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    Bill Nye el pseudo científico de la TV

    Willy Soon e István Markó

    Mayo 27, 2016 por Dr. Willie Soon y Dr. István Markó

    CFACT
    Mayo 30, 2016

    Los hechos no apoyan sus hipótesis de manera que grita más fuerte, cambia los temas y ataca a sus críticos.

    La verdadera ciencia requiere que la información, observaci-ones y otras evidencias apoyen a una hipótesis .y que pueda soportar un análisis y una crítica rigurosa –o la hipótesis está equivocada.

    Es por ello que alguna vez Albert Einstein bromeó, “si los hechos no se adecúan a su teoría, cambie a los hechos.” Cuando se le informó que los científicos alemanes nazis que habían rechazado su teoría habían publicado un panfleto titulado, “100 autores contra Einstein,” él replicó: “¿Por qué 100? Si yo estoy equivocado con uno solo es suficiente.”

    En el campo de la ciencia del clima la regla parece ser esta: Si los hechos no apoyan a su argumento, hable más alto, retuerza los hechos, e insulte a sus oponentes, Por cierto, eso es lo que auto nombrados ‘expertos’ en calentamiento global como Al Gore y Bill Nye están haciendo.

    En lugar de debatir con los científicos que están en desacuerdo y no aceptan sus falsas afirmaciones que los humanos son culpables del peligroso cambio climático, ellos simplemente proclaman a voz en cuello:

    Nuestra teoría explica todo lo que está sucediendo. Temperaturas más cá-lidas o más frías; tiempo más húmedo o más seco; menos hielo en el Ártico y más hielo en a Antártida, todo es causado por el uso de los combustibles fósiles.”El “cientificismo” climático desfigura a los hechos, rehúsa discutir asuntos de energía y clima con quienes señalan las fallas masivas en la hipótesis del caos climático antropogénico, agrede a quien no condene al dióxido de carbono, y los etiqueta como equivalente a los Negadores del Holocausto.

    En un reciente artículo en el Huffington Post, el SR, Nye “desafía a los negacionis-tas” al afirmar que “La ciencia del calentamiento global hace mucho tiempo que quedó establecida, y uno puede preguntarse entonces, por qué en los Estados Unidos, nominalmente el país más tecnológicamente avanzado del mundo, no es el líder mundial en enfrentar las amenazas.”

    Quizás se deba a que la ciencia no está “establecida”.

    Cuando el gobierno australiano recientemente cambio los fondos para estudia al clima a enfrentar las amenazas que podrían resultar, 275 puestos de trabajo de investigadores se pusieron en peligro. Los mismos científicos que habían estado diciendo que había un 97% de consenso aullaron que en realidad no había ninguno. El cambio de clima es muy complejo, gritaron (lo que es verdad), y que se debería de hacer mucho más trabajo si queremos proveer de predicciones de temperaturas más precisas, en lugar de salvajes predicciones basadas en emisiones de CO2 (que también es verdad).

    Quizás el Sr. Nye y estos investigadores australianos debieran discutir cuáles factores que no sea el CO2 realmente causan el cambio de clima y las fluctuaciones del tiempo. También podrían hallar otras revelaciones: la ciencia del clima aún es muy joven y para nada está establecida; que tenemos muy poca comprensión de lo que causa a las grandes glaciaciones, a las pequeñas edades de hielo, a los períodos cálidos intermedios, y numerosos otros eventos a lo largo de las historia; y que las predicciones de los modelos computados del clima no han sido hasta ahora mejores que la adivinación por las cartas del Tarot.


    En Venus nieva metal y llueve ácido sulfúrico

    Las afirmaciones de Nye de que “el dióxido de carbono tiene un enorme efecto sobre las temperaturas del planeta” y “el cambio climático fue descubierto en tiempos recientes comparando a la Tierra con el planeta Venus,” son afirmaciones verdaderamente descabelladas, engañosas y vacías de contenido científico.

    El relativamente rápido aumento en los niveles de CO2 atmosférico durante los últimos 30 años ha producido apenas 0,2º C de calentamiento global –comparado con 1º C del aumento total de temperatura ocurrido durante los últimos 150 años. Eso significa que el aumento de la temperatura global se hizo más lento a medida de que el CO2 crecía. Es un hecho que la temperatura media anual apenas si se ha movido durante 19 años, una realidad inconveniente que hasta el mismo IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático) ahora ha reconocido.

    ¿Es este un “efecto enorme”? Por ahora se hizo cada vez más claro que la conclusión científica correcta es que el “efecto invernadero” del aumento del CO2 atmosférico es muy menor –tal como lo explica un reciente artículo. El Sr. Nye y sus fanáticos seguidores y activistas podrían aprender mucho de su lectura.

    Los lectores objetivos, y hasta el mismo Sr. Nye, podrían benefi-ciarse con la lectura de la crítica bastante devastadora de una de las demostraciones del tipo “la ciencia-es-fácil”. Concluye con que el efecto invernadero de las moléculas de CO2 es real, pero que el ingenioso experimento del Sr. Nye para el “Proyecto de Realidad Climática” de Al Gore fue el resultado de ”fraude de video” y que “no podría funcionar” como es publicitado. Cuando dejarán los Sres. Nye y Gore de vender como mercachifles sus efectos especiales de Hollywood?

