Un Débil máximo solar, una gran erupción volcánica, y posiblemente hasta el bamboleo del Sol conspiraron para hacer del verano de 1816 uno de los más miserables jamás registrados.

por Willie Soon y Steven H. Yaskell

El año de 1816 es todavía conocido por los científicos e historiadores como "mil ochocientos y helados a muerte", y el "año sin verano". Fue el emplazamiento de un período de destrucción ecológica natural que no se olvidará con facilidad. Durante ese año, el Hemisferio Norte fue golpeado por los efectos de por lo menos dos fenómenos anormales, pero naturales. Esos eventos fueron misteriosos en ese momento, y aún hoy no son totalmente comprendidos.
Primero, 1816 marcó el punto medio de uno de los extensos períodos de baja actividad magnética del Sol, llamado el Mínimo Dalton. Este particular mínimo duró desde 1795 hasta la década de los 1820 . Se parecía al anterior Mínimo Maunder (alrededor de 1545-1715) que fue responsable de por lo menos 70 años de tiempo excepcionalmente frío en el Hemisferio Norte. El Mínimo Maunder está inmerso dentro de un período aún más conocido llamado la Pequeña Edad de Hielo, que duró desde cerca del siglo 14 al 19.

Pero el evento que conformó más severamente al fenómeno frío de 1816 fue la catastrófica erupción del volcaán Tambora el año anterior, en la isla de Sumbawa, en la Indonesia actual. Las nubes de cenizas y aerosoles de azufre lanzadas por este volcán se esparcieron a todo el mundo, enfriando al clima del Hemisferio Norte al bloquear la luz del Sol con gases y partículas.

Un tercer factor también pudo jugar un rol. Durante los Mínimos Dalton y Maunder el Sol cambió su lugar en el sistema solar - algo que hace cada 178 a 180 años. Durante este ciclo, el Sol mueve su posición alrededor del centro de masas del sistema solar. Este particular truco de gravedad es conocido como "movimiento inercial del Sol". Los científicos no han confirmado aún si el movimiento inercial del Sol afecta directamente al clima de la Tierra, pero permanece como una posibilidad.
Las manchas solares son manifestaciones de la actividad magnética del Sol, En general, mientras más manchas solares hay, más activo es el Sol.

Irónicamente, es Sol es normalmente más brillante cuando más manchas se observan en su superficie.

Cortesía de William C. Livingstone (Kitt Peak National Solar Observatory).

Las influencias combinadas de los cambios del magnetismo del Sol, una gran erupción volcánica, y posiblemente el bamboleo de la posición del Sol fueron los responsables del hambre, sequía, nevadas y lluvias destructivas en el Hemisferio Norte en 1816. Registros de diarios y relatos de periódicos abundan sobre el desusado frío primaveral y veraniego. La gente notó el anormal color del cielo, el gran tamaño de las manchas solares, y otras curiosidades. A causa de que la mayor parte de la gente del Hemisferio Norte eran granjeros de subsistencia, el fracaso de las cosechas no sólo significaban penurias, sino también muerte. El rendimiento de las cosechas en partes de Norteamérica y Europa se hundieron a niveles peligrosamente bajos por un año, haciendo que los ojos enfocaran sobre un Sol manchado y un Dios enojado - o ambos.

Un Verano Miserable

La gente que sobrevivió a la sequía y al frío se refirieron durante mucho tiempo después al año 1816 como "mil ochocientos y congelados a muerte". las neviscas cayeron en el Noreste de los EEUU, y las acumulaciones de nieve permancieron con espesor de 60 centímetros a fines de la primavera. En Franconia, New Jersey, el físico Edward Holyoke, de 88 años, un astrónomo y meteorólogo aficionado, que llevó un detallado registro del tiempo durante 80 años, escribió el 7 de junio: "Extremadamente frío. La tierra sólidamente congelada, y ráfagas de nieve durante todo el día. Carámbanos de hielo de 30 centímetros de largo a la sombra al mediodía."

