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LA CIENCIA INDEFENSA

La indefensión que sufre la ciencia –y las tecnologías que se derivan de ella– ante los ataques de grupos interesados en detener el desarrollo y progreso de los pueblos, es algo que ha tomado un cariz tan grave, que resulta necesario analizar con cuidado cuál es su origen, y cuáles son sus fines, para evitar el resurgimiento de un nuevo Oscurantismo.

Gracias a la abundancia de medios de comunicación, la población está hoy expuesta a una verdadera catarata de información pseudo científica que no está capacitada de analizar ni valorar adecuadamente. Los sistemas educativos han sido paulatinamente modificados concentrándose cada vez más en la especialización, en detrimento del conocimiento más generalizado. Hemos ingresado a la Era del Especialista, que conoce profundamente un tema pero ignora casi totalmente lo básico de todo lo demás.

La información que recibe la gente a través de los medios proviene, por lo general, de este tipo de especialistas, y su palabra es aceptada sin más análisis ni cuestionamientos –en especial cuando se trata de alertar a la población sobre algún peligro inminente relacionado con productos químicos, nuevas tecnologías, cambios de clima u otros mitos comunes. La televisión y las publicaciones han tomado el rol de Evangelios, y basta que algo sea impreso con tinta sobre papel o emitido por un canal de TV para que se convierta en palabra sagrada. Será anatema quien lo dude.

Pero, ¿quién decide sobre el contenido o la cantidad de verdad científica que publican los medios? Por cierto, no lo hacen los científicos recluidos en laboratorios sino los reporteros, los editores de noticieros de TV y los agentes de prensa y encargados de relaciones públicas de organizaciones privadas –eufemísticamente llamadas ONGs– dedicadas a la propagación de todo tipo de desinformación en el tema ecología. No sería nada raro que algún día se publique una noticia como esta: "Tres científicos llamados Galileo, Newton y Einstein, han llegado a la conclusión que, según sus investigaciones, la tierra es redonda. Sin embargo, el New York Times ha tomado conocimiento que el profesor Raúl Toto, de la Universidad Libre del Ambiente de Córdoba, tiene evidencias concluyentes de que la Tierra es plana".

Una larga experiencia nos ha enseñado que, en el tema ecología, no hace falta probar los cargos –sólo es necesario una acusación que sea lo bastante terrorífica, para declarar la culpabilidad del reo. No importa cuántos científicos declaren en el juicio a favor del acusado, ni que se demuestre que las acusaciones eran falsificaciones desvergonzadas.

Si una mentira es repetida muchas veces, se convierte en verdad. Y la Verdad no es la frialdad de los hechos científicos, sino lo que la gente cree que es la verdad, o lo que los medios de comunicación les dice que es la verdad. Es lo que se conoce como "la Opinión Pública", que no es la suma de las opiniones de los individuos que forman al "público", sino que es lo que los medios de comunicación dicen que es la opinión del público.

Esa actitud de los medios modifica, en gran medida, la opinión que alguien tiene sobre alguna cosa: "si los demás dicen que tal cosa es blanca, yo no puedo decir que la estoy viendo de color azul, porque me tomarán por loco". Entonces se pliega al juego de la mayoría, aunque no esté totalmente convencido. El instinto de rebaño es muy fuerte entre las personas con poca personalidad o escasa cultura. Esta parti-cular característica humana es la que permite la aparición y subida al poder de personajes "carismáticos" que tienen un buen equipo de "relaciones públicas" o, como se le llama hoy, un buen "marketing".

Hablando de las noticias sobre ecología, el editor del diario Washington Post, Ben Bradlee declaró: "No estoy más interesado en las noticias. Me interesan las causas. Nosotros no pretendemos imprimir la verdad. Imprimimos lo que la gente nos dice. Es el público el que debe decidir lo que es la verdad ". Pero, ¿cómo puede el público distinguir la verdad científica de la falsedad ideológica? El público no tiene posibilidad de expresar sus descontentos ni su disconformismo con nada, a no ser a través de cartas al editor de un diario -cosa a la que nadie presta atención. Sólo se le concede el "derecho al pataleo", porque su pobre pataleo pasa totalmente desapercibido. Por ello, repito ¿cómo puede el público distinguir la verdad científica de la falsedad ideológica?

La enseñanza de las ciencias en los colegios ha ido desapareciendo aceleradamente para ser suplantada por una pseudo ciencia con "conciencia ecológica". La gente común no tiene una manera fácil de comprobar si las noticias sobre ciencia o ecología son ciertas o son sólo una deformación de los hechos hábilmente presentada.

La gente debe recurrir entonces a las declaraciones de los científicos –los especialistas– para saber la verdad. Desgraciadamente, las organizaciones privadas que han convertido a la ecología en el más rentable de los negocios del milenio, tienen a su servicio a miles de estos "especialistas" en marketing que repiten un libreto muy bien preparado. Los medios dan profusa difusión a estas declaraciones y suprimen las desmentidas de los científicos serios porque las "desmentidas no aumentan el tiraje o mejoran el rating". Charles Alexander dijo que "Como editor de ciencias de la revista Time, puedo admitir libremente que, en materia ecología, hemos cruzado la frontera entre la información periodística y la propaganda".

Por su lado, el más ardiente propulsor de la teoría del Calentamiento Global, Stephen Schneider escribió en la revista Discover, octubre de 1987: "Debemos ofrecer escenarios atemorizantes, hacer declaraciones dramáticas, y no mencionar nuestras dudas. Cada uno de nosotros debe decidir cuál es el punto de equilibrio entre ser efectivo y ser honesto". Parece ser que, dado el carácter sagrado de la Causa Ecologista, el ser honesto es un pecado imperdonable si va contra los fines del ecologismo internacional.

Pero si queremos una población más educada en ciencias, más capacitada para analizar y juzgar la información que recibe y así poder identificar la capacidad científica de quien provee la información y, ser más capaz de tomar decisiones racionales sobre asuntos técnicos que afectarán el futuro y el bienestar de varias generaciones, debemos aprender sobre los diferentes mundos en que se mueven los reales científicos, los técnicos en marketing y los periodistas.

Dos Mundos Apartes

Otra vez, la experiencia nos dice que los científicos y técnicos no pueden, y por lo tanto no se comunican directambente con el público. Son los medios los que hacen de intermediarios entre científicos y público y, por consiguiente, actúan como un verdadero filtro de información. Se publica sólo lo que a los editores les conviene o les interesa publicar. Las editoriales y empresas periodísticas no son organizaciones de beneficencia sino que su interés es ganar dinero, mientras más dinero, mejor. El asunto del "sacerdocio" periodístico hace mucho tiempo que murió, y cada editor tiene su precio. Punto.

Los científicos se mueven en un mundo con reglas muy diferentes a las del periodismo. El volumen del trabajo de un científico no tiene tanta importancia como la calidad de su trabajo, y la calidad de éste es juzgada por sus pares, sus colegas que pueden entender y aprobar o rechazar las conclusiones de los estudios e investigaciones. Sin la aprobación de sus pares, los estudios o "papers" no son publicados en revistas científicas serias. Es lo que se llama peer review, o "revisión por los pares". Para un científico, es importante la aprobación de sus pares, porque toda su carrera y, sobre todo, el dinero para sus investigaciones proviene de la aceptación que su trabajo tiene en la comunidad científica –la única que está realmente capacitada para juzgarlo.

Por su lado, la clave para el éxito y el progreso ee la carrera de un periodista reside en el volumen de su trabajo y en la eficiencia con que maneja los tiempos de "aire" o los "espacios" en gráfica. La información que transmite no tiene tanta importancia como la capacidad de crear un escándalo, atraer la atención del público y promover las ventas de su medio. Su trabajo raramente es juzgado por sus pares, sino que lo es por su editor, su secretario de redacción, el director de noticias de un canal, o por los directivos de las organizaciones privadas que financian a los medios para promover productos o campañas de tipo "alerta ecológico".

Un buen informe periodístico debe ser compacto, breve, sin lugar para explicaciones extensas. Las afirmaciones de "científicos" se dan por ciertas sin que se aporten las pruebas de ello. Los reporteros no pueden dedicarse a largas investigaciones ni leer extensos y complicados estudios. Apenas si pueden leer y aceptar lo que se dice en el "abstracto" o resumen hecho por el propio investigador que, muchas veces, tiene poco que ver con lo que realmente dice el estudio principal.

