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Sube el Mercurio, pero…
¿y la temperatura?

Cristopher Monckton
WattsUpWithThat.com
Diciembre 10, 2010

Cancún, México – Estoy en la sesión plenaria en el Palacio de la Luna, donde lectores diligentes de este sitio recordarán que la Sra. Figurita, la presidente de la conferencia del clima de la ONU aquí en Cancún, la semana pasada abrió estas pintorescas sesiones con una oración a la Madre Luna, de los antiguos habitantes de lo que hoy es México.

El impersonal enorme salón de sesiones es conocido –muy apropiadamente, como el Salón Cenote. Quienes están familiarizados con los dialectos españoles del Nuevo Mundo reconocerá lo apropiado de esta designación. Porque un cenote es un pozo negro, o sumidero. Los cenotes son abundantes en la jungla Mexicana, debajo de grandes capas de piedra caliza. Eran considerados lugares sagrados por las “primeras naciones”, como los pueblos indígenas son tímidamente llamados hoy, y los arqueólogos han tenido mucha diversión buceando bajo las aguas de los cenotes para recobrar toda clase de artefactos y variados adornitos arqueológicos.

Es en el Salón Pozo Negro que el presidente de México, Señor Felipe Calderón, acaba de anunciar ante las admiradas exclamaciones de más de 1000 eco-zombies, que está lanzando una Gran Iniciativa Para Aplastar al Calentamiento Global y Hacer Que Se Vaya, y Ahí Tienen. ¿Y cuál ha sido, preguntarán ustedes con un estremecimiento de placer de anticipación babeante, la Gran Iniciativa del Presidente?

Esperen…esperen!

OK, se los diré. El Presidente va a –no se lo cuenten a nadie– prohibir el uso de las lamparitas incan-descentes en todo México. Prohíbe las bombitas de luz. En todo México. Realmente y por completo. No bromeo. Zambombas y Recórcholis.

Mientras escuchaba sentado al Presidente, que habla mucho más rápido que yo, me preguntaba si había algo nuevo en su discurso. Casi todo sonaba no simplemente viejo sino ya rancio –un discurso galletita con fecha de vencimiento expirada.

El peor de los problemas jamás enfrentado por el mundo. Escuché eso en otro lado. Las temperaturas suben. Por supuesto: pero esta mañana Cancún estaba tan frío, en 12,2 grados Celsius, que estableció un nuevo récord para los últimos 100 años para esta fecha del año (pero no esperen leer esto en nin-guno de los grandes medios de prensa: es “Off-the-message”. Niveles del mar que crecen. Traiga al otro, su Excelencia: tiene campanitas. Glaciares que se derriten. Ya estuve allí, lo hice, conseguí la T-shirt. Necesidad de la cooperación internacional, coraje, visión, yada, yada, yada. Déme el contado efectivo: gigantescas cantidades dinero de las naciones de Oeste, en reparación por la “deuda climá-tica” a las naciones en desarrollo como –este- México. Y así por delante, tediosamente, dando vueltas, casi histéricamente.

[Nota: ver también el nuevo récord de frío en Cancún en Diciembre -Anthony]

Me di vuelta hacia la más bien espectacular joven señorita a mi izquierda, del Movimiento Eco-Village (83.000 auto sustentadas villas y comunidades urbanas en 100 países), y le pregunté si el Presidente había dicho algo interesante que mi limitada comprensión del español Mexicano no había podido captar. No, dijo con un suspiro. Ella más bien se preguntaba para qué había venido.

Hubo una sesión de preguntas y respuestas: el único momento en la reunión de dos semanas cuando a nosotros, los ciudadanos ordinarios, se nos permitió hacer oír nuestra voz. Fui llamado a hablar, pero no pude hacerlo porque, por alguna razón desconocida, mi micrófono estaba desconectado. Gracioso, no? De modo que le pasé la oportunidad a un caballero de Singapur que, resultó que había hecho una for-tuna vendiendo un aditivo para la gasolina que, dijo con entusiasmo, mejoraba el kilometraje en un 10-35%. El Duque de Wellington hubiese dicho, “Señor, si usted cree eso, usted creerá cualquier cosa.”

Para matar el tiempo –policías con armas impedían que nadie abandonara el salón mientras el Presidente estuviese allí– decidí calcular cuánto calentamiento global podría evitar su Gran Iniciativa.

Recientemente he estado preparando un paper para el Econometrics Journal en la hasta ahora no enfrentada –pero con seguridad muy importante cuestión de cómo determinar la cantidad de “calentamiento global” que realmente podría ser evitada por cualquiera de las estrategias propuestas para mitigar el futuro “calentamiento global” por medio de impuestos o regulando las emisiones de dióxido de carbono, o por la adopción de tecnologías alternativas. De manera que todas las ecuaciones relevantes estaban a mano.

