Ciencia, pesticidas y
las políticas ecologistas


Desde Primavera Silenciosa hasta la prohibición del DDT, las historias atemorizantes de los ecologistas acerca de los pesticidas son fraudes flagrantes. Una conferencia del entomólogo Dr. J. Gordon Edwards en el Darmouth College el 11 de Abril de 1999.

Una semana después de mi graduación universitaria, fui reclutado por el ejército. En 1944 desembarqué en Francia en Omaha Beach (tres semanas después de la gran invasión). Más tarde pasé varias horas al día entre nubes de 100% de DDT, soplándolo dentro de las ropas de los europeos que temían que el tifus pudiese extenderse nuevamente por Europa como lo hizo du-rante la Primera Guerra Mundial. Entonces había matado casi tres millones de personas en Rusia y varios millones más en los Balcanes, Polonia y Alemania. Esta terrible enfermedad es transmitida por los piojos del cuerpo y estos se estaban volviendo otra vez muy comunes en la Europa de 1944. Por fortuna, el DDT había sido descubierto recientemente y mataba a los piojos con rapidez, de manera que el tifus no se convirtió en un problema durante la Segunda Guerra Mundial.

Después que terminó la guerra fui a la Universidad del estado de Ohio para continuar mis estudios de los insectos. Temía que el gobierno pudiese cubrir a los Estados Unidos con DDT, para matar a todas las plagas de insectos. Tenía miedo de que ello pudiese erradicar tantos insectos que mi carrera como especialista en ellos estaría amenazada. Por suerte, me equivoqué en todo.

Durante el comienzo de los años 60, trabajé durante un mes cada verano estudiando ecología de alta montaña en el Parque Nacional Gran Teton, en Wyoming. Mientras estaba allí, la revista New Yorker publicó una revisión del nuevo libro de Rachel Carson, Primavera Silenciosa. Leí el artículo y creí que era maravilloso porque yo era un dedicado entomólogo y no me interesaban ni la industria ni los proyectos de construcción. Compré una copia del libro y comencé a leerlo. Me di cuenta de que Miss Carson hacía una gran cantidad de afirmaciones erróneas, pero traté de no prestarles atención porque “ella estaba de nuestro lado”. Gradualmente, sin embargo, me di cuenta de que ella estaba mintiendo deliberada-mente. Me sentí realmente shockeado! Comencé a entender por qué su coautor original, Edwin Diamond (el editor de ciencias de Newsweek), se había retirado de la relación y criticaba a Primavera Silenciosa como “un libro emocional, alarmista, que buscaba que lo norteamericanos creyesen erróneamente que su mundo estaba siendo envenenado”. (Saturday Evening Post. Septiembre 28, 1963).

En el frente de su libro, Rachel Carson dedicaba su libro de la siguiente manera: “A Albert Schweitzer, que dijo: el hombre ha perdido su capacidad de prever y prevenir. Terminará por destruir a la Tierra.” Ya que el principal tema de su libro era antipesticida, (en especial anti-DDT) parecía indicar que el gran hombre se oponía al uso del DDT. Sin embargo, en su autobiografía Scwheitzer escribió: “Cuánto trabajo y pérdida de tiempo nos causan estos insectos... pero un rayo de esperanza, con el uso del DDT se extiende ahora hacia nosotros”.

En la página 187, Carson escribía: “Hasta ayer, la humanidad vivió temiendo al flagelo de la viruela, el cólera y la plaga que una vez barrió naciones enteras. Ahora, nuestra mayor preocupación no son las enfermedades que eran omnipresentes; la sanidad, mejores condiciones de vida y las nuevas drogas nos han dado un alto grado de control sobre las enfermedades infecciosas”. Esa afirmación me molestaba porque yo había estado enseñando entomología médica en la Universidad Estatal de San José, en California durante más de diez años, y estaba muy seguro de que las mayores amenazas para los humanos eran enfermedades como la malaria, el tifus, la fiebre amarilla, la enfermedad de Chagas, la enfermedad del sueño en África, y varios tipos de leishmaniasis y enfermedades de raquitismo transmitidas por las garrapatas. Ella eludió mencionar a ninguna de estas enfermedades, quizás porque sabía que podían ser controladas sólo mediante el uso apropia-do de los insecticidas. Más tarde se reveló en la revista Science (Junio 9, 1972) que “por lo menos el 80% de todas las enfermedades infecciosas del hombre son transmitidas por los insectos”.

La Academia Nacional de Ciencias comentó en Las Ciencias de la Vida, 1970, que “sólo a muy pocas substancias químicas le debe tanto el hombre como al DDT. En poco menos de dos décadas, el DDT ha impedido la muerte de 500 millones de seres humanos que, de otra manera, hubiesen sido inevitables”.

Malaria

En los años 50, dos millones de personas contraían malaria en Ceylán (hoy, Sri Lanka), pero después de llevarse a cabo allí un programa de DDT, sólo se dieron 17 casos en todo el país. La mayoría de los científicos creyeron que se trataba de una gran victoria humanitaria. Sin embargo, en 1981, el Príncipe Felipe de Edimburgo escribió en la revista People: “Yo estaba en Sri Lanka, donde la malaria fue detenida por el DDT. Antes, la malaria había controlado el crecimiento de la población. La consecuencia del uso del DDT fue que en cerca de 20 años la población se duplicó”. (Él estaba feliz cuando miles de pobres morían anualmente de malaria).

Alexander King, el presidente del Club de Roma, escribió en su libro de 1990: “En Guyana, en sólo dos años, el DDT había casi eliminado a la malaria, de manera que, en el fondo, mi principal disputa con el DDT era que había ayudado mucho al problema de la sobrepoblación humana”. La Organización Mundial de la Salud afirmó que el 40% de los niños de las naciones pobres morirían de malaria, a lo que un líder de la Agencia Internacional para el Desarrollo dijo: “Mejor muertos que reproduciéndose de manera tumultuosa”.

El presidente del Sierra Club, Mr. McClosky le dijo a los periodistas: “El Sierra Club quiere la prohibición del DDT, aún en los países tropicales donde ha mantenido a la malaria bajo control”. Y la Sociedad nacional Audubon urgió para que el DDT “sea prohibido en toda la nación y prohibi-da su exportación”.

El gran científico inglés D. G. Hessayan hizo notar más tarde que “Si hubiese habido una prohibición mundial del DDT, entonces Rachel Car-son y su Primavera Silenciosa estarían matando ahora más gente, todos los años, que la que Hitler mató en todo su Holocausto”.

Hambrunas

El hambre es también un gran problema en las naciones del Tercer Mundo, donde las plagas de insectos destruyen anualmente casi la mitad de las cosechas. En 1986, el Secretario de Estado George Schultz telegrafió órdenes a los embajadores en África ordenando que “los Estados Unidos no pueden, repito: no pueden, como materia política, participar en programas que usen los siguientes pesticidas: 1) Lindane, 2) BHC, 3) DDT. O 4) Dieldrin”. Para combatir mangas de langostas, el insecticida más eficaz era el Dieldrin. Sin él, 300 millones de toneladas de cosechas fueron destruidas, produciéndose a continuación una amplia hambruna humana. En una década, millones de persona murieron de hambre, o a consecuencia de enfermedades transmitidas por los insectos, como resultado de la acción de George Schultz.

La falta de responsabilidad de los medios

Hemos estado expuestos durante más de treinta años a las falsas afirmaciones de la Revista Audubon, de las publicaciones del Sierra Club, Natural Wildlife, y muchas otras revistas ecologistas. Muchos medios de prensa encontraron difícil disentir con grupos tan ricos e influyentes, de modo que su propaganda fue repetida en diarios y revistas, y en informes de radio y televisión. Se hizo sumamente difícil informar a la gente sobre la verdad en esos asuntos!

Ben Bradley, el editor del Washigton Post declaró: “No estoy más interesado en las noticias. Me interesan las causas, Nosotros no pretendemos imprimir la verdad. Imprimimos lo que la gente nos dice. Es el público el que debe decidir lo que es verdad”. Sin embargo, ellos repetían sólo lo que sus fuentes favorecidas les decían, y la gente, en vez de ser informada era sometida a un lavado de cerebros.