Nadie podía recordar una primavera tan fría. Las ovejas se congelaban en los prados, y pequeños pájaros eran "fácilmente capturados a causa del frío", o eran hallados muertos en los campos. El médico de Massachussetts, William Bentley, escribió el 12 de junio: "En pocas estaciones hemos escuchado quejas más amargas contra el tiempo frío como desde que comenzó junio." Otros registraron sequías criminales y una extraña, poco entusiasmante sequedad flotando en el aire de los vientos de noroeste. Una vívida impresión de ese verano en el noreste de los EEUU apareció en verso:

Los árboles estaban sin hojas, las montañas marrones
La faz del país estaba herida por un ceño fruncido
Desoladas estaban las colinas, y el follaje marchito
Como jamás se había visto en ese tiempo del año.

Un cierto grado de normalidad retornó en parte de ese verano, En algunas áreas costeras, el tiempo fue "suave y agradable, si algo húmedo." Brotes de crecimiento de la vegetación podían engañar a cualquiera: hasta astutos y viejos observadores del tiempo como Holyoke describieron a junio 17 hasta agosto 17 como "uniformemente bueno." Escribió con mano confiada que el prospecto de cosecha era "mejor de lo que se anticipaba".

Este gráfico muestra la cuenta anual de manchas solares desde 1610 hasta el 2000. Los ciclos de manchas de sol promedian 11 años de duración. Pero nótese la profunda caída en el número de manchas solares durante los Mínimos Maunder y Dalton. Ambos mínimos estuvieron asociados con un enfriamiento global.
Cortesía de Tom Ford. Información cortesía de David Hathaway (NASA/MSFC).

Estas imágenes de rayos-X del Sol, del satélite Japonés/Americano Yohkoh demuestra el aumento y disminución de la actividad solar entre los máximos y mínimos solares en 1991 y 2000.

Las imágenes, tomadas a intervalos de 1 año, muestran los cambios producidos en la corona.

La "superficie" visible del Sol, la fotósfera, es tan fría (unos 6000º C) que apenas emite rayos-X, de modo que aparece negra en estas imágenes.

Cortesía de ISAS y NASA.

Pero entonces el frío golpeó otra vez. En agosto 21, Holyoke escribió con tensa mano, registrando heladas y nevadas que mataron los magros cultivos de frijoles y maíz. La diferencia entre el 17 de agosto y el 21 era como el verano comparado con el invierno. Los campos estaban "tan vacíos y blancos como en Octubre."

Esta helada tan perjudicial afectó áreas desde el sur de Canadá hasta Carolina del Norte. El frío volvió a golpear el 11 de septiembre, y la gente vió los campos como si fuese diciembre. En una época caratcerizada por una labor agobiante, el "año de pobreza", como fue llamado 1816 por algunos, fue un via crucis horroroso.

El mal tiempo no fue confinado a Norteamérica. El tiempo del verano en partes de Europa fue tan malo que le recordaba a la gente de noviembre. El 16 de junio, Mary Wollstonecraft Shelley notó que el tiempó en el Lago Ginebra se había tornado abruptamente de seco y agradable a azotes de lluvias, con vientos aulladores y viciosas tormentas eléctricas. Shelley estaba pasando el "frío y lluvioso" verano en Suiza con varios intelectuales. La mayoría estaba confinada puertas adentro el tormentoso 22 de junio, donde se contaron historias de fantasmas. Se comprometieron a registrar estas historias en papel, y Mary Shelley fue la primera en hacerlo (en 1818). Como fruto de su labor tenemos al escalofriante Frankenstein: o el Moderno Prometeo..

Un Extraño Máximo Ssolar

Primero, fijémonos cómo el Sol hizo de 1816 un año pésimo. Los Mínimos Maunder y Dalton fueron extensos períodos de muy débil actividad solar, extendiéndose 25 y 70 años, respectivamente. Los registros de esas épocas muestran muchas menos manchas de Sol que lo normal, significando que la actividad magnética solar era muy débil durante esos años. Aunque el Sol está cubierto por relativamente pocas manchas oscuras cuando no es magnéticamente activo, también tiene menos regiones brillantes, llamadas placas y fáculas. Los períodos prolongados de actividad magnética débil hacen al Sol menos brillante, de manera que la Tierra recibe menos energía lumínica.

