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Catástrofes Anunciadas y Gansadas a Rolete

por Eduardo Ferreyra

Además, un hermoso virus informático por leer
noticias interiores OnLIne en INFOBAE.COM


En INFOBAE.COM la versión online del elegante y pretencioso pasquín porteño, además de la nota que comentaremos enseguida, trae un hermoso "virus" del tipo spyware lla-mado Avenue A, Inc, que fue hábilmente interceptado por nuestro programa Spybot. Este programita spyware se ocupa de entrar a sus discos duros y sacar información de sus listas de correo que será usada para futuros spam. Recomendación: no entren a las notas interiores de INFOBAE.COM porque les saquearán su libreta de direcciones –y algo más.

Dicen en la página de Internet del saqueador de direcciones cosas que iremos comen-tando cuando valga la pena hacerlo:

http://infobae.com/notas/nota.php?Idx=244778&IdxSeccion=100799

INFOBAE.COM
Fecha de la nota: 21/03/2006

Icebergs cerca de Buenos Aires
anticiparían futuras inundaciones

 

La Prefectura Naval Argentina se quedó estupefacta ante los dos témpanos de 250 metros de largo que llegaron a estas costas hace unas semanas. Un grupo de expertos, empresarios y productores agropecuarios dieron detalles de cómo el calentamiento global afectará a la Argentina

Hace unas semanas atrás, la Prefectura Naval Argentina observaba con sorpresa icebergs flotando a lo largo del Mar Argentino. "Es la primera vez que témpanos de este tamaño llegan a Buenos Aires'', dijo Miguel Angel Reyes, jefe de tráfico marítimo de la fuerza. "La Prefectura escoltó a los témpanos hasta que estuvieron fuera de la zona de peligro'', agregó en declaraciones que reproduce la agencia de noticias Bloomberg.

Esta gansada ya la hemos comentado aquí hace algunas semanas, en nuestro artículo Los Témpanos Turistas de 2005, 1955, 1928…", donde se explicó y se demostró con lujo de detalles la acostumbrada falta de conocimientos climáticos de los expertos de la Prefectura Naval Argentina, y de otros pseudos pronosticadores del tiempo. Vea-mos que clase de refrito hace INFOBAE de esa vieja información:

La PNA debió obligar a los barcos a cambiar su rumbo luego de que dos témpanos de 250 metros de largo y 30 de alto se separaron de la Antártida en enero y se desviaron unos 4.400 kilómetros hacia el norte. Apenas un mes después, otros dos témpanos recorrieron la costa argentina.

Sólo a los barquitos con enamorados distraídos, ya que los demás o tienen tremendos radares o vigías que no pueden dejar de notar dos moles de 250 metros y 30 metros de altura, de un deslumbrante y encegue-cedor color blanco flotando en un mar azul oscuro. Sin embargo, dicen que la PNA "obligó" a los barcos –¿será posible que los capitanes estuviesen empecinados en emular al capitán del Titanic? Porfiados, no?

De acuerdo a científicos, el cambio en las rutas de los témpanos pone en evidencia cómo el calentamiento global está modificando los patrones meteorológicos. En la Argentina, de manera particular, esto provoca cambios radicales en el campo.

Claro que los científicos a los que alude INFOBAE no suministran las pruebas de los disparates que dicen. ¿Cuál será el mecanismo por el cual el calentamiento global hace "cambiar de rumbo" a los témpanos? Hasta leer esta pequeña gansada periodística, todos creíamos que la ruta de los témpanos, cuando se desgajan de las barreras de hielo de la Antártica, era tomar rumbo norte. Claro, algo tienen que ver en este fenóme-no del viaje hacia el norte de los témpanos, las varias corrientes marinas que se desprenden de la Corriente Circumpolar Antártica, la corriente de Humboldt, por el lado Chileno, la corriente de Benguela que sube hacia Sudáfrica, y la pequeña corriente que pasa entre las Islas Malvinas y la costa de la Patagonia, subiendo hacia el norte.

No debe extrañarle a nadie (como le pasa a los expertos de la Prefectura Naval Argentina y a varios climatólogos argentinos) que todos los años los témpanos hagan turismo hacia el norte –y a veces lleguen hasta Río de Janeiro.

"El aumento de las temperaturas está causando esto'', dijo Juan Carlos Leiva, geofísico y director de la Unidad de Nivología y Glaceología del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Mendoza. "La situación empeoró'', dijo a Bloomberg.

