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Hagamos nuestra huella de
carbono más grande aún

Por Brendan O'Neill
Spiked-Online.com
Septiembre 24, 2010

Invitado a una disertación en Gothenburgo, el editor de Spiked-Online hizo un llamado a la rebelión en contra de la ética del ecologismo. Una versión abreviada se publica a continuación.

Para mí, lo más notable acerca del activismo del cambio climático es que no parece estar muy interesado en impedir al cambio climático. Los activistas verdes presentan a la contaminación y al impactico del clima como la peor cosa en el mundo –pero aún que el Holocausto, según un ecologista británico- pero luego nos dicen que ya nada puede hacerse en realidad para ponerle fin al problema. En vez de ello, los problemas sólo pueden ser manejados, para siempre, por medio de alentar a la gente a que cambie su comportamiento diario y disminuyan sus expectativas.

Por cierto, los ecologistas tienden a guardar su polémica más venenosa para aquellos que osan sugerir que la humanidad podría ser capaz de poner un alto al camcio climático. Le etiquetarán de estúpido e ingenuo si sugiere que la geoingeniería, por ejemplo, podría usarse un día para reducir el impacto humano sobre el clima. Un escritor inclinado a lo verde argumentó hace poco que la geoingeniería –practicada por locos “provocadores de lluvias, falsarios de la lluvia, guerreros del tiempo e ingenieros del clima- es “increíblemente peligroso.”

Yo encuentro esto muy interesante, no porque sea un fanático de la geoingeniería o crea que es la solución para cualquier problema, sino porque la hostilidad verde a la idea de arreglar el cambio climático en realidad revela que el ecologismo no es una campaña práctica sino que es una cruzada moral. No se trata de implementar soluciones técnicas al problema concreto del impacto climático, sino que es presionar a la gente para que refrene su compor-tamiento. Rechaza cosas como la geoingeniería porque están más interesados en ingeniería social: transformar la manera en que vive la gente, qué espera de la vida, y hasta la manera en que piensan.

En esencia, la doctrina del ecologismo es una forma nueva del conservadurismo que despliega la política del miedo para controlar, o cuando menos influir en el comportamiento de la gente. Lo que realmente ha sucedido es que el problema de la contaminación ha sido “moralizado” –super moralizado, de hecho. Lo que debería tratarse como un problema específico que necesita de algunas soluciones –ya sea ir a la energía nuclear, investigar en energías renovables, o darle nueva forma a nuestro clima- se convierte entonces en un nuevo principio organizador de políticas y moralidad.

Virtualmente todo aspecto del comportamiento humano es ahora juzgado por la cantidad de dióxido de carbono que produce. Si usted tiene un bebé, eso son 10 toneladas de carbono cada año durante los próximos 80 años. Si usted vuela a Australia para las vacaciones, eso son otras cinco toneladas de carbono. Si usted come un bistec, se supone que debe pensar en la cantidad de bosque fue talado para permitir que la vaca pastoree, cuánto metano ha expelido la vaca mientras vivió, cuántos kilómetros de transporte fueron necesarios para llevar el bistec a su plato, y –bam! Todo ello suma otras cuatro toneladas de carbono.

Comer, beber, jugar, procrear –todo es calculado en función del carbono, todo ha sido “carbonizado”. Esos cálculos del carbono representan en realidad un juicio moral sobre nuestras vidas. Ellos hacen que todo sea un pecado po-tencial, un crimen contra el planeta. Ellos envían el poderoso mensaje que vivir, viajar, crecer, sumergirse en cual-quier actividad humana es malo -mientras que mantenerse quieto, inmóvil, no tener pretensiones, estar callado, cultivar su propia comida es bueno. La experimentación y la experiencia son potencialmente contaminantes; refre-nar los deseos es pureza. Esto es la actualización pseudo científica de la antigua moralina religiosa acerca de los “humildes heredarán la Tierra”, excepto que ni siquiera heredaremos la Tierra como pago por vivir eco-humildemen-te, porque todo buen verde se lo dirá. La Tierra no es para que la heredemos nosotros.

Esta nueva eco-moralidad que promueve la restricción y la abstinencia, y demoniza el abandono está mejor resumida en el concepto de la “huella humana,” la idea de que la humanidad ha dejado una grande y sucia huella sobre el planeta, y que nuestra tarea debería ser hacerla más pequeña y eventualmente hacerla desaparecer por completo.

