


Hielo Marino

Temperatura Polo Norte





Desde hace mucho tiempo me ha llamado la insistencia de Clarín en publicar notas con sesgo alarmista y catastrófico, y la ausencia absoluta de menciones a opiniones de científicos opuestos al establishment ecologista. Hay algo oscuro que merece ser investigado.
En el artículo de Jorge Orduna publicado ayer; “El Grupo Clarín, Goldman Sachs, el Estado y la ecología”, me parece que hemos comenzado a destapar una olla que tiene cocinándose un guiso del que emana un tufillo a trampa. Estando metidos en el asunto Goldman Sachs, el Nature Conservancy, y la Wildlife Conservation Society, se puede esperar cualquier cosa relacionada con políticas destinadas al mantener a los países emergentes en su tradicional estado colonial.
Ahora es el metanoVamos bien, Eduardo. Pero imagino que hay otros lazos. Un tema que sugiero investigar es la relación entre Clarín y los promotores de sistemas para la producción de la energía eólica. Y siguen presentando con sospechosa frecuencia más informes sospechosamente sesgados respecto del "calentamiento global" y los gases invernaderos.
Como Clarín es la cara periodística de un poderoso grupo empresario, hay que buscar por dónde viene el negocio detrás de estos anuncios catastrofistas. Vengo sospechando que están detrás de los subsidios para los generadores eólicos. Pero también puede ser que estén racionalizando personal, y hayan decidido jubilar a su personal idóneo, reemplazándolo por este tal Sierra, y la chica de la papa en la boca, que combinan su turismo con informes sobre ecología "New Age".
La última contribución de Clarín al alarmismo es una entrevista a un geólogo investigador que ha publicado un trabajo en la “prestigiosa” revista ultraecologista Nature. Del artículo extractamos las partes que vale la pena comentar, para ahorrarle tiempo a los lectores. Como es habitual, se usa el tamaño catástrofe para el titular:
Diciembre 18, 2010
Son escapes de gas metano cerca de la
Base Marambio, en la Antártida Argentina
Por Diego Geddes
Hablar de calentamiento global con Rodolfo del Valle es fácil: “Cuando sacás una cubetera del freezer y la dejás arriba de la mesa, se descongela, ¿no? ¿Y por qué será que se descongela? Seguro que el calor tiene que ver”. Con metáforas como ésta, Rudy, como lo conocen todos, explica la situación que atraviesa el planeta en general y la Antártida en particular.
En realidad no es una metáfora. Es una perogrullada que tiene excepciones. Si dejamos un cubito de hielo en el glaciar del Monte Kilimanjaro, en Kenya, lo más probable es que poco tiempo después haya desaparecido, a pesar de que a los 5.500 metros de altura del monte siempre hay temperaturas muchos grados por debajo de cero. El fenómeno se llama sublimación, y nos hemos cansado de explicarlo como el principal motivo del retroceso de los glaciares de alta montaña.
Pero sí, si lo dejamos sobre la mesa de la cocina, y en la cocina hay una temperatura mayor que la de congelación, el cubito se derretirá sin sublimarse. Pero la perogrullada no tiene relación con el tema que explica después.
Y así, de más fácil a más difícil, llega a explicar por qué el escape del gas metano que se está dando en la Antártida –el objeto de su investigación, que fue publicada en Nature, una prestigiosa revista de ciencias– representa un peligro enorme y hasta el momento imparable para toda la humanidad.
El papel del gas metano (CH4) no ha ocupado –todavía- grandes espacios en la literatura catastrofista del cambio climático, pero hay indicios de que es uno de los últimos cartuchos que les quedan a los alarmistas para convencer al mundo que hay que llegar a un acuerdo en Durban, el año que viene. Madre Naturaleza y Hermana Realidad le han ido quitando munición al lobby corporativo del cambio climático antrópico. Un jugador diría, “se están jugando las últimas fichas”.
Del Valle, geólogo investigador de la Dirección Nacional del Antártico, puede dar fe de que la situación ha cambiado drásticamente en los últimos 30 años. Viajó por primera vez a la Antártida hace 38 años y si sumamos todas sus temporadas en el continente helado, ya pasó 11 años de su vida allá.
[…]
Rudy, un tipo de 1,90, manos fuertes y curtido en esto de pasarse horas en soledad, con 40 grados bajo cero fuera de la carpa, cuenta que lloró cuando la barrera Larsen, un bloque de 60 kilóme-tros de largo y entre 30 y 50 metros de alto por sobre la superficie del agua, desapareció en 1995. “Me preguntaban por qué lloraba. Yo respondí que lloré porque sé lo que se viene”, dice. Es que la Antártida derritiéndose es la prueba empírica más grande que hay sobre la Tierra cuando se habla del calentamiento global. En este punto no hay metáforas: los mapas han cambiado y donde antes había hielo, ahora hay agua.
“La Antártida derritiéndose es la prueba empírica que hay sobre la Tierra…”? No tengo idea sobre dónde habrá obtenido el Sr. Rudy la información de que la Antártida se está derritiendo. Usando su “metáfora” del cubito de hielo en la mesa, diríamos que el derretimiento de la Antártida tendría que ver con un calor que derrita al hielo. De acuerdo con los gráficos que nos proporcionan diversas organizaciones científicas oficiales podemos decir que Rudy está viendo visones... o los gráficos cabeza abajo.