Los científicos proveen el material para la información. Los periodistas eligen lo que más le conviene o les gusta para publicar. Por esa razón, el público que no lee revistas científicas especializadas no tiene la menor posibilidad de enterarse de la verdad de los hechos.

Mitos hechos realidad

En el proceso de filtrado periodístico de la información científica se presentan tres problemas. El primero es la ansiedad. Existe un lamentable énfasis en el supuesto conflicto entre tecnología y humanidad. Esto es un buen negocio para la prensa pero suministra una perspectiva falseada que aumenta el temor del público por la ciencia y los avances tecnológicos.

El segundo problema son los "factoides", información falsa, exagerada o distorsionada que se hace creíble por la incesante repetición: "Mentir, mentir, mentir... que algo siempre queda", repetía Josef Goebbels, Ministro de Propaganda de Hitler. En el caso de la ecología, los ejemplos son tan numerosos que tomarían volúmenes enteros detallarlos a todos. Sin embargo, los más notables son los que se refiere a las afirmaciones sobre la capacidad cancerígena de los PCB, los efectos dañinos del DDT, la destrucción de la capa de ozono por los CFC, la peligrosidad de pequeñas dosis de radiación, el peligro del "calentamiento global" por aumento del CO2 de la atmósfera, la acidez de la lluvia causada por emanaciones de azufre de la industria, el plomo de las naftas, los riesgos de residuos de pesticidas en los alimentos, las substancias cancerígenas de los compuestos sintéticos, los beneficios de la agricultura y comidas "orgánicas", las sabias advertencias del Jefe Seattle, etc., etc., etc. La lista no tiene fin.

Hay cientos de estos "factoides" que tienen muy poca o ninguna evidencia científica que los apoyen. Algunos provienen de la falsa suposición de que si dos fenómenos ocurren al mismo tiempo, o uno a continuación del otro deben ser "causa y efecto". Otros provienen de investigadores que buscan notoriedad o publicidad para una causa o una posición política. Otros provienen de periodistas que buscan hacerse un nombre y distorsionan un informe científico, con o sin intención malévola.

El tercer problema es la "mala interpretación". Dado que los buenos científicos encuadran sus declaraciones dentro de un contexto científico y los periodistas extrapolan a un contexto más amplio y comprensible para los lectores, la resultante es siempre la "mala interpretación". También existen los "científicos" que evitan el "peer review" porque tienen una misión que cumplir, es decir, publicar "factoides" en revistas semi especializadas como la revista Audubon, Scientific American, Discover, Muy Interesante, etc., o simplemente porque son charlatanes que publican un trabajo como "opinión personal".

Las opiniones personales de los científicos nunca son consideradas serias en la comunidad científica, a menos que se refieran a trabajos que hayan pasado por un "peer review". El problema grave es que el periodismo toma estas opiniones personales como "palabra santa" y le dan validez científica, engañando al público que no tiene la capacidad de discernir entre verdad y charlatanería. El público ha sido reducido a la condición de una ingenua máquina "tragamonedas", sólo que en lugar de monedas se le administra desinformación.

Responsabilidad Moral

Ni los medios ni la gente común tienen el conocimiento como para juzgar a la comunidad científica. Por ello es que le corresponde a los buenos científicos desmalezar el campo e identificar a los patanes y mercenarios de la ciencia. Sin embargo, esto no se está haciendo. Por el contrario, existen una cantidad de organizaciones de "renegados", como la Unión de Científicos Preocupados o Médicos para una Responsabilidad Social que se presentan a sí mismas como "la voz de la comunidad científica", y que cuentan como voceros a personajes como la pediatra Helen Caldicott, al ex genetista Barry Commoner, al especialista en mariposas Paul Ehrlich, al auto proclamado físico (sin título, ni práctica, ni publicaciones en la materia) Amory Lovins; y muchos otros que ganaron su reputación atacando a la ciencia y a la tecnología. Estas personas llegaron a ganar su reputación de expertos en cuestiones de radiación, pesticidas o energía gracias al respaldo de las organizaciones privadas, activistas profesionales del ecologismo que persiguen objetivos geopolíticos y corporativos.

La comunidad científica juzga estrictamente a sus miembros que están al tope de la profesión, pero ignora a los incompetentes y chapuceros que están en el fondo. En una actitud un poco timorata deja que sean otros fuera de la comunidad quienes juzguen a los que demuestran no ser merecedores del título de científicos. De esta forma, personas honestas y corajudas, como el Juez Patrick F. Kelly, de la Corte del Distrito de Kansas, dijo lo que los buenos científicos debieron haber dicho en Noviembre de 1984:

"Esta Corte rechaza la opinión testimonial de los Dres. Karl Morgan y John Gofman porque ambos lucubraron una deshonesta invención de argumentos para proteger su opinión... Esta no es una situación donde la comunidad científica está dividida por igual entre dos respetables escuelas de pensamiento. Es un caso donde hay un pequeño, pero muy vocinglero grupo de científicos, que incluye a los Dres. Morgan y Gofman, que mantienen opiniones que no son consideradas creíbles por los expertos en la materia..."

Debe recordarse, que esto sucedía en 1984. Hoy, los Dres. Morgan y Gofman continúan haciendo un excelente negocio como consultores y "testigos a sueldo" ante los tribunales, a favor de grupos antinucleares.

El Dr. Sternglass, otra persona ampliamente citada por las organizaciones antinucleares en el tema radiación, jamás publicó ningún artículo sobre los efectos dañinos de la radiación en alguna revista con "peer review". En un artículo de la revista "Esquire", publicado en 1969, predijo que todos los niños de EEUU morirían a consecuencia del "fallout" radioactivo producto de los ensayos nucleares en la atmósfera. Han pasado ya muchos años y, por suerte para los niños, pero desgraciadamente para su credibilidad, estaba equivocado. Sin embargo, sus opiniones, desde hace mucho desacreditadas en la comunidad científica, siguen siendo usadas por los activistas antinucleares y la prensa. Un poco más adelante se analizará cómo inició una campaña -basada en la más pura deshonestidad científica- que casi consiguió el cierre de una central nuclear en EEUU.

El problema grave reside precisamente allí. La gente común no lo sabe –porque la prensa no se lo dice– que la charlatanería científica continúa gozando de muy buena salud. Los medios publican las opiniones de los falsos científicos y las muestran como "la voz de la ciencia", y la gente la toma como tal. No es de sorprenderse, entonces, que mientras los medios de prensa sigan haciendo su lucrativo negocio de desinformar, la ciencia y las nuevas tecnologías sigan siendo mal vistas por el público, y teman que su futuro esté seriamente comprometido por inexistentes amenazas. Ni la capa de ozono está siendo destruida por los CFC, ni el planeta se está calentando, ni la lluvia es más ácida que lo que naturalmente siempre lo ha sido, ni los residuos de pesticidas son más peligrosos que los cancerígenos que existen de manera natural en los alimentos.

Lo que sí está sucediendo es que las falsas denuncias del ecologismo han creado un sentimiento de temor en la población que facilita la promulgación de irracionales prohibiciones de substancias químicas y tecnologías de un valor incalculable para la humanidad.

También han hecho que numerosas organizaciones privadas se hayan afianzado en su papel de "protectoras del ambiente" y diseñadoras de políticas de control y destrucción de las economías de los países más pobres. Estas organizaciones políticas –del tipo Trilateral Commission, World Resources Institute, New York Council on Foreign Relations, Club de Roma, Greenpeace, WWF, dominan totalmente las decisiones que se toman en política ambiental en las Naciones Unidas, al haber promovido y manejado a su antojo a organizaciones como el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Protocolo de Montreal, las Conferencias sobre Población, el Tratado de Kyoto, etc., que junto a muchas otras se dedican a mantener el status neocolonial de los países en "vías de desarrollo", es decir, la buena salud del neoliberalismo y la Globalización.

Debemos recordar que la recolección de información y la obtención de conclusiones científicas a partir de los hechos científicos comprobados es tarea de científicos, la toma de decisiones que afectan las consecuencias sociales para la humanidad es tarea de ciudadanos y políticos honestos y responsables.