Charles Alexander: “Como editor de ciencias de Time, puedo admitir libremente que, en materia ecología hemos cruzado la frontera entre información periodística y la apología”.

Stephem Schneider, ahora profesor en la Universidad de Stanford, escribió en Discover, Octubre 1987: “Debemos ofrecer escenarios atemorizantes, hacer declaraciones dramáticas, y no mencionar nuestras dudas. Cada uno de nosotros debe decidir cuál es el punto de equilibrio entre ser efectivos y ser honestos.” Obviamente, él decidió que ser honesto no es muy práctico o muy poco redituable. Muchos activistas antipesticidas piensan exactamente igual.

Efectos sobre la vida silvestre

Pero, ¿cuál es el daño causado a la vida silvestre y al ambiente? Mucha gente, mal informa-da por las bien subvencionadas organizaciones ecologistas temieron que el DDT, por ejemplo, pudiese dañar a los pájaros y otras formas de vida silvestre. Sin embargo, tales denuncias no estaban apoyadas por los hechos: a pesar de ello, el público en general apenas si supo la verdad sobre tales alegaciones. En consecuencia, donaron millones de dólares a los propagandistas “de manera que pudiesen continuar con su buen trabajo”.

Explosión en la población de pájaros

Cuando los pantanos de los EEUU fueron rociados con DDT para el control de los mosquitos, un resultado común fue la explosión en el crecimiento de la población de pájaros como el mirlo de alas rojas. Salían en bandadas de los pantanos y destruían enorme cantidad de cultivos, según informó la Revista Audubon en Agosto de 1971. “Hoy, en una pequeña área del norte de Ohio, 10 millones de mirlos vuelan sobre los maizales después de la época de anidado”. El Departamento de Agricultura de Virginia declaró: “No podemos seguir tolerando los daños causados por los mirlos ... se destruyen anualmente 15 millones de toneladas de granos... lo suficiente para alimentar a 90 millones de seres humanos”.

El DDT provocó este “boom” de pájaros porque: 1) eliminó los mosquitos y moscas negras, que son transmisores de enfermedades de los pájaros (malaria y bronquitis avícolas, enfermedades leucocitarias, encefalitis, viruela de las aves de corral, etc.); 2) redujo la destrucción de productos vegetales por los insectos, aumentando así la disponibilidad de alimento para las aves; 3) cuando las aves están infectadas por parásitos como el piojo mordedor (ita), la producción de huevos se reduce entre un 10 y un 30%, pero el piojo es rápidamente eliminado por el DDT; y 4) estimuló la producción de más enzimas hepáticas en los hígados de los pájaros. Estas enzimas destruyen a las aflatoxinas cancerígenas producidas por los mohos en granos, semillas y nueces. Las aflatoxinas son cancerígenas a niveles de 0,03 a 0,08 partes por millón en la dieta. El British Medical Bulletin (1969) y varias otras publicaciones médicas revelaron cómo el DDT en la dieta impedía la toxicidad de las aflatoxinas en las aves y los mamíferos.

El Conteo Navideño de Pájaros de Audubon

Yo participé en Indiana y Ohio en el programa de la Sociedad Audubon de Conteo Navideño de Pájaros durante muchos años. En 1941, antes del uso del DDT) esos recuentos de pájaros registraron 19.616 petirrojos (sólo 8,41 ejemplares vistos por cada observador). En 1960, después del extendido uso del DDT, la cuenta total fue de 928.639 petirrojos (104,01 ejemplares por observador). Eso es un incremento de 12 veces más petirrojos avistados, por observador, durante los años del DDT, que antes que el DDT estuviese presente. Artículos en Science también suministraron evidencia de que el DDT jamás había afectado a las Águilas Calvas.

Aún cuando la cantidad de pájaros se estaba expandiendo (1962), Carson escribió en Primavera Silenciosa: “Como el petirrojo, otras aves americanas parecen estar en vías de extinción. Este es el símbolo nacional, el águila”. Ese mismo año, el más grande de los ornitólogos de los EEUU, el Dr. Roger Tory Peterson, escribió (en su libro de Nature Library “Los Pájaros”) que “el pájaro más abundante de los EEUU es el petirrojo”.

El Águila Calva

En 1921, un artículo en Ecology tenía el título “Amenaza de Extinción del Águila Calva”. Hasta 1952 Alaska pagó subsidios sobre 128.000 águilas calvas). En 1930 –15 años antes del DDT – los ornitólogos informaron que existían solamente 10 águilas calvas anidando en Pennsylvania, 15 en el área de Washington, D.C. y ninguna en la mayor parte de Nueva Inglaterra. La revista Bird Lore escribió: “Esto le dará una idea de la rareza del águila calva en el Este de los Estados Unidos”.

De manera que el águila calva estaba ya casi extinguida mucho antes de que el DDT u otros pesticidas sintéticos fueran descubiertos. ¿Creen los extremistas ecológicos que esas poblaciones de águilas declinaron en anticipación al DDT?

El Hawk Mountain Sanctuary (Santuario de la Montaña Halcón) informó que el número de águilas calvas que emigraba a través de Pennsylvania se había casi duplicado durante los primeros seis años de uso intenso de DDT en el Noreste de los Estados Unidos. Antes del DT, los conteos navideños de la Audubon registraron sólo 76 águilas calvas en 1941, pero después de años de pesado uso del DDT, se registraron 891 águilas calvas en 1961. En 1973, un biólogo del Everglades National Park declaró: “No sé de ninguna evidencia que jamás haya habido antes un mayor número de águilas calvas anidando”.

En 1960-64, el U.S. Fish and Wildlife Service Center en Patuxent, Maryland, hizo la autopsia de 76 águilas calvas que habían sido halladas muertas en los EEUU, e informó que el 71% de ellas habían muerto violentamente (baleadas, electrocutadas, o impactadas contra torres y edificios) y cuatro murieron de enfermedades, pero ninguna había sido envenenada por pesticidas. Llegaron a la conclusión que “el rol de los pesticidas ha sido enormemente exagerado” (J.Wildlife Diseases, 6, 1970). Desde 1964 hasta 1972 se analizaron 190 águilas calvas más. Gran parte había sido baleada y la mayoría de las restantes también murieron violentamente. Se sospechaba de 19 casos de envenenamiento con pesticidas, pero ningún caso donde el DDT estuviese involucrado. (Pesticide Monitoring Journal, 9:12-13, 1975)

Durante 112 días el Fish and Wildlife Service alimentó con altos niveles de DDT a un grupo de águilas calvas en jaulas (hasta 4.000 ?g/kg.) sin observarse efectos adversos. (Trans. 31
st N.A. Wildlife Conference, 1966). Desde 1974 hasta 1988 los EEUU gastaron millones de dólares en programas de crianza de águilas calvas, y más estaban siendo avistadas en casi todas partes del país. En 1983, el estado de New York tenía sólo tres nidos de águilas activos, pero luego importaron 150 águilas desde Alaska. Peter Nye escribió en la revista Natural History (Mayo 1982) que en 1940 sólo existían unos pocos pares, “sin embargo, el DDT, frecuentemente mencionado como culpable, no estuvo presente hasta los años ´50, cuando las últimas águilas anidando estaban luchando por su supervivencia”.

Gaviotas demasiado abundantes para vivir

En la isla Trend, en Massachussetts, las gaviotas aumentaron durante los años del DDT de 2.000 pares en 1940 a 35.000 pares en 1971. William Drury, presidente de la Audubon Society de Massachussetts, decidió envenenar a 30.000 de esas gaviotas, aún cuando estaban en la lista estatal de aves protegidas. Tuvo éxito y dijo: “Es como desmalezar el jardín”. (AP, Abril 12, 1971). Es notable que nadie se haya percatado de que el número de gaviotas se había incrementado en 28.000 durante los años de mayor uso del DDT!

Las Águilas Osífragas

Los depredadores siempre reciben gran atención por parte de los ecologistas, quizás porque son tan crueles. Las águilas Osífragas eran una gran plaga en los criaderos de peces, de modo que se instalaron trampas sobre postes en las lagunas. En correlación con el aumento del DDT, la cuenta de águilas osífragas que migraban sobre Hawk Mountain totalizó 254 en 1951, 352 en 1961, 527 en 1969 y 630 en 1971) justo antes de que el DDT fuese prohibido.