Hace varias décadas que el 90% de la Antártida se enfría a ritmo sostenido. Sólo la parte que está fuera del Círculo Polar Antártico, la Península Antártica, ha mostrado un calentamiento del orden de los 2ºC. En 2009 se publicó un estudio de Eric Stieg (uno de los redactores de Real Climate) que pretendía demostrar que toda la Antártida se estaba calentando. Sólo después que fue sujeto a un riguroso análisis de su metodología se descubrió que el mode-lo usado por el estudio interpolaba temperaturas y hacía aparecer estaciones donde no existían, y las estaciones que usaba para interpolar las temperaturas estaban sepultadas bajo dos metros de nieve. Los instrumentos medían la temperatura de la nieve (de cero a -2ºC) cuando en el aire en la superficie estaba a menos de 30ºC bajo cero.
Los gráficos de Stieg mostraban una Antártida con fiebre –pero el gráfico oficial de la NASA –hasta entonces- decía otra cosa:



Prosigue diciendo Clarín:
El origen de su última investigación fueron unas burbujas que llegaban a la superficie del mar. Las descubrieron hace diez años, mientras navegaban. Del Valle y su equipo de trabajo lograron capturar esas burbujas y las enviaron a los Estados Unidos para que las analizaran, aunque sin decir de dónde las habían obtenido.
El resultado fue que eran metano, y desde entonces trabajan para tratar de analizar las causas de este hecho, con el calentamiento global como principal hipótesis, y los potenciales peligros que esto traería. Ya hay estudios sobre este tema en el Ártico, pero de la Antártida no se sabía demasiado.
“De las últimas siete glaciaciones que borraron el 90% de la biodiversidad –dice Del Valle–, cinco se deben a cambios climáticos y al menos una a escapes abruptos de metano”.
¡Notable descubrimiento de Del Valle! Siete glaciaciones fueron causadas por cambios climáticos. Me rindo ante el significado de tamaña noticia! Clarín tiene una primicia exclusiva de importancia global. Bien. Dejemos atrás los chistes y vayamos entonces a lo serio.
El metano es un compuesto químico con la fórmula CH4. Es el alcano más simple y el principal componente del gas natural, el mismo que usamos para cocinar y hacer funcionar los autos GNC –Gas Natural Comprimido. Es un gas con un potencial de calentamiento de 72, (calculado durante un período de 20 años), relativamente potente com-parado con el CO2, y un potencial de 25, si es tomado en un período de 100 años. Tiene una vida neta en la atmósfera de unos 10 años, y es primariamente retirado de la atmósfera por la reacción radicales hidroxilos produ-ciendo dióxido de carbono y agua.
En 1998 la abundancia de metano en la atmósfera era de 1745 ppMmv (partes por Mil millones), habiendo aumen-tado desde unas 700 ppm en 1750. Sin embargo, los niveles del metano comenzaron a frenar su aumento y se mantuvieron casi planos hasta 2008 que registraron un aumento hasta 1800 ppMm. Hace unos 400.00 años los niveles de metano eran similares a los actuales. Sería bueno saber por qué descendieron desde 1800 a 300-700 ppMm. ¿Desaparecieron los pantanos; dejó de descomponerse la materia orgánica? ¿Todo quedó cubierto por una capa de hielo y nieve de kilómetros de espesor?
Las mayores fuentes de emisión de metano provienen de tierra firme: pantanos, arrozales, bosques, volcanes, re-llenos sanitarios, pozos ciegos, y depósitos de basura a cielo abierto, venteos de los pozos petrolíferos y escapes de gas de uso industrial, doméstico y de fugas de los autos. Otra gran cantidad de metano tiene origen animal: tan sólo los rumiantes del planeta producen, según el IPCC, el 18% del metano que ingresa anualmente a la at-mósfera. El guano y los desechos animales también generan metano.
En el fondo de los mares hay una gran cantidad encerrada dentro de una estructura de cristales de agua conge-lada, donde cada molécula de agua encierra a una molécula de metano. Para que sea liberado es necesario que los cristales de hielo del fondo se fundan, pero para ello las temperaturas en la superficie tendrían que haber aumenta-do varias decenas de grados. Considerando la descomunal inercia térmica y el inmenso volumen de los océanos de la Tierra, es imposible que la cantidad de calor necesario para calentar esa inmensa masa de agua se acumule en la atmósfera. El calor que llega desde el Sol no es suficiente para hacerlo: la atmósfera, a la vez que tiene un notable “efecto invernadero”, también tiene una enorme capacidad de irradiación del calor al espacio exterior; es el “efecto termostato” que mantiene al planeta a una temperatura que varía entre dos a tres grados centígrados.