Las decisiones finales deben ser tomadas, obviamente, por la gente y sus representantes electos. Es especialmente importante que los científicos responsables y sus instituciones aseguren que los hechos científicos tengan una correcta publicidad en los medios para que todos podamos tomar decisiones inteligentes sobre las nuevas tecnologías que afectarán la vida de las generaciones futuras. Si no se pone coto a la actividad de estas organizaciones, el descalabro de las economías será irreversible.

Las Técnicas del Fraude

La manera en que la información científica es manipulada, distorsionada, exagerada, extrapolada errónea y maliciosamente, o directamente falsificada, es algo que las autoridades deberían conocer y comenzar a preocuparse antes de que el daño que se causa con estas prácticas se haga intolerable. Los políticos son gente que, a pesar de toda la capacidad que tengan para gobernar, no dejan de ser gente común, muy poco preparada para analizar y mucho menos, comprender los serios asuntos técnicos y científicos que se les presentan a menudo.

A menudo, los científicos, industriales y políticos toman posiciones enfrentadas en lo relativo a las políticas que se refieren a las prohibiciones de orden público. Los políticos creen que una simple conclusión científica de "es bueno" o "es malo" es suficiente requisito para promulgar prohibiciones que resultarán costosas para la industria y para el público en general. Por su parte, los científicos creen casi siempre que están en condiciones de proporcionar esas conclusiones. Sin embargo, cualquier asunto científico que tenga algo que ver con el mundo real, es con frecuencia imposible de simplificar hasta el punto de ofrecer –sin sombra de dudas– las respuestas simples y rápidas, y al mismo tiempo confiables, que exigen los políticos sin saber que, en ciencia, nada es totalmente negro o totalmente blanco.

Los fraudes científicos están hoy de moda, y algunos hasta han recibido un Premio Nobel como el de Rowland, Molina y Creutzen a causa de su famosa teoría de la capa de ozono. El problema para los políticos es ¿cómo reconocer un fraude a primera vista? No es fácil, pero se aplica la misma regla que para los vinos buenos: para saber si un vino es mediocre, bueno o excelente, primero hay que haber catado los mejores y el resto es cuestión de comparación y práctica... mucha práctica. Y, si después de todo no se consigue distinguir un "Tetrabrik" de un Chateau Lafitte Rothschild, lo mejor es preguntar a los que saben mucho, por haber estado años en el tema. Lo más importante: nunca preguntar sobre la calidad de un producto a quien quiere vendernos el producto: es mejor preguntar a la competencia, comparar, y sacar nuestras propias conclusiones.

Pero, lo importante es estar alertas a las denuncias catastróficas, a la predicción de Apocalipsis inminentes, porque hay muchas posibilidades de que todo sea nada más que un globo de aire caliente. Primero dudemos, y dejemos de lado el nefasto Principio de la Precaución Ecologista: según ellos, no hay que esperar hasta tener las pruebas confirmatorias del peligro, hay que prohibir primero y averiguar después. Es como fusilar a un acusado y luego analizar las pruebas para ver si era culpable o inocente. La historia nos cuenta que una vez conseguida una prohibición jamás se ha dado marcha atrás y se ha reivindicado al producto prohibido. Veamos algunos ejemplos esclarecedores.

Las Cáscaras de Huevos

A principios de los años 60, Rachel Carson escribió un libro llamado "Primavera Silenciosa" donde acusaba al insecticida DDT de ser un potentísimo veneno que, además de matar niños a granel, estaba extinguiendo a muchas especies de aves, especialmente al petirrojo (Robin), a las águilas y halcones preregrinos, y de envenenar a la población en general. Una causa de la desaparición de los pájaros, decía Carson, era que el DDT provocaba que las aves pusiesen huevos de cáscaras muy delgadas que no incubaban porque las madres los rompían con su peso al empollar.

En su famoso libro se refirió al "ahora clásico experimento del Dr. DeWitt en codornices y faisanes". Ella dijo, en la página 120: "Las codornices en cuya dieta se introdujo DDT durante la temporada de alimentación sobrevivieron y aún produjeron una cantidad normal de huevos, pero muy pocos incubaron." Analizado el artículo de DeWitt (en Journal of Agricultural and Food Chemistry, 1956), se encontró que el 75,7% de los huevos producidos por aves alimentadas con DDT habían incubado, comparado con el 83,9% producidos por los controles (aves sin DDT). 75,7% es más que "unos pocos" huevos incubados, de modo que las intenciones de Rachel Carson se hacen muy sospechosas.

En su Tabla, DeWitt también informaba que el 80,6% de los huevos producidos por sus faisanes con la dieta con DDT habían incubado, contra sólo el 57% de incubamiento de los producidos por las aves de control. No resulta sorprendente que Carson haya evitado mencionar lo mucho mejor que se comportaron los faisanes alimentados con DDT (a pesar de su referencia al "clásico experimento de DeWitt en faisanes y codornices."

El 14 de Febrero de 1969, el San Francisco Chronicle informó que, a causa del DDT, los huevos de las aves se estaban haciendo tan gruesos que, con frecuencia, los pichones no podían salir de ellos. Dos meses más tarde, el mismo diario informó que el DDT provocaba que las cáscaras fueran tan delgadas que se quebraban al no poder soportar el peso de las hembras al incubarlos. Ninguna de las dos afirmaciones era cierta, pero ello indica que en el San Francisco Chronicle ya no quedaba ninguna esperanza para una información honesta sobre el asunto del DDT. Y ello se hizo peor, a cada año que pasaba.

Un error común durante muchos años, fue creer que el DDT hacía que las aves pusieran huevos de cáscaras muy delgadas o muy blandas. Con tantos estudios que demuestran que estos cargos son falsos, es asombroso ver que aún se siguen repitiendo! (Jamás se suministró información para confirmar los dichos, pero se hacen impunes declaraciones a la prensa, radio, televisión y en las revistas ecologistas) El primer lugar donde se debería haber buscado la verdad es en la industria de huevos y aves de corral, pero los ecologistas sabían que ello destruiría su argumento de las cáscaras delgadas.

Del mismo modo, la propaganda ecologista evitó al gran libro de 1949 sobre el tema, por Romanoff y Romanoff titulado "The Avian Egg", que contenía toda la información necesaria para explicar el problema de las "cáscaras delgadas".

Un libro de 1969 por los mismos autores fue "The Avian Embryo", que suministró detalles sobre la cantidad de calcio que tomaban de la cáscara los embriones en desarrollo. Los propagandistas jamás citaron este libro. Sin embargo, ellos recogían y medían las cáscaras después que el embrión había retirado el calcio de la cáscara para el desarrollo de sus huesos, y culpaban al DDT del bajo nivel de calcio en las cáscaras! Los biólogos del FWS, Tucker y Haegele (Bull. Environm. Contam. & Toxicology, 5:19, 1971) alimentaron diferentes grupos de codornices con diversos niveles de calcio. Un grupo recibió 3% de calcio y otro grupo sólo 1%. Ninguno de los grupos recibió DDT o su metabolito DDE en sus dietas. Las cáscaras del grupo del 1% eran 9,3% más delgadas que las del grupo normal de 3% de calcio en la dieta.

Entonces, con estos estudios disponibles, ¿cómo puede alguien diseñar un experimento que incrimine al DDT como la causa del adelgazamiento de las cáscaras? De manera muy simple: alimente a las aves con dieta baja en calcio, añada DDT al alimento y luego culpe al DDT por las cáscaras delgadas (que resultarán así por la deficiencia en calcio!) Eso es, precisamente, lo que hicieron los investigadores del Fish & Wildlife Service.

Bitman y sus colegas en Patuxent alimentaron sus codornices con solamente la mitad del calcio recibido por los faisanes de Tucker, que habían tenido la dosis más baja. Las aves de Tucker habían producido cáscaras un 10% más delgadas que cuando sólo el 1% del calcio estaba presente en la dieta. Entonces, ¿cuál sería el resultado de alimentar las aves con 0,5% de calcio, como hizo Bitman? Era de esperar que sus cáscaras fueran aún más delgadas que lo normal. Sin embargo, Bitman informó que las cáscaras no eran tan delgadas! A pesar de todo, el estudio de Bitman se publicó en Science, y fue la referencia más empleada para "probar" que el DDT causaba el adelgazamiento de las cáscaras!