En 1976, la revista Hawk Mountain Sanctuary Newsletter informó “Por razones que no podemos comprender para nada, el número de águilas osífragas contadas está retornando a lo normal 318 en 1975 y 279 en 1975”. En otras palabras, ellos dijeron que no podían comprender por qué había un 35% menos águilas osífragas migrando después de los años en que se prohibió al DDT). Aparentemente, la propaganda ecologista tiene un efecto cegador.

Peregrinos

El Dr. William Hornaday (jefe de la New York Zoological Society) comentó sobre los halcones peregrinos en su libro de 1913 “Vanishing Wildlife”. (Vida Silvestre en Desaparición). Escribió que los indeseables peregrinos “merecen la muerte, pero son tan raros que no necesitamos tenerlos en cuenta.” Urgió a las personas que encontraran nidos de peregrinos que “disparasen sobre los padres y destruyesen los huevos o los pichones.” (Los peregrinos estaban listados en la mayoría de los estados como “plagas” antes de que los ecologistas los convirtiesen en una mina de oro ecológica en los Estados Unidos.)

El fundador del Peregrine Fund, Thomas Cade, escribió que “los peregrinos desaparecieron completamente al este de las Rocosas”, y que “las subespecies están probablemente extinguidas.” Su fondo reunió entonces a más de 4.000 peregrinos (de subespecies foráneas) a un costo varias veces millonario, los liberó en el Este de los EEUU, y luego afirmó que el Acta de Especies en Peligro había salvado al peregrino del Este. Cade se desilusionó cuando un director regional del FWS (US Forestry and Wildlife Service) ordenó que no se liberasen más peregrinos europeos en el Este de los EEUU. Cade dijo “nos hemos quedado con una gran cantidad de peregrinos españoles y es-coceses en nuestras manos”. (Audubon, Noviembre 1977).

Brian Walton, que estaba a cargo de la rama californiana del fondo se quejó de que estaban teniendo problemas para reunir el millón de dólares para el programa de recuperación de peregrinos de ese año “porque 50 millones de personas se estaban muriendo de hambre en Etiopía”.

Me gustaba viajar a Inuvik, Territorio del Noroeste, donde los peregrinos son comunes. Los biólogos canadienses informaron que el éxito de anidamientos “era tan alto como nunca antes registrado para la especie (un promedio de 2,4 pichones por cada nido activo.)” Frank Beebe, la máxima autoridad canadiense en predadores, escribió en su libro (El Mito de los Desaparecientes Peregrinos) que “parece que los peregrinos canadienses, ignorantes de cuán gravemente enfermos están, continúan reproduciéndose en una bendita despreocupación de su desesperada condición.

¿Qué efecto tuvo el DDT en las aves que lo ingirieron? El investigador Hickey testificó durante las audiencias de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA) que él no había logrado matar a sus petirrojos enjaulados dándoles sobredosis de DDT porque el producto simplemente pasaba a través del tubo digestivo y era eliminado con las heces. En otra investigación, informada en el Journal of Wildlife Management, pichones de aves en nidos, fueron alimentados sólo con comida conteniendo altísimos niveles de DDT, y ninguno fue afectado adversamente.

La información sobre las Cáscaras de Huevos

Rachel Carson se refirió al “ahora clásico experimento del Dr. DeWitt en codornices y fai-sanes”. Ella dijo, en la página 120: “Las codornices en cuya dieta se introdujo DDT durante la temporada de alimentación sobrevivieron y aún produjeron una cantidad normal de huevos, pero muy pocos incubaron.” Yo leí el artículo de DeWitt (en Journal of Agricultural and Food Chemistry, 1956), y encontré que el 75,7% de los huevos producidos por aves alimentadas con DDT habían incubado, comparado con el 83,9% producidos por los controles (aves sin DDT). Creí que el 75,7% era más que “unos pocos” huevos incubados, de modo que las intenciones de Rachel Carson se me hicieron mucho más sospechosas.

En su Tabla, DeWitt también informaba que el 80,6% de los huevos producidos por sus faisanes con la dieta con DDT habían incubado, contra sólo el 57% de incubación de los producidos por las aves de control. No resulta sorprendente que Carson haya evitado mencionar lo mucho mejor que se comportaron los faisanes alimentados con DDT (a pesar de su referencia al “clásico experimento de DeWitt en faisanes y codornices.”

El 14 de Febrero de 1969, el San Francisco Chronicle informó que, a causa del DDT, los huevos de las aves se estaban haciendo tan gruesos que, con frecuencia, los pichones no podían salir de ellos. Dos meses más tarde, el mismo diario informó que el DDT provocaba que las cáscaras fueran tan delgadas que se quebraban al no poder soportar el peso de las hembras al incubarlos. Ninguna de las dos afirmaciones era cierta, pero ello indica que en San Francisco Chronicle ya no quedaba ninguna esperanza para una información honesta sobre el asunto del DDT. Y ello se tornó peor, cada año.
Un error común durante muchos años fue que el DDT hacía que las aves pusieran huevos de cáscaras muy delgadas o muy blandas. Con tantos estudios que demuestran que estos cargos son falsos, es asombroso ver que aún se siguen repitiendo! (Jamás se suministró información para confirmar los dichos, pero se hacen impunes declaraciones a la prensa, radio, televisión y en las revistas ecologistas.)

El primer lugar donde se debería haber buscado la verdad es en la industria de huevos y aves de corral, pero los ecologistas sabían que ello destruiría su propaganda de las cáscaras delgadas. Del mismo modo, la propaganda ecologista evitó al gran libro de 1949 sobre el tema, por Romanoff y Romanoff titulado “The Avian Egg”, que contenía toda la información necesaria para explicar el problema de las “cáscaras delgadas”. Un libro de 1969 por los mismos autores fue “The Avian Embryo”, que suministró detalles sobre la cantidad de calcio que tomaban de la cáscara los embriones en desarrollo. Los propagandistas jamás citaron este libro. Sin embargo, ellos recogían y medían las cáscaras después que el embrión había retirado el calcio de la cáscara para el desarrollo de sus huesos.

Los biólogos del FWS, Tucker y Haegele (Bull. Environm. Contam. & Toxicology, 5:19, 1971) alimentaron diferentes grupos de codornices con diversos niveles de calcio. Un grupo recibió 3% de calcio y otro grupo sólo 1%. Ninguno de los grupos recibieron DDT o su metabolito DDE en sus dietas. Las cáscaras del grupo del 1% eran 9,3% más delgadas que las del grupo normal de 3% de calcio en la dieta. Entonces, con estos estudios disponibles, ¿cómo puede alguien diseñar un experimento que incrimine al DDT como la causa del adelgazamiento de las cáscaras? De manera muy simple: alimente a las aves con dieta baja en calcio, añada DDT al alimento y luego culpe al DDT por las cáscaras delgadas (que resultarán así por la deficiencia en calcio!) Eso es lo que hicieron los investigadores del Fish & Wildlife Service.

Bitman y sus colegas en Patuxent alimentaron sus codornices solamente la mitad del calcio recibido por los faisanes de Tucker que habían tenido la dosis más baja. Las aves de Tucker habían producido cáscaras un 10% más delgadas que cuando sólo el 1% del calcio estaba presente en la dieta. Entonces, ¿cuál sería el resultado de alimentar las aves con 0,5% de calcio, como hizo Bitman? Era de esperar que sus cáscaras fueran aún más delgadas que lo normal. Sin embargo, Bitman informó que las cáscaras no eran tan delgadas! A pesar de todo, el estudio de Bitman fue publicado en Science, y fue la referencia más empleada para “probar” que el DDT causaba el adelgazamiento de las cáscaras!

En rigor de verdad, existe una gran cantidad de estudios que prueban que las cáscaras no se afinan por la introducción de DDT en la dieta de las aves si hay una adecuada concentración de calcio en la misma. Pero esos estudios raramente fueron mencionados por la prensa y jamás tomados en cuenta por las publicaciones ecologistas. Para obtener cáscaras delgadas, los activistas ecológicos tenían que hacer otra cosa al mismo tiempo –algo que se sabía que se sabía que causaba cáscaras finas por sí mismo. Las causas que provocan esos efectos incluyen al ruido, excitación, luces disminuidas, escasez de agua, presencia de diversos productos químicos y, especialmente, una deficiencia de calcio en la dieta. Todos los experimentos que dieron por resultado cáscaras delgadas usaron una o más de estas causas conocidas para provocar los efectos deseados, que fueron achacados entonces al DDT.

