Política ambiental cubana:
Más argumentos para sentir vergüenza en
el Día Mundial del Medio Ambiente.


Tercera parte

Cuba se interesa también por plantar maderas nobles y de ahí deben venir los buenos augurios recibidos en el PNUMA. Y en efecto, Fidel Ramos, Viceministro de Agricultura quiere copiar lo que hacen los gallegos en Extremadura (Cubanet 2000) y replantar en Cuba más Tecas (Tectona grandis), cuya nobleza radicará entre las maderas “naturales” de España, pero no entre las oriundas cubanas, y para con ellas eliminar la salinidad del sudeste de Guantánamo y repoblar de árboles una zona que nunca los tuvo. Si los directivos del PNUMA supieran lo que hacen, jamás hubieran otorgado la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente a un país como Cuba. Pero estas instituciones son parte de la ONU y van, como ya es costumbre, a celebrar junto a los verdugos un desfachatado entierro en vez del necesario alumbramiento.

Extinciones y extirpaciones

Los ecosistemas de las islas son, por regla general, mucho más frágiles que sus similares continentales y en este sentido, el archipiélago cubano no es una excepción. La deforestación, la introducción de grandes ungulados, la agricultura, y la introducción de especies exóticas son algunas de las causas de la extinción de varias de nuestras especies botánicas. Después de la cuarta glaciación, la causa más probable de las extinciones en Cuba es la actividad humana y como resultado directo de ella, la explotación irracional de nuestros recursos madereros, la tala y la quema indiscriminada de nuestros mejores bosques, y la introducción de numerosas especies herbívoras, lo que en este caso concreto representa todo un récord numérico y prueba de la desfachatez que rige la política ambiental del país.

Entonces, hablando de bosques, me doy cuenta que hace falta añadir aquí algo. A pesar de ser Cuba una de las islas con mayor cantidad de especies botánicas endémicas en el mundo (la segunda después de Madagascar) desde principios de los años 80 existe un catálogo que nos permite afirmar que cerca de 1000 plantas vasculares están amenazadas o en peligro de extinción a pesar del triunfo revolucionario de 1959. Hoy día, y sólo teniendo en cuenta un análisis efectuado al 15 % de ellas, la suma se eleva a más de 600 especies que aparecen en la lista roja de como amenazadas, raras, o difíciles de localizar, 300 en peligro de extinción y 72 ya extintas para siempre (Borhidi y Muñiz, 1983).

Los invertebrados, a pesar de constituir un componente sumamente importante en nuestro ecosistema, es uno de los grupos zoológicos menos estudiados y conocidos por nuestros naturalistas. Poco o ningún respeto ha demostrado el gobierno cubano por mantener con vida la microfauna que ayuda a mantener en buen estado los suelos del país. Lo mismo ocurre con todos aquellos invertebrados terrestres (principalmente moluscos o insectos) que ayudan a procesar el follaje caído en nuestros bosques. Pesticidas y explotación comercial son las causas de su declive, pero no debe ignorarse que mientras el primero es vertido indiscriminadamente sobre sus poblaciones en todos nuestros campos cultivados, el segundo es un método practicado sin contemplaciones desde que en los años 60 se creara la EMPROVA (Empresa para la Producción de Productos Varios), y a través del cual se exportaron cientos de miles de invertebrados cubanos en forma de pisapapeles.

Pero veamos este ejemplo y saquemos las conclusiones por nosotros mismos. En las Cuchillas de Moa existía un aserradero en la inhóspita localidad de Nuevo Mundo (1100 m.s.n.m.) al que ningún especialista podía llegar por falta de apoyo estatal. En 1972, el cantante tenor Ramón Calzadilla facilita un camión a un grupo de científicos y en el que una simple visita permite colectar y descubrir una nueva especie del caracol Polymita, otra de lagarto (Anolis), dos de cortadera (gramíneas) y varias especies de arañas, insectos y escorpiones. Un año después, otra expedición es llevada a cabo y a los miembros originales se une entonces un entomólogo extranjero (el checo Jan Krecek). Sin embargo, lo que quedaba de aquellos bosques originales los dejó aterrados. Todos los árboles de madera dura y de gran talla habían sido talados y en su caída, habían acabado con el sotobosque, y ni siquiera habían sido aprovechados, pues habían rodado hacia los desfiladeros y de allí era imposible sacarlos.

