autor (Jaworowski 1994a, Jaworowski et al. 1992b), pero durante años no fueron realizados.

En respuesta a las críticas de la confiabilidad de los registros de hielo, los glaciólogos del CO2 sólo pudieron declarar que los registros de hielo prueban que los cambios en los gases invernadero no son causados por procesos post-deposición, sino que reflejan de manera precisa los cambios atmosféricos (Raynaud et al. 1993).

Sólo muy recientemente, muchos años después de que el edificio cimentado en hielo del calentamiento antrópico hubiese llegado a estatura de rascacielos, los glaciólogos comenzaron a estudiar el fracciona-miento de los gases en la nieve y hielo (por ejemplo, Kilawee et al. 1998), y la estructura de la nieve polvo y la granular que podrían jugar un rol de primer orden en el cambio de los perfiles químicos e iso-tópico de los gases en las capas de hielo (Albert 2004; Leeman y Albert 2002; y Sveringhaus et al. 2001). Recientemente. Brook Hurd, un analista de gases de alta pureza confirmó las previas críticas a los estudios de muestras del CO2 en el hielo. Él notó que el efecto de difusión Knudsen, combinado con la difusión hacia el interior, está disminuyendo el contenido de CO2 de las muestras expuestas a drásti-cos cambios de presión (de hasta 320 bar –más de 300 veces la presión atmosférica normal) y que minimiza las variaciones y reducen los máximos (Hurd, 2006).


Fuente: de Jaworowski et al. 1992b y Boutron et al. 1987 Figura 2: Cambios en las concentraciones de CO2 en las muestras
de Vostok similares a cambios de polución extrema

Los cambios en las concentraciones a lo largo de los cilindros de muestra en los hielos, son similares a los cambios de polución extrema en las muestras con plomo, y a los cambios de varios factores que influyen sobre la composición química del contenido de gas de la muestra: expansión del volumen del cilindro de hielo, tamaño de los cristales de hielo, presión de los gases de inclusión, desaparición de las burbujas de aire con el aumento de la presión resultado de la formación de clatratos de gases, formación de cavidades secundarias de gas como resultado de la disociación de los clatratos a presiones menores.

Esto es ilustrado por la comparación para el mismo período de tiempo, unos 700 a 8000 años antes que ahora, entre dos tipos de estimaciones proxy del CO2. La información de los registros de hielo de Taylor Dome, Antártida, que son usados para reconstruir el registro histórico oficial del IPCC, muestra un ran-go de tiempo y una tendencia casi completamente plana, de 260 a 264 ppm (Indermuhle et al. 1999). Por otro lado, los índices de las estomas fósiles [2] muestran que las concentraciones de CO2 varían ampliamente en más de 50 ppmv, entre 270 y 326 ppmv (Wagner et al. 2002). Esta diferencia sugiere fuertemente que las muestras de hielo no son una matriz adecuada para la reconstrucción de la com-posición química de la atmósfera antigua.

La información de las muestras de hielo son artificios causados por procesos en las capas de hielo y en la muestras del mismo, y tienen valores de concentración de 30 al 50% más bajos que la atmósfera original. El hielo es una matriz impropia para tales estudios químicos, y hasta los más modernos métodos analíticos o pueden ser de ayuda cuando la matriz y las muestran están equivocadas.

Antes de que se comenzara a hacer la diferenciación de gases, se habían publicado durante las pasa-das décadas una plétora de estudios glaciológicos sobre tendencias temporales de gases de inverna-dero, apuntando a demostrar que:

  1. Estos gases eran responsables de los cambios climáticos, y
  2. que su nivel en la atmósfera había aumentado por la actividad humana.

Estos estudios están afectados de una interpretación unilateral y de manipulación de datos, con un rechazo arbitrario de las lecturas altas de gases de invernadero de la era preindustrial, y las bajas lecturas de las muestras del hielo contemporáneo (Jaworowski 1994a, Jaworowski et al. 1992b).

Si la información del CO2 en las muestras de hielo y su interpretación son correctas, entonces ellas deberían ser tratadas como evidencia de que durante los pasados 650.000 años el CO2 no ha tenido un discernible efecto sobre la temperatura global. Esto por dos razones: primero, el aumento de la tempe-ratura aparece antes que el reclamado aumento del CO2; y segundo, hay niveles proxy de CO2 monó-tonamente bajos en las muestras de hielo durante los períodos de clima cálido, tanto en tiempos anti-guos como modernos.