En mis testimonios ante el Congreso, presenté la información y fui muy crítico del trabajo de Bitman. Al año siguiente, Bitman repitió sus expe-rimentos y esta vez añadió las dosis adecuadas de calcio en la dieta. Las aves alimentadas con DDT y DDE no produjeron cáscaras delgadas. El estudio fue presentado nuevamente a Science para su pu-blicación. Por desgracia, el editor de Science siem-pre se rehusó a publicar artículos que fueran favorables al DDT, de modo que esta vez rechazó el artículo de Bitman. En su lugar, el artículo fue publicado en Poultry Science, y la industria de las aves y los científicos honestos aplaudieron los ver-daderos resultados. Por supuesto, la circulación de esa revista no era tan grande como la de Science, de modo que muy pocos científicos tuvie-ron la oportunidad de oír acerca de la marcha atrás en las acusaciones de que el DDT y el DDE provocaban las cáscaras delgadas.

TABLA 1

CAUSAS DIETARIAS DE CASCARAS FINAS

Químicos en la dieta Efectos sobre cáscaras
Plomo 14,5% más fino
Sevin 8,7% más fino
Mercurio 8,6% más fino
Parathion 4,8% más fino
PCBs 4,0% más fino
DDT operacional 1,5% más grueso
DDT técnico 0,0% (sin cambios)
DDE 0,0% (sin cambios)
Fuente: Tucker et al., Utah Science, Junio 1971

¿Por qué Science rechazó tales estudios? El editor, Philip Abelson, había informado previamente al Dr. Thomas Jukes que Science jamás publicaría ningún artículo que no fuera contrario a dicho insecticida. Hasta se rehusó a considerar un manuscrito de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como consecuencia de ello, los artículos sobre DDT de Science eran escritos casi siempre por la misma cofradía, y el peer review se convirtió en una vergüenza. Los autores anti DDT se citaban unos a otros y apoyaban sus declaraciones entre ellos mismos. No se aceptaba ningún otro punto de vista. Sin el refugio de Science, el caso del DDT se habría archivado muy rápidamente!

M.L. Scott, J.R. Zimmerman, Susan Marinsky, P.A. Mulenhoff, G.L. Rumsley y R.W. Rice pa-saron muchos años en Cornell ensayando distintos productos químicos en las dietas de las aves para determinar los casos de adelgazamiento de las cáscaras. Informaron que el DDT, el DDE, y el DDD en las dietas dieron como resultado cáscaras más gruesas, en lugar de más delgadas. El compuesto que provocó el mayor adelgazamiento fue el metilo de mercurio (Poultry Science, 54:350-368, 1975). Los resultados de años de confiables investigaciones científicas de esos investigadores tampoco aparecieron publicadas en la revista Science.

Tucker et al., en Utah Science, (Junio 1971) publicaron los resultados de cuidadosos experimentos hechos para determinar causas dietarias serias del adelgazamiento de las cáscaras. Además, después que se privó de agua durante 26 horas, las codornices pusieron huevos con cáscara de un promedio 29% más delgadas que lo normal.

La Importancia del cloro

El DDT es un hidrocarburo clorado: dicloro-difenil-tricloroetano. Por cierto, ha salvado por lo menos mil millones de vidas humanas. Añadido a la prevención directa de las muertes por malaria, tifus, fiebre amarilla, peste bubónica, dengue, y una docena de otros famosos asesinos, hizo posible que los seres humanos trabajasen mejor, cosecharan más alimentos, y vivieran vidas más largas y saludables. Muchos oponentes al DDT son abiertos opositores de todos los compuestos clorados. Greenpeace encabeza la campaña para deshacerse del cloro en el mundo, pero las organizaciones médicas y de salud de todo el mundo han alabado al cloro por su rol en la protección de la salud pública y su ayuda para salvar vidas.

El editorial de Science de Agosto 26, 1994, declaraba: “Existe una razón para que la EPA no continúe actuando como una herramienta de Greenpeace. Una plétora de regulaciones de la EPA e infundados mandatos, junto a ejemplos de brutalidad en hacerlos cumplir, le ha costado a la EPA el apoyo del Congreso.” La OMS estima que 25.000 niños mueren cada día por beber agua que no ha sido clorada. Hace un año, Perú fue alentado por los activistas norteamericanos para retirar la cloración de las aguas de sus abastecimientos públicos. Esa acción dio como rápido resultado más de un millón de enfermedades y más de 8.500 muertes provocadas por organismos en el agua, que podrían haberse eliminado si el cloro hubiese estado presente.

El Dr. Gordon Gribble, un famoso químico del Dartmouth College ha escrito extensamente sobre el tema y publicó un libro que contiene más de 2.000 fórmulas estructurales de compuestos de cloro! Hace notar que el 85% de la farmacopea actual requiere cloro, y más del 25% de todo el equipamiento médico depende del cloro para su fabricación.

Las dioxinas son un grupo de cerca de 75 productos químicos clorados, gran cantidad de los cuales son producidos por la naturaleza cuando la madera y otros materiales se queman. También son producidas durante la fabricación de la pulpa de papel, pero la cantidad es menos de una libra o dos para toda la industria. Los incendios forestales producen más dioxinas que todas las otras fuentes combinadas. Durante la guerra de Vietnam, las dioxinas estaban presentes en el Agente Naranja, el compuesto usado para defoliar los árboles de la jungla para poder observar desde el aire los movimientos de tropas.

La Forma más tóxica de dioxina es el TCDD, pero no se conoce de muertes humanas provocadas por él, aún después de grandes exposiciones por largos períodos de tiempo. El resultado más frecuente de las sobreexposiciones son las erupciones cutáneas, pero no se han observado cánceres de ninguna clase. El Dr. Gribble publicó estos hechos en un artículo del Heartland Institute Journal de 1996. También comentó que más de 4.000 artículos científicos han discutido las dioxinas, y la evidencia disponible no apoya ninguno de los reclamos de que “la dioxina es un grave peligro para la salud.

Un estudio realizado sobre 2.200 empleados de la Dow Chemical que estuvieron en estrecho contacto con la dioxina, fueron investigados para determinar casos de cáncer, y se encontraron resultados que daban tasas ligeramente por debajo de lo normal.

La Dra. Dixie Lee Ray criticó la propaganda que circunda al agujero de ozono y los cloro-fluoro-carbonos. Es una interesante hipótesis, dijo, “pero jamás se han encontrado en la atmósfera productos de la descomposición de los CFC.” La Academia Nacional de Ciencias predijo una disminución del 18% de ozono (1985), y finalmente “un 5% durante los próximos 100 años

En 1983, Greenpeace escribió: “No debemos esperar por las pruebas científicas de los daños antes de que tomemos acción. El uso y descarga de productos clorados que pueden causar daño deben ser evitados. No se requiere prueba de la inocencia. No se debe permitir futura contaminación de productos organoclorados... esto significa prohibir la sustancia que está en su raíz: el cloro.

Las Polillas Gitanas

En 1869, Leopold Trouvelot trajo algunas polillas gitanas a Medford, Massachussetts, pensando que quizá se podría obtener seda de sus capullos. Algunas se escaparon y se multiplicaron. Durante 30 años la única manera de frenarlas fue la aplicación del arseniato de plomo (5 lb/acre), pero era demasiado caro, difícil de aplicar, mataba demasiados organismos que no se quería matar y aún así, fracasaba en detener su proliferación. En 1985, la polilla gitana defolió 800.000 acres de robles en ocho estados y, una década más tarde, casi 10 millones de acres de robles estaban siendo destruidos anualmente. Se aplicó DDT (1lb/acre) y rápidamente se erradicó a la polilla gitana del estado de Pennsylvania, New York, Virginia y todos los estados al oeste de Vermont. La National Audubon Society supervisó la operación y dijo que “no se había ocasionado daño a los pájaros, incluyendo a los pichones en sus nidos.”