Esto es un desarrollo impactante porque a través de la historia la humanidad ha buscado, consciente o incon-scientemente, hacer un impacto sobre el planeta, sea domando a la naturaleza, expulsando ciertas bestias de ciertos lugares o construyendo ciudades y desiertos. Del Libro del Génesis, que dijo que la humanidad “tiene dominio sobre los peces del mar, y las aves del aire, y sobre toda otra criatura viviente,” a los pensadores del período del Iluminismo, que querían poner a la “naturaleza en el potro de la tortura” para extraerle sus secretos, nuestra aspiración siempre ha sido comprender mejor nuestros entornos, para conquistarlos, para humanizarlos.

Hoy vemos a esa humanización como algo destructivo, como una huella. Estaos todos alentados a descubrir cuán grande es nuestra huella humana y procurar achicarla cambiado la manera en que viajamos, vivimos, qué comemos, cuántos hijos podemos tener, y fundamentalmente cómo nos visualizamos. De la misma forma que a los católicos se les dijo una vez que cargaban con un “pecado original”, a todo el mundo se le dice ahora que deambulan alrededor de una metafórica “huella”, que tienen que trabajar duro para limpiarla.

El llamado activismo del cambio climático realmente es una nueva clase de moralismo, una ética nueva. Pero no es un enfrentamiento ético enfocado en descubrir qué es una Buena Vida y cómo cada individuo debería alcanzar esa Buena Vida; en vez de ello es un acercamiento ético que presenta todas las facetas de la vida humana, sea tener un bebé o fumando crack importado de Sudamérica (piense en todas esas “millas crack”!), como potencialmente destructivo. Induce culpa por casi cualquier cosa que hacemos. Es una ética que predica restricción, restricción, restricción, diciéndonos que mientras menor es el impacto que hacemos, más pequeña es la huella que dejamos atrás, entonces todo será mejor… no para nosotros, sino para el ecosistema.

La idea de la “huella humana” realmente habla de nuestro malestar con la manera en que se hace historia, y con la idea de dejar una impresión en el mundo. La campaña para reducir la huella humana es en verdad una campaña para borrar toda evidencia de los logros humanos, donde todo desde nuestro desarrollo de la agricultura a nuestra conquista de los océanos o nuestra división del átomo está ahora juzgado de manera retrospectiva como una locura potencial que a la larga causó la destrucción del ambiente.

La demanda para que la gente deje menos impacto es una demanda para que la humanidad haga una verdadera, duradera, y cambiadora del juego impresión sobre su entorno. Esto no se trata de filtrar la polución causada por nuestras actividades, ya sea nuestra actividad diaria o nuestras actividades más significativas e históricas; más bien se trata de cuestionar en primer lugar la validez y propósito de esas actividades.

Algunos críticos del alarmismo del cambio climático lo comparan con una nueva religión. Después de todo, el ecologismo tiene la idea de la penitencia (donde usted puede compensar su uso del carbono plantando un árbol) muchas culpa, mucha siembra de miedo por el Fin de los Días, y así por delante. Pero esto es mucho peor que las viejas religiones. Por lo menos las viejas religiones venían con ideas tales como trascendencia y redención. El ecologismo, lejos de alentarnos a trascender del día siguiente, nos dice que revolvamos en nuestro tarro de la basura, o que totalicemos cuánto carbono hemos usado mientras manejamos hasta las tiendas; nos implora que nos obsesionemos por la caca de todos los días y otros sinsentidos. Y no ofrece ninguna redención, ninguna promesa de una vida mejor como recompensa por reciclar nuestra basura y jamás volar al extranjero. En vez de ello, usted vive, usted contamina, usted trata de contaminar menos, y luego usted se muere. Y cuando usted muere, de acuerdo con los misántropos, sigue contaminando a través de las toxinas que usted emite mientras lo están cremando o enterrando en la tierra.

El ecologismo por cierto es uno de los credos más deprimentes y misantrópicos en la historia reciente. Si usted es un humanista, alguien que quiere hacer historia, un aventurero, un buscador de emociones fuertes, o simplemente alguien que busca una Buena Vida, entonces no reduzca su “huella humana”. En vez de ello rebélese a ser débil, rehúsese a ser débil, haga su huella tan grande y tan abarcadora como le sea posible. O, como solíamos decir, “Deje su marca en el mundo”.

Esta es una versión editada de la conferencia dad en la Feria de Libros de Gothenburgh el 24 de septiembre.



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