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    Cambio climático: ¿desaparece Buenos Aires?

    Por Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC
    Noviembre 9, 2013

    La revista National Geographic publicó un artículo que fue reproducido en todos los diarios del mundo. No podían dejar de hacerlo ya que el nivel de sensacionalismo y catastrofismo que impregna al artículo es algo que ningún editor sensacionalista de diarios puede desperdiciar. El negocio de los diarios, revistas y televisoras no es informar con seriedad y neutralidad sino alarmar a la gente y mantenerla en un constante –y ya normal- estado de terror ambiental mediante un periodismo amarillo y falaz.

    Desde hace años que vengo insistiendo con el pensamiento de H. L. Mencken, el lúcido periodista y escritor norteamericano de la década de 1920 y 30, y hoy sus advertencias tienen más valor que nunca:

    La emoción más permanente del hombre inferior es el miedo –miedo a lo desconocido, lo complejo, lo inexplicable. Lo que quiere por encima de todo es seguridad. Todo el propósito de la política práctica es mantener al populacho alarmado -y por ello clamoroso de ser conducido a la seguridad- amenazándolo con una interminable serie de sandeces, todas ellas imagina-rias. El llamado de urgencia para salvar a la humanidad es casi siempre un falso frente para el ansia de gobernarla."
    Parece que Mencken hubiese viajado al futuro y visto la manera en que las organizaciones ultra-ecologistas operan. Y el National Geographic es una de las más activas y más engañosas.

    Tomaré un ejemplo de las publicaciones amarillas que abundan por la web: el Blog Ecológico de la Nación, diario de Buenos Aires, Argentina y haré mis comentarios sobre el tema.

    Cambio climático: ¿desparece Buenos Aires?

    Publicado el 07.11.13 por Laura Rocha

    Blog Ecológico de La Nación

    “Si seguimos añadiendo carbono a la atmósfera esto causará la creación de un mundo sin hielo, con una temperatura media de 27 grados Celsius en lugar de 14”, advierten los especia-listas que trabajaron en el proyecto.

    En América del Sur la cuenca del Amazonas Norte y la cuenca del río Paraguay, en el Sur, se convertirían en las entradas del Atlántico acabando con Buenos Aires, la costa de Uruguay y la mayoría de Paraguay. Las extensiones montañosas a lo largo de la costa del Caribe y Centroamérica podrían sobrevivir.

    En América del Norte la costa atlántica se desvanece junto con la Florida y la costa del Golfo. Mientras que San Francisco, en California, se convierte en un grupo de islas y el valle central en una bahía gigante.

    A pocos días de que comience la nueva COP en Varsoviael cambio climático ganó con esta inves-tigación titulares en los medios.Hace poco más de un mes, el quinto reporte elaborado por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPPC, por sus siglas en inglés) pronosticó para aumento del nivel del río y mayores temperaturas como dos de los más graves problemas que sufrirá la ciudad de Buenos Aires y la Cuenca del Plata. A ello se suma la posibilidad de aumento de frecuencia de las sudestadas y de las lluvias más caudalosas.


    No hay justificación para tanta mala fe

    El artículo del National Geographic es la manera típica en que el lobby del calentamiento global presenta información distorsionada con el fin de amedrentar y asustar a la gente haciendo que se preste a admitir una serie de políticas ambientales que afectarán muy severamente las economías de muchas naciones. Por supuesto, esta clase de desinformación aparece siempre pocas semanas antes de que se realicen las reuniones semestrales y anuales relacionadas con el clima, como las delirantes COP donde de manera invariable la pelota es pateada para adelante, hasta la próxima reunión.

    El Nat Geo hizo un ejercicio de la imaginación similar a “si aparece un agujero negro entre Júpiter y Marte, la Tierra será eventualmente atraída y tragada”. Es cierto, un agujero negro se tragaría a la Tierra y, si se derriten todos los hielos en tierra firme, el nivel del mar subiría unos 60 metros y taparía a muchas ciudades costeras. No hay duda alguna.

    El gran problema: una situación similar no se ha producido en la Tierra en cuando menos 600 millones de años. Y todos los conocimientos que se tienen sobre geología y paleoclimatología afirman (no sugieren: lo afirman) que las coberturas de hielo de Groenlandia y la Antártida no se derretirán. ¿La razón? En los últimos 600 millones de años, desde el Paleozoico hasta hoy, se registraron temperaturas de hasta 10ºC más altas que ahora, y los hielos permanecieron tal como son hoy. Sin embargo, en períodos más cercanos como durante el mismo Holoceno, hubo un gran avance de los hielos durante los periodos de enfriamiento súbitos como los eventos Dansgaard-Oeschger y durante el conocido Joven Dryas de hace 8000 años.

    Recomiendo que bajen a su computadora el gráfico que presenta el trabajo del geólogo C.R. Scotese sobre el período Carbonífero.