Según Gregory Ryskin (1) una liberación súbita de metano del océano podría llevar a un calentamiento o a un enfriamiento global. Las explosiones y la quema del metano producirían gran cantidad de humo y polvo, lo que conduciría a un enfriamiento global. El metano y el dióxido de carbono crearían “un efecto invernadero que podría conducir al calentamiento global.” El profesor Ryskin dice que “es difícil predecir si ocurriría un calentamiento o un enfriamiento.” Pero, como en casi todo lo referido a la climatología, las suposiciones y las profecías son mucho más abundantes que los hechos comprobados.
es imposible que El peligro de la fuga de este gas es que es 25 veces más nocivo que el dióxido de carbono, con lo cual afecta seriamente la capa de ozono.
Y a mayor daño de la capa de ozono, hay más calentamiento global, con lo cual las fugas de meta-no serían cada vez mayores. Un daño cíclico que lo empeora todo.
Unos breves cálculos ponen las cosas en su correcta perspectiva. Las 1800 partes por diez mil millones de metano en volumen (ppMmv) equivalen a 0,018 partes por millón. La concentración de C02 es 0,038 ppmv. El “forzamiento radiante” del CO2 ha sido calculado por muchos científicos como no superior a los 0,3 a 0,5ºC por cada duplicación del CO2. Si el metano duplica su concentración causaría un calentamiento de 0,3ºC x 25 = 7,5ºC. Pero, siempre hay un “pero”, como hemos visto las concentraciones de metano se han detenido en las 1800, y es sumamente improbable que sigan aumentando a causa de una liberación de metano de los clatratos del fondo de los océanos porque los océanos no se están calentando. Según las 3200 boyas del programa Argo, los océanos de la Tierra se han estado enfriando ligeramente desde 2003 a la fecha. Las principales oscilaciones oceánicas han ingresado a su fase negativa, o fría. Para que los mares se calienten lo suficiente para fundir los cristales de clatratos del fondo serían necesarios varios cientos de miles, o de millones de años para que ello ocurra. Pero la Tierra lleva una ten-dencia al enfriamiento que se remonta varios millones de años. Es un proceso irreversible. El sol se enfría, y recién enviará más calor dentro un par o más de miles de millones de años, cuando se convierta en una gigante roja y reduzca a cenizas a los planetas más cercanos.
¿Cuál es, entonces, el apuro por reducir la “amenaza del metano”?
Finalmente, la remanida capa de ozono que, como un zombie, vuelve a levantarse de su tumba cada vez que lo llaman para asustar a los niños. La capa de ozono aumenta y disminuye de manera natural, en ciclos relacionados con la actividad solar, los rayos cósmicos, la radiación ultravioleta, y las corrientes estratosféricas ecuatoriales como la QBO, (Oscilación Cuasi Bianual). Y la disminución o el aumento del ozono no tienen relación con el calentamiento o el enfriamiento; es el enfriamiento o calentamiento de la estratósfera lo que tiene efecto sobre el ozono y no al revés.
Conclusión
El asunto de las burbujas de metano se da en todas partes del mundo, en mayor o menor medida. Es un asunto muy estudiado, en el permafrost de Siberia, Canadá, Alaska... Las burbujas de metano en la Antártida tienen que ver con la serie de volcanes submarinos que hay allí, y a quienes muchas investigaciones culpan del calentamiento de la Península Antártica por calentamiento de las aguas que la rodean. No hay aquí otra cosa que el descubrimiento del “Agujero del mate.”
Lo que sigue intrigándome son los motivos por los que Clarín jamás publica nada que contradiga a las políticas y la agenda de sus socios, Goldman Sachs, y las eugenésicas Nature Conservancy, y la Wildlife Conservation Society.
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