En rigor de verdad, existe una gran cantidad de estudios que prueban que las cáscaras no se afinan por la introducción de DDT en la dieta de las aves si hay una adecuada concentración de calcio en la misma. Pero esos estudios raramente fueron mencionados por la prensa y jamás tomados en cuenta por las publicaciones ecologistas.

Para obtener cáscaras delgadas, los activistas ecológicos tenían que hacer otra cosa al mismo tiempo –algo que se sabía que causaba cáscaras finas por sí mismo. Las causas que provocan esos efectos incluyen al ruido, excitación, luces disminuidas, escasez de agua, presencia de diversos productos químicos y, especialmente, una deficiencia de calcio en la dieta. Todos los experimentos que dieron por resultado cáscaras delgadas usaron una o más de estas causas conocidas para provocar los efectos deseados, que fueron achacados entonces al DDT.

A requerimientos del Congreso de los Estados Unidos, Bitman repitió al año siguiente sus experimentos y esta vez añadió las dosis adecuadas de calcio en la dieta. Las aves alimentadas con DDT y DDE no produjeron cáscaras delgadas. El estudio fue presentado nuevamente a Science para su publicación. Por desgracia, el editor de Science siempre se rehusó a publicar artículos que fueran favorables al DDT, de modo que esta vez rechazó el artículo de Bitman. En su lugar, el artículo fue publicado en Poultry Science, y la industria de las aves y los científicos honestos aplaudieron los verdaderos resultados. Por supuesto, la circulación de esa revista no es tan grande como la de Science, de modo que muy pocos científicos tuvieron la oportunidad de oír acerca de la marcha atrás en las acusaciones de que el DDT y el DDE provocaban las cáscaras delgadas.

¿Por qué Science rechazó tales estudios? El editor, Philip Abelson, había informado previamente al Dr. Thomas Jukes que Science jamás publicaría ningún artículo que fuese favorable a dicho insecticida. Hasta se rehusó a considerar un manuscrito en tal sentido de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como consecuencia de ello, los artículos sobre DDT de Science eran escritos casi siempre por la misma cofradía, y el peer review se convirtió en una vergüenza. Los autores anti DDT se citaban unos a otros y apoyaban sus declaraciones entre ellos mismos. No se aceptaba ningún otro punto de vista. Sin la deshonesta ayuda de Science, el caso del DDT se habría archivado muy rápidamente!

M.L. Scott, J.R. Zimmerman, Susan Marinsky, P.A. Mulenhoff, G.L. Rumsley y R.W. Rice pasaron muchos años en Cornell ensayando distintos productos químicos en las dietas de las aves para determinar los casos de adelgazamiento de las cáscaras. Informaron que el DDT, el DDE, y el DDD en las dietas dieron como resultado cáscaras más gruesas, en lugar de más delgadas. El compuesto que provocó el mayor adelgazamiento fue el metilo de mercurio (Poultry Science, 54:350-368, 1975). Los resultados de años de confiables investigaciones científicas de esos investigadores tampoco aparecieron publicadas en la revista Science, cosa que ya no extraña a nadie.

Tucker et al., en Utah Science, (Junio 1971) publicaron los resultados de cuidadosos experimentos hechos para determinar causas dietarias serias del adelgazamiento de las cáscaras. Además, después que se privó de agua durante 26 horas, las codornices pusieron huevos con cáscara de un promedio 29% más delgadas que lo normal.

El asunto de las cáscaras delgadas es uno de los mucho aspectos en que el fraude científico, aunado a la complicidad de revistas con pretensiones de científicas, sirvieron para convencer a políticos ignorantes en materia científica que el DDT era peligroso y debía ser prohibido. La ignorancia que demuestran tener los políticos en materia científica es algo sumamente preocupante. Se atribuye a Nietzsche haber dicho: "Nada hay más peligroso que la ignorancia en acción". La historia de la humanidad está plagada de ejemplos estremecedores.

La Prohibición del DDT

Para conseguir la prohibición del DDT los ecologistas iniciaron una larga, costosa y deshonesta campaña, acumulando una enorme serie de acusaciones falsas (como se comprobó más tarde) y que dio lugar a que la EPA (Agencia de Protección del Ambiente) de los Estados Unidas, iniciara una serie de audiencias públicas donde se permitió que los científicos opinaran en pro y en contra del DDT. A favor del DDT se pronunciaron una inmensa lista de organizaciones científicas y del gobierno de diversos países, personalidades científicas irreprochables, entre los que se cuentan el Dr. Norman Borlaug, Premio Nobel de 1970 por su "Revolución Verde" y una multitud de famosos ornitólogos, entomólogos, expertos en cáncer y toxicología, biólogos, médicos, etc., etc.

Entre la organizaciones que salieron en defensa del DDT se cuentan el Departamento de Agricultura de los EEUU, el National Cancer Institute, y la National Cancer Society de EEUU, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud, y numerosas instituciones científicas del resto del mundo.

La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos comentó en Las Ciencias de la Vida, 1970, que "sólo a muy pocas substancias químicas le debe tanto el hombre como al DDT. En poco menos de dos décadas, el DDT ha impedido la muerte de 500 millones de seres humanos que, de otra manera, hubiesen sido inevitables".

En 1971, la EPA fue obligada a realizar audiencias sobre el DDT. Las audiencias fueron presididas por durante siete meses por el juez Edmund Sweeney. Cientos de científicos expresaron sus opiniones y aportaron evidencias. La transcripción de los testimonios excedió las 9.000 páginas, y serían la base sobre la que se podría desarrollar un interesante curso universitario.

Finalmente el mismo encargado del juicio contra el DDT, el juez Edmund Sweeney emitió su recomendación final a la EPA diciendo: "El DDT no es un peligro cancerígeno, mutagénico o teratogénico para los seres humanos. Los usos del DDT involucrados aquí no tienen efectos deletéreos en peces de agua dulce, organismos estuarianos, aves silvestres u otro tipo de vida salvaje... las evidencias en las audiencias apoyan la conclusión que existe una necesidad presente para los usos esenciales del DDT".

William Ruckelshaus, administrador de la EPA, jamás asistió a ninguna de las audiencias, y sus ayudantes informaron que ni siquiera leyó las minutas del juicio. Sin embargo, desestimó la decisión de su juez y de manera unilateral y arbitraria prohibió al DDT. Sus declaraciones finales no son muy tranquilizantes: cuando llegó el momento de anunciar su decisión, ante una atónita audiencia de científicos dijo que "La decisión de prohibir al DDT no tiene nada que ver con la ciencia. Se trata solamente de un asunto político."

Más tarde, en una carta al presidente de la American Farm Burerau Federation, Ruckelshaus escribió: "Las decisiones que involucran substancias tóxicas son políticas, con una ´p´ minúscula" y que "la decisión final sigue siendo política".

Ruckelshaus se negó a requerimientos del Departamento de Agricultura de los EEUU para que cumpliese con los requisitos del Acta de Libertad de Información, y también rehusó emitir ninguna Declaración de Impacto Ambiental (aunque sus acciones darían por resultado la pérdida de millones de vidas humanas en todo el mundo y la destrucción de millones de acres de bosques en los EEUU.

Como se puede apreciar, el caso de la prohibición del DDT es el ejemplo más claro y notable de manipulación política fraudulenta de la ciencia y marca el inicio de una enorme serie de regulaciones y prohibición de compuestos útiles para la humanidad, impulsadas por la filosofía ecologista que se opone al progreso y desarrollo de las naciones del mundo entero. El Dr. Norman Borlaug, durante las audiencias de 971, emitió una predicción que resultó sombríamente cierta. En una conferencia en las Naciones Unidas en Roma (Science, Dic. 10, 1971), declaró que "ecologistas irresponsables que provocan el miedo" estaban montando "una campaña viciosa e histérica contra los productos químicos para la agricultura." Alabó al DDT por su gran historial de seguridad para la humanidad, y advirtió que su eliminación en los EEUU sería seguida por campañas para prohibirlo en todo el mundo. Advirtió, además, que "el DDT será la primera de una larga fichas de dominó ... tan pronto el DDT sea prohibido, habrá presiones para prohibir todos los hidrocarburos clorados, y luego los insecticidas organo fosforados y los carbamatos. Entonces atacarán a los herbicidas y eventualmente a los fungicidas."

