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EL EFECTO DE BOLSA
DE AGUA CALIENTE

Por Stephen Wilde, meteorólogo
[del sitio web: CO2Sceptic.com] June 25th 2008, 7:29 PM BST

NOTA DE FAEC: Stephen Wilde ha sido miembro de la Royal Meteorological Society de Gran Bretaña desde 1968. Los primeros seis artículos del Sr. Wilde fueron recibidos con mucho interés por la comunidad de escépticos del CO2.

En este, el séptimo y exclusivo artículo para CO2Sceptics.com, él junta todas las partes más importantes de sus artículos anteriores para alcanzar a ser un creíble rival del artículo, “El Efecto Invernadero” publicado en otro sitio web y que hace propaganda para el calentamiento catastrófico. El presente trabajo titulado “El Efecto de la Bolsa de Agua Caliente” considera que “El Efecto Invernadero” está errado y que su propia teoría ayudará a la gente a comprender como funciona el clima de la Tierra en sociedad con el Sol.



PREFACIO

Este artículo pretende considerar los efectos combinados de los gases de invernadero y las oscilaciones oceánicas. Hasta donde yo se, nadie a intentado antes describir ambos fenómenos como parte de una único sistema de control de la temperatura global. Fue impulsado por una respuesta que le di una vez a un meteorólogo sobre mi artículo titulado "El Golpe Mortal al Calentamiento Global Antrópico”. Ese meteorólogo tenía dificultad para comprender cómo un período de irradiación solar estable podría, sin embargo, elevar la temperatura de la Tierra. Mi respuesta fue como sigue:

"Una estufa eléctrica con un nivel constante de emisión irá elevando la temperatura de una habita-ción por acumulación del calor mientras que el calor que fluye de la estufa exceda el flujo de calor de la habitación al exterior. Por consiguiente, un efecto neto de calentamiento por el sol, aún cuando sea en la forma de un flujo estable de energía durante unas pocas décadas, calentará por acumulación a la Tierra hasta que la radiación de la superifice se eleve hasta igualar el exceso de calor que se recibe. Como resultado del retardo causado por los océanos en el tiempo de pérdida del calor, esto puede tomar algún tiempo. Ese es el mecanismo.”

Ese intercambio condujo a este artículo a través de mi intento de encontrar una analogía más precisa que la del efecto invernadero para explicar el calentamiento de la atmósfera. Pronto me di cuenta de que los océanos son mucho más importantes que la atmósfera. Mi conclusión fue que debemos nuestra existencia no a un invernadero atmosférico o “manta” protectora, sino a un efecto de "bolsa de agua caliente". Es lo que espero que se haga ampliamente conocido como el Efecto de la Bolsa de Agua Caliente, (EBAC) en lugar del “Efecto Invernadero”.

El reciente período de calentamiento global nunca fue el resultado de ningún efecto invernadero. Fue enteramente el resultado del EBAC donde el calor ya almacenado en el océano y liberado por una fase positiva de la Oscilación Decadal del Pacífico, suplementó a un nivel históricamente alto de irradiación solar. Con la Oscilación Decadal del Pacífico actualmente en declinación hacia una fase fría, y la irra-diación solar disminuyendo ahora a niveles muy bajos, estamos viviendo ahora tiempos muy diferentes.

De manera ideal, este artículo debería de ser leído junto con algunos de mis artículos previos, conside-rando a este como la parte 4 de una nueva teoría sobre cómo realmente funciona al clima global. En tanto puedo ver, la teoría encaja con los hechos conocidos y las continuas observaciones en curso del mundo real, opuesto a las especulaciones de los modelos climáticos.

Para aquellos no familiarizados con mis trabajos, el orden en que se deberían leer, es:

  1. Calentamiento Global y Enfriando la Realidad

  2. El verdadero eslabón entre la Energía Solar, los Ciclos Océanicos, y la Temperatura Global

  3. El Golpe Mortal al Calentamiento Global Antrópico

  4. El efecto de la Bolsa de Agua Caliente

INTRODUCCIÓN

Anteriormente se consideraba que la escala de tiempo de los cambios oceánicos era demasiado larga para ser relevante a los cambios climáticos decadales. Este artículo hace uso de recientes hallazgos acerca las relativamente cortas oscilaciones decadales o multidecadales (20 a 30 años) que, propone este autor, son lo suficientemente cortas como para traer a las escalas de tiempo involucradas en los cambios oceánicos en línea con los ciclos solares de alrededor de 11 años. Me parece a mí que exten-der a los ciclos oceánicos globales hasta 30 años de longitud a lo largo de tres ciclos solares, da por resultado un ajuste lo bastante estrecho para coincidir con las observaciones de la temperatura durante varios cientos de años en el pasado, y especialmente desde 1961.

