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Greenpeace: Piqueteros del Mar

por Eduardo Ferreyra
8 de noviembre, 2003

El capitán del Rainbow Warrior, buque “pirata” de Greenpeace,
enfrenta la posibilidad de ser condenado a 4 años de prisión en España



En la Argentina se ha instalado en la sociedad la cruda realidad de los “piqueteros”. A partir de la experiencia padecida en los últimos años, se ha comprobado que es un tema de difícil solución. Se pueden trazar paralelismos con la organización multinacional ecologista Greenpeace , que vale la pena analizar.

Los “piquetes” se remontan en la historia al siglo 19, en las épocas en que las demandas laborales de los obreros de las fábricas norteamericanas y Europeas pasaron del campo de las negociaciones al de la acción directa. Las huelgas destinadas a poner presión sobre los patrones – faltando al trabajo y privando a la fábrica de mano de obra – fue solucionado por sus dueños despidiendo a los huelguistas y contratando nuevos obreros. La oferta de mano de obra era abundante, y las huelgas no eran causa de muchos perjuicios hasta que los obreros cambiaron su estrategia.

En Francia aparecieron los “saboteurs” – los populares saboteadores de ahora – quienes arrojaban duros zuecos madera (sabot, en Francés) al interior de máquinas que se trababan y rompían engranajes vitales. Esto causaba demoras en la producción y daños económicos a la fábrica. Para evitar esto, las fábricas comenzaron a prestar oídos a los reclamos de sus obreros – si es que no podían descubrir al “saboteador” y enviarlo a la cárcel como escarmiento.

Los obreros norteamericanos o ingleses no usaban zuecos de madera, pero los sustituyeron por pesadas llaves inglesas de acero, dando origen a la expresión “monkey wrenching”, (llave ajustable, o llave inglesa) usada para describir a la acción destinada a entorpecer algo por medios innobles, ocultos, o de “mala leche”. Este tipo de sabotaje destructivo es usado actualmente por algunos operarios o empleados descontentos para perjudicar a sus empleadores, pero es utilizado mayoritariamente por las organizaciones ecologistas fundamentalista que practica el “eco-terrorismo” en sus acciones contra peleterías, laboratorios de experimentación con animales, granjas experimentales de transgénicos, instalaciones nucleares, domicilios y familiares de científicos.

Los Piquetes

La modalidad que más éxito ha tenido en las negociaciones laborales (y de otras clases) para forzar la imposición de reclamos – razonables o descabellados – es la formación de “piquetes” (del inglés, “picket”) de personas que impiden el ingreso o egreso de personas y vehículos de alguna fábrica para detener sus operaciones y provocar graves perjuicios a sus dueños. También se usan como manifestaciones pacíficas que protestan contra algo que molesta a los organizadores del piquete. Se forman pequeñas hileras de personas que cargan carteles expresando sus reclamos, y dan vuelta en círculos frente a las puertas del sitio donde se supone que están quienes deberían escucharles. Por lo general, son inofensivas, no causan perjuicios, y despiertan la simpatía de los transeúntes.

Los piquetes peligrosos son aquellos que usan abiertamente la violencia para imponer sus reclamos, o se sitúan en actitud amenazadora, armados con palos, piedras, y otros tipos de armas, dispuestos a pasar a la acción violenta a la mínima provocación de los “agentes del orden”. Esta actitud lleva en el fondo un fuerte componente nihilista, común en las organizaciones anarquistas primitivas que no habían entendido la básica filosofía del anarquismo: En una sociedad de gente inteligente, culta y educada no es necesario un gobierno central (muchas veces con tintes autoritarios y dictatoriales). En ese tipo utópico de sociedad todo el mundo conoce cuáles son sus deberes y obligaciones, y de acuerdo con los que cumple, puede reclamar sus derechos. No reclama más de lo que le corresponde o se merece, ni renuncia a nada que le pertence por derecho natural.

En los papeles, eso es fantástico. Pero los filósofos del anarquismo no consideraban un factor fundamental: la idiosincrasia humana. A nadie le gusta recibir órdenes, pero les encanta darlas. Y ello, hasta que no se le ponga remedio, impedirá que el anarquismo funcione en cualquier sociedad donde exista algún rebelde, porfiado y empedernido en conseguir y satisfacer sus deseos primarios, pasando por encima de los demás. Yo primero, después yo, y si queda algo, para mí.