Dígannos Sr. Leiva, ¿cuál sería la razón por la cual el aumento de la temperatura estaría causando esto? Dado que el calor derrite al hielo, lo lógico sería que si aumentó la temperatura en el mundo (global, recuer-da? Quiere decir en TODO el mundo) los témpanos se derretirían en vez de durar mucho tiempo en su viaje hacia el ecuador. ¿Y cuál sería la situación que ha empeorado? El desprendimiento de los témpanos de la Antártica es producido por el avance de los glaciares hacia el mar, y no por un derretimiento de los glacia-res. Los glaciares que se derriten emiten agua líquida, y no sólidos y gigantescos témpanos de hielo.

De momento, las temperaturas en alza provocan inundaciones en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires y, al mismo tiempo, el calor seca los ríos del Norte a un ritmo más veloz, afectando la producción de energía y reduciendo el abastecimiento de agua para cultivos y consumo, aseguró Vicente Barros, profesor de climatología en la Universidad de Buenos Aires.

Vicente Barros es un viejo conocido nuestro, de quien hemos hablado ya en anteriores notas, y quien es una de las víctimas preferidas de nuestro entusiasta colaborador y demoledor de mitos climáticos, Carlos Parise, el "o terror dos meteorólogos aryentinos". Nos estremecemos pensando en la calidad de la ense-ñanza que estarán recibiendo los alumnos del Sr. Barros, y en la calidad de los análisis climáticos que se les propina.

¿Por qué no proporcionan de una buena vez los mecanismos físicos, basados en las leyes de la termodiná-mica, por los cuáles en una región la sequía azotará y en otra cercana lloverá hasta que a la gente les salga hongos en las orejas? Esta incertidumbre en la que los climatólogos nos tienen es angustiante. La incógnita se hace demasiado insoportable.

Consecuencias

Las lluvias de años pasados dejaron sus consecuencias a la vista. Muchos sectores de rutas argentinas quedaron bajo el agua. Uno de los casos más renombrados es el que se padece en algunos sectores de la ruta 7, que va desde la frontera con Chile hasta el Océano Atántico.

Bueno, el calentamiento da para todo y se lleva las culpas de lo que a usted se le pueda ocurrir. El calenta-miento global, para estos medios de difusión de escasa moral informativa y ninguna ética periodística viene a ser una especie de media de talle único: sirve para todos los tamaños de pies. Cualquier cosa que suceda tiene que ser culpa del Calentamiento global: si llueve, si no llueve, si hace calor, si hace frío, si hay mucho viento o calma chicha, si nieva, si no nieva, si el nivel del mar sube o baja, si los glaciares avanzan o retro-ceden, si sube la Bolsa y baja el dólar, el calentamiento se lleva la culpa. Maldito calentamiento, nos tiene podridos.

Por eso nos debe extrañar que se culpe al calentamiento de la seca en los ríos del norte, como dice el Sr. Barros: "
al mismo tiempo, el calor seca los ríos del Norte a un ritmo más veloz." Para desgracia del Sr. Vicente Barros, apenas ayer, 20 de marzo de 2006, vimos en la TV nacional cómo el recién colocado puente Bailey (sobre la ruta que lleva a Embarcación y Tartagal, en Salta), era arrastrado por una correntada causada por las lluvias torrenciales en la misma región que se afirma que está siendo castigada por la sequía. Además, el puente anterior fue arrastrado hace ya muchos meses atrás por inundaciones y enormes crecientes de esos ríos "secos" por el calentamiento maldito. ¿Entonces, qué cuento nos están queriendo vender? Aviso: yo no compro.

"Las inundaciones nos obligaron a rediseñar rutas'', aseguró Carlos Avellaneda, gerente de la Empresa de Transporte Don Pedro, que tiene más de 500 camiones de carga. "Pensamos que sería por corto tiempo, pero ya han pasado casi seis años'', agregó a Bloomberg.

Y Bloomberg pasa la información como si fuese Palabra Santa. Algunas rutas de la Pampa Húmeda se vieron inundadas por ciertos períodos hace varios años, sí, pero las sequías que "azotan" a la Pampa Húmeda según mencionan más arriba, ya habrían secado esas rutas y permitido el paso de los camiones. Quizás la falta de mantenimiento de los tradicionales caminos de tierra del campo argentino hayan impedido –y lo sigan haciendo aún– el paso de tráfico pesado durante las estaciones lluviosas de octubre a abril. El costo de destrozar uno o más neumáticos en un camino de pésimo ripio o un palier en caminos de huellas de larga data, son razones mucho más obvias para "reformar" las rutas que las inexistentes rutas anegadas.