En las muestras de hielo, la señas de la temperatura determinada isotópicamente, y la señal de las concentraciones aéreas de CO2 están desfasadas por cientos a varios miles de años (Jaworowski et al. 1992b), con el aumento de temperatura ocurriendo primero, seguido por el aumento del CO2, y no al revés como se quiere hacer creer ahora (Caillon et al. 2003; Fischer et al. 1999: Idso 1988; Indemuhle et al. 2000; Monnin et al. 2001, y Mudelsee 2001). Esto sugiere que el aumento de la temperatura es el factor causante del aumento posterior del CO2, probablemente a través de mayor erosión de la tierra y la exhalación de CO2 de los océanos más calientes.

Hemos observado esto en los tiempos modernos. La solubilidad del CO2 en agua cálida es menor que en el agua fría. Cuando el clima se calienta, menos CO2 es retenido en los primeros 3000 metros de los océanos, y es expulsado hacia la atmósfera, donde el contenido de CO2 es 50 veces inferior al de los océanos. Esta es la razón por la que entre 1880 y 1940, cuando la temperatura media global se elevó en unos 0,5º C, las mediciones directas en la atmósfera registraron un gran aumento del CO2, desde unas 290 ppmv en 1889 hasta 440 ppmv en 1940 –unas 60 ppmv más que ahora (Beck 2007). En este período las emisiones humanas de CO2 aumentaron apenas en un factor de 5. Entonces, entre 1949 y 1970, la temperatura global disminuyó en unos 0,3º C, y el nivel de CO2 atmosférico descendió a unas 330 ppmv (Boden et al. 1990).

Ahora que las emisiones humanas de CO2 son 30 veces más altas que en 1880 (Marland et al. 2006), el nivel del CO2 atmosférico a los registrados antes del evento cálido de los años 40. Las concentraciones de CO2 en las inclusiones gaseosas del hielo, que se asumen como preindustriales o más antiguas, son siempre 100 ppmv por debajo del nivel actual (Indermuhle et al. 1999, Rearman et al. 1986, Petit et al. 1999; ver también la revisión en Jaworowski et al. 1992b), Y sin embargo, durante los últimos 420.000 años el clima fue a menudo mucho más cálido que en el presente (Andersen et al. 2004, Chumakov 2004, Ruddiman 1985, Shackleton y Opdyke 1973, Zubakov y Borzenkova 1990, y Robin 1985). Aún hasta 120.000 años atrás, cuando al temperatura media global de superficie era hasta 5º C más alta que hoy (Andersen et al. 2004,), el nivel de CO2 en la atmósfera derivada de información de glaciares, era de sólo 240 ppmv (Petit et al. 1999) –es decir, por debajo del actual nivel en unas 130 ppmv.

Más recientemente, durante el Holoceno (8000 a 10.000 años antes que hoy) cuando las temperaturas del Ártico eran 5º C más altas que hoy (Brinner et al. 2006), las muestras de hielo denotan un nivel de CO2 de unas 260 ppmv. (IPCC 2007).

Las Curvas del Palo de Hockey

Basadas en suposiciones sobre otras suposiciones, se hicieron varias versiones de “curvas Palo de Ho-ckey” del CO2, combinando la distorsionada información proxy del hielo y las recientes mediciones del CO2 atmosférico. Los autores de esos estudios afirmaban que sus curvas representaban los niveles del CO2 en el aire durante los últimos 300 años (Neftel et al. 1985, Rearman et al. 1986, Siegenthaler y Oeschger 1987), o durante los pasados 10.000 años (en el 'Resumen para Políticos'), Figura 3, o aún durante los pasados 400.000 años (Wolf 2003). Todos ellos muestran concentraciones preindustriales de CO2 variando entre 180 y 280 ppmv durante los pasados 400.000 años y remontándose hasta las 370 ppmv hacia el final del Siglo 20. Estas llamada “curvas palo de hockey” fueron publicadas innume-rables veces como prueba del aumento antrópico del CO2 en la atmósfera. Todas ellas fueron creadas de manera ilegítima mezclando la falsa información proxy del hielo con las mediciones directas en la atmósfera.

Figura 3: Las Curvas "Palo de Hockey" del CO2
Una representación falsa de las tendencias de las concentraciones atmosféricas del CO2 durante los últimos 10.000 años. Los valores anteriores a 1958 no representan las concentraciones atmosféricas reales sino los artificios causados por la dsimunción del CO2 en el hielo y por el cambio arbitrario de la edad de las muestras.