Los científicos han reconstruido recientemente esta débil actividad magnética midiendo varios isótopos químicos en los anillos de los árboles, por ejemplo, y cotejándolos con rarezas de la temperatura. Los rayos cósmicos transmutan al nitrógeno-14 de la atmósfera superior creando al isótopo radioactivo carbono-14. En los años 70s, el astrónomo solar John Eddy, del High Altitude Observatory de Boulder, Colorado, demostró que la concentración de carbono-14 en los anillos de crecimiento anual de los árboles es mayor cuando existen menos manchas en la superficie del Sol.

Hay una explicación astronómica para esta ligazón. La fuerte actividad magnética del Sol es pasada al viento solar — una corriente de protones y núcleos de helio que fluyen del Sol a altas velocidades. Un fuerte campo magnético en el viento solar protege a la Tierra de los rayos cósmicos. A causa de que menos rayos cósmicos chocan con la Tierra, se forma menos carbono-14 en la atmósfera. Pero cuando el magnetismo solar es débil, más rayos galácticos pueden llegar a la Tierra y producir más carbono-14. A su vez, el carbono-14 se combina con moléculas de oxígeno de la atmósfera para producir la versión pesada del dióxido de carbono que será incoproada finalmente en la celulosa de los anillos de los árboles en crecimiento.

Desde su casa en Monticello, en Virgina, Thomas Jefferson registró al severo tiempo de 1816 en su diario del tiempo.

Jefferson fue uno de los muchos observadores que registraron al desusado tiempo frío durante el verano de 1816.

Y el tiempo extraño no fue confinado al Noreste de América. El mal tiempo se registró en todo el mundo. El frío y lluvioso verano en Suiza inspiró a Mary Wollstonecraft Shelley para escribir su libro Frankenstein.

Cortesía del Jefferson Papers, Manuscript Division, Library of Congress, Gerard W. Gawalt.

Los ojos cargados de sospecha del siglo 19 miraron hacia un Dios enojado, y al Sol. Los dedos apuntaron a un Sol manchado como el culpable del extraño e impredecible tiempo. En 1816 las manchs eran tan grandes que podían verse sin telescopios. Un informe da cuenta de grandes manchas desde el 3 hasta el 10 de mayo, y otra vez el 11 de junio, cuando una bruma seca debida a los efectos del Tambora enrojeció y disminuyó el brillo del disco solar. Este enrojecimiento actuó como un filtro solar e hizo que las grnades manchas del Sol se destacaran con facilidad, aún para el ojo desnudo. Las manchas causaron un fuerte impacto en la gente promedio, quienes "en ese momento creían que las grandes manchas en el Sol disminuían la cantidad de rayo solares y, en consecuencia, la Tierra era por ello más fría que lo normal", escribió Sidney Perly en el libro de 1891 "Tormentas Históricas de Nueva Inglaterra"..

Las manchas del Sol realmente atenuaron la luz solar, pero las manchas por sí mismas no podían explicar el frío y la nieve fuera de estación. Si las manchas solares eran las únicas culpables, los efectos enfriadores de la atenuación de la luz solar deberían haber llegado y partido a través de cada una de las rotaciones del Sol de 27 días. Además, las grandes manchas solares pocas veces duran más de un mes, lo que habría sido necesario para explicar el extenso período de enfriamiento.

Irónicamente, 1816 ocurrió alrededor del máximo del ciclo de 11 años de manchas solares. Pero los grupos de manchas contados en 1816 eran apenas 35, opuestos a los 100 de un año normal cerca del máximo solar. Este es uno de los más bajos entre los Máximos Solares registrados, de modo que los astrónomos lo llaman "débil máximo solar". Una persona en las calles habría acusado al Sol de causar el mal tiempo, pero las manchas, por sí solas, no estaban causando el frío y las muertes. Tenemos que mirar más profundamente para hallar al culpable, y directamente en los ciclos solares magnéticos. La causa de la actividad magnética del Sol sigue siendo un apremiante tópico de investigación.