    Carbonífero Tardío al Pérmico Temprano (315 millones—270 millones de años antes que hoy) es el único período en los últimos 600 millones de años en que las temperaturas y los niveles de CO2 fueron tan bajos como lo son hoy (Período Cuaternario). C.R.Scotese website
    Dice Scotese: “El cambio climático durante el Período Carbonífero estuvo dominado por la gran Edad de Hielo del Carbonífero. A medida de que la Tierra se calentaba y enfriaba de manera alternada, se acumularon grandes capas de hielo glacial, de miles de pies de espesor, luego se derritieron, luego se formaron otra vez, en ciclos sincrónicos.”

    Enormes glaciares de hasta 2500 metros de espesor (8000 pies) existían entonces en el polo sur, moviéndose desde elevaciones mayores a las más bajas, empujadas por la gravedad y su tremendo peso. Estas colosales olas de hielo a cámara lenta destruyeron y pulverizaron todo a su paso, rascando al paisaje hasta la roca lisa –alterando montañas, valles y cursos de ríos. Antiguos lechos de roca en África, Australia, India y Sudamérica muestran los arañazos y estrías de esta glaciación.

    El gráfico de los períodos desde 600 millones de años hasta hoy, muestra las curvas de las temperaturas y las concentraciones de CO2 en la atmósfera y se aprecia de manera notable como no existe absolutamente ninguna correlación entre temperaturas y niveles de CO2. Esas cifras son las que son aceptadas por la comunidad científica mundial, de manera que aquí no hay discusión posible. La traducción del epígrafe del gráfico dice:

    “Carbonífero Tardío al Pérmico Temprano (315 millones—270 millones de años antes que hoy) es el único período en los últimos 600 millones de años en que las temperaturas y los niveles de CO2 fueron tan bajos como lo son hoy (Período Cuaternario).”

    “Históricamente hubo mucho más CO2 en nuestra atmósfera que la que existe hoy. Por ejemplo, duran-te el Período Jurásico (200 millones de años), las concentraciones promedio de CO2 eran de 1800 ppm o unas 4,7 veces más altas que hoy. Las concentraciones más altas del Paleozoico ocurrieron durante el Cámbrico, casi 7000 ppm, una 18 veces más altas que las actuales.”

    “El Período Carbonífero y el Período Ordovícico fueron los únicos períodos geológicos durante la Era Paleozoica cuando las temperaturas globales fueron tan baja como las actuales. Para consternación de los proponentes del calentamiento global, el Ordovícico Tardío también fue una Edad de Hielo mientras que al mismo tiempo las concentraciones de CO2 eran casi 12 veces más altas que hoy: 4400 ppm. De acuerdo con la “teoría del invernadero” la Tierra debería de haber sido extremadamente caliente. En vez de ello, las temperaturas no eran más altas que las actuales. Claramente, otros factores además del CO2 atmosférico influencia a las temperaturas de la tierra.
    Todo esto demuestra la IMPOSIBILIDAD de un derretimiento de las grandes placas de hielo de la Antártida y de Groenlandia porque hubo eras enteras en las que las temperaturas fueron hasta 10ºC más altas que ahora (temperatura media global de 25ºC entonces y 14ºC promedio actual) y el HIELO NO SE DERRITIÓ. Hoy tenemos 10ºC menos y 15 veces menos CO2 que entonces, y considerando que la tendencia a muy largo plazo muestra el rumbo a una nueva y definitiva Edad Glacial, para que los hielos de tierra firme se derritan tendremos que esperar hasta que el sol comience a convertirse en un gigante rojo –dentro de unos 4500 millones de años.

    Básicamente, la Tierra pasa por períodos alternados de hielo y calentamiento cada vez que una masa continental continua se extiende desde una región polar hasta la otra mientras que al mismo tiempo existe un gran continente polar capaz de mantener gruesas acumulaciones de hielo. Estas condiciones existieron hace 300 millones de años durante el Período Carbonífero como existen también ahora. Si embargo, para la mayor parte de la historia geoló-gica la distribución de los continentes en el planeta no satisfizo este criterio. La deriva continental reagrupa de manera continua a los continentes, moviéndose a razón de pocos centímetros por año.

    Actualmente estamos en UNA EDAD GLACIAL. Sin embargo, durante los últimos 10.000 años hemos gozado de una cálida pero momentánea vacación interglacial. Sabemos a partir de los registros geológicos como los sedimentos oceánicos y las muestras de hielo de glaciares permanentes que por lo menos durante los últimos 750.000 años los períodos glaciales suceden en intervalos de 100.000 años, durando unos 15.000 a 20.000 años antes de regresar un clima congelado de “casa de hielo”. Actualmente ya estamos en 18.000 años del presente interglacial de la Tierra. Estos ciclos estuvieron ocurriendo durante por los menos los últimos 2 a 4 millones de años, aunque la Tierra estuvo enfriándose gradualmente durante los últimos 30 millones de años.

    Punto. A otra cosa.

    Eduardo Ferreyra
    Prersidente de FAEC



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