Cuando se inicia la actividad piquetera en Argentina, se manifestó en la forma de las populares manifestaciones políticas, donde miles de personas ocupaban el ancho total de avenidas y calles de las ciudades, demostrando su alegría, su enojo, o su poder político, sin importarles para nada los derechos de los demás ciudadanos a transitar con entera libertad, porque así se lo garantizan las leyes del país. Pavadas! La ley natural del más fuerte y el más violento siempre se impone sobre la legalidad o la racionalidad de los argumentos. Y si no te gusta, te rompo la cara!.

A partir del año 2001, el tema de los piqueteros se salió de madre y escapó totalmente al control de los gobiernos débiles y demagógicos que parecen ser la norma Argentina para gobernar. Complacer a la muchedumbre es la norma, ignorar la excelencia y exaltar la mediocridad es la práctica común: los políticos creen que les atraerá los votos que les permitirán seguir gozando de prebendas, privilegios y oportunidades de continuar su negocio de las coimas y “retornos”. Los reclamos originales de los “piqueteros 2001” eran razonables, aunque sus métodos estuvieran fuera de la ley.

Como todos los movimientos populares, rápidamente fue copado y surgieron dueños de estos movimientos con nombres como Teresa Rodríguez, que obtienen jugosas ganancias en efectivo por medio de las negociaciones - a escondidas de sus dirigidos, claro. Mientras la zanahoria se mantenga en la punta del palo, bien al frente al burro, éste no volverá la cabeza para ver lo que está haciendo el dueño de la zanahoria.

Greenpeace, el Piquetero del Mar

El nacimiento de Greenpeace nació con alma piquetera. Fue creado precisamente para eso: formar un piquete de navíos en las aguas del atolón Mururoa para protestar e impedir la realización de los ensayos nucleares Franceses en el Pacífico. Aunque sus intenciones originales puedan haber sido razonables – y hasta loables – muy pronto el movimiento fue copado por David McTaggart, el estafador (y procesado en EEUU) en negocios inmobiliarios, cuando “vio la luz ecológica”, al decir de la biografía que lo eleva al rango de Mahatma Gandhi de la ecología. Lo que McTaggart vio con claridad fue la oportunidad de hacerse multimillonario usando a los reclamos ecológicos en su propio favor. Para conocer todos los detalles de este sórdido aspecto de la organización, lea el Capítulo 15 “Greenpeace”, de mi libro, “Ecología: Mitos y Fraudes”, en este mismo sitio de la web (es gratis – no tiene que comprar nada).

De esta manera, usando al “piqueterismo” como base de su accionar, Greenpeace fue incorporando nuevos rubros a su stock de productos: a la protesta anti ensayos atómicos de Francia, pronto se le sumó la protesta anti energía nuclear para fines pacíficos; anti caza de ballenas; anti pesticidas, anti cloro; anti ondas electromagnéticas; anti antenas de celulares, anti PCB, anti experimentación con animales; anti CFC, anti uso de combustibles fósiles, y una larguísima lista de etcéteras.

Todas estas actividades piqueteros eran filmadas religiosamente por sus camarógrafos para usarlas en sus documentales de propaganda, destinados a la recaudación de donaciones y contribuciones de los ingenuos que se tragaban sus mentiras filmadas. El periodista Islandés Magnus Gudmunsson realizó dos documentales (exhibidas en 1989 por la TV-2, canal oficial de Dinamarca) exponiendo el fraude de las documentales de Greenpeace sobre las cacerías de focas en el Polo Norte, y de canguros en Australia. Estas documentales - “Survival in the High North”, y “A Crack in the Rainbow” - y el trabajo de investigación periodística de Gudmunsson le valió el Premio al Periodista del Año, de la Asociación de Periodistas de Japón. Greenpeace demandó a Gudmunsson, pero perdió el juicio porque las pruebas eran demasiado concluyentes. Greenpeace perdió sus 15.000 socios en Noruega - y las donaciones que les sacaba. Un desastre económico.

