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    El debate del clima dominado por los patos charlatanes

    Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC

    Mayo, 29 2016

    En Oceanía, la sociedad distópica de la novela “1984” de George Orwell, el gobierno había creado un nuevo idioma para controlar los patrones de pensa-miento de la población. Oficialmente llamado “Newspweak” (o “Nuevahabla” o “Nuevalengua”) fue el primer idioma que, cuando fue totalmente adoptado, limitaba el rango del pensamiento humano. Conceptos como libertad, escep-ticismo, y debate eran virtualmente impensables dado que no existían palabras para describirlas, aparte del término genérico “pensar criminal”.

    Quizás la palabra más insidiosa era “duckspeak” o “charla de pato”, una forma de hablar consistente de palabras y frases santificadas por el partido; lenguaje que enviaba nada más que mensajes políticamente correctos. Básicamente, es una manera de hablar articulando palabras mediante el uso instintivo de la laringe pero prescindiendo de los grandes centros nerviosos del cerebro. Quien haya conseguido dominar el “duckspeak” podría disparar afirmaciones pura-mente ideológicas como si fuesen balas de una ametralladora sin siquiera pensar en ellas. Las palabras salen de la laringe como el graznido de un pato.

    Ser llamado un “duckspeaker” o “patohablador” era un sincero cumplido ya que indicaba que uno era un buen conocedor del idioma oficial y las visiones del estado.

    Más que nunca antes, hoy estamos en una era de “charla de pato” del cambio climático. Más que ser meramente absurdo o una sátira social, el propósito que subyace en la “charla de pato” es ominoso: es inducir a los líderes de opinión y al público a pensar en el cambio climático sólo de la manera en que el gobierno quiere. Considerar formas alternativas de pensamiento es “negación del cambio climático,” la versión actual del “crimen de pensa-miento”, castigable con la excomunión y expulsión de una sociedad responsable.

    Si la coalición de Fiscales de Estado Unidos por Una Energía Limpia, (Attorney Generals United for Clean Power) se salen con la suya, hablar desde el otro lado del debate sobre el clima podría bien ser un crimen con cargos civiles o criminales.

    El presidente Barack Obama ha creado el escenario para la “charla de patos” al afirma repetidas veces que “el debate está terminado. El cambio climático es un hecho.”

    Sin embargo, como afirma el Profesor Tim Patterson, profesor de ciencias de la Tierra de la Universidad Carle-ton, “El clima es y ha sido siempre variable. La única constante en el clima ha sido siempre el cambio: está cambiando constantemente”. De manera que la afirmación de Obama y de otros líderes de opinión que dicen lo mismo, aparece como una verdad muy evidente, pero trivial, como “la salida del sol es real.”

    Pero va mucho más allá que eso. De manera intencional o no, el presidente Obama está usando una estrategia sacada de “1984”. Sus afirmaciones implican que los expertos han concluido que están ocurriendo eventos cli-máticos inesperados, y que el gobierno tiene que salvarnos. De esta posibilidad ya nos había advertido el gran pensador norteamericano Hubert L. Mencken, allá por la década del 1920: “Todo el propósito de la política prác-tica es mantener al populacho alarmado, y por ello clamoroso de ser conducido a la seguridad, amenazándolo con una interminable serie de sandeces, todas ellas imaginarias." Y añade para redondear la idea que imaginaría más adelante George Orwell: “La urgencia de salvar a la humanidad es casi siempre un falso frente para el ansia de gobernarlo.”

    Obama refuerza esta percepción con afirmaciones dramáticas como las contenidas en el sitio web de la Casa Blanca “Reduciendo la Polución de Carbono en América”: Me rehúso a condenar a nuestra generación y a las futuras a un planeta que no tendría arreglo.”

    Pero referirse a los gases invernadero como “polución de carbono”, como la Casa blanca lo hace doce veces e su página web, es “charla de pato” en un estado muy puro. Esto conjura imágenes de oscuras y peligrosas emisiones de hollín, que en realidad es carbón. A lo que Obama y el resto se están refiriendo en realidad es al dióxido de carbono o CO2. Pero si ellos lo llamaran así la mayor parte de la gente no se preocuparía recordando desde sus días de bachillerato que el CO2 es un gas imprescindible para la fotosíntesis y el crecimiento de las plantas. De manera que los patos charlatanes lo han rebautizado como “carbono” para asustar al público y para desalentar cualquier pensamiento ulterior, siguiendo estrechamente la estrategia del Hermano Mayor en el clásico de Orwell.

    De manera similar, referirse a las energías que emiten bajos niveles de CO2 como “energías limpias” o verdes es un error dado que el gas de ninguna manera es sucio. Pero la etiqueta promueve una imagen de totalidad am-biental escondiendo la verdadera e inefectiva naturaleza de muchas fuentes de energía alternativa.

    Por último, la expresión “97% de expertos están de acuerdo” es, usando la vernácula manera de hablar de Oceanía, “charla de pato doblemente-buena”, diseñada para suprimir al debate y promover los lineamientos del partido. Después de todo, ¿Quién se atrevería a desafiar a los expertos en un asunto tan complicado?

    Pero la “apelación a la autoridad” y la “apelación al consenso” son falacias que prueba nada acerca de la natu-raleza. Además, si tales encuestas fuesen tomadas en serio, uno debería preguntarles: han estudiado estos expertos las causas del cambio climático? ¿Y sobre qué se han puesto de acuerdo?

    En realidad, ninguna de las encuestas que se usan para respaldar al argumento del consenso son convincentes. Ellas hicieron las preguntas equivocadas, o le preguntaron a las personas equivocadas, o encuestaron a la ma-yoría de aquellos que de manera obvia están de acuerdo con la posición del gobierno. Los informes independien-tes tales como los del Panel Internacional No gubernamental del Cambio climático muestran que la ciencia es altamente inmadura con un gran rango de diversas opiniones acerca del futuro cambio de clima.

    Aunque fue publicado hace 67 años, “1984” es hoy más relevante que nunca. La lingüista M. J. Hardman, de la Universidad de Florida resumió el importante rol que juega el lenguaje en el control de la sociedad cuando escribió su paper: “Lenguaje y Guerra” (2002), “El lenguaje es inseparable de la humanidad y nos sigue en todos nuestras obras. El lenguaje es el instrumento con el que formamos nuestro pensamiento, os sentimientos y el humor, aspiraciones, voluntad y acciones, el instrumento con el que influimos y somos influenciados.”

    No es sorprendente, entonces, que los trucos del lenguaje de Orwell como el “duckspeak” son usados para justificar lo injustificable en la guerra de palabras sobre el calentamiento global.

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