En tanto 1816 fue un débil máximo solar, la cuestióm permanece sobre cuánto el atenuado Sol afectó al enfriamiento global. Pero comparado con la erupción del Tambora, el Sol jugó un rol menor en enfriar a la Tierra, por lo menos en ese año. Sin embargo, los efectos enfriadores del Sol bien pudieron haber comenzado gradualmente mucho antes de 1816.

La Furia del Tambora

La actividad eruptiva del Tambora hizo pico el 10 y 11 de Abril de 1815. Murieron aproximadamente 90.000 personas en la isla de Sumbawa y sus alrededores, en el Mar de Java — muchos de hambre como secuela de la erupción. La fuerza de la erupción del Tambora, la mortandad, y el impacto sobre la atmósfera excedió cualquier cosa parecida sobre la Tierra en los últimos 10.000 años. La catastrófica erupción fue tan poderosa que cortó la altura del Tambora casi en dos, de 4300 a 2850 metros. El embudo de polvo del Tambora bombeó 200 megatoneladas de polvo, roca y aerosoles a la estratòsfera. Inmediatamente después, soplaron violentos vientos en toda el área, y trozos de pómez de 20 centímetros llovieron en las regiones aledañas. Se formaron islas de cenizas flotantes en el mar, y un tsunami devastó las costas vecinas.

Aunque ni siquiera cercana a la violenta erupción del Tambora de 1815, la erupción de junio 1991 del Monte Pinatubo en las Filipinas devastó la región local y causó un enfriamiento global que duró casi dos años.

Hacendo caso del consejo de los geólogos, el gobierno de Filipinas evacuó la región antes de la erupción principal, haciendo que la pérdida de vidas se redujese al mínimo.
En contraste, la erupción del Tambora y sus secuelas mataron a más de 90.000 personas.

Cortesía del United States Department of the Interior, U.S. Geological Survey, y David A. Johnston (Cascades Volcano Observatory).

La oscuridad cubrió el área por días, con presencia de bolsones de aire frío y caliente por doquier. Toda esta destrucción ocurrió lejos de los ojos de Europeos y Americanos. Pero los astrónomos de toda Europa observaron la atenuación de las estrellas en 1815 — especialmente desde el 6 al 20 de septiembre. En esos días, y más tarde también, le gente de diversos lugares del mundo vieron impactantes y hermosos atardeceres caracterizados por bandas de color rojo, blanco y amarillo. Estos atardeceres espectaculares fueron el resultado de los aerosoles volcánicos y el polvo lanzados a la tropósfera y la estratósfera.

El Tambora aparece sereno en estas imágenes aéreas (arriba, izq.) y desde el Space Shuttle (arriba, der.), pero en 1815 produjo la erupción volcánica más violenta de los últimos 10.000 años.

La explosión recortó al volcán a la mitad y lanzó a la atmósfera una increíble cantidad de 50 kilómetros cúbicos de material.

El Tambora queda en la isla de Sumbawa, en Indonesia. Sólo 26 de los 12.000 habitantes de la isla sobrevivieron a la erupción.

Imagen arriba izquierda, cortesía de Rizal Dasoeki, Volcanological Survey of Indonesia.

Imagen arriba, derecha, cortesía de la NASA. Mapa cortesía de Tom Ford.

Efectos similares se vieron en todo el mundo a partir de la erupción del Pinatubo en 1991, pero en un escala menor. Aunque Benjamin Franklin notó la conexión entre el frío, años ensombrecidos y la actividad volcánica ya en 1784, no hay evidencia documentada de que los científicos o el público de 1816 hayan hecho la misma conexión entre la erupción del Tambora y su clima desusado. De manera irónica, el Hemisferio Norte había estado experimentando un subida de la temperatura antes de la erupción, recuperándose de anteriores tendencias al enfriamiento que podrían haber despistado a los científicos. Partículas de sulfato de los aerosoles, hechas de gas y polvo volcánico, bloquearon parte del calor del Sol. Los científicos de hoy están generalmente de acuerdo en que esos aerosoles fueron los principales culpables del "año sin verano".