Aquí va, entonces. La electricidad toma cuenta del 40% de las emisiones de dióxido de carbono. México contribuye con el 1% del consumo mundial de electricidad. Las lámparas de luz usan como mucho el 3% de esa electricidad. Las lámparas de bajo consumo de vapor de mercurio reducen el consumo eléctrico por cada lamparita –como mucho- 33% comparado con las lámparas incandescentes. De modo que, una vez que la “Iniciativo Grande” haya sido puesta en completo efecto a lo largo y ancho de México, las emisiones de dióxido de carbono habrán disminuido el 40% del 1% del 3% del 33%, o un escalofriante 0,004%.

Hasta ahora, todo bien. Vamos a asumir con mucha generosidad que ese 0,004% de la contribución humana de gas de invernadero desde 1750 será evitada por la Gran Iniciativa. Ahora para la ecuación. La cantidad de concentración de CO2 evitada hacia, digamos, 2100, es en la presente instancia, el 0,004% de la diferencia entre la concentración de CO2 predicha para ese año, 836 partes por millón en volumen en el escenario A2 del IPCC, y la concentración de 278 ppmv que el IPCC piensa que estaban presentes en 1750.

De modo que estamos viendo a 0,00004 (836 – 278), o 0,0223 ppmv. No mucho, por cierto.

Ahora calculamos el “calentamiento global” que será evitado al reducir la emisión de CO2 en esta canti-dad. Para eso necesitamos otra ecuación: 88% de 5,35 veces el logaritmo natural de [836 / (836-0.0223)]. ¿Y la respuesta? Un poquito más de 0,0001 ºC, esto es, una diezmilésima de grado. Y sólo esa cantidad si es que las exageradas estimaciones del IPCC fuesen correctas. Si no, hagan esa cifra menor que 1/10.000. De cualquier modo, un extravagante sinsentido.

En Gran Bretaña, el Departamento del Cambio Climático y Hara-Kiri Económico Nacional ya ha prohi-bido con todo entusiasmo las lamparitas de verdad a favor de las centelleantes, y llenas de mercurio alternativas que –si se sigue a la apropiada Directiva de la UE- requiere a un equipo de especialistas en limpieza de tóxicos a un costo de $3.000 dólares cada vez que una de esas desgraciadas cosas se rompe sobre la alfombra de la sala.

En mi reciente visita al Departamento, antiguamente el sólido y terrenal Ministro de Agricultura, y ahora el flotando en el aire Ministerio de Fantástico Sinsentido, le pregunté a su masticador de números en jefe si él podría mostrarme sus cálculos que demostraban cuánto “calentamiento global” podría impedir los $1,2 trillones de dólares que el Ministerio de la Locura planea gastar durante los próximos 40 años.

Él dijo, ejem, este… vea… no hice ese cálculo, de manera que pregunté: “En ese caso, profesor, sobre cuál base racional se apoya cualquier gasto que se hace o que se ha propuesto?” Rojo de vergüenza, tampoco pudo responder a esa pregunta. Tampoco puedo yo, porque sólo un tonto busca una razón para lo hecho por tontos.

Sin embargo, con mis ecuaciones econométricas ahora puedo determinar cuánto “Calentamiento Global" el Ministerio de Extravagancias Sin Sentido evitará con su, bueno, con su extravagancia sin sentido. Comenzamos con dos suposiciones muy generosas: primero, que las estimaciones del IPCC de cuánto “calentamiento global” causa el CO2 no son exageraciones absurdas; segundo, que el Ministerio de Generosidad Mal Ubicada no ha subestimado de manera flagrante el costo de cancelar para el año 2050 al 80% de la economía basada en el carbono.

Otra vez, entonces, y sujeten sus sombreros, amigos. Usando el mismo análisis que antes, para 2050 habrán 506 ppmv de CO2, o apenas 5 ppmv menos si el Ministerio de Dislates se sale con la suya. El “Calentamiento Global” evitado será de apenas 0.03º C. Y el costo por grado Celsius de calenta-miento evitado? Unos miserables $34 trillones, o siete años del Producto Bruto Interno del mundo entero.

Y es por eso, Sr. Presidente, uno está menos que impresionado por su Gran Iniciativa. ¿No le parece extraño, querido lector, que después de 22 años de El Proceso, los primeros cálculos serios hechos sobre este asunto que indican cuán espectacular y gloriosamente inútiles son cada una de las estrate-gias propuestas para reducir las emisiones de carbono, son los cálculos que aparecerán en mi próximo paper?

Nadie, hasta donde pude descubrir, ha siquiera intentado hacer esta matemática básica hasta hoy. ¿Por qué no? Porque, por supuesto los extremistas climáticos saben perfectamente cuál es la respuesta.

Debo detenerme ahora: es tiempo de rezarle a la Diosa Luna. Por lo menos la Luna es más brillante que esas miserables nuevas lamparitas de luz.





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