En un folleto publicado en 1961 sobre la polilla gitana, James Nicholas hizo notar que “se rociaron más de 1 millón de acres de Pennsylvania, New York y New Jersey, siempre con un 100% de erradicación de la plaga. No sobrevivió ninguna infestación a la primera aplicación del DDT sobre 1.107.58 acres.” Sin consideración por la tremenda destrucción provocada por la polilla, la mayoría de las organizaciones ecologistas lucha-ron desesperadamente contra cualquier uso del DDT para conservar a los bosques. Ellos preferían perder millones de acres de los grandes bosques del Este, que modificar su acerba propaganda contra el DDT!

Carl Amery escribió; “Nosotros, en el movimiento Verde, aspiramos a un modelo cultural donde la muerte de un bosque será considerada más despreciable y más criminal que la venta de un niño de seis años a los burdeles asiáticos.” Cuando se consideran los millones de acres de robles muertos en el Este de los EEUU causada por la oposición de los ecologistas al uso del DDT, y las extensiones de bosques que se permitieron quemar en Yellowstone, me acuerdo siempre del comentario de Amery. Me pregunto si los ecologistas que permitieron esos desastres alguna vez piensan en ello.

Advertencia de Borlaug sobre el dominó de pesticidas

El Dr. Norman Borlaug ganó el Premio Nobel en 1970 por su “Revolución Verde”. En una conferencia en las Naciones Unidas en Roma (Science, Dic. 10, 1971), declaró que “ecologistas irresponsables que provocan el miedo” estaban montando “una campaña viciosa e histérica contra los productos químicos para la agricultura.” Alabó al DDT por su gran historial de seguridad para la humanidad, y advirtió que su eliminación en los EEUU sería seguida por campañas para prohibirlo en todo el mundo.

Advirtió, además, que “el DDT será la primera de una larga fichas de dominó... tan pronto el DDT sea prohibido, habrá presiones para prohibir todos los hidrocarburos clorados, y luego los insecticidas organo fosforados y los carbamatos. Entonces atacarán a los herbicidas y eventualmente a los fungicidas.” El Dr. Borlaug estaba en lo cierto, y la mayoría de sus predicciones se convirtieron en realidad. En los años 70 y 80 la EPA, basándose en la aplicación falseada de la Cláusula Delaney, prohibió al clordane, al aldrin, dieldrin, endrin, BHC, lindane, heptaclor, toxaphene, y muchos otros pesticidas.

La EPA admite afirmaciones falsas

A principios de los 70, la EPA admitió haber enviado informes falsos al Congreso sobre las cantidades de DDT en la dieta humana, y nosotros escribimos para objetas eso. Laurence O´Neil respondió escribiendo que “Usted está en lo cierto al decir que el informe de la EPA sobre el DDT estaba errado. La cifra correcta debió ser 15 microgramos por día en lugar de 15 miligramos.” (La ingesta humana promedio en esa época era de 13 miligramos por año). O´Neil también dijo que la ingesta humana había caído rápidamente a 1,8 microgramos en vez de 1,8 miligramos, después de la prohibición. (En otras palabras, la ingesta diaria había caído de 0,015 miligramos a 0,0018 miligramos).“Haremos todos los esfuerzos para rectificar las cifras erróneas en los medios de prensa.” Prometió. Pero nunca lo hicieron.

En esta época yo estaba dando conferencias y, antes de comenzar usualmente ingería una cucharadita de DDT para atraer la atención de la audiencia. Me sentía seguro haciéndolo porque los voluntarios de un estudio federal habían ingerido 35 miligramos de DDT durante 20 meses, sin experimentar ningún efecto adverso. Además, 35 operarios de la fábrica Montrose de DDT en Torrance, California, habían estado ingiriendo unas 400 veces más DDT por día que el hombre promedio, durante 19 años, sin que se hubiese desarrollado ningún tipo de cáncer.

La EPA había declarado, también falsamente, en una emisión de radio (Mayo 15,1975) que “cientos de granjeros americanos son dañados diariamente por los pesticidas, y cientos de ellos mueren anualmente a consecuencia de ello” Cuando se la confrontó con la información correcta, se disculpó tímidamente diciendo: “Hemos usado esas declaraciones en buena fe, creyendo que eran correctas, pero resultaron no serlo... No pueden ser substanciadas de manera ninguna.” (UPI, Mayo 24, 1975)

Pero, ¿cuál evidencia pudo haber llevado a nadie ha hacer tal denuncia? USA Today (Abril 14, 1992) publicó un editorial usando las mismas cifras, y las atribuyó a “un estudio del Congreso del mes pasado”. Le escribí al editor indicándole que la declaración provenía en realidad de un parte de prensa del World Resources Institute de hacía siete años! Les cité a los investigadores del WRI que habían hecho el estudio (Robert Wasserstrom y Richard Wiles), pero desistí a causa de la mentirosa cifra de 300.000 de ese parte de prensa, que ellos decían “nos cuenta una historia totalmente diferente de lo que encontramos”. (Chemical & Engineering News, Sept., 1985)

La cifra de 300.000 se basaba en un informe de 235 granjeros de California que habían presentado quejas médicas en 1982 (casi la mitad de las quejas se referían a irritaciones de la piel por compuestos sulfurados). La Dra. Molly Coye (NIOSH), extrapoló de 235 casos a 300.000 de esta manera: El Dr. Ephraim Kahn había estimado previamente que los doctores de California sólo informaban el 1% de tales casos, de modo que Molly Coye multiplicó 235 por 100 y dijo que 23.500 trabajadores de California habían tenido, seguramente, problemas médicos a causa de pesticidas durante ese año. Esto sería el 7,8% de todos los trabajadores agrícolas del Estado. Como hay unos 4 millones de trabajadores agrícolas en los EEUU, ella calculó que el 7,8% de 4 millones era un total de 312.000 trabajadores “envenenados” cada año. La Dra. Coye jamás mencionó el largo y bien conocido trabajo del Dr. Kahn de 1977, donde llega a la conclusión que el 80% de las enfermedades de los trabajadores agrícolas son reportados (en lugar de su estimación previa del 1%). Como es usual, USA Today no respondió a mis cartas o a la documentación de hechos científicos que se incluía.

Pesticidas naturales y agricultura orgánica

El profesor de bioquímica de la Universidad de California, Dr. Bruce Ames, hizo notar en 1987 que e nuestra dieta ingerimos cerca de 1,5 gramos diarios de pesticidas naturales. Esas comidas contienen 10.000 veces más pesticidas naturales, por peso, que los residuos de pesticidas fabricados por el hombre. Más del 90% de los pesticidas en las plantas son fabricados por ellas y ayudan a protegerlas de insectos, gorgojos, nematodos, bacterias y hongos. Esos pesticidas naturales pueden llegar a constituir del 5 al 10% del peso seco de la planta. Y la mitad de aquellos que fueron ensayados sobre animales demostraron ser cancerígenos. Por consiguiente, los norteamericanos deberían despreocuparse de las inofensivas e infinitesimales trazas de productos químicos a los que podrían estar expuestos.

Las trazas de pesticidas sintéticos encontradas en frutas y verduras, tan altamente publicitadas, preocuparon tanto a la gente que algunos comenzaron a favorecer los alimentos “producidos orgánicamente”, creyendo que no contendrían pesticidas. La mayoría de la gente no sabe que los productores “orgánicos” están legalmente autorizados a usar una gran cantidad de pesticidas, siempre que no sean hechos por el hombre. Así pueden usar sulfato de nicotina, rotenona y piretro (derivados de plantas), o cualquier otro veneno que ocurra naturalmente, tal como la cal, azufre, bórax, cianuro, arsénico o flúor.

Las audiencias de la EPA de 1971

En 1971, la EPA fue obligada a realizar audiencias sobre el DDT. Las audiencias fueron presididas por durante siete meses por el juez Edmund Sweeney. Cientos de científicos expresaron sus opiniones y aportaron evidencias. La trascripción de los testimonios excedió las 9.000 páginas, y serían la base sobre la que se podría desarrollar un interesante curso universitario.