Sin embargo, las inundaciones del sur cordobés y de Santa Fe y el noroeste de Buenos Aires se debieron más a una consuetudinaria ausencia de conocimientos y voluntad política de los gobernantes para dar una solución técnica al eterno problema de las inundaciones de esas regiones –que no son nada nuevo, pero que se agrava por la construcción de nuevas rutas y sus terraplenes que actúan a manera de diques de contención e impiden el drenaje de las aguas hacia la Bahía de Sanborombón, lugar lógico hacia donde deberían escurrir las aguas acumuladas de las lluvias.

Es conocido el problema del sur cordobés y la manera en que no se hicieron obras de drenaje en la región del Río Quinto, que hubiesen impedido que durante años los campos de Huinca Renancó y Realicó se viesen anegados. Largos años de conflictos interprovinciales por el desmanejo y el desvío de las aguas de la región son conocidos por la gente que se tomaba el trabajo de mantenerse informado. El periodismo de "denuncia" parece haber estado ausente en esos temas.

El problema no es del calentamiento global sino de la falta de previsión y decisión política de los gobernantes. Parece que el dinero de las arcas públicas siempre rinde más frutos cuando se invierte en "planes jefes y jefas de familia", que cuando se invierten en el desarrollo de las economías regionales. Se ha creado así un mercado de desempleados –unos porque sus tierras están anegadas, y otros porque les queda más cómodo quedarse en sus casas cobrando la limosna de los políticos y hacer "changas" en negro.

"Una mayor precipitación pluvial, tormentas más fuertes y el aumento de los niveles de los ríos y mares afectan al suelo y las cosechas en las que se basan estas economías exporta-doras de materias primas'', dijo a Bloomberg Juan Carlos Villalonga, director en la Argentina de Greenpeace.

Como siempre, la opinión autorizada del experto climatólogo de Greenpeace nos deja pasmados. Bloom-berg, por supuesto, copia y repite sin detenerse a analizar ningún tipo de gansadas. ¿Cuál será el aumento del nivel del mar que afectan al suelo y a las economías exportadoras de Argentina? Los niveles de los ríos se mantienen constantes en promedio, crecen durante las épocas de lluvia y disminuyen el caudal durante el invierno.

A la pesca

Un recuerdo cercano de las inundaciones de años atrás fue la conversión de productores agropecuarios en pesqueros.

La causa principal de ello fue el aumento de las temperaturas, hecho que trajo más tormen-tas. De acuerdo a los datos de Bloomberg, entre 1980 y 2000 las lluvias se septuplicaron frente al lapso de 1950 a 1970, dijo Barros.

¿Cuál aumento de las temperaturas, Sr. Barros? De acuerdo a los más serios estudios científicos del CONI-CET, el centro del país, al norte del paralelo 42ºS no ha registrado un aumento de la temperatura –y por lo menos desde 1987 hasta nuestros días, el centro del país se estuvo enfriando. Recordamos que en este mismo sitio hemos publicado un estudio titulado: "Córdoba se Enfría", con los datos de los registros obtenidos del NOAA/GISS, que provienen del Servicio Meteorológico Nacional.

A esta altura del partido resulta conveniente hacerle conocer a la gente que hay excelentes estudios relativos a la variación de las lluvias en Argentina, pero sobre todo se destaca el trabajo del climatólogo e investigador del CONICET, José A.J. Hoffmann, y sus colaboradores, Silvia E. Núñez, y Walter M. Vargas, quienes publicaron un hermoso trabajo en Meterol. Zeitschrift N.F. 6, 3-11 (Febrero 1997), que es referenciado por casi todos los científicos que tratan el tema de las lluvias en el mundo. El trabajo se llama: "Variaciones en la Temperatura, Humedad y Precipitaciones en Argentina y las adyacentes regiones subantárticas durante el presente siglo," que en los próximos días tendremos el gusto de presentar en su versió completa en este sitio –después de ser traducido del inglés.

Sin embargo, el Abstracto y las Conclusiones pueden ser resumidos destacando la parte más importante de los mismos:

"Los resultados de estos estudios indican un significativo calentamiento en la parte sur de la Patagonia y las Islas Orcadas del Sur desde la década de los 40 o antes, siendo el aumento de cada uno de los tres parámetros de la temperatura mayores que 1º C. Sin embargo, al norte del paralelo 42ºS, no se ha observado ningún calentamiento. Aquí, los extremos de las temperaturas medias varían en direcciones opuestas: las temperaturas medias máximas disminuyen, y las mínimas promedio aumentan. Este comportamiento es consistente con el de la presió de vapor y las precipitaciones que –al norte del 42º C – han aumentado desde los años 40.