El Dr. Borlaug estaba en lo cierto, y la mayoría de sus predicciones se convirtieron en realidad. En los años 70 y 80 la EPA, basándose en la aplicación falseada de la Cláusula Delaney, prohibió al clordane, aldrin, dieldrin, endrin, BHC, lindane, heptaclor, toxaphene, y muchos otros pesticidas.

La peor consecuencia que tuvo la prohibición del DDT es que dio credibilidad a la pseudo ciencia, creó una atmósfera donde la ciencia puede ser empujada a un lado por la emoción, la histeria y las presiones políticas. Ha provocado daños incalculables. La técnica que se impuso a partir de entonces, hacer acusaciones sin fundamentos, repetidas de manera incesante, se ha usado para acusar y prohibir al asbestos, los PCB, dioxina, CFC, el Alar y muchas otras substancias y tecnologías de una utilidad inestimable para la humanidad.

La Cláusula Delaney

La Cláusula Delaney, de la Ley de Aditivos en los Alimentos establecía bajo la Sección 409 del 21 USCS 3498 que "ninguna substancia química será considerada segura si se encuentra que induce cáncer cuando es ingerida por el hombre o los animales, o si se descubre, después de ensayos apropiados para la evaluación de la seguridad de los aditivos para alimentos, que induce cáncer en hombres y animales..." Los ensayos que eran usualmente empleados no eran "adecuados para la correcta evaluación de la carcinogenicidad." Los ensayos involucraban dosis extremadamente altas, forzadas en las ratas que habían sido criadas especialmente para ser hipersensibles a los cancerígenos.

El uso de experimentos inadecuados en roedores que involucraban dosis masivas y aplicaciones antinaturales de substancias químicas han causado mucha controversia. El American Council for Science and Health escribió que "los sanos principios toxicológicos son burlados rutinariamente en los experimentos sobre roedores de laboratorio, y los resultados son frecuentemente extrapolados inadecuadamente para los humanos." (1991). Se encontró que las ratas producían una proteína especial (Alfa 2U Globulina) que las hace especialmente proclives a desarrollar cánceres y tumores.

En 1992, la EPA hizo notar que los seres humanos carecen de dicha proteína, lo que "podría invalidar miles de experimentos de pesticidas, preservantes, aditivos y otras substancias químicas que fueron prohibidas porque causaban tumores en las ratas de laboratorio". Esos tumores, dijeron, "son un efecto específico de las especies de las ratas y no son aplicables a las evaluaciones de riesgos para los humanos". Obviamente, tales experimentos sobre ratas no debían ser considerados "adecuados para la evaluación de la seguirdad de los aditivos en alimentos para inducir cáncer en humanos y animales", como lo requiere la Cláusula Delaney.

Russel Train, Administrador de la EPA, ignoró los requisitos de la Cláusula Delaney que los experimentos debían ser adecuados, y los abogados de la EPA asumieron que ellos podían prohibir cualquier químico que causase cualquier cáncer cuando se aplicaba sobre animales de ensayo a cualquier dosis, aún de manera muy inadecuada (incluyendo alimentación forzada e inyecciones directas en la sangre, peritoneo, o cualquier otra parte.)

Aún después de ignorar los requerimientos explícitos de la Cláusula Delaney de "ensayos adecuados", para determinar la capacidad cancerígena, ellos no podrían haber prohibido muchas de esas substancias si el "cáncer" no hubiese sido redefinido por el abogado Russel Train! Previamente se había considerado que el cáncer era un crecimiento maligno que tendía a extenderse a otras partes del cuerpo, frecuentemente con resultados fatales. Por otro lado, se consideraba que los tumores eran formaciones no malignas que no se desparramaban (y en los roedores de laboratorio desaparecían con frecuencia después que el asalto masivo con químicos era interrumpido). El abogado Train redefinió esos términos médicos y declaró que "para los propósitos de la EPA, las substancias tumorogénicas y las cancerígenas son sinónimos" y que "a los efectos de ensayos para potencial cancerígeno no se deberán hacer diferencias entre la inducción de tumores diagnosticados como benignos o malignos". (Chem. & Engineering News, 52:13, 1974).

Entonces, las substancias de cualquier tipo podían ser consideradas cancerígenas y podían ser prohibidas invocando la Cláusula Delaney! El Consejo para las Ciencias Agrícolas y Tecnología (un consorcio de más de 30 organizaciones profesionales) observó que "clasificar como cancerígenos a todos los químicos que causan tumores sobrestima enormemente los riesgos del cáncer".

Train dejó la EPA para unirse al directorio de la Union Carbide Corp. (que no había sido "amigable" con el ambiente). En ese momento, la EPA tenía más de 10.000 empleados y su presupuesto en 1980 era de 5.000 millones de dólares.

Las preguntas apropiadas podrían ser: ¿Alguien en la EPA realmente leyó alguna vez la Cláusula Delaney? Si así fue, ¿entonces buscaron malinterpretar deliberadamente los claros requisitos de la cláusula? El representante Delaney declaró una vez que "demasiados egos, reputaciones y carreras están expuestas; si se tratan de cambiar las cosas, los locos vienen a uno con lanzallamas y motosierras". Es fácil comprender por qué lamentó el hecho, cuando declaró: "Me iré a la tumba con esa maldita cosa colgando de mi cuello".

El Acta de Protección de
Calidad De los Alimentos

En 1966, el congreso promulgó el Acta de Protección del Calidad de los Alimentos (FQPA). Esta acta ordena que la EPA puede prohibir cualquier químico, a menos que crea que "existe una razonable certeza de no daño". Se requiere que todos los pesticidas sean reevaluados antes del 2006. Para Agosto del 1999 deben analizar 3.000 de ellos, El director del Programa de Pesticidas de la EPA dijo que una manera de implementar el Acta sería revocar simplemente todas las tolerancias y comenzar todo desde cero! Nadie ha indicado qué es lo que la EPA quiere decir con "razonable" y (aún peor) no hay ninguna indicación de qué es lo que ellos entienden por "daño". Además, la EPA tendrá que decirnos que quiere decir "NO"!.

Nuestro Futuro Robado

En 1969 fuimos expuestos a un indecoroso nuevo libro, Nuestro Futuro Robado. El principal autor era Theo Colborn. Al principio del libro, declaraba que trataba de encontrar la evidencia del aumento de cáncer en el área de los Grandes Lagos. Desgraciadamente, su investigación encontró tasas de cáncer más bajas! "Enfrentada a este contratiempo, ella se concentró en la literatura de vida silvestre y trató de pensar con claridad adonde debería dirigirse ahora".

El libro resultante abunda en reclamos sin fundamentos, incluyendo riesgos por exposiciones infinitesimales a químicos que ella decía que darían por resultado deficiencias en la esperma, cáncer de mama, testículos y glándulas prostáticas, fertilidad humana reducida, endometriosis femenina, inteligencia erosionada, incremento en comportamiento destructivo en niños, y epidemias de falta de descenso de los testículos y penes más cortos en los caimanes.

Jessica Mathews, del Council on Foreign Relations, escribió sobre el libro en el Washington Post, Marzo 11, 1996, diciendo; "Hemos estado demasiado obsesionados por los obvios riesgos de los químicos tóxicos, cáncer y defectos de nacimiento. Si se prueban, la supresión inmunológica y la rotura hormonal, pueden ser mucho más peligrosas". Afirmó que el libro "hará que las previas contiendas sobre nitratos, sacarina, formaldehído, Times Beach, Love Canal, colesterol, Alar y aún el tabaco, parezcan juego de niños".

La coautora, Carol Dumanoski (ecologista del Boston Globe) había escrito antes: "No hay tal cosa como la información objetiva, y me he vuelto aún más astuta sobre cómo encontrar las voces que pienso dicen lo que creo es verdad. Esa es mi misión subversiva". De acuerdo al Washington Times, Marzo 13, 1996, Miss Dumanoski admitió en 1994 que ella "había manipulado hechos sobre la capa de ozono" para obtener la más alta calificación para su historia, que fue así publicada en la primera página del Los Angeles Times.