Sin embargo, la peor de las manipulaciones rea-lizadas fue el cambio arbitrario de la edad del gas atrapado en la parte superior del cilindro de hielo de la muestra, donde los cambios de la presión eran menos drásticos que en las partes más profundas. En esta parte de la muestra tomada de Siple, Antártida, el hielo fue depositado en 1890, y la concentración de CO2 en él era de 328 ppm (Friedli ert al. 1986, Neftel et al. 1985), y no las 290 ppmv necesarias para probar la hipótesis de aumento causado por el hombre. La misma concentración de CO2 de 328 ppmv fue medida en el aire recogido directamente de la atmósfera en el volcán Mauna Loa, Hawai, 83 años más tarde en 1973 (Boden te al. 1990). De modo que era chocantemente claro que el nivel preindustrial de CO2 era el mismo que durante la segunda mitad del siglo 20!

Para resolver este “problema”, estos investigado-res simplemente hicieron una suposición ad hoc: La edad del gas recuperada de 1 a 10 gramos de hielo fue decretada de manera arbitraria ser exactamente 83 años más joven que el aire en el que estaba atrapado! Esto no estaba apoyado por ninguna evidencia experimental, por supues-to, sino que era una simple suposición que iba en contra de todo los hechos (Jaworowski 1994a, Jaworowski et al. 1992b). La información del proxy de hielo “corregido” fue entonces finamen-te alineada con las mediciones directas de la at-mósfera en Manua Loa (Figuras 4a y 4b)


Figura 4a y 4b: LA MADRE DE TODAS LAS CURVAS HOCKEY

Concentraciones de CO2 en burbujas de aire del hielo preindustrial de Siple, Antártida (cuadrados blan-cos) y en la atmósfera de 1958-1986 del Monte Mauna Loa, Hawai (línea sólida). En (a), la información original de Siple está dada sin asumir un aire 83 años más joven que el hielo que lo aprisiona. En (b), la misma información se muestra después de una corrección arbitraria de la edad del aire.
Fuente: Adaptado de Friedli et al. 1986 y Neftel et al 1985.

De tal manera, las curvas 'palo de hockey' de CO2 falsificadas fueron presentadas en los informes del IPCC, incluyendo la Figura 3 en el Resumen para Políticos en 2007. Estos palos de hockey fueron inge-nuamente aceptados por casi todo el mundo, junto con otra información de gases de invernadero determinada en los cilindros de hielo, que estaban plagados de manipulación impropia de los datos, una arbitraria eliminación y rechazo de las medidas altas en los hielos antiguos, y un rechazo arbitrario de las mediciones de niveles bajos de CO2 en el hielo joven, simplemente porque no se ajustaban con la idea preconcebida de un calentamiento global causado por el hombre. Este es un hábito que se ha vuelto demasiado común en los estudios sobre gases de invernadero y otros estudios ambientales (Jaworowski 1994a, Jaworowski 1994b, y Jaworowski et al. 1992b).

Mediciones Directas del CO2 en la atmósfera

Nos encontramos así en la situación de que la entera teoría del calentamiento global provocado por el hombre –con sus repercusiones en la ciencia, y sus importantes consecuencias para la política y la economía global- está basada en estudios de las muestras de hielo que proporcionan una imagen falsa de los niveles del CO2 atmosférico.BRMientras tanto, se rechazaban de manera arbitraria a más de 90.000 mediciones del CO2 en la atmós-fera, realizadas en Estados Unidos, Asia y Europa entre 1812 y 1961, con excelentes métodos químicos (precisión superior al 3%).

Estas mediciones habían sido publicadas en 175 estudios técnicos. Durante las tres últimas décadas, estas bien conocidas mediciones directas del CO2, recientemente compiladas y analizadas por Ernst-Georg Beck(Beck 2006a, Beck 2006b, Beck 2007), fueron totalmente ignoradas por los climatólogos –y no porque estuviesen erradas. Por cierto, estas mediciones fueron hechas por científicos de mucho renombre, incluyendo a dos ganadores del Premio Nobel, usando técnicas que son procedimientos estándar de libros de texto de química. Bioquímica, botánica, higiene, medicina, nutri-ción, y ecología. La única razón para el rechazo fue que estas mediciones no se ajustaban a la orto-doxia de la hipótesis del cambio climático causado por el hombre. Yo considero que este es el escándalo científico más grande de nuestro tiempo.


Figura 5: PRIMERA RECONSTRUCCIÓN DE TENDENCIAS EN NIVELES
DE CO2 ATMOSFÉRICO BASADAS EN MEDICIONES REALES

Esta primera reconstrucción de tendencias de CO2 en el Hemisferio Norte está basada en más de 90.000 mediciones químicas directas de la atmósfera de 43 estaciones entre 1912 y 2004. La línea inferior son los valores obtenidos por los artificios de los hielos de la Antártida. Los rombos en la línea inferior (después de 1958) son las mediciones por infrarrojo del CO2 en el aire en Mauna Loa, Hawai.
Fuente: Adaptado de Beck 2007

De entre todo este tesoro de excelente información (en un rango de hasta 550 ppmv de niveles medi-dos de CO2), los fundadores de la hipótesis de calentamiento global antrópico (Callendar 1949, Callen-dar 1958, y From y Keeling 1986) seleccionar solamente una minúscula fracción de los datos y los manipularon para elegir las concentraciones bajas y rechazar los valores altos –todo parra instalar un promedio preindustrial falsamente bajo de los niveles de CO2 de 280 ppmv como la base para todas las futuras especulaciones climáticas.