George Woodwell escribió en 1971 que “6.000 millones de libras de DEDT han sido usadas, pero sólo 12 millones de libras podrían considerarse para la biota de la Tierra”, y que ello representa “menos de la 30ava parte de la producción anual en los años 60”. Teorizó que “la mayor parte del DDT ha sido degradado hasta la inocuidad, o secuestrado en lugares donde no está libremente disponible”. Ese artículo en Science (Dic. 1971) contrastó tan agudamente con su testimonio en las audiencias de la EPA, que un reportero le preguntó por qué lo había omitido totalmente de su testimonio. Woodwell respondió que los abogados de la EPA le dijeron que no mencionara al artículo “so pena de que mi testimonio sería invalidado”. (Business Week, Julio 8, 1972).

Woodwell cometió lo que él llama “un error tipográfico” en la revista Science (Dic. 10, 1971) al citar información de otros dos artículos que informaban de 10
12 partes de DDT. Se refirió a esos valores como “partes por millón” en lugar de “partes por trillón”. Informó que “Wheatly encontró tres partes por billón en campos ingleses” pero eran en realidad “tres partes por trillón” (una millonésima parte de la cantidad declarada por Woodwell)

También dijo que “Tarrant encon-tró 73 a 210 partes por millón en el agua de lluvia, pero las mediciones más altas de Tarrant eran en realidad de sólo 190 partes por trillón”. Esa exageración de una concentración un millón de veces más grande hizo que sus declaraciones parecieran ser amenazadoras. Dijo después que esas referencias “confirmaban los altos niveles de DDT en la lluvia inglesa, similar a las concentraciones en los EEUU”, pero ninguna de las referencias citadas por él contenía información ninguna sobre los EEUU, ni siquiera en partes por trillón!

Durante las audiencias de la EPA, Samuel Epstein testificó que era un miembro del panel Salud, Educación y Bienestar en cancerígenos, pero bajo careo, admitió que no estaba en el panel. Epstein también declaró que los ensayos de Fitzhugh et al. indicaban que las ratas con DDT en sus dietas desarrollaban cáncer. Omitió mencionar que las ratas de control del Fitzhugh (sin DDT) desarrollaron 26% más cánceres que las ratas alimentadas con DDT. Fitzhugh dijo que la razón por la que el informe no había sido publicado era que habían descubierto que las ratas habían sido alimentadas erróneamente con 300 mg/kg DDT durante un tiempo no determinado, en lugar de los 100 mg/kg pretendidos originalmente.

Philip Butler testificó procurando convencer que el DDT no se degradaba rápidamente y desaparecía del ambiente. Dijo que “estoy pensando en un estudio que mostró que el DDT persiste hasta 40 años en depósitos terrestre”. Sabemos que eso no es verdad, porque el DDT había estado presente sólo por 30 años al tiempo de su testimonio. Cuando fue careado, Butler admitió también que los informes publicados de su propio laboratorio de la EPA en Gulf Breeze, Florida, revelaban que 92% del DDT y sus metabolitos DDE y DDD habían desaparecido del agua de mar (en grandes contenedores de vidrio sellados y sumergidos) en sólo 38 días! (Wilson, A.J., USDI Circular, 335, 1970). Docenas de otros estudios publicados revelan que el DDT y sus metabolitos también desaparecen rápidamente del suelo normal a campo abierto.

Crocker y Wilson aplicaron DDT a un pantano sujeto a la marea y descubrieron que, en menos de 24 horas, sólo quedaban trazas que desaparecían en 5 días. (Trans. Amer. Fish Society, 94, 1965).

En los estuarios del estado de Washington, el Bureau of Commercial Fisheries monitoreó los residuos de pesticidas en mariscos en 19 estaciones durante tres años de intenso uso del DDT. (1966-69). El 93% de las muestras contenían menos de 10 partes por mil millones de DDT, y el mayor nivel encontrado era de sólo 0,1 parte por millón. Se sabe muy bien que los mariscos concentran hidrocarburos clorados en su sistema a niveles 40.000 a 70.000 más grandes que los del agua a su alrededor, de modo que era evidente que los residuos de DDT no habían persistido mucho tiempo en las aguas costeras.

Después de siete meses de tales testimonios, el juez examinador de las audiencias de la EPA, Edmund Sweeney, emitió su decisión final el 26 de Abril de 1972. En ella declaró: “El DDT no es un peligro cancerígeno, mutagénico o teratogénico para los seres humanos. Los usos del DDT involucrados aquí no tienen efectos deletéreos en peces de agua dulce, organismos estuarianos, aves silvestres u otro tipo de vida salvaje... las evidencias en las audiencias apoyan la conclusión que existe una necesidad presente para los usos esenciales del DDT”.

William Ruckelshaus, administrador de la EPA, jamás asistió a ninguna de las audiencias, y sus ayudantes informaron que ni siquiera leyó las minutas del juicio. Sin embargo, desestimó la decisión de su juez y de manera unilateral y arbitraria prohibió al DDT. Sus declaraciones finales no son muy tranquilizantes. Usó el nombre químico equivocado para el DDT; dijo que “el DDT tiene tres principales subproductos, DDA, DDE, DDD” y que “Existe un registro separado para el TDE (DDE)”.

Lo cierto es que el DDE no es lo mismo que el TDE, y el DDE jamás había sido registrado como insecticida. También dijo que los granjeros debe-rían usar Parathion como substituto del DDT, ignorando evidentemente que cientos de personas habían muerto a causa del Parathion y que es sumamente venenoso para las abejas, pájaros y toda otra forma de vida animal. (N. del T.: En Argentina el parathion se comercializó bajo el nombre de Folidol hasta su prohibición por ser un veneno potentísimo y de una peligrosidad increíble.)

Rachel Carson recordaba que “una aplicación de parathion mató a 65.000 mirlos de alas rojas, lo mismo que mapaches y conejos”.

Mi larga crítica a la orden de Ruckelshaus fue insertada en el Registro del Congreso por el Senador Barry Goldwater (Rep. Arizona). Más tarde, en una carta al presidente de la American Farm Burerau Federation, Ruckelshaus escribió: “Las decisiones que involucran substancias tóxicas son políticas, con una ´p´ minúscula” y que “la decisión final sigue siendo política”. Ruckelshaus se negó a requerimientos del Departamento de Agricultura de los EEUU para que cumpliese con los requisitos del Acta de Libertad de Información, y también rehusó emitir ninguna Declaración de Impacto Ambiental (aunque sus acciones darían por resultado la pérdida de millones de vidas humanas en todo el mundo y la destrucción de millones de acres de bosques en los EEUU).

El vicepresidente Al Gore nombró a la ecologista de Florida Carol Browner como nueva jefa de la EPA. Poco después, Browner informó: “Estoy aterrada por lo que me enteré acerca de la falta total de gerenciamiento, responsabilidad y disciplina. He revisado informes de auditoría que describen claramente violaciones a las reglas y un intolerable derroche del dinero de los contribuyentes”. (Audubon Magazine, Sept. 1993). Bueno, por cierto que estamos de acuerdo con ella!

Análisis defectuosos del DDT

Los análisis defectuosos de tierras y aguas llevaron a que mucha gente creyese que el DDT era persistente en el ambiente. La verdad es que, simplemente, esas muestras no fueron analizadas adecuadamente. En 1969, Dan Anderson informó que había vuelto a analizar las cinco muestras usadas en 1965 para ayudar a prohibir al DDT. Tres de las cinco muestras que antes había informado que contenían altos niveles de DDT, en realidad no contenían ninguno, y que los otros dos sólo tenían la cuarta parte de los anteriormente informa-do. (Canadian Field Naturalist, 1969).

Muchos otros científicos advirtieron que la mayoría de los procesos analíticos no diferenciaban al DDT de los PCB, y “que ciertos picos del cromatógrafo son idénticos a los picos del DDT, DDE y DDD.” (Env. Sci. Technology, 1970)

W. Hylin advirtió que “los compuestos organo-clorados en las plantas pueden causar interferencias en los análisis de residuos de DDT” (Residue Reviews, 1969), y J.J. Sims encontró que “las algas marinas producen compuestos halogenados que han sido identificados falsamente como metabolitos del DDT, y que los compuestos halogenados que contienen bromo o yodo también pueden registrar falsamente en el cromatógrafo de gases”.