También sirvió para que el Sr. Bjorn Oekern, presidente de Greenpeace Noruega, y uno de los directores de Greenpeace Internacional, renunciara a su cargo por estar en desacuerdo con las metodologías de la organización para recaudar fondos: “Nada del dinero recaudado fue usado por Greenpeace para protección del ambiente”, dijo, agregando que consideraba que “Greenpeace es, en realidad, un grupo eco-fascicta”. En la documental “A Crack in the Rainbow” (La Fisura en el Arco Iris) , se muestra al ex jefe de contadores de Greenpeace Internacional, Franz Kotte, describiendo la existencia de cuentas de banco privadas en Suiza que contienen más de 20 millones de dólares “estrujados” de las recaudaciones de las campañas públicas de Greenpeace, como Salven las Ballenas, a la Capa de Ozono, a las Selvas Lluviosas, etc. De acuerdo a Kotte, estas cuentas son de compañías “holding” secretas pertenecientes a miembros de Greenpeace, en especial a David McTaggart.

Un Argentino Pirata

La agencia de noticias DYN dio a conocer el 4 de octubre de 2003, una noticia originada en España, que involucra a un argentino, miembro de Greenpeace. Dice el recuadro de la noticia (sic):

Argentino capitán de barco del Greenpeace, prisionero en España

Agencia DYN - Buenos Aires. El capitán argentino de un barco ecologista podría ser condenado a cuatro años de prisión en España, por haber encabezado una protesta contra la guerra en Irak en marzo pasado, según informó Greenpeace.

Se trata de Daniel Rizzotti, quien al comando del buque Rainbow Warrior bloqueó la partida de un barco de los Estados Unidos con armamento que tenía por destino final territorio iraquí, en una base marítima de Cádiz.

Según informó Greenpeace de la Argentina, “el juzgado de instrucción de Rota, Cádiz, dictó resolución abriendo el juicio contra los activistas que en marzo se manifestaron contra la guerra de Irak”.

La fiscalía solicitó cuatro años de prisión para el capitán del Rainbow Warrior, Daniel Rizzotti por los delitos de desobediencia, resistencia grave y lesiones. “No asistiremos impasibles a que se limite el ejercicio de nuestros derechos fundamentales: Greenpeace va a defender sus derechos a la libertad de expresión”, dijo José Manuel Marraco, abogado de Greenpeace.

El Mundo de Cabeza

O patas para arriba, si así lo prefiere. Esta gente de Greenpeace vive dentro de un termo o en otra galaxia lejana a la nuestra. Hablan descaradamente de “sus derechos fundamentales”, pero ignoran que hay algo que se llama “derechos fundamentales de los demás“, que están protegidos por algo que se ha dado en llamar Leyes, sean buenas o malas, pero que la sociedad las ha aceptado y tenemos que obedecerlas. Punto. A partir de allí, de la desobediencia de las leyes, vendrán los juicios que se hagan a los trasgresores, momento adecuado para que las partes puedan exponer atenuantes y agravantes que influyan en la resolución de los jueces – que curiosamente se llaman “fallos judiciales”. ¿Será que la Justicia siempre “falla”? ¿Cuándo será el día en que se hable de “aciertos judiciales”? El mundo, como dije, está de cabeza.

Veamos qué pasa si analizamos y comparamos lo sucedido en Cádiz con otras épocas y lugares. Una organización cualquiera, opuesta a los desatinos de Hitler, podría haber montado un "piquete" a la salida del puerto de Hamburgo, o de Bremenhaven, o cualquier otro, para impedir que el acorazado Bismark saliese a combatir. Loable actitud - y muy suicida por cierto. Corrían épocas en donde la vida humana no valía ni el plomo de una bala. Un Rainbow Warrior hubiese durado menos que un suspiro (para no hacer referencias a gases que se intentan guardar en una canasta).

En épocas más "normales", vemos que ningún Rainbow Warrior se ha interpuesto a la salida al mar de algún submarino nuclear Ruso, de esos que tienen la pésima costumbre de hundirse y contaminar de radioactividad el fondo del mar - ya de por si naturalmente bastante radioactivo, por otra parte, pero eso son otros López. A pesar de tener Greenpeace su filial en Rusia, tampoco la hemos visto protestar contra los misiles rusos, y las protestas causadas por el accidente de Chernobyl no fueron contra la tencología nuclear rusa, sino contra la de los países de occidente, de una seguridad a ultranza. El mundo de cabeza. A Greenpeace le gusta verlo de esa manera. Está más de acuerdo con su muy personal visión del mundo.

