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El Tiempo No Se Está Volviendo Loco

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Los alarmistas del calentamiento global insisten que la actividad económica es el problema, cuando la evidencia disponible demuestra que es parte de la solución. Quizás no podamos hacer nada acerca del tiempo, extremos de la clase que sea. Pero podemos asegurarnos de que tengamos los recursos necesarios para enfrentarlo cuando ocurra.

La semana pasada una severa tormenta congeló a Dallas bajo una capa de hielo, justo a tiempo para desbaratar los planes de decenas de miles de fanáticos del fútbol americano que descendías sobre la ciudad para el Super Bowl. Al otro lado del globo, el Ciclón Yasi golpeó al noreste de Australia destru-yendo casas y cultivos, y desplazando a cientos de miles de personas.

Algunos alarmistas del clima querrían que creyésemos que estas tormentas son otra nefasta consecuen-cia más de las emisiones humanas de CO2. Además de los últimos eventos del tiempo, también apuntan a los recientes ciclones en Birmania, los letales congelamientos en Nepal y Bangladesh del año pasado, las ventiscas de diciembre en Gran Bretaña, y cualquier otra sequía, tifón y olas de calor desacostumbradas en todo el mundo.

¿Pero, es verdad? Para responder a esta pregunta uno necesita comprender las recientes tendencias del tiempo y los estándares extremos históricos. El Proyecto de Reanálisis del Siglo Veinte es el último inten-to de descubrir, usando super ordenadores, para generar un conjunto de datos de la circulación atmos-férica global desde 187 hasta el presente.

Como resultó, los hallazgos iniciales del proyecto, publicados el mes pasado, no muestran evidencia de una intensificación en la tendencia del clima. “En los modelos climáticos, los extremos se hacen más extremos a medida de que nos movemos hacia una duplicación del CO2 en 100 años,” dice Gilbert Compo, uno de los investigadores del proyecto, desde su oficina en el Universidad de Colorado, en Boulder. “De manera que nos sorprendimos de que ninguno de los tres principales índices de la variabi-lidad del clima que usamos mostraran alguna tendencia al aumento de la circulación hasta 1981”.

En otras palabras, los investigadores todavía tienen que encontrar evidencia de patrones de tiempo más extremo durante el período, al revés de lo que los modelos predicen. “No existe ninguna respuesta impul-sada por los datos para la pregunta de cómo la actividad humana ha afectado al clima,” añade Roger Pielke Jr., otro investigador del clima de la Universidad de Colorado.

Algunos alarmistas del clima afirman que los ciclones, como el ciclón Yasi, son el resultado de las emisio-nes humanas de CO2.

Sabemos que el dióxido de carbono y otros gases atrapan y re-irradian calor. También sabemos que los seres humanos han emitido cada vez más de estos gases desde la Revolución Industrial. Lo que no cono-cemos es exactamente cuán sensible es el clima a los aumentos en estos gases versus otros factores posibles –variabilidad solar, corrientes oceánicas, los ciclos de calentamiento y enfriamiento del Pacífico, las oscilaciones magnéticas y gravitacionales de los planetas, y así por delante.

Considerando lo que se desconoce, es posible de que aún gastando miles de billones de dólares, y com-prometiendo otros billones de dólares más del futuro crecimiento económico, reduciendo las emisiones de carbono a los niveles preindustriales, el clima seguirá cambiando –como siempre lo hizo.

Eso no quiere decir que estemos desvalidos. Por lo menos hay una lección climática que podemos extraer del tiempo reciente: Cualquier cosa que suceda, la prosperidad y estar preparados ayudan. La tormenta de hielo de Texas causó desastres y dejó a miles de fanáticos del fútbol atascados, congelados y enoja-dos. Pero gracias a una infraestructura moderna, servicios de salud del Siglo 21, y pilas de cloruro de magnesio y barredoras de nieve, la tormenta no causó muertes informadas y Dallas consiguió llevar a cabo el Gran Juego el Domingo.

Compárese ese resultado con las 55 personas que murieron de neumonía, problemas respiratorios y otras enfermedades relacionadas con el frío en Bangladesh y Nepal cuando las temperaturas descendieron a apenas el punto de congelamiento el invierno pasado. Hasta los países más ricos pueden ser sorprendi-dos con la guardia baja: vea a los miles atascados en tierra cuando el aeropuerto de Heathrow se salteó el tener la provisión necesaria de descongelantes y permitió que 15 cm de nieve dejaran en tierra a miles de vuelos durante dos días antes de Navidad.

El PBI británico se redujo en 0,5% durante el primer trimestre de 2010, lo cual ha sido culpado por la Oficina de Estadísticas Nacionales “al mal tiempo”.

Es discutible si el calentamiento global fue un factor en ese caso. O cuando menos lo fue la idea del calentamiento global. La Fundación Política del Calentamiento Global de Londres acusa que las autori-dades británicas están tan empecinadas en la noción de que el futuro de Gran Bretaña será más caliente que han fracasado en hacer planes para las tormentas de invierno que han castigado al país durante tres años consecutivos.

Una pizca de los miles de millones que los contribuyentes de impuestos británicos gastan en un intento de controlar al clima podrían haberles comprado los abastecimientos que ayudaron a Dallas recuperarse con mayor rapidez. Y, por una fracción de esa pizca de prosperidad, más Nepaleses y Bangladenses podrían haber comprado los antibióticos y respiradores para sobrevivir a su tiempo congelado.

Una comparación de los ciclones Yasi y Nargis cuentan una historia similar: A pesar de los devastador que Yasi ha sido, la infraestructura australiana, medicina, y protocolos de emergencia significaron que la tormenta Categoría 5 mató solamente a una persona hasta ahora. Los australianos están pensando en todas las maneras en que ellos podrían haber tenido mejor protegidas sus propiedades y su economía.

Pero si ellos están con ganas de contar sus bendiciones, ellos sólo necesitan echar una mirada al ciclón similar que se abatió sobre el Delta Irrawaddy en 2008. El régimen militar de Birmania no había permitido mejorar la economía antes del ciclón, pero Nrgis destruyó casi todo lo que el Delta tenía. Después, la junta bloqueó a los trabajadores de la ayuda extranjera que llevaban los necesarios abastecimientos de medicina y purificación de agua. Al final, Rangún permitió que Nargis matase a más de 130.000 personas.

Los alarmistas del calentamiento global insisten en que la actividad económica es el problema, cuando la evidencia disponible demuestra que es parte de la solución. Podríamos no poder hacer nada acerca del clima, sea extremo o no. Pero podemos asegurarnos de que tengamos los recursos necesarios para enfrentarlo si es que ello ocurre.

Publicado en el Wall Street Journal



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