Lo que un año antes había sido considerado una región auténticamente original, ahora mostraba un desequilibrio increíble de xylófagos (termitas que se nutren de madera muerta) y lagartos de gramíneas (que habían proliferado excesivamente). De regreso, este grupo de científicos decidió visitar otra localidad muy famosa desde el punto de vista entomológico llamada la Loma del Gato, pues de ella se conocían, pero sólo por el holótipo (el primer y único individuo colectado) una serie de insectos muy interesantes descritos por el científico cubano Fernando de Zayas. Por desgracia, y al igual que ocurrió en la localidad anterior (y en muchas otras más a todo lo largo y ancho de la geografía cubana) el bosque había sido transformado en pastizal y ya no era posible contar con el habitat apropiado para salvar al Leptolycus parda (de la familia Lycidae), ni al Phlogiosternus orientalis (de la familia Cleridae), ni al Mordellistena tetramaculata (de la familia Modellidae), ni al Cnodalon turquinensis (un Tenebriónido típico del Pico Turquino). Tan desolada había quedado aquella zona, que incluso el seminario de Jesuitas que allí existía y en el que se estudiaba la flora y la fauna local se quedó vacío.

Otros de los grandes perjudicados por la política ambiental cubana son los anfibios y los reptiles. Según especialistas del bosque tropical, una hectárea de bosque pluvisilva puede acoger unos 20`000 individuos de ranitas de la familia de los Leptodactilos. Estos pueden llegar a devorar en una sola noche más de 100`000 presas (la mayoría insectos), o servir de alimento a decenas de depredadores, incluyendo aves, reptiles y arácnidos. Pues bien, en los bosques de los cuales les hablo, y donde el canto de estas ranas asemeja un concierto de miles de campanillas de cristal sonando al unísono, el gobierno ha decidido vender la tierra sobre la que habitan todas estas criaturas a Sherrit International (compañía canadiense que rapiña desde hace ya 5 años sobre el suelo cubano). O lo que es lo mismo, a aquellos que llevan años apoyando al régimen castrista para explotar en Cuba y sin ningún escrúpulo, el cromo que existe en su subsuelo. La Melba, toda la cuenca superior del río Jaguaní, y muchas áreas de la antes protegida Reserva de la Biosfera son hoy susceptibles de cambiar su estado natural y convertirse en canteras a cielo abierto sin ningún interés faunístico que proclamar.

En un estudio sobre la extinción mundial de reptiles y anfibios, Henderson (1992) encontró que más de la mitad de los lagartos y las serpientes extintas del mundo pertenecen al Caribe. Otro tanto ocurre con las aves en donde el 90 % de todas las extinciones han ocurrido en la avifauna de las islas. Si damos crédito a las noticias del estado cubano, al menos dos especies endémicas de aves se han extinguido en Cuba como consecuencia de la falta de interés estatal en los últimos 10 años. En tal caso están el Carpintero Real (Campephilus principalis) y el Gavilán Caguarero (Chondrohierax unicinatus wilsonii). Ambas especies fueron utilizadas como propaganda ambiental por el gobierno cubano mientras se las daba como habitantes insignes de los bosques de Sagua-Baracoa, pero lo cierto es que desde aquel entonces, nadie las ha podido ver, estudiar, o corroborar tan sólo su reaparición.

Por increíble que parezca, no existe en toda la historia de la revolución un solo documento que atestigüe algún plan de recuperación poblacional en ninguna de las más de 300 especies y subespecies de aves que nidifican en nuestro archipiélago. No contamos, a excepción de algunos estudios realizados en dos universidades del país (La Habana y Camagüey), con ningún monitoreo de población, o ningún estudio de nidificación a largo plazo, ni ningún control sobre manejo de los hábitats en el cual se haya pretendido proteger a las especies que lo habitan. Es más, y da pena decirlo, Cuba no ha permitido que se lleve a cabo ningún estudio o control sobre los depredadores exóticos, ni sobre los competidores, o los parásitos de una sola de nuestras especies endémicas. Y sin embargo, ha destinado decenas de miles de dólares a conocer decenas de virus y todos los huéspedes posibles de nuestra fauna con objetivos jamás explicados y que dejaría sospechando al más ingenuo de los científicos que se conozca.

Con relación a los mamíferos la cosa no va mejor. Con 32 especies históricamente reconocidas (1 insectivoro, 1 sirenio, 6 roedores y 24 murciélagos) nuestro archipiélago es el mejor dotado del Caribe. Pero a pesar de contar con esta buena diversidad, la mayoría de nuestros mamíferos están amenazados o en serio peligro de extinción. Como mismo ha ocurrido con la mayoría de los mamíferos terrestres de las Antillas, la extinción de los mamíferos cubanos se debe a un factor común que resulta posible denunciar. Según me explicaba el paleontólogo Luis Varona (comun. pers.) la evolución aislada de nuestras especies, sin la competencia de predadores, les ha impedido adaptarse al cambio que genera en el ecosistema isleño la introducción de perros, gatos, mangostas, puercos jíbaros, venados, búfalos, monos y otras tantas decenas de mamíferos exóticos.