    En cuanto a eso, ¿cuándo dejarán de jugar a los juegos interplane-tarios? Al Sr. Nye y a los medios populares les encanta decirnos que el CO2 del petróleo, gas y carbón podrían volvernos muy pronto un planeta igual a Venus; sobrecalentado, desierto, rocoso y sin vida. Los profesores de la Universidad de Princenton, Freeman Dyson y Will Happer nos demuestran que eso es una bobada.

    Por un lado, Venus está mucho más cerca del sol, de modo está sujeto a mucho más calor, fuerza gravitacional, y presión superficial de su atmósfera que la Tierra. “Si a Venus le pusiéramos una som-brilla protegiéndola de la luz solar,” hace notar Dyson, “llevaría ape-nas 500 años para que su superficie se enfriase y su atmósfera se condensase en un océano de dióxido de carbono.” “No es la elevada temperatura lo que hace a Venus nada amigable para la vida,” añade, “es la ausencia de agua.”

    Segundo, la cantidad de dióxido de carbono en su atmósfera es groseramente desproporcionada. La Tierra tiene apenas 0,04% de CO2 (en volumen) en su atmósfera, mientras que Venus tiene 97% y Marte 95%. La gran distancia de Marte al sol también significa que tiene una temperatura media de superficie de -60º C –subrayando más todavía lo absurdo que es usar comparaciones planetarias para apoyar cambios por el cambio climático.

    Tercero, la atmósfera de la Tierra solía tener mucho más CO2. “Durante la mayor parte de los 550 millones de años del Fanerozoico, cuando vida multicelular dejó un buen registro fósil, los niveles de CO2 en la Tierra fueron de cuatro a diez veces más altos que ahora,” hace notar Happer. “Sin embargo la vida floreció en tierra firme y en los océanos. La Tierra nunca estuvo cerca de las condiciones de Venus.” Y nunca lo hará.

    Cuarto, la mucha mayor proximidad de Venus al sol significa que recibe alrededor del doble del flujo solar (energía radiante) que la recibida por la Tierra: 2637 Watts por metro cuadrado versus 1367, explica Happer.. El IPCC dice que la duplicación del CO2 sería equivalente a un adicional de 15 watts/m2 de flujo solar adicional. Eso es casi 100 veces menos lo que Venus recibe por estar mucho más cerca del sol.

    Quinto, la presión atmosférica en la superficie de Venus es aproximadamente 90 veces más alta que la de la Tierra, y poderosas fuerzas convectivas aumentan al calentamiento del aire de superficie, sigue diciendo, haciendo a la atmósfera de Venus aún más caliente. Sin embargo, densas nubes de ácido sulfúrico impiden que la mayor parte del calor solar llegue hasta la superficie del planeta. En realidad, ellas reflejan la mayor parte de la luz solar hacia el espacio exterior, que es “una de las razones para que Venus es una hermosa estrella del amanecer o vesper-tina.”

    Por supuesto, ninguno de estos detalles para nerds acerca de las diferencias entre Tierra-Venus son realmente importantes. Ya sabemos que la vida de las plantas en la Tierra amaban los elevados niveles de CO2 que preva-lecieron durante la Edad Carbonífera y en otras eras cuando las plantas gozaron de un crecimiento extraordinario.

    Sin embargo, aun quemando todos los combustibles fósiles económicamente disponibles probablemente no dupli-caría los actuales niveles de CO2 atmosféricos –a apenas 0,08% de CO2, comparado con el 21% de oxígeno, 78% nitrógeno, 0,9% de argón, y 0,1% de otros gases, excepto al vapor de agua. Y duplicar al CO2 ns alejaría de los niveles de casi hambruna para las plantas que han prevalecido durante las últimas decenas de millones de años.

    El dióxido de carbono es absolutamente esencial para el crecimiento de las plantas –y para toda la vida sobre la Tierra. Cantidades de investigaciones muestran con toda claridad que las plantas de cosechas, del jardín, los bosques, praderas, y del fitoplancton del océanos quieren más CO2, y no menos. El constante aumento del verdor de nuestro planeta durante los últimos 30 años son testigos de la desesperada necesidad de las plantas por este fertilizante fundamental. Mientras más CO2 obtienen, mejor y más rápido crecerán.

    Más del 70% del oxígeno presente en la atmósfera –y sin el que no podríamos vivir- se origina en la absorción de CO2 por parte del fitoplancton oceánico y la liberación de oxígeno. Tenga esto presente cuando Bill Nye “El Hom-bre Ciencia Basura de la TV” le diga a usted que el CO2 es malo para nuestros océanos y para el clima.



    NOTA: El Dr. Willi Soon es un científico independiente que estuvo estudiando al Sol y al clima de la Tierra duran-te 26 años. Es un astrofísico e investigador en el Smithsonian Institute de la Universidad de Harvard. El Dr. István Markó es un profesor de química en la Universidad Católica de Louvain, en Bélgica, y director del Laboratorio de Química Orgánica y Medicinal.

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