Frazier et al., analizaron 34 muestras de tierras que habían estado selladas en frascos de vidrio desde que fueron recogidas en 1911. El cromatógrafo de gases indicó que cinco tipos de insecticidas hidrocarburos clorados estaban presentes en esas tierras, aún cuando ninguno de ellos existió hasta 30 años después de que los envases fueron sellados. (Pesticide Monitoring Journal, 1970).

W. Hom explicó en Science (184:1197-99), que las aparentemente altas concentraciones de DDE en los sedimentos depositados en la cuenca de Santa Bárbara, en el sur de California 12 años antes que el DDT existiese diciendo: “Atribuimos el DDE de las muestras de 1930 a una contaminación espúrea durante la recolección, almacenamiento y análisis.” (Se ha informado de miles de otras muestras como conteniendo DDT más de 10 años después de haber cesado de estar presente, y normalmente las personas que informaron tales concentraciones no se molestaron en retractarse de esos informes falsos.

Los ecologistas dicen a menudo que el DDT no puede degradarse en el ambiente, y Marc Lappé llegó a escribir que “el DDT no es degradado por los seres vivientes”. Por el contrario, el DDT es degradado rápidamente en el ambiente por el calor, frío, humedad, luz solar, alcalinidad, salinidad, muchas substancias químicas naturales y micro-organismos comunes en los suelos. De manera obvia, si no se degradaba, no hubiese sido necesario aplicarlo varias veces a los cultivos para controlar las plagas!

El DDT también es rápidamente destruido por las enzimas hepáticas de las aves y los mamíferos, y las plagas de artrópodos desarrollaron resistencia al degradarlo dentro de sus cuerpos. Cuando escuché las afirmaciones de Lappé busqué entre mis archivos y encontré más de 140 artículos sobre el DDT que documentaban la degradación del DDT en el ambiente (sin incluir los ejemplos de plagas que habían desarrollado resistencia al producto). Envié copias por correo a varios periódicos, radios y estaciones de televisión, pero ni una sola respondió o corrigió sus anteriores falsas afirmaciones, aún después de tener en sus manos la información científica!

Durante la campaña que buscaba el permiso de la EPA para rociar DDT en tres estados del noroeste de los EEUU para detener la aparición de la polilla de copete (tussock moth) durante los años 70, el Vancouver Sun y el Lewistone Tribune publicaron editoriales (Dic. 2, 1974) afirmando que “el DDT tiene una vida media de varios miles de años.” Yo sabía de dónde habían obtenido esas afirmaciones falsas, de manera que envié a cada editor copias de la literatura científica que refutaban esos cargos, pero ninguno de ellos respondió. Después de tres años de extenuante campaña, obtuvimos el permiso de la EPA para rociar 430.000 acres de bosques del noroeste. Esa única y bien atinada aplicación de DDT (una libra por acre) erradicó la epidemia y no provocó daños a otras formas de vida.

La Cláusula Delaney

La Cláusula Delaney, de la Ley de Aditivos en los Alimentos establecía bajo la Sección 409 del 21 USCS 3498 que “ninguna sustancia química será considerada segura si se encuentra que induce cáncer cuando es ingerida por el hombre o los animales, o si se descubre, después de ensayos apropiados para la evaluación de la seguridad de los aditivos para alimentos, que induce cáncer en hombres y animales...” Los ensayos que eran usualmente empleados no eran “adecuados para la correcta evaluación de la carcinogenicidad.” Los ensayos involucraban dosis extremadamente altas, forzadas en las ratas que habían sido criadas especialmente para ser hipersensibles a los cancerígenos.

El uso de experimentos inadecuados en roedores que involucraban dosis masivas y aplicaciones antinaturales de substancias químicas han causado mucha controversia. El American Council for Science and Health escribió que “los sanos principios toxicológicos son burlados rutinariamente en los experimentos sobre roedores de laboratorio, y los resultados son frecuentemente extrapolados inadecuadamente para los humanos.” (1991). Se encontró que las ratas producían una proteína especial (Alfa 2U Globulina) que las hace especialmente proclives a desarrollar cánceres y tumores.

En 1992, la EPA hizo notar que los seres humanos carecen de dicha proteína, lo que “podría in-validar miles de experimentos de pesticidas, preservantes, aditivos y otras substancias químicas que fueron prohibidas porque causaban tumores en las ratas de laboratorio”. Esos tumores, dijeron, “son un efecto específico de las especies de las ratas y no son aplicables a las evaluaciones de riesgos para los humanos”. Obviamente, tales experimentos sobre ratas no debían ser considerados “adecuados para la evaluación de la seguridad de los aditivos en alimentos para inducir cáncer en humanos y animales”, como lo requiere la Cláusula Delaney.

Russel Train, Administrador de la EPA, ignoró los requisitos de la Cláusula Delaney que los experimentos debían ser adecuados, y los abogados de la EPA asumieron que ellos podían prohibir cualquier químico que causase cualquier cáncer cuando se aplicaba sobre animales de ensayo a cualquier dosis, aún de manera muy inadecuada (incluyendo alimentación forzada e inyecciones directas en la sangre, peritoneo, o cualquier otra parte.)

Aún después de ignorar los requerimientos explícitos de la Cláusula Delaney de “ensayos adecuados”, para determinar la capacidad cancerígena, ellos no podrían haber prohibido muchas de esas substancias si el “cáncer” no hubiese sido redefinido por el abogado Russel Train! Previamente se había considerado que el cáncer era un crecimiento maligno que tendía a extenderse a otras partes del cuerpo, frecuentemente con resultados fatales.

Por otro lado, se consideraba que los tumores eran formaciones no malignas que no se desparramaban (y en los roedores de laboratorio desaparecían con frecuencia después que el asalto masivo con químicos era interrumpido). El abogado Train redefinió esos términos médicos y declaró que “para los propósitos de la EPA, las sustancias tumorogénicas y las cancerígenas son sinónimos” y que “a los efectos de ensayos para potencial cancerígeno no se deberán hacer diferencias entre la inducción de tumores diagnosticados como benignos o malignos”. (Chem. & Engineering News, 52:13, 1974). Entonces, las sustancias de cualquier tipo podían ser consideradas cancerígenas y podían ser prohibidas invocando la Cláusula Delaney!

El Consejo para las Ciencias Agrícolas y Tecnología (un consorcio de más de 30 organizaciones profesionales) observó que “clasificar como cancerígenos a todos los químicos que causan tumores sobrestima enormemente los riesgos del cáncer”.

Train dejó la EPA para unirse al directorio de la Union Carbide Corp. (que no había sido “amigable” con el ambiente). En ese momento, la EPA tenía más de 10.000 empleados y su presupuesto en 1980 era de 5.000 millones de dólares.

Las preguntas apropiadas podrían ser: ¿Alguien en la EPA realmente leyó alguna vez la Cláusula Delaney? Si así fue, ¿entonces buscaron malinterpretar deliberadamente los claros requisitos de la cláusula? El representante Delaney declaró una vez que “demasiados egos, reputaciones y carreras están expuestas; si se tratan de cambiar las cosas, los locos vienen a uno con lanzallamas y motosierras”. Es fácil comprender por qué lamentó el hecho, como declaró: “Me iré a la tumba con esa maldita cosa colgando de mi cuello”.

El Acta de Protección de Calidad De los Alimentos

En 1966, el congreso promulgó el Acta de Protección del Calidad de los Alimentos (FQPA). Esta acta ordena que la EPA puede prohibir cualquier químico, a menos que crea que “existe una razonable certeza de no daño”. Se requiere que todos los pesticidas sean reevaluados antes del 2006. Para Agosto del 1999 deben analizar 3.000 de ellos. El director del Programa de Pesticidas de la EPA dijo que una manera de implementar el Acta sería revocar simplemente todas las tolerancias y comenzar todo desde cero! Nadie ha indicado qué es lo que la EPA quiere decir con “razonable” y (aún peor) no hay ninguna indicación de qué es lo que ellos entienden por “daño”. Además, la EPA tendrá que decirnos que quiere decir “no”!.