Especies exóticas

Los ecosistemas nativos de Cuba han sido el escenario más reciente y escandaloso en cuanto a las decenas de especies de plantas y animales exóticos que se han introducido en todo el hemisferio. Como mínimo, se calculan introducidas unas 600 plantas. Pero los botánicos aclaran que el dato no pasa de ser preliminar y poco significativo si se tiene en cuenta que el número de invertebrados que en estas llegaron escondidos ni siquiera han sido expuestos a los especialistas para llevar a cabo su determinación. En algunos casos se trata de insectos-plagas conocidos sólo para el cono Sur e imposibilitados de invadir Cuba sin contar con la ayuda del hombre. En cuanto a los vertebrados, los datos se mantienen en secreto, pero se sabe que al menos unos 10 peces, 3 reptiles, 2 anfibios, 15 aves y más de una veintena de mamíferos han sido introducidos con el fin de establecer poblaciones estables.

Es cierto que la historia de las introducciones de especies exóticas en Cuba es larga, pero no es menos cierto que el número de ellas llevadas a cabo durante el período revolucionario ha eclipsado los 450 años de historia que le precedían (Wotzkow 1998a). Por ejemplo, la introducción de abejas africanas ha ocupado muy poco a la prensa, pero estas improductivas criaturas sí que han ocupado toda cavidad disponible en el bosque sin que nuestras abejas productoras de miel pudieran hacerle competencia. El resultado ha sido el declive alarmante de colmenas ocupadas por nuestras abejas autóctonas. Así, lo que antes era en Cuba un producto con tradición medicinal, barato y abundante, se ha convertido en un raro renglón de importación nunca comparable a la calidad del producto nacional extinto.

Irónicamente, los puertorriqueños, que han introducido en su isla a nuestra Iguana (Cyclura nubila), la tienen allá como abundante, mientras que la desastrosa política ambiental del gobierno de Castro la ha llevado a clasificarla como “vulnerable”. José Ramón Cuevas, recientemente fallecido, olvidó decir que la población de iguanas que habita dentro de los límites de la base Naval de Guantánamo es una de las más protegidas en Cuba, no siendo así con las poblaciones que existían en todas las costas rocosas del país a las cuales el apetito de los soldados rusos pusieron al borde de la extinción. Por otra parte, el interés especial despertado en la clase gobernante cubana (militares y miembros del Comité Central del Partido) por la caza mayor, ha sido decisivo en la creación de grandes cotos de caza saturados de trofeos que poco a poco se van adaptando a las condiciones ambientales del país.

En la clase aves el ejemplo más ridículo es el de Faisán Dorado (Phasianus colchicus), introducido en Cuba para beneficiar la actividad cinegética de los humanos, pero extinto ya dos veces (se introdujo en Jaruco en dos ocasiones) en boca de perros y gatos cimarrones. Por su parte, el Comandante Guillermo García Frías no se da por vencido y en fechas no definidas (pues toda introducción en Cuba es secreto sin dominio público) ha metido en nuestros frágiles pastizales al Avestruz (Struthio camelus), el Ñandú (Rhea americana), la Gallina de Guinea (Numida meleagris), y a cuanta ave le haya parecido atractiva para luego abatirla a tiros. En este caso, cabe señalar que especies como la Gallina de Guinea sí prosperan en Cuba, pues sus huevos son muy duros y resisten las dentelladas de las mangostas, y porque el cazador cubano es cada vez más castigado al querer alimentar a su familia con especies que se encuentran “fuera de la ley”.

Entre los mamíferos inicialmente introducidos en Cuba se encuentran los más ignorados: la mangosta (Herpectes auropunctatus), el perro (Canis familiaris), el gato (Felix familiaris) y los ratones (Rattus sp y Mus sp.), cuyos efectos destructivos en la fauna terrestre no pueden ser descritos en una serie tan breve como esta. Pero no muy detrás, en cuanto a efectos degradantes de otras poblaciones, se encuentran los macacos introducidos en Cayo Rosario y cuya alimentación artificial ha sido interrumpida por falta de recursos financieros, obligándoles a subsistir por sus propios medios de los recursos naturales limitados que puede ofrecerle la frágil fauna y el perfil costero de ese islote. Por hambruna, se sabe que esos monos han ido nadando de un cayo al otro a medida que los huevos, pichones y moluscos desaparecían del primero y sin que hasta la fecha exista un organismo estatal que se haya hecho responsable de informar sobre el descontrol que impera en aquel grupo insular.