El American Council on Science & Health revisó el libro, informando "la evidencia científica es extremadamente tentativa, pero el potencial para despertar el miedo entre los no científicos es grande". También fue examinado en Science, donde el revisor declaró que "no fue escrito para científicos", comentando que "no existe discriminación entre informes anecdóticos y estudios científicos", y dijo que el libro "nos hace preguntarnos sobre la capacidad científica del juicio de las autoras".

Miss Colborn dijo que en el lago Apopka, Florida, los penes de los caimanes eran la mitad del tamaño normal, pero no suministró ningún lineamiento previo de las medidas. Louis Guillette se hizo famoso por medir esos penes, pero su ex cohorte, Timothy Gross dijo que las mediciones estaban basadas en información pobre porque Guillette no sabía la edad de ninguno de los caimanes, de manera que no podía saber si estaban plenamente desarrollados.

La revista Wilderness (Invierno 1986) dijo que el Lago Apopka era ya una letrina en 1950, debido a los residuos del procesamiento de citrus, efluentes cloacales y residuos de cientos de acres de tierras cultivadas a lo largo de sus costas. El National Observer (Junio 21, 1971) declaró "el Apopka es un poco profundo charco de agua fétida, casi inapropiado para el uso humano. Los residuos humanos arrojados allí son químicos de Winter Gardens, e incluyen etinilestradiol (EE) de la orina femenina, que es hormonalmente activa a concentraciones tan bajas como 0,1 nanogramo (un décimo de mil millonésima de gramo)."

Se supondría que los caimanes en el agua también deberían ser afectados por el EE!. Estudios han demostrado altos niveles de aeromonas liquefaciens en el agua, una bacteria que disuelve los órganos internos de animales acuáticos. En Septiembre de 1971, la revista Audubon informó que miles de tortugas y peces habían muerto allí, como también "las primeras muertes de caimanes". Debe hacerse notar que los caimanes, aparentemente, no habían sido dañados antes, durante 30 años de polución de DDT!

Un informe de la National Academy of Sciences acerca del efecto de químicos, incluyendo estrógenos, sobre los seres humanos será publicado dentro de poco. Basado en alegaciones falsas como las del libro de Colborn, el gobierno Federal planea ahora ensayar 60.000 químicos. De acuerdo a un reciente artículo de Forbes, de Michael Fumento, el plan es prematuro porque no existe ningún veredicto científico con relación a la supuesta ruptura endocrina. Una profunda investigación sobre los químicos sospechados costará un promedio de $1,5 millones cada uno. "Si la EPA no detiene la caza en una etapa temprana, los costos se elevarán a $23.000 millones para ensayar sólo el 24% más sospechoso de los químicos... El ensayo de los organoclorados comunes le costaría a la nación unos $100 mil millones anuales", dice el Dr. Fumento.

En un artículo de Science, Junio 7, 1966, se dijo que aunque una sola substancia química puede no tener efectos adversos, una combinación de cuatro químicos parece tener un efecto mil veces más grande que el efecto combinado de los cuatro. (se informó que esos investigadores estaban subsidiados por la John Myers Foundation). Un año más tarde, los investigadores responsables del artículo se retractaron, en Science, porque nadie pudo repetir los resultados, ni siquiera los mismos investigadores originales.

Falsas alegaciones respecto al Alar

En una emisión del show de TV "60 minutos" de la CBS titulado "A is for Apple" ("A es por Manzana), Ed Bradley le dijo a 40 millones de norteamericanos (Feb, 26, 1989) que "el químico más potentemente cancerígeno en nuestros alimentos es un pesticida rociado sobre las manzanas, para mantenerlas más tiempo en los árboles y hacer que luzcan mejor. ¿Y quién corre más riesgos? Los niños, que algún día desarrollarán un cáncer a causa de este químico". Es importante hacer notar que el Alar no es un pesticida, sino que se trata de una hormona vegetal. Nunca mató nada sino que simplemente aumentaba la capacidad del árbol de impedir una caída prematura de la fruta. Bradley tampoco informó a los televidentes que ni un solo caso de cáncer humano se había relacionado jamás con el uso del Alar.

El principal "vocero científico" del programa de la CBS era William Lijinsky, Fue presentado por Ed Bradley como "el jefe de un laboratorio de carcinogénesis química del National Cancer Institute". El National Cancer Institute objetó diciendo que "Lijinsky no está empleado o conectado de manera alguna con el National Cancer Institute".

La EPA había emitido antes un parte de prensa en Feb. 1, 1989, diciendo que un experimento de dos años sobre ratas no había indicado que el Alar fuese cancerígeno. El presidente del International Apple Institute dijo que la hormona "es tan escasa en las manzanas que una persona debería comer 28.000 libras de manzanas diarias para llegar a ingerir lo que los investigadores le dieron de comer a las ratas". Otras fuentes indicaron que un niño debería beber 19.000 litros diarios de jugo de manzana para estar expuesto a una concentración de Alar similar a la que se forzó a comer a las ratas.

En Gran bretaña, un grupo de científicos nombrados en 1984 por el Parlamento para revisar los cargos contra el Alar declinaron prohibirlo diciendo: "No estamos de acuerdo con que la información sobre animales sea transferible al hombre, o que respuestas a grandes dosis pueden predecir respuestas a bajas dosis". Sería maravilloso si más científicos norteamericanos fueran tan inteligentes. Suponiendo que algunos de ellos lo sean, sería más maravilloso todavía si ellos pudiesen ser tan veraces!

El Informe Sternglass

Un muy claro caso de manipulación de estadísticas la produjeron los Dres. E. J. Sternglass y J.M. Gould, como resultado de un estudio solicitado por el Don't Waste Oregon Commitee, para oponerse a la planta nuclear Trojan, instalada en el condado Multnomah del estado de Oregon. El estudio fue publicado "justo a tiempo" para las elecciones de gobernador, y difundido demasiado ampliamente por la prensa. Este estudio es citado como referencia por los ecologistas de todo el mundo, porque "demuestra" que "el número de muertes por leucemia en el condado de Multnomah se incrementó un 72% entre 1980 y 1988". El temor cundió de inmediato en la región. Se vio agravado cuando un vocero de la División de Salud de Oregon, Art Keil dijo a los diarios que los funcionarios del estado no sabían explicar el abrupto incremento de las muertes por leucemia. De esta manera, implícitamente, el Estado le daba la razón al estudio de Sternglass y se convirtió en otro claro ejemplo de la manipulación de datos que el ecologismo practica de manera constante, como norma obligada.

El caso estaba destinado a forzar el cierre de la estación generadora nuclear de Trojan que se había inaugurado en 1976. Como el estudio "demostraba" que las muertes por leucemia habían aumentado un 72%, las presiones del público para detener la operación de la planta se hicieron grandes, y estuvieron a punto de conseguirlo. Por suerte, la verdad consiguió, milagrosamente, salir a la superficie, después de despejar toda la basura que el ecologismo había amontonado sobre el caso.

En la figura 1 de esta página, se puede ver el gráfico proporcionado por el Departamento de Epidemiología del Estado de Oregon, relativo a las muertes por leucemia en el condado de Multnomah, desde 1950 hasta 1989 en donde, sin ser expertos en estadísticas se puede ver que las muertes por leucemias, por cada 100.000 habitantes, varían de manera amplia de un año para el otro. El inescrupuloso estudio de Sternglass informaba de un aumento del 72% de las muertes entre 1980 y 1988 comenzando desde el punto más bajo de la estadística (32 muertos en 1980) y terminando en el punto más alto del gráfico (56 muertes en 1988).

Para ver qué fácil es manipular una estadística ­ sin necesidad de falsificar ningún dato ­podemos comenzar nuestra estadística en el año 1977 (un año después de la instalación de Trojan) con 60 muertes y terminarla en 1980 (con 32 muertes) y declarar ­ sin mentir ­ que entre 1977 y 1980, las muertes por leucemia descendieron en el condado de Multnomah un 48%. Nuestra conclusión obligada sería, de acuerdo a la metodología de obtener conclusiones apresuradas, que la instalación del reactor condujo a la disminución de muertes por leucemia entre la población. Ergo, las plantas nucleares curan la leucemia. Pero usted y yo sabemos que esto no es lícito ni ético ­ es más, sabemos que es un macanazo "de aquellos". También lo es el informe del Dr. Sternglass, y la mayoría de las "denuncias" alarmistas del ecologismo.