Las cenizas atmosféricas afectaron a unas regiones más que a otras. La reconstrucción del mapa de presión para 1816 sugiere que las nubes de aerosoles volcánicos hicieron disminuir la presión atmosférica a nivel del mar de manera significativa a través de las latitudes medias del Atlántico Norte, empujando a las rutas ciclónicas de las latitudes medias hacia el sur. Una zona de baja presión que hoy se sitúa sobre Islandia fue desplazada hacia el sur sobre Inglaterra, lo que trajo tiempo húmedo sobre la Europa Occidental. Los mapas del tiempo, restaurados por el el extinto climatólogo inglés Hubert Lamb, indican que la latitud media de los centros subpolares de baja presión de Islandia en julio, desde 1811 hasta 1829, estaban alrededor de 61º N. En contraste, cuando las manchas de Sol eran más abundantes entre 1925 y 1934, el centro de baja presión estaba desplazado unos 6º más hacia el norte.

En casos donde la temperatura era lo bastante fría ese verano (como en el Noreste de los EEUU), la nieve comenzó a caer en junio, y a menudo no se derretía. Un Sol atenuado pudo haber ayudado extender o mover el centro del sistema de baja presión del Atlántico Norte lo suficientemente hacia el sur desde Islandia hasta la Islas Británicas para intensificar los efectos del polvo y los aerosoles volcánicos del Tambora. También pudo haber penetrado aire frío polar más al sur en dirección al Noreste de América durante el Mínimo Dalton.
Un atardecer en Tucson, Arizona, después de la erupción del Pinatubo en 1991, muestra vívidos colores y rayos. Gente alrededor del mundo vió efectos aún más pronunciados después de la catastrófica erupción del Tambora en 1815. Cortesía de William C. Livingston (KPNSO).

Considernado estos factores, es fácil de ver como la erupción del Tambora, combinada con una débil actividad solar, pudo contribuir para hacer al tiempo terrible, o simplemente extraño — y mostrar desusados colores al atardecer — en y después de 1816. Recientes investigaciones de Tim Ball, Mike Chenoweth, Dick Harrington, Cynthia Wilson, y otros científicos han expandido el registro de condiciones anómalas en 1816 a Groenlandia, Alaska, noreste de Brasil, el Atlántico tropical, el Pacífico oriental (en las Islas Galápagos), India, Tibet, Sudáfrica, y otras partes.

El Sol Bamboleante

¿Hubo otros factores contribuyendo, agregando influencia al flujo reducido de energía solar y los terrible esfectos del Tambora? La posición del Sol en el espacio se mueve alrededor del centro de masas del sistema solar (baricentro) en ciclos que se repiten cada 178 a 180 años. Este movimiento bamboleante es causado por la atracción gravitacional de los planetas (principalmente Júpiter y Saturno) y es similar a los movimientos estelares que Geoff Marcy, Paul Butler, Michel Mayor, Didier Queloz, Bob Noyes, Pete Nisenson, y otros astrónomos observan para detectar planetas extrasolares.

Los años importantes pertinentes para este artículo para el "movimiento inercial solar" — el desplazamiento del baricentro — son 1632, 1811, y 1990.

¿Cuál es la conexión, entonces, entre el movimiento inercial solar y el frío 1816, dejando de lado al Tambora? Los partidarios de la teoría del movimiento inercial dicen que quizás no es casualidad que el momento de los dos primeros años (1632 y 1811) corresponden a los dos períodos más débiles de actividad de manchas solares jamás registrado: 1645-1715 (Mínimo Maunder) y 1795-1823 (Mínimo Dalton). Esta correlación sugiere que los eventos de 1816 pueden ser conectados al movimiento del Sol alrededor del baricentro. Pero, ¿cómo están ligados — si es que lo están — es un asunto totalmente distinto.