De acuerdo al estudio y al mapa que muestra, las lluvias entre 1940 y 1997 aumentaron un 40% en la región suroeste de Córdoba, San Luís, y parte de Mendoza, regiones que eran tradicionalmente secas. "Bienveni-das las lluvias," dijeron los chacareros. La parte del sureste de Córdoba, norte de La Pampa, sur de Santa FE y noroeste de Buenos Aires, vieron un aumento del 40% de las lluvias –pero no 400% (septuplicado = 7X) como afirma Barros. 40% equivale a 1,4X. ¿De dóde sacaría Barros los otros 5,6X? ¿Quizás de algún "Manual de Instrucciones para Alarmistas" del IPCC?




Por otra parte, analizando los registros de lluvias en la región analizada por Hoffmann, vemos que el período 1950-1970, tomado por Vicente Barros como referencia, no fue un período "normal" de lluvias, sino uno con grandes picos de sequías, y una tendencia a la seca más que lo lluvioso. Los gráficos nos muestran que no hubo tal aumento de lluvias a partir de 1980 y hasta 1997, tres años menos que lo expresado por Barros.



Figura 2: Gráficos de lluvias de las regiones argentinas 1903-1990

Es necesario fijarse en la escala a la izquierda de los gráficos porque allí se ve la cantidad de milímetros de lluvia caídos en cada año, y da una idea de la tendencia de aumento o disminución de las precipitaciones, no sólo a largo plazo, sino de un año para otro. En todos los casos se hallan ejemplos realmente notables. Un caso al azar: en Trelew, en1956 llovió unos 120 milimetros, pero en 1957 la lluvia casi triplicó la cifra y llegó a unos 320 milímetros. Luego, al año siguiente, 1958, las lluvias se redujeron un tercio hasta casi el nivel anterior de 150 mm, sin que las temperaturas hubiesen subido o descendido en ese lapso en una proporción similar, afectando las lluvias como parece afirmar el Sr. Barros. Fijándose en el resto de los gráficos se notará que esta particularidad del clima, sus cambios constantes y sus ciclos, no tienen relación ninguna con una tendencia al aumento o a la disminución de la temperatura, o de los niveles de CO2 en la atmósfera.

Entonces, ¿qué produce estos aumentos y descensos de las lluvias en la Argentina? Son varios los factores, pero el principal se llama El Niño/La Niña, Oscilación del Sur, o EN/OS. Algo sobre lo que los diarios y tele-visoras suelen hablar para decir que el hombre está afectándolo y haciendo que aparezca con una mayor frecuencia y con una intensidad mayor cada vez. Por supuesto, no hay ninguna -ni una sola- evidencia que ni siquiera sugiera que las actividades del hombre tengan algún microscópico efecto sobre el Niño. Los Niños monumentales que causaron la desaparición de algunas civilizaciones como la de Ur en Sumeria, la Mochica, en Perú, o los Mayas en América Central, no fueron influidos por ningún motor de combustión interna ni por el uso desmedido de los combustibles fósiles. Un simple y devastador trabajo de Madre Natura.

Pero, periodistas de diarios, revistas, programas de radio y de la TV, ministros del ambiente y de salud pública, y hasta "profesores" de climatología no paran de hablar gansadas. Cuac, cuac!


Cuando esas lluvias ocasionaron el desborde de la laguna La Picasa en 1999, los cultivos de soja de Carlos Bertolino se arruinaron, costándole cerca de u$s150.000. Unas 130 hectáreas de su campo de 220 hectáreas quedaron cubiertas por el agua. La gente venía a pescar donde él solía cosechar sus plantaciones de soja.

Y le sucedió lo mismo que a Pirillo: las aguas retrocedieron pero la sal arruinó el suelo. Por ello está convencido que lagos argentinos como La Picasa volverán a desbordarse a medida que las temperaturas sigan subiendo.

¿A quién tenemos que creerle: a Prillo, a Bertolino, a Barros y a INFOBAE, o al equipo científicos de J. Hoffmann, et al? Hoffmann et al dicen que la norte del paralelo 42ºS no se ha registrado calentamiento ni aumento de la temperatura, pero sí hubo aumento en las lluvias, aumento que los científicos del CONICET no relacionan en absoluto con el calentamiento, o el enfriamiento.

Los Témpanos Turistas

Como dijimos en nuestro artículo sobre este viejo tema, nada tiene de raro ni de algo sin precedentes el viaje de témpanos buscando latitudes más al norte, y las anécdotas son variadas. De acuerdo a los datos que figuran en los archivos históricos, en enero de 1928 unos enormes témpanos pasaron frente a las costas de Mar del Plata para deleite de los turistas en la playa, suceso que fue ampliamente comentado en los diarios de todo el país. Estos inmensos témpanos siguieron su rumbo y llegaron hasta las costas de Río de Janeiro, Brasil.