Otras especies como el Pecarí (Toyassu tajasu), o el Venado de Cola Blanca (Odocoileus virginianus), viven en Cuba destruyendo el sotobosque desde 1830, pero el gobierno revolucionario, lejos de darle caza al cérvido y aprovechar la extinción natural del porcino, volvió a introducir Pecaríes en los años 80 y ha sobreprotegido al venado en detrimento de nuestras especies nativas. Cayo Saetia esta tan superpoblado de Venados de Cola Blanca que ya se habla de una disminución considerable en la talla de los reproductores y en algunos casos, hasta de una nueva subespecie creada por ese aislamiento que el hombre le ha impuesto por la fuerza.

Desconocimiento popular y perspectiva científica

El archipiélago cubano ha sido desmontado de casi toda su vegetación original y carece de una política ambiental capaz de detener el daño que el estado le hace a la naturaleza. No sin sorpresa el número de especies en peligro de extinción ha aumentado rápidamente dejando pocas razones para el optimismo con relación al futuro de nuestros recursos naturales. El último cambio de estrategia del gobierno cubano, lejos de favorecer a los ecosistemas, ha permitido su futura devastación. Lejos de entender que la clave para un turismo masivo es contar con un territorio verde y naturalmente atractivo, el gobierno ha otorgado a todos los inversionistas extranjeros una patente de corzo para construir en cualquier reserva natural del país. Eso es lo que deja en claro cada “licencia ambiental” que se otorga con amparo de la ley 81.

Al margen de todo este problema, la población cubana continúa más desinformada que nunca y sin recibir ningún tipo de educación que le permita discrepar de lo mal hecho. A pesar que la población de Cuba no crece prácticamente desde 1980 (dado el aumento exponencial de la emigración, el suicidio, y el aborto), el desarrollo del turismo sin respeto por los ecosistemas naturales que aún quedaban ha dejado en mal estado cientos de áreas a las cuales siempre estuvo prohibido el acceso ciudadano. En adición a esta invasión humana no cubana, están las predicciones del calentamiento global. Si esos cálculos son correctos, un incremento de los huracanes en el Caribe no se hará esperar. Por ello, todos nuestros ecosistemas volverán a alterarse y entonces, poco quedará para el hombre que no sea acusar al bloqueo, al imperialismo yanqui, al niño, o a la niña, de aquello que él no ha querido comprender.

Sólo la protección más adecuada de nuestras reservas naturales pudiera garantizar el futuro de algunas de sus poblaciones existentes, pero siempre y cuando estas tengan una amplia distribución dentro del archipiélago y sean capaz de soportar estos fenómenos climáticos, o la aparición de enfermedades asociadas. Para lograr esto, Cuba necesita ser reforestada de inmediato creando numerosos corredores que permitan la conservación y el mejor flujo genético para que este garantice una mejor distribución a su fauna (Wotzkow 1998). Estas sugerencias para la restauración de los ecosistemas forestales cubanos no debe esperar más, dado que el número de especies amenazadas en nuestros hábitats originales aumenta severamente y a ritmos insospechados.

Vergüenza debiera entonces ser un término sustituido por el de bochorno, porque en Cuba, y dado lo acelerado que se destruyen todos sus ecosistemas, resulta imposible plasmar en un mapa la distribución geográfica de ninguna especie (Wotzkow 2000), ni dar cifras de su abundancia relativa por lo desproporcionados que resultan los planes estatales en la naturaleza. Ni siquiera los cubanos, verdaderos campeones en evadir a los depredadores exóticos introducidos se salvan del declive demográfico que sufre su propia población. Con las casas del país convertidas en cavernas apuntaladas, o en refugios donde rezar bajo las inclemencias del tiempo, el cubano huye del aíre enrarecido por cada fumigación. El resto, vive bajo la amenaza continua de la cárcel, lo que limita de manera directa su fuente balanceada de alimentación.

Carlos Wotzkow
Bienne, Suiza, Febrero, 2001

Referencias

Borhidi, A. y O. Muñiz (1983): Catálogo de plantas cubanas amenazadas o extinguidas. Editorial ACC, La Habana.
Cubanet (2000): “Cuba, interesada en bosques como los que hay en La Vera”, Periódico Hoy. España, Junio 8, 2000.
Henderson, R. W. (1992): “Consequences of predator introductions and habitat destruction on amphibians and reptiles in the post Columbus West Indies”, Caribbean Journal of Science, 28: 1-10
Wotzkow, C (1998a): Natumaleza Cubana. Ediciones Universal, Miami, USA. 294 pp.
Wotzkow, C. (1998b): “S.O.S. por la naturaleza cubana”, Revista Encuentro de la Cultura Cubana. N° 8/9 pp. 16-23.
Wotzkow, C. (2000): “El Bosque en Cuba: análisis de una noticia para tontos”, Revista Guaracabuya. Sociedad Económica Amigos del País. 2 de Octubre 1999. 3 pp.



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