Además, algunos estudios sugieren conexiones directas (sin la intervención directa del Sol) entre la dinámica del movimiento inercial y los fenómenos en la Tierra, tales como terremotos, erupcio-nes volcánicas, lluvias torrenciales, temperaturas de la superficie y otras cosas. Debemos hacer énfasis en que desde una perspectiva de "ciencia dura", nadie ha identificado ningún mecanismo físico plausible para probar esta hipótesis no demostrada, pero intrigante. Debemos hacer preguntas más intuitivas para poder ofrecer explicaciones para los muchos fenómenos exhibidos por el campo magnético del Sol. Un modelo de movimiento inercial solar predice que ocurrirá un prolongado mínimo de actividad solar entre 1990 y 2014. Este prolongado mínimo se espera que termine hacia el 2091.

La actividad solar tiene un control directo o consistente sobre el clima de la Tierra (ver "¿Una Conexión Sol-Tierra?", más abajo). Pero cuando se alinean, como fue el caso en 1816 con el Sol y el Tambora, efectos adversos pueden afectar al clima de la Tierra y su población en el corto plazo.

El mal tiempo de1816 ocurrió en un período de la historia humana cuando la capacidad de la ciencia estaba en ascenso. Pero lo mismo que la odontología y la cirugía de ese tiempo, el conocimiento científico era bastante primitivo y poco extendido entre la población. Asuntos como el desplazamiento del baricentro y los ciclos solares de 11 años eran todavía desconocidos. Hasta las medulosas observaciones geofísicas de Benjamín Franklin eran ignoradas. Pero, de acuerdo a Percy Byshe Shelley, una cosa es cierta:

Las fuentes se entremezclan con los ríos
Y los ríos con el océano.
Los vientos del cielo se mezclan para siempre.

WILLIE SOON es un físico en el Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics y el Mount Wilson Observatory. También es un científico senior en el George C. Marshall Institute y el contriuyente científico senior de la página de ciencias ambientales en
www.techcentralstation.com.

STEVEN H. YASKELL trabaja para Ericsson Radio Systems en Suecia y es escritor de historia natural enfocando sobre aspectos en la historia de la ciencia. World Scientific Publishing Company publicará sus manuscritos del libro acerca del Mínimo Maunder en 2003.

¿Una Conexión
Sol-Tierra?

por DOUGLAS HOYT

Dado nuestro actual estado de conocimiento, ningún científico responsable declararía de modo definitivo que el Sol atraviesa estados de ciclos de actividad que duran 11 casi años en promedio. Estos ciclos están gobernados por campos magnéticos que generan manchas, fulgura-ciones, regiones brillantres conocidas como fáculas, y otras perturbaciones. Por estas razones, la luminosidad del Sol cambia de un año para el otro. Estos cambios tienen una sutil pero importante influencia sobre el clima de la Tierra. En las dos últimas décadas los satélites han mostrado que cuando la actividad magnética del Sol está cerca del máximo, el Sol es un 0,15% más brillante que cuando la actividad está cerca del mínimo. Además, los satélites puieden haber observado que el Sol era un 0,05% más brillante durante el mínimo solar de 1996 que durante el mínimo solar de 1986.

Uno podría pensar que un Sol inactivo tendría que ser más brillante, porque las oscuras manchas cubren más superficie del Sol cerca del mínimo solar. Pero las fáculas son también más comunes alrededor de los máximos solares, y cuando el Sol es activo, la brillantez global de estas fácuilas dominan el oscurecimiento de las manchas de Sol. De manera que un Sol activo es más luminoso que un Sol inactivo.