Algunas veces los ciclos solares operan en conjunción con las oscilaciones oceánicas, pero en otras ocasiones operan en contra de ellas. Para una ilustración de la importancia para el tiempo y para los cambios climáticos de la principal oscilación oceánica en el Pacífico, véase este link. Existen oscila-ciones similares en cada océano.

Como ejemplo de la sobresimplificada descripción del efecto invernadero y el alarmismo que nace de él, vea esta animación de ayuda educacional:

Efecto Invernadero – diagrama animado. La importancia de ese link es mostrar que el efecto inver-nadero está siempre considerado aislado, sin consideración a ningún nexo con el mundo real, o similitud con el potencial bastamente más grande del calor almacenado en los océanos.

1. Gases Invernadero y los Gases invernadero planetarios.

Creo que todos hemos escuchado hablar sobre este asunto hasta el hartazgo, pero tengo que tratarlo primero antes de seguir explicando lo engañoso que es el concepto desde que fue usado por primera vez en conexión con los climas planetarios.

Está muy claro que las temperaturas planetarias están en un buen equilibrio entre la energía solar que ingresa y la misma energía irradiada hacia el espacio. Los planetas con atmósfera estabilizan su temperatura superficial a un nivel que depende de la densidad de la atmósfera, dejando a la principal variación de la temperatura planetaria dependiendo de variaciones en la energía que proviene de una estrella local. He visto una sugerencia de que es la densidad de una atmósfera lo que importa, y no su composición, de modo que el CO2 puede ser irrelevante a menos que afecte la densidad total, pero siendo una proporción tan insignificante en nuestra atmósfera no podría hacerlo. La propuesta de la densidad ciertamente se ajusta a las diferentes temperaturas observadas en Venus, la Tierra y Marte.

La cuestión que actualmente nos preocupa es si el CO2 adicional que está ingresando anualmente a la atmósfera es suficiente para desestabilizar al sistema e introducir un peligroso nivel de calentamiento extra. En previos artículos hice comentarios sobre asuntos de escala y causas en relación con los niveles de CO2 de la Tierra, pero en este artículo consideraré asuntos totalmente diferentes y de alguna manera nuevos en el debate.

La atmósfera de un planeta es totalmente diferente a un invernadero. Este último acumula calor en su interior impidiendo físicamente que el aire caliente escape al exterior, confinándolo en un espacio cerrado. La atmósfera no es nada como eso, porque no hay nada que impida que el aire caliente se eleve vía convección desde el suelo hasta una altura considerable, como la tropopausa.

El rol de la convección y la subsiguiente condensación del vapor de agua formando nubes y luego lluvia, es actualmente incapaz de ser cuantificado como un medio de hacer más lento o cancelar cualquier efecto invernadero atmosférico, pero la convección ciertamente realiza esas cosas.

En general, mientras más se calienta la atmósfera en sus niveles más bajos, más vigorosa y amplia se hace la convección porque el diferencial de temperatura entre la superficie y el espacio aumenta, vigorizando así al proceso de convección global. Es por esto que frecuentemente se dice que una Tierra más caliente puede tener tormentas más violentas. Sin embargo, ese es un escenario de dos filos. Si la convección aumenta en un intento de recuperar el equilibrio previo, entonces estabilizará al aumento de la temperatura y lo reducirá a lo que era antes. La convección es, en consecuencia, un proceso de realimentación negativa que puede muy bien impedir un calentamiento peligroso causado por proporcionalmente minúsculas cantidades de CO2 de origen humano.

Una convección extra ocurrirá de inmediato en respuesta a un calentamiento extra (usted puede ver en su tiempo local lo rápido que comienza cada día como resultado de la cambiante potencia solar con el progreso de cada día), y si la velocidad de respuesta es lo bastante rápida y global, bien puede impedir cualquier significante calentamiento proveniente de cualquier influencia de calor que no sea la principal del sol y los océanos.

La convección extra no resultaría necesariamente en tormentas más destructivas porque se desparra-maría a lo largo del globo y el aumento de temperatura entre la superficie y el espacio no necesitaría hacerse más grande antes de que el efecto comience a producirse. Hasta podría pasar desapercibido y no podríamos medirlo.

2. Mantas

Yo prefiero a la idea de la atmósfera como una manta más que un invernadero, pero se aplican los mis-mos principios. Una manta no permite la convección, mientras que una atmósfera planetaria sí lo hace, de modo que, cualquiera sea la analogía usada, se vuelve inadecuada por los procesos involucrados en la convección.