Mentir con las Estadísticas

En el gráfico puede verse la manera en que Sternglass y Gould distorsionaron los datos. Debe notarse que no existe una tendencia general en ningún sentido, ya sea declinante o en aumento, aunque podría sugerirse una ligera tendencia decreciente a partir de 1960 hasta los '70.

Otro aspecto notable es que las muertes por leucemia fluctúan ampliamente, de uno a otro año, lo mismo que cualquier tipo de enfermedades cancerosas o no cancerosas. Esto es algo absolutamente normal para cánceres relativamente raros en poblaciones pequeñas como estas. De hecho, estas fluctuaciones tienen una importancia fundamental para demostrar cómo Sternglass manipuló la información para poder probar una hipótesis que se "conocía" de antemano, y de esta manera engañar a los medios de comunicación. ¿Cómo funciona esto?

La conclusión del Dr. Sternglass es que "El número de muertes por leucemia en el Condado de Multnomah se incrementó un 72% desde 1980 a 1989." Estrictamente hablando, el Dr. Sternglass no miente, pero ética y científicamente hablando, la declaración no representa la verdad porque la información suministrada por Sternglass está fuera de contexto. No dice toda la verdad y, como bien sostiene el vulcanólogo Haroum Tazieff al referirse al accionar ecologista: "Es deplorable la velocidad a la que la moralidad científica está desapareciendo. Es tan inmoral falsificar estadísticas como omitir los datos que no se confoman a la hipótesis que se pretende demostrar."

Al elegir Sternglass el año 1980 como el año de partida de su estadística, eligió la tasa más baja de muertes en 30 años, mientras que al elegir el año de 1989 como punto final de su estudio coincidió con uno de los 5 puntos más altos en los últimos 30 años. Conectando los dos puntos ­ presto, maestro! ­ se obtienen gruesos titulares de primera plana con el tremendo aumento de leucemia. Pero hasta los muchachos del bachillerato saben que para establecer una tendencia es necesario mostrar TODA la información de un período suficientemente largo. No vale tomar dos puntos aislados y unirlos para así probar una hipótesis cualquiera. Los ecologistas la hacen su práctica favorita.

El Insólito Tratado de Kyoto

El asunto está basado en la increíble teoría de que el aumento de los gases de invernadero, especialmente el CO2, o dióxido de carbono, retiene el calor y provoca un gradual calentamiento de la atmósfera que, según los Profetas del Apocalipsis Ecológico provocará una enorme catástrofe para la humanidad. La aplastante mayoría de los científicos del mundo están de acuerdo en catalogar este asunto como el Paradigma de los Fraudes Científicos. La ciencia ha sido aquí abusada, maltratada, distorsionada, falsificada, y la gente que debe leer los informes y estudios que se publican a favor de esta teoría son considerados retrasados mentales incapaces de distinguir entre blanco y negro -o simples ignorantes de todo lo que se refiere a la física, las matemáticas y la simple observación de los registros de temperaturas obtenidos a lo largo de muchos años.

Cuando los científicos disidentes o escépticos señalan los gruesos errores y falsificaciones que abundan en el asunto, la respuesta es casi siempre la misma: nosotros sabemos mucho, ustedes no saben nada. Si se presentan estudios validados y replicados científicamente -irreprochables- la respuesta es: son irrelevantes. Si se les señala la insanable incapacidad de los modelos computarizados de predecir ningún cambio o efecto del clima futuro, la respuesta es: hemos gastado miles de millones de dólares en construirlos y perfeccionarlos, y pretendemos seguir haciéndolo.

Por lo tanto, a los argumentos que los políticos del IPCC o Panel Intergubernamental del Cambio Climático, ponen sobre la mesa para justificar los recrotes a la emisión de dióxido de carbono -y con ello un recorte similar al consumo de energía, los científicos serios oponen los suyos, y somos nosotros, la gente que deberá sufrir las consecuencias de las políticas destructoras de la industria, los que tenemos que decidir acerca de su validez. Para ello, desgraciadamente, debemos repasar nuestros conocimientos adquiridos en el bachillerato, y usarlos junto con una enorme dosis de "sentido común". Veamos como es el asunto:

En el Informe del IPCC de 1995, y también en el del año 2000, se presenta una afirmación totalmente falsa, y que constituye toda la base para la toma de medidas inmediatas para reducir el consumo de energía en todo el mundo o poner elevados impuestos para impedir que los industriales sigan calentando al mundo y llevándolo a la perdición. Esta afirmación, contenida en el Capítulo 8, Sección 8.2.5 es la siguiente: "El cuerpo de evidencia estadística en el Capítulo 8, cuando se examina en el contexto de nuestra comprensión física del sistema climático, apunta ahora hacia un discernible efecto humano sobre el clima global".

Dicho en otras palabras, el hombre es el responsable de una emisión de gases de invernadero que están reteniendo el calor y provocando el aumento de la temperatura global del planeta. El asunto es que hay varios inconvenientes serios:

  1. No existe ningún efecto discernible ni de otro tipo, que demuestre que haya una tendencia hacia el calentamiento de la atmósfera. Esto se comprueba con la lectura de los registros de temperaturas que se llevan en miles de estaciones meteorológicas de todo el mundo; de los registros obtenidos por los satélites meteorológicos en órbita desde 1978; y los registros de los globos sondas llevados a partir del año geofísico internacional de 1957. Por el contrario, todos los registros coinciden en mostrar una ligera, pero evidente tendencia hacia un enfriamiento de la atmósfera.

  2. La responsabilidad del CO2 como gas de invernadero -impulsada por el "padre" de los MCG, o Modelos de Circulación General computarizados, James Hansen- fue descartada por el mismo Hansen en Agosto de 2000, cuando declaró que el balance neto del CO2 como "agente de retención" de calor es nulo, debiéndose culpar en su lugar a los aerosoles microscópicos de carbono (hollín) y a los sulfatos. Si embargo, antes de que se lance una campaña neurótica para prohibir la emisión de sulfatos y hollines, es necesario saber que estos agentes tienen una enorme capacidad de impedir que los rayos solares lleguen hasta la Tierra y la calienten. Por lo tanto, actúan como reales escudos enfriadores de la atmósfera, tal como lo hacen las nubes.

  3. La paleoclimatología es una ciencia que estudia el clima que existía en la Tierra desde su formación, y sus conclusiones resultan sorprendentes. Si consideramos que la teoría del invernadero afirma que la duplicación del contenido de CO2 en la atmósfera -de 360 a 720 partes por millón, o ppm) provocará un aumento de la temperatura que varía entre 2 y 6 grados centígrados, lo que causaría un efecto invernadero descontrolado y la Tierra podría convertirse en otro planeta Venus. No hay derecho a deformar ni abusar de la ciencia de una manera tan inmoral. De acuerdo a todos los estudios que se disponen, la concentración de dióxido de carbono de la atmósfera ha variado enormemente a lo largo de la historia de la Tierra. En el período histórico conocido como Ordovicio, hace unos 450 millones de años, era de unas 5.600 ppm, unos 340 millones de años antes que ahora, era de 4.000 ppm, y en el período Cretáceo, entre 90 y 60 millones antes que hoy, la concentración bajó hasta 2.600 partes por millón. Estas concentraciones tan altas no estaban asociadas, absolutamente, con ningún efecto invernadero descontrolado, el mantra del lobby ecologista.

  4. Durante los últimos 100 millones de años, el CO2 de la atmósfera estuvo descendiendo de manera constante. 50 millones de años atrás, la concentración de CO2 era de 2.000 ppm, pero la temperatura media global apenas era de 1,5°C más alta que hoy, cuando según el IPCC tendría que haber sido tan alta como para impedir la vida sobre la Tierra. Para peor, la temperatura media global entre los años 900 y 1200 de nuestra era 2°C más elevada que actualmente. Esa época es conocida por los climatólogos como el Pequeño óptimo Climático, la mejor temperatura posible para el desarrollo de la vida de plantas y animales sobre la Tierra. Fue la época cuando los vikingos colonizaron Groenlandia, y le dieron ese nombre por el verdor de sus tierras. La agricultura se extendió hasta tan cerca de los polos, que las actividades comerciales que están conexas a la agricultura fueron el gatillo que disparó al Renacimiento, época en la que la civilización se puso en marcha.