También se repitió el fenómeno en 1955, cuando un gigantesco témpano de unos 400 km de largo se desprendió de la Antártida y luego de dividirse en varios pedazos, estos siguieron su camino rumbo a las costas de Mar del Plata y de Brasil. Los bloques de hielo de enero de 2006 son dos muy pequeños trozos que han sobrevivido debido a las bajas temperaturas de las aguas de la corriente al oeste de las Malvinas y las anormalmente bajas temperaturas del aire de la primavera y gran parte del verano del extremo sur de Sudamérica. No creemos que lleguen demasiado al norte.


Luego, para que los lectores vayan anotando y formando su pequeño archivos de datos climáticos:

  • El año más lluvioso en Buenos Aries fue 1900 con 2000 m, y marzo de 1900 fue el más lluvioso de la historia con 500 mm.

  • La lluvia más intensa registrada en Argentina fue el 20 de enero de 1961, cuando en Olavaria cayeron 300 mm en tres horas.

  • En enero 2006, dado como lluvioso en Buenos Aries por la prensa adicta al calentamiento, está lejos de los 350 mm registrados en enero 1953.

  • En enero 2006 se alarmó a la gente hablando de once días seguidos de lluvia, pero los días con lluvia fueron 11 en total. El promedio histórico es de 9 días, lo que significa que hay años con menos de 7 días y años con más de once días.

Ah!, me olvidaba: Resulta realmente increíble cómo amoldan los medios el tema del calentamiento global a las tesis que quieren imponer: que el hombre es el culpable de todos los desastres que ocurren en la Tierra, incluido los tsunamis y los terremotos. Hace apenas unas semanas atrás, todos los medios se llenaban la boca con. "Implacable sequía en la pampa Húmeda –el culpable es el calentamiento global."

Quince días después las fuertes tormentas y las cuantiosas lluvias en la regiónn también fueron achacadas al calentamiento global. Pobre calentamiento, siempre termina pagando los platos rotos!

Por eso, de una recorrida por épocas que se están recordando hoy con demasiada y estúpida insistencia, el mes de diciembre del año 1976 mostraba que el día 13, hubo un tremendo temporal en Rosario (el calen-tamiento), con ráfagas de 140 km/h, y nuevamente, al día siguiente, el 14 de diciembre, en Rosario se repite otra tormenta con ráfagas de 100 km/h. Ese mismo 14 de diciembre de 1976 una fuerte tormenta en Buenos Aires. En Córdoba tormenta de lluvia y granizo con ráfagas de 100 km/h (el calentamiento, re-cuerdan?); luego el 21 de diciembre otra lluvia y granizo en Córdoba, y se tuvieron que abrir las compuer-tas del dique San Roque porque el embalse estaba hasta el tope y el "embudo" no daba abasto (el calen-tamiento, seguro!).

Al día siguiente, el 21 de diciembre, inundación en Coronel Pringles, Bs.As., donde habían llovido 500 mm en dos meses –el promedio anual era de 700 mm.

El 24 de diciembre, para festejar Nochebuena, San Pedro le manda a Buenos Aires el regalito de una fuerte tormenta de lluvia y mucho granizo mediano. En Mendoza, el 27 de diciembre otra fuerte granizada. El 28, Día de los Inocentes, cayeron en Córdoba piedras de granizo del tamaño de huevos de gallina, causando un destrozo descomunal en autos, techos de chapa y tejas. Al día siguiente, 29 de diciembre, muchos cami-nos estaban intransitables por las fuertes lluvias de las semanas anteriores.

Pero los medios de prensa de baja moral periodística y grandes deseos de obtener fuertes recaudaciones monetarias tratarán de hacerle creer a la gente que los desastres naturales son algo nuevo, que nunca antes se habían visto. Como se habrán fijado, cualquiera de ustedes que se dedique a buscar en los archi-vos de los diarios noticias sobre el clima, cualquier mes de cualquier año, podrá comprobar que nuestra Madre Naturaleza no se cansa de castigarnos por nuestro terrible pecado: creer que los políticos y los medios de prensa son honestos y nos dicen la verdad cuando nos piden creer en el calentamiento global o no comer tanta carne.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



Referencias

José A.J. Hoffmann, Silvia E. Núñez, y Walter M. Vargas, 1997, "Temperature, humidity and precipitation variations in Argentina and the adjacent sub-antarctic region during the present century"Meterol. Zeitschrift N.F. 6, 3-11 (Febrero 1997), © Gebrüder Brontraeger 1997.

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