Las Bolsas de Agua Caliente

Aquí es donde tengo para hacer algunas sugerencias nuevas.

La Tierra es conocida como “el Planeta Acuático”, con un 71% de su superficie cubierto por agua y grandes áreas hasta una profundidad sustancial. El agua también está –junto con la atmósfera- involucrada en mantener la temperatura de la Tierra a un nivel más elevado de lo que sería si no existiese.

Es importante notar que, tanto la atmósfera Y los océanos retardan la irradiación al espacio de la ener-gía recibida desde el sol. Ninguno de los dos AÑADEN calor nuevo, ambos reciben y almacenan calor del sol antes de que se escape otra vez al espacio. En ambos casos, el agua –ya sea en su forma líquida en los océanos o como vapor de agua en el aire- es por lejos el principal componente en el retraso del pasaje de calor de vuelta al espacio. En la atmósfera, el vapor de agua ridiculiza al CO2 y a cualquier otro gas o componente como gas invernadero. Los océanos son, nuevamente, agua pero en una forma mucho más densa. El calor de los océanos tiene que ser procesado a través de la atmósfera antes de poder abandonar al planeta.

Ahora, consideremos las respectivas capacidades de almacenamiento de calor del vapor de agua en la atmósfera y toda el agua de los océanos.

La verdad irrefutable es que esos océanos, en virtud de la densidad y volumen del agua tienen una capacidad de almacenamiento de calor muchas magnitudes mayor que la cantidad de calor que puede almacenarse en la atmósfera a través del efecto invernadero. Mi teoría es que el CO2 emitido por el hombre y otros gases de invernadero son, no sólo una minúscula proporción del CO2 producido por la Tierra de manera natural, sino que el CO2 y demás gases invernadero tienen sólo una insignificante proporción de la capacidad de almacenar calor que tiene el vapor de agua del aire, y ADICIONALMEN-TE, la atmósfera almacena sólo una proporción del calor almacenado por los océanos mucho más insignificante. El calor almacenado por los gases invernadero es mucho menor en cantidad y mucho menos duradero que el calor almacenado en los océanos.

El CO2 producido por el hombre es una ínfima parte de otra ínfima parte del total de gases de invernadero.

Entonces, ¿por qué sólo escuchamos hablar de la capacidad de la atmósfera para retener calor cuando la verdadera causa de que la Tierra tenga su temperatura atmosférica no es a causa de la atmósfera sino de los océanos?

La verdad muy bien puede ser que el efecto invernadero de los gases sea mínimo y sea rápidamente reducido por la convección, condensación en nubes y lluvias, y que el verdadero termostato sean los océanos.

Dejando de lado la existencia de una capacidad de retener calor de la atmósfera, sin embargo, siempre hay un flujo hacia afuera desde la superficie hacia el espacio, y eso siempre ocurrirá. El calentamiento de invernadero de la atmósfera puede ser solamente en base a una ralentización del flujo neto de calor hacia el espacio. El calor siempre se escapa al espacio después de un retraso causado por el rebote en uno y otro sentido entre la superficie y las moléculas de la atmósfera.

Es bizarro sugerir que una significativa ralentización de la pérdida de calor, frente a los forzamientos compensativos negativos de una incrementada convección, y el aumento del flujo radiativo hacia el espacio causado por un mayor diferencial entre la superficie y el espacio, podría ser inducido por la ínfima contribución de CO2 antrópico a la atmósfera.

Después de todo, el CO2 es en sí mismo una ínfima porción del total de gases invernadero de manera que no puede tener ningún efecto significativo a largo plazo, cuando el vapor de agua –principal agente de retención de calor de la atmósfera- es a su turno también una ínfima proporción de la capacidad global de retención de calor cuando se añaden los descomunales efectos oceánicos en ese sentido.

Por una parte, los dos forzamientos negativos cancelan gran parte o casi todo el calentamiento adicio-nal del CO2 atmosférico, y por la otra, el efecto calentador atmosférico es minúsculo en relación al efecto calentador de los océanos. El significado del calentamiento por invernadero de la atmósfera parece haber sido groseramente exagerado al ignorar los efectos negativos de los factores convectivos y radiativos, dejando a los océanos fuera de la ecuación.