Tampoco recordamos haber visto al Rainbow Warrior interponiéndose entre la Task Force Británica de 1982, para impedir que llegara material de guerra para matar a muchachitos de 18 años que ni siquiera tenían instrucción miltar adecuada. Pero sí la hemos visto a menudo interponerse al paso de barcos con plutonio o con material radioactivo para "reciclar", con el grave peligro de que esos barcos sufriesen un accidente con consecuencias gravísimas para sus tripulantes y, por qué no, para el ambiente al que tanto quieren "proteger" los piratas sin parche.

Es importante aclarar que, en lo personal, estuve siempre en desacuerdo con TODO lo que hizo Estados Unidos, Gran Bretaña y España en el tema con Irak. Es una clara manifestación de la manera en que los países autonombrados “gendarmes de la Paz Mundial” trasgreden leyes, las hacen y las deshacen a su gusto y conveniencia (los argentinos lo experimentamos en 1982 en la Guerra de las Malvinas), de manera que las protestas en contra de ese accionar me parecen algo muy positivo.

Pero las protestas, cualquier protesta, política, laboral o familiar, tienen que estar de acuerdo a las leyes que rigen a la sociedad. Por ello, los piquetes y sus metodologías siempre me parecieron ilícitos, ilegales, e inmorales, sea cual fuere el motivo de la protesta. Reunirse un millón de personas para demostrar su disconformidad con algo, es algo que a ninguna autoridad se le pase por alto. No hace falta destruir, ni quemar, ni partirle la cabeza a los policías (aunque se lo tengan merecido) porque ello es renunciar a todos los adelantos realizados hasta la fecha por la sociedad. Es el retorno a la edad de piedra, al garrotazo en la nuca a quienes no piensan como nosotros – práctica a la que la mayoría de los gobernantes se han aficionado, como manera de resolver las cosas, como también los contrarios a esos gobiernos.

El Rainbow Warrior, envalentonado por pasadas incursiones piratas, acosos a barcos con plutonio, balleneros y flotillas de pesca, creyó que se podía interponer entre el barco de una potencia (la más grande del mundo) que estaba en guerra con su enemigo de turno, y salir impune del asunto. Creyeron que “como todo el mundo nos ama”, las presiones populares harían que las autoridades les perdonasen los delitos y les dejaran seguir pirateando alegremente por ahí. En realidad, si bien hay muchos que los aman, también hay muchos otros que los odian. Entre ellos la mayoría de los gobiernos del mundo – excepto Gran Bretaña, dado que Greenpeace es una creación de la sórdida mente del príncipe Felipe de Edimburgo, dueños del WWF, madre de todas las ONGs ecologistas del mundo. Fue una operación realizada a través del MI-6 de la Corona Británica.

La imagen de “celosos guardianes del ambiente” que Greenpeace pretende ofrecer, sólo se la creen los ingenuos y los que ignoran la historia de esta banda de “piratas sin parche” y mercachifles de la ecología corporativa. Es muy probable que nuestro compatriota capitán del Rainbow Warrior sea liberado con nada más que un chás-chás en la cola, porque su patrón, el Príncipe Felipe le hará llegar a Aznar las instrucciones precisas para que ello ocurra. Aznar se las pasará a los jueces de Cádiz – como le pasa instrucciones similares de Amnesty Internacional y Human Rights Watch (inglesas, que curioso) al juez Baltasar Garzón para que avance en el concepto de supresión de las soberanías nacionales de los países colonizados – como Argentina.

Es una película que la hemos visto demasiadas veces, y desde que el gobierno Francés fue obligado a pagar 20 millones de dólares de indemnización a Greenpeace por la voladura de su Rainbow Warrior original en 1985, Greenpeace creyó que “tenía el campo orégano”. Lo ha tenido, y lo seguirá tendiendo, según lo demuestran las impunes acciones de destrucción de granjas experimentales de transgénicos en Inglaterra, y la absolución de eco-terroristas del Animal Liberation Front y PETA, ligados a Greenpeace en los Estados Unidos.

Debemos, finalmente notar que, los cargos contra el capitán del Rainbow Warrior no son “obstrucción del paso”, “piqueterismo”, o “protesta”, sino los muy concretos “desobediencia y resistencia a la autoridad”, además de “lesiones”, (se habrán dado de palos y trompadas con la Policía Portuaria?) que nada tienen que ver con el legítimo derecho a protestar que tiene Greenpeace contra se le ocurra, incluso por sus derechos a la libertad de expresión. Pueden protestar cuánto quieran, pero sin coartar los derechos de los demás, que ellos, muy caraduras, reclaman exclusivamente para sí. El mundo está de cabeza.



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