Esta manipulación ha sido discutida muchas veces desde los años 50 (Fonselius et al. 1956, Jaworowski et al. 1992b, y Slocum 1955), y más recientemente con mayor profundidad y detalle por Beck 2007.

Los resultados del monumental estudio de Ernst-Georg Beck de un inmenso conjunto de de mediciones directas del CO2 atmosférico del siglo 19 y el 20, suavizados como promedios de cinco años, se pre-sentan en la figura 5.


[NOTA de FAEC: el estudio de Ernst Beck 2007 fue traducido al español por Eduardo Ferreyra, con gráficos también traducidos, y está disponible en este mismo sitio en: 180 Años de Análisis del CO2 Atmosférico por Medio de Métodos Químicos: Prof. Dr. Ernst-Georg Beck - "Se resumen más de 90.000 precisos análisis químicos del CO2 en la atmósfera desde 1812. La información química histórica revela que los cambios en el CO2 son conse-cuencia de los cambios en la temperatura. Desde 1812, la concentración del CO2 atmosférico en el Hemisferio Norte ha fluctuado exhibiendo tres altos niveles de máxima alrededor de 1825, 1857 y 1942, este último con valores su-periores a las 400 ppm."- Este estudio del Dr. Beck, publicado recientemente en el journal Energy & Environment, demuestra que los valores del CO2 atmosférico durante el Siglo 19 fueron superiores a las 450 partes por millón, derrumbando al argumento de que los niveles atmosféricos en la era preindustrial eran de 270 ppm. (30-abril-2007)

Las mediciones muestran que el mensaje político más importante del IPCC en 2007 está errado: No es verdad que el nivel del CO2 atmosférico durante la era preindustrial fue un 25% más bajo de lo que e ahora, y no es verdad que las emisiones de CO2 antrópico hayan causado lo que actualmente es nuestro benéfico clima cálido de hoy.

Las mediciones directas de la atmósfera indican que entre 1812 y 1961, las concentraciones de CO2 fluctuaron en unas 150 ppmv, hasta valores muchos más elevados que los de hoy. Con la excepción del año 1885, los valores de estas mediciones directas fueron siempre más altas que los valores de las muestras de hielo, que carecen de toda variación. Durante los 149 años desde 1812 hasta 1961, hubo tres períodos cuando la concentración de CO2 fue mucho más alta de lo que fue en 2004, 379 ppmv (IPCC 2007).

Alrededor del año 1829 era de 440 ppmv; hacia 1850 eran de 390 ppmv; y hacia 1949 eran de 440 ppmv. La información compilada por Beck (Beck 2007) sugiere también que los cambios del CO2 atmos-férico son consecuencia, en lugar de causa, de los cambios de temperatura. La temperatura en todos los casos precedió a los cambios en los niveles de CO2. Estos descubrimientos invalidad de manera total y absoluta la hipótesis del calentamiento global inducido por el hombre.

Notas

  1. Comunicación privada del Prof. Maciel Sadowski, Diciembre 7, 2006.
  2. La superficie de las hojas tienen estomas, o pequeños poros, que permiten ingresar al dióxido de carbono y escapar al oxígeno durante el proceso de la fotosíntesis.



Zbigniew Jaworowski es un científico multidisciplinario, ahora asesor senior en el Laboratorio Central de Protección Radiológica en Varsovia, Polonia. En el invierno 1957-1958 midió la concentración de CO2 en el aire de la atmósfera de Spitsbergen. Desde 1972 a 1991 investigó la historia de la polución de la atmósfera global, midiendo polvo preservado en 17 glaciares: en las montañas Tatra de Polonia, en el Ártico, la Antártida, Alaska, Noruega, los Alpes, los Himalayas, las montañas Ruwensori de Uganda, y los Andes Peruanos.

Ha publicado numerosos 'papers' sobre el clima, la mayor parte concernientes a las mediciones de CO2 en las muestras de hielo. Dos de sus 'papers' sobre el clima aparecen en el sitio web de la revista 21st Century Science &Technology. Esta es una versión expandida de su artículo publicado primero en EIR, en marzo 16, 2007.

Referencias científicas en la 2a parte del estudio.



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