Los astrónomos tienen razones para creer que otros mecanismos que actúan a lo largo de escalas de tiempo mayores, tal como los cambios de temperatura, también llevan a cambios en la luminosidad solar. Si la tempera-tura del Sol cambia, movimientos convectivos muy pro-fundos en el Sol, también variaran. Los cambios localiza-dos en la convección solar llevan a cambios en el decai-miento y estructura de las manchas del Sol.

El 7 de marzo, 2003, el disco del Sol fue herido por una mancha tan grande que podía verse sin ayuda óptica.

Despuès de la erupción del Tambora, la gente alrededor del mundo podía ver las manchas solares a ojo desnudo. La misma actividad magnética que produce las manchas solares también produce brillantes regiones conocidas como placas y fáculas.

La incrementada luminosidad de estas cracterísticas, más que compensa por la atenuación de las manchas. Pero la influencia global del cambio de la energía solar sobre el clima de la Tierra permanece incierto.

Cortesía de SOHO/MIDI.

Un cambio global en la convección conducirá a cambios en el largo del ciclo solar o en el diámetro del Sol. Los astrónomos han observado variaciones de la misma manera en la estructura de las manchas solares y el largo del ciclo solar durante el último siglo, lo que indica un pico de luminosidad hacia fines de los 1930s y mínimos hacia 1889 y 1975. Estos cambios en la luminosidad han tenido un estrecho paralelismo con cambios en la temperatura de la Tierra, sugiriendo una relación física de causa y efecto.

La actividad del Sol sufre cambios a largo plazo en su actividad. En períodos como 1645-1715 (el Mínimo Maunder), pueden pasar muchos años sin que observe ninguna mancha en el Sol. Muchas de las manchas observadas en este período persistieron durante varias rotaciones del Sol, indicando que decayeron muy lentamente, implicando una reducida convección solar y lumiosidad.

El Mínimo Maunder coincidió con uno de los climas más fríos en la Tierra del pasado milenio. El más reciente Gran Mínimo fue el Mínimo Dalton, que ocurrió alrededor de 1720-1820. Fue mucho más corto que el Mínimo Maunder, y los astrónomos observaron bajos niveles de actividad solar casi todos los años. El año de 1810 fue el último año calendario completo en que no se observaron manchas de Sol. Los ciclos solares durante el Mínimo Dalton duraron un promedio de 14 años, comparados con el moderno promedio de 10,7 años. Este comportamiento del Sol es consistente con una reducida luminosidad solar y debería estar acompañado de un clima frío en la Tierra.

Realmente, como lo explica el artículo de Willie Soon y Steven Yaskell, el año de 1816 fue el "año sin verano" en Nueva Inglaterra, y el tiempo frío se sintió en todo el mundo. Aunque la erupción del Tambora en 1815 fue un gran contribuyente al tiempo frío, una cantidad de años fríos precedieron al de 1816, que pudieron haber sido causados por un Sol atenuado.

Los astrónomos han estimado que el Sol fue más débil durante el Mínimo Maunder entre 0 a 0,7%, con el 0,3% siendo la cifra más popular. Se piensa que este último número es demasiado pequeño para explicar los cambios climáticos, de manera que otros efectos indirectos tales como cambios en la intensidad de los rayos cósmicos, modulados por cambios en la fuerza del campo magnético del Sol, pueden haber contribuido al cambio del clima. O puede haber otro efecto indirecto aún desconocido. El nivel de la actividad solar durante la próxima centuria se sigue debatiendo. Algunos astrónomos piensan que la actividad solar seguirá aumentando, pero otros esperan que otro gran mínimo aparezca ya que se ha vencido el tiempo para que lo haga.


DOUGLAS HOYT es un físico solar y climatólogo jubilado que ha trabajado para Raytheon, el National Oceanic and Atmospheric Administration, y el National Center for Atmospheric Research. En 1979 discutió la correlación entre las variaciones en la estructura de las manchas solares y el clima. Ha publicado casi 100 artículos científicos sobre el presupuesto de irradiación de la Tierra, monitoreo de la irradiancia solar, variaciones de la cobertura nubosa, aerosoles, erupciones volcánicas, y muchos otros topicos.



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