Nuestro Futuro Robado

En 1969 fuimos expuestos a un indecoroso nuevo libro, Nuestro Futuro Robado. El principal autor era Theo Colborn. Al principio del libro, declaraba que trataba de encontrar la evidencia del aumento de cáncer en el área de los Grandes Lagos. Desgraciadamente, su investigación encontró tasas de cáncer más bajas! “Enfrentada a este contratiempo, ella se concentró en la literatura de vida silvestre y trató de pensar con claridad adonde debería dirigirse ahora”. El libro resultante abunda en reclamos sin fundamentos, incluyendo riesgos por exposiciones infinitesimales a químicos que ella decía que darían por resultado deficiencias en la esperma, cáncer de mama, testículos y glándulas prostáticas, fertilidad huma-na reducida, endometriosis femenina, inteligencia erosionada, incremento en comportamiento destructivo en niños, y epidemias de falta de descenso de los testículos y penes más cortos en los caimanes.

Jessica Mathews, del Council on Foreign Relations, escribió sobre el libro en el Washington Post, Marzo 11, 1996, diciendo; “Hemos estado demasiado obsesionados por los obvios riesgos de los químicos tóxicos, cáncer y defectos de naci miento. Si se prueban, la supresión inmunológica y la rotura hormonal, pueden ser mucho más peligrosas”. Afirmó que el libro “hará que las previas contiendas sobre nitratos, sacarina, formaldehído, Times Beach, Love Canal, colesterol, Alar y aún el tabaco, parezcan juego de niños”.

La coautora, Carol Dumanoski (ecologista del Boston Globe) había escrito antes: “No hay tal cosa como la información objetiva, y me he vuelto aún más astuta sobre cómo encontrar las voces que pienso dicen lo que creo es verdad. Esa es mi misión subversiva”. De acuerdo al Washington Times, Marzo 13, 1996, Miss Dumanoski admitió en 1994 que ella “había manipulado hechos sobre la capa de ozono” para obtener la más alta calificación para su historia, que fue así publicada en la primera página del Los Angeles Times.

El American Council on Science & Health revisó el libro, informando “la evidencia científica es extremadamente tentativa, pero el potencial para despertar el miedo entre los no científicos es grande”. También fue examinado en Science, donde el revisor declaró que “no fue escrito para científicos”, comentando que “no existe discriminación entre informes anecdóticos y estudios científicos”, y dijo que el libro “nos hace preguntarnos sobre la capacidad científica del juicio de las autoras”.

Miss Colborn dijo que en el lago Apopka, Florida, los penes de los caimanes eran la mitad del tamaño normal, pero no suministró ningún lineamiento previo de las medidas. Louis Guillette se hizo famoso por medir esos penes, pero su ex cohorte, Timothy Gross dijo que las mediciones estaban basadas en información pobre porque Guillette no sabía la edad de ninguno de los caimanes, de manea que no podía saber si estaban plenamente desarrollados.

La revista Wilderness (Invierno 1986) dijo que el Lago Apopka era ya una letrina en 1950, debido a los residuos del procesamiento de citrus, efluentes cloacales y residuos de cientos de acres de tierras cultivadas a lo largo de sus costas. El National Observer (Junio 21, 1971) declaró “el Apopka es un poco profundo charco de agua fétida, casi inapropiado para el uso humano. Los residuos humanos arrojados allí son químicos de Winter Gardens, e incluyen etinilestradiol (EE) de la orina femenina, que es hormonalmente activa a concentraciones tan bajas como 0,1 nanogramo (un décimo de mil millonésima de gramo).”

Se supondría que los caimanes en el agua también deberían ser afectados por el EE!. Estudios han demostrado altos niveles de aeromonas liquefaciens en el agua, una bacteria que disuelve los órganos internos de animales acuáticos. En Septiembre de1971, la revista Audubon informó que miles de tortugas y peces habían muerto allí, como también “las primeras muertes de caimanes”. Debe hacerse notar que los caimanes, aparentemente, no habían sido dañados antes, durante 30 años de polución de DDT!

Un informe de la National Academy of Sciences acerca del efecto de químicos, incluyendo estrógenos, sobre los seres humanos será publicado dentro de poco. Basado en alegaciones falsas como las del libro de Colborn, el gobierno Federal planea ahora ensayar 60.000 químicos. De acuerdo a un reciente artículo de Forbes, de Michael Fumento, el plan es prematuro porque no existe ningún veredicto científico con relación a la su-puesta ruptura endocrina. Una profunda investigación sobre los químicos sospechados costará un promedio de $1,5 millones cada uno. “Si la EPA no detiene la caza en una etapa temprana, los costos se elevarán a $23.000 millones para ensayar sólo el 24% más sospechoso de los químicos... El ensayo de los organoclorados comunes le costaría a la nación unos $100 mil millones anuales”, dice el Dr. Fumento.

En un artículo de Science, Junio 7, 1966, se dijo que aunque una sola sustancia química puede no tener efectos adversos, una combinación de cuatro químicos parece tener un efecto mil veces más grande que el efecto combinado de los cuatro. (se informó que esos investigadores estaban subsidiados por la John Myers Foundation). Un año más tarde, los investigadores responsables del artículo se retractaron, en Science, porque nadie pudo repetir los resultados, ni siquiera los mismos investigadores originales.

Falsas alegaciones respecto al Alar

En una emisión del show de TV “60 minutos” de la CBS titulado “A is for Apple” (“A es por Manzana), Ed Bradley le dijo a 40 millones de norteamericanos (Feb, 26, 1989) que “el químico más potentemente cancerígeno en nuestros alimentos es un pesticida rociado sobre las manzanas, para mantenerlas más tiempo en los árboles y hacer que luzcan mejor. ¿Y quién corre más riesgos? Los niños, que algún día desarrollarán un cáncer a causa de este químico”.

Es importante hacer notar que el Alar no es un pesticida, sino que se trata de una hormona vegetal. Nunca mató nada sino que simplemente aumentaba la capacidad del árbol de impedir una caída prematura de la fruta. Bradley tampoco informó a los televidentes que ni un solo caso de cáncer humano se había relacionado jamás con el uso del Alar.

El principal “vocero científico” del programa de la CBS era William Lijinsky, Fue presentado por Ed Bradley como “el jefe de un laboratorio de carcinogénesis química del National Cancer Institute”. El National Cancer Institute objetó diciendo que “Lijinsky no está empleado o conectado de manera alguna con el National Cancer Institute”.

La EPA había emitido antes un parte de prensa en Feb. 1, 1989, diciendo que un experimento de dos años sobre ratas no había indicado que el Alar fuese cancerígeno. El presidente del International Apple Institute dijo que la hormona “es tan escasa en las manzanas que una persona debería comer 14.000 kilos de manzanas diarias para llegar a ingerir lo que los investigadores le dieron de comer a las ratas”. Otras fuentes indicaron que un niño debería beber 19.000 litros diarios de jugo de manzana para estar expuesto a una concentración de Alar similar a la que se forzó a comer a las ratas.

En Gran Bretaña, un grupo de científicos nombrados en 1984 por el Parlamento para revisar los cargos contra el Alar declinaron prohibirlo diciendo: “No estamos de acuerdo con que la información sobre animales sea transferible al hombre, o que respuestas a grandes dosis pueden predecir respuestas a bajas dosis”. Sería maravilloso si más científicos norteamericanos fueran tan inteligentes. Suponiendo que algunos de ellos lo sean, sería más maravilloso si ellos pudiesen ser tan veraces!



El Dr. J. Gordon Edwards es profesor emérito de entomología de la Universidad Estatal de San José, California. Allí ha enseñado biología y entomología por más de 50 años y es un antiguo miembro del Sierra Club y de la Audubon Society, y miembro de la Academia de Ciencias de California.

Sus artículos publicados en EIR incluyen “La Historia del dieldrin: Cómo los ecologistas de EEUU aseguraron la supervivencia de la langosta en África”, Sep. 2, 1988; “La Ecoindustria persigue un innoble Genocidio”, Junio 19, 1992; “Alarmistas en programa de ABC afirman que el DDT está provocando cáncer de mama”, Enero 21, 1994.

El Dr, Edwards puede ser contactado en el Biology Department, San Jose State University, San Jose, California, 95192-0100, Estados Unidos, Teléfono: (408) 924-4878.




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