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Honradez científica, dos mundos

Enviado por balsero1968
en Mié, 9 de Julio, 2008


Un reciente suceso en el área más vanguardista de la ciencia ha dado lugar a los comentarios más hilarantes comparando la honradez científica de los brillantes entre los brillantes con la actitud a lo Homer Simpson de los mediocres tipejos del medioambientalismo y el alarmismo climático militante.

En realidad todo comenzó hace 150 años....... cuando Bernhard Riemann, un matemático alemán, formuló una conjetura. Una conjetura que aún lleva su nombre. Un problema todavía abierto y cuya recompensa sólo se atreven a perseguir los mejores entre los mejores. Porque hay una recompensa en vigor, nada menos que $1.000.000. Para contar esta historia nos da igual lo que diga la conjetura, baste decir que se presume cierta, pero de presumir a demostrar hay un largo camino que nadie todavía ha logrado finalizar.

Ciento cincuenta años después, el martes de la semana pasada, el matemático Xian-Jin Li - un tipo con unas credenciales intelectuales impecables - presentó un artículo de 40 páginas afirmando haber demostrado la veracidad de la conjetura de Riemann. Xian-Jin Li no llamó a la prensa. Ni a las televisiones. Pocas personas serían capaces de entender sólo la primera página y quizá un puñado en todo el mundo las 40 páginas de la demostración de Xian-Jin Li. Apenas 24 horas después de que Li presentara sus 40 páginas de demostración, que sólo las personas que se mueven en los niveles más excelsos de creatividad, talento y conocimiento del mundo de la Ciencia entienden, un chaval de este grupo de prima donnas brillantísimas lanzó una voz de alarma. Se trata de Terence Tao.

Nada menos. Un australiano de 33 años, ex-niño prodigio, el catedrático más joven de la historia de la Universidad de California (a los 24 años) y medalla Fields (la distinción más alta en matemáticas)  a los 30.

En un ejemplo de la discreción de los genios Tao no salió tampoco a cacarear por ahí. No llamó a la prensa. Ni a las televisiones. Ni siquiera escribió un artículo específico sobre el asunto en su bitácora de internet (tiene una, no te molestes en visitarla, no entenderás ni una palabra). Se limitó a escribir un comentario casual en el que mencionaba lo que a él le parecía un error de su amigo Xian-Jin Li en la página 20. Como el resto del trabajo de Li parecía estar basado en la suposición que Tao consideraba errónea en la página 20 Tao no siguió leyendo.

No habían pasado 24 horas y estos dos genios no habían llamado ni a la prensa ni a las televisiones para presumir. Los dos podrían haberlo hecho, al fin y al cabo nadie en el mundo de los medios de comunicación hubiera entendido una palabra y una buena discusión pública sobre una conjetura abstrusa de 150 años de antigüedad siempre vende muy bien, da fama, da dinero. No lo hicieron. En cambio Xian-Jin Li hizo otra cosa. Retiró su artículo inicial y 24 horas después volvió a publicarlo afirmando que había tenido en cuenta la alerta de Tao sobre la página 20 y creía haber resuelto el asunto. Límite: 48 horas. Ni prensa ni televisión. Sólo blogs. De genios, claro.

Es a las 48 horas y con el artículo ya corregido cuando aparece en escena un tercer genio, Alain Connes, otro medallista Field de matemáticas. Tampoco llama a los periodistas ni busca la fama. Este matemático y físico teórico francés al que no se le pueden dar más premios porque ya no existen observa en su blog que Xian-Jin Li parece confiar en un trabajo del propio Connes. Advierte de que no se fíe mucho Li porque está realizando en la página 29 una extrapolación excesiva de las conclusiones de Connes en un trabajo anterior y él como autor de tales conclusiones cree que la confianza de Li en las mismas no es correcta.

Xian-Jin Li vuelve a retirar su trabajo diciendo que trabajará en las críticas que se le formulan ahora en la página 29. No han pasado 72 horas desde el comienzo de ésta historia y Xian-Jin Li acude nuevamente. Esta vez para decir que retira su publicación definitivamente porque no es capaz de responder adecuadamente a la objeción del 2º de sus geniales colegas. Siendo él mismo un tipo de primera fila, de la vanguardia de la ciencia.

En los apenas cuatro días que ha durado esta disputa intelectual entre genios no ha habido publicidad. Podrían haberla logrado de haberlo querido. Y tirarse tres meses arrojándose trastos a la cabeza para ganar dinero. No lo hicieron. Es un tipo de ciencia.

Hay otro tipo de ciencia

Un mediocre ecólogo, cuyo CI no llega a los cordones de los zapatos de los tres tipos anteriores se empeña en propalar que una subida de tres grados Celsius de la temperatura media planetaria aniquilará el 40% de las plantas. Diseña un experimento y lo publica. Como es un mediocre nadie le lee, claro. El experimento demuestra que lo que propala no es cierto. Aún así llama corriendo a la prensa y televisiones españolas y cuenta a gritos que tiene que ser cierto y anuncia que seguirá investigando hasta que sea cierto.

También un climatólogo

Afirma que la subida de las temperaturas, según sus estudios, de los últimos 30 años no tiene precedente en la historia del planeta. Se le pide durante años que proporcione los datos, conseguidos con fondos públicos, para que otros puedan replicar sus cálculos y verificar independientemente sus afirmaciones. Se niega. Se acude a la Ley para obligarle por ser un funcionario público y no ser los datos de su propiedad. Dice entonces que los destruyó.

El ecólogo y el climatólogo que menciono dicen siempre todas estas cosas procurando un micrófono o una cámara cerca.

Los tres tipos del primer ejemplo resolvieron en 72 horas una disputa de la razón de enorme altura intelectual, varios órdenes de magnitud por encima de la capacidad mental del climatólogo o el ecólogo. De forma pública, transparente, con toda la información a disposición de todo el mundo, sin gastar un euro de los contribuyentes y fiando la verdad únicamente a la razón y no a la ideología. Sin micrófonos, sin cámaras, sin prensa.

Son dos tipos de comportamiento. Tú, ¿con cuál te quedas?



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