Yo se que muchos científicos inteligentes han producido cifras calculando el presupuesto de calor del efecto invernadero atmosférico, pero el valor a ser fijado para los procesos convectivos como forza-miento negativo, por lo que yo se, no ha sido adecuadamente cuantificado. De cualquier modo, ¿qué significado pueden tener los cálculos limitados al efecto atmosférico en el mundo real cuando el efecto de los océanos es muchísimo más grande?

4. CONCLUSIÓN

El sol es el principal actor en el control de la temperatura, y calienta a los océanos en donde inmensas cantidades de calor son almacenadas y liberadas a la atmósfera durante largos períodos multidecadales usualmente operando vía las oscilaciones en cada uno de los océanos. Esas oscilaciones muchas veces operan en conjunto y algunas otras lo hacen cancelándose unas a otras hasta que los retrasos en el tiempo han terminado de operar. Adicionalmente, en diferentes tiempos ellas pueden operar con o en contra del principal factor climático que es el sol. Cada oscilación oceánica tiene un modo cálido y otro frío, y regularmente se alternan entre ellos.

La pérdida de calor de la atmósfera es rápida en relación a la pérdida de calor de los océanos, a pesar de cualquier efecto invernadero de la atmósfera, ya sea natural o antrópico. Es mayor sobre tierra donde el calor recibido en el día es perdido durante la noche por radiación hacia el espacio, aunque hay variaciones estacionales en distintas partes del mundo.

Como resultado, el mantenimiento de la temperatura atmosférica global depende del calor liberado de los océanos, igualando cualquier déficit de calor perdido diariamente por toda la atmósfera hacia el espacio. Siempre hay una pérdida neta de calor diario de la atmósfera al espacio, sin consideración a cualquier efecto invernadero de la atmósfera.

Mientras mayor es el área de tierra firme, más duro tienen que trabajar los océanos para mantener una temperatura específica. Para establecer la verdad de esto, uno tiene sólo que imaginar los extremos de temperatura de los puntos libres de agua. Tales puntos, en ausencia de los efectos moderadores de los océanos se cocinan durante el día y se congelan durante la noche, siendo el único efecto moderador la densidad de la atmósfera. Por ello es que Venus tiene una superficie caliente (atmósfera densa, 90 veces más que la terrestre), y Marte una atmósfera muy tenue, aunque sea un 90% de CO2.

De modo que, si por alguna razón cambia la tasa de flujo de calor desde los océanos, entonces ello afectará rápidamente a las temperaturas atmosféricas.

Eso nos trae nuevamente de regreso a mi teoría acerca de la interacción entre la energía solar que ingresa desde el sol y las varias oscilaciones multidecadales oceánicas.

Un cambio en el calor que llega desde el sol puede tener un efecto inmediato a menos que esté en fase con el estado promedio general de varias oscilaciones oceánicas.

Recuérdese que hay un retraso variable entre el efecto solar inicial de calentamiento o enfriamiento en el Océano Pacífico, y que ese efecto opera luego a través de todas las otras oscilaciones oceánicas, de modo que es difícil de establecer el balance general de las oscilaciones oceánicas en un momento dado. De hecho, es más probable que los cambios observados en la tendencia de la temperatura media global será la primera y más simple indicación de cuando ha ocurrido un cambio del modo solar/oceánico cálido al modo solar/oceánico frío, y viceversa.

Por cierto, en base a mi artículo previo acerca de que el tiempo es la clave, podría ser posible obtener una alerta más temprana de los cambios en las temperaturas globales a partir de la observación de las posiciones preferidas de las corriente de Chorro y de los principales sistemas de alta presión.

Mis comentarios pueden ser evaluados con referencia a las reales observaciones del mundo real desde 1961 (mencionado más arriba) que es cuando la Tierra se embarcó en el período de actividad solar más alto en los 400 años de registros históricos. http://www.junkscience.com/Greenhouse/irradiance.gif

Dejo a otros comprobar si mis comentarios pueden verse ajustados a eventos del mundo real anteriores a 1961. Olvídese del efecto invernadero. Abrace al Efecto de la Bolsa de Agua Caliente.

¿Cuál es la adecuada actitud científica frente a nuevas ideas? Esto es lo que el filósofo de la ciencia Karl Popper decía:

Karl Popper:
"Si usted está interesado en el problema que yo he tratado de resolver por medio de mi afirmación tentativa, usted puede ayudarme criticándola tan duramente como pueda; y si usted puede desarrollar algún ensayo experimental que cree que puede refutar mi aseveración, con todo gusto yo, y con lo mejor de mis fuerzas, le ayudaré a refutar.”



Stephen Wilde, Ingresó a la Royal Meteorological Society en 1968.

Copyright © 2008 Stephen Wilde

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