Son demasiadas las evidencias y argumentos con sentido común que rebaten la teoría del calentamiento global, que no cabrían en una enciclopedia, menos aún en un artículo de divulgación científica. Sólo hemos dado un muy ligero vistazo a la forma en que la ciencia es abusada y destruida por un grupo de personajes inescrupulosos, cuyo fin es el viejo sueño de la dominación mundial, el Nuevo Orden, el gobierno Unimundista, disfrazado de organización benevolente, protectora de los Derechos Humanos y de los débiles, pobres e indefensos pueblos del Tercer Mundo. Ante una corporación política de esa naturaleza, los pueblos están condenados a un futuro demasiado oscuro porque la ciencia, además de hallarse indefensa ante tanta corrupción, está siendo usada innoblemente para instaurar un régimen tipo Orwelliano de El Hermano Mayor te Vigila. Ni Hitler, Stalin o Mao estuvieron tan cerca de plasmar ese ideal de dominación y horror.

La Creación de Mitos

Los mitos son sumamente útiles para mantener atemorizada a la población. Una población atemorizada es presa fácil de los políticos y demás inescrupulosos de turno. L.H. Mencken, un famoso columnista norteamericano del Baltimore Sun, escribió en 1925 "Todo el objetivo de la práctica política consiste en mantener al populacho alarmado -y en consecuencia clamoroso por ser conducido a la salvación- amenazándolo con una serie sin fin de fantasmas y peligros, todos ellos imaginarios." Los medios de prensa son, por supuesto, la herramienta sine qua non para lograr este objetivo. El control sobre los medios de prensa se hace imprescindible. Como la actividad periodística se ha constituido en un negocio más -y sumamente rentable- el antiguo concepto de "sacerdocio" o "misión sagrada de informar" ha pasado a la historia.

La prensa es la encargada de propalar la información que se le proporciona y, en materia científica, es publicada casi sin excepción sin haber comprobado la veracidad de los hechos. Los mecanismos de la creación de mitos son simples: repetir cualquier cosa la cantidad de veces suficiente hasta que una mentira se convierte en verdad irrefutable. Un caso que no tiene nada que ver con la ciencia ni la ecología muestra la manera en que la gente cree cualquier cosa que se les dice, mientras esté escrita por los diarios o transmitida por la radio o la televisión.

Durante la Segunda Guerra Mundial existía la creencia de que los pilotos de caza alemanes atacaban a los pilotos aliados que se habían lanzado en paracaídas, y que los submarinos alemanes subían a la superficie para ultimar a balazos a los náufragos de un barco recién torpedeado. Ambas creencias eran un mito creado por los servicios de inteligencia de los aliados, y las razones para crear ese mito estaban justificadas seguramente por la necesidad de hacer aparecer al enemigo como una bestia infernal. Con toda seguridad, los nazis se comportaron como tales, pero ni a la Marina ni a la Luftwaffe se les pudo reprochar jamás algún comportamiento poco caballeresco. Hay libros repletos de testimonios de combatientes aliados que muestran la admiración que los pilotos y marinos sienten todavía por sus antiguos adversarios. Noblesse oblige...

Las historias de la Segunda Guerra nos muestran que ni los alemanes era tan malos como se los pintaba, ni los aliados eran tan buenos como la propaganda nos lo hacía creer. Sobre todo después de los holocaustos de Dresden, Hiroshima y Nagasaki, y otras acciones bélicas posteriores ocurridas en Vietnam, Irak y los Balcanes, Haití, República Dominicana, Granada, Panamá, Libia, Palestina, etc, el mito de Campeones de los Derechos Humanos que se ha creado alrededor de los "aliados" resulta una farsa imposible de seguir creyendo. En las guerras la gente se comporta como bestias, sean del país que se quiera. Algunos son peores que otros, pero los "buenos" jamás fueron a la guerra. La guerra simplemente les pasó por encima. Como dijo Bertrand Russell, pensador inglés que irónicamente contribuyó al ascenso del régimen nazi de Alemania, "Los peores males que se le han causado a la humanidad fueron el resultado de encauzar inquebrantables esfuerzos en pos de convicciones equivocadas". Después de la guerra, Russell casi volvió loco a Winston Churchill con sus reclamos de emplear las bombas atómicas contra Rusia para acabar con el problema del comunismo.

Actualmente, crear mitos es una tarea mucho más fácil que antes. La masificación de los medios de comunicación y la facilidad con que se llega con esa información hasta los lugares más alejados del mundo, hace que cualquier mensaje, del tipo que sea, cale profundamente en los que están expuestos a la catarata de desinformación que se les derrama de manera constante.

Un Futuro Ominoso

Por otra parte la paulatina y constante concentración de poder económico y financiero en círculos cada más estrechos, ha provocado una neta transferencia de riqueza de los sectores menos favorecidos a los más poderosos. La brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande y no muestra signos de cesar en su crecimiento. Sectores que hace veinte años tenían un pasar decoroso y aceptable, hoy ven que sus ingresos se han desplomado, sus posibilidades de acceder a fuentes de trabajo son cada vez más problemáticas, y están obligados a prescindir de un modo de vida que antes estaba al alcance de la mano.

La concentración de poder económico y financiero lleva a la concentración del poder político y la pone en manos de unas pocas corporaciones, verdaderos conglomerados de industrias, bancos, empresas de servicio y comunicaciones, que controlan de manera absoluta instituciones y entidades que fueron creadas como una protección contra el poder arbitrario de algunos gobiernos y permitir que la población no se vea sujeta al capricho de dictadores.

Tal es el caso de las Naciones Unidas, y la gran cantidad de organismos que giran a su alrededor, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Agricultura y Alimentos (FAO), la UNESCO, la WMO, u Organización Meteorólogica Internacional y muchas, muchas más. Todas ellas están actualmente comprometidas con un objetivo claro y específico: el control y reducción de la población mundial, cosa que se intenta hacer por diversos medios: (1) límites al crecimiento de las economías nacionales, (2) destrucción del aparato productivo de los países en vías de desarrollo, (3) Implementación de políticas generalizadas de esterilización de la población y leyes que permiten el aborto y la contracepción, (4) Regreso de endemias y plagas que provocan hambrunas y destrucción de la salud pública. Esto provoca un aumento de las tasas de mortalidad infantil, lo que evita que millones de niños y jóvenes lleguen a la edad de reproducción, cosa que se ha logrado mediante la prohibición de numerosos productos y tecnologías -y la prohibición de implementar otras- que erradicaban enfermedades endémicas como la malaria y todas aquellas relacionadas con los insectos portadores.

Las tecnologías que podrían dar una solución a los problemas de alimentación y suministro de energía para actividades productoras de bienes de consumo -como la biotecnología, los alimentos transgénicos, la energía nuclear, los pesticidas y fertilizantes, la investigación médica- son sistemáticamente impedidas de progresar por las organizaciones autonombradas "defensoras del ambiente" -esto es, insectos, animales y árboles, y mientras proclaman "defendamos la vida", el resultado de su accionar provoca millones de muertes en los países pobres.

La situación de desaste económico de casi todos los países del mundo ha sido cuidadosamente diseñado y llevado a cabo mediante la acción del FMI y del Banco Mundial, y de la libertad casi absoluta que tienen las corporaciones multinacionales para realizar sus actividades de saqueo impune de las economías de los países pobres. Para ello se fomenta la corrupción de los gobernantes, a los que se hace socios minoritarios de escandalosos negociados.

La consecuencia de todo esto es que se permite que las nuevas tecnologías, electrónica y robotización, den prioridad al rédito financiero en detrimento del empleo de seres humanos. El desempleo se ha extendido a escala mundial y amenaza ahora a los países que dieron origen a estas políticas. Esto desembocará inevitablemente en gravísimos conflictos sociales, imposibles de prever. No es aventurado pronosticar que estamos ingresando a un nuevo Oscurantismo, donde las tiranías, la violencia y los "Gulags" serán cosa de todos los días.

Los jóvenes ven un futuro sin empleo ni medios de subsistencia, lo que les lleva a una actitud nihilista de violencia y drogadicción, un regreso a la Ley de la Selva, donde pandillas organizadas saquearán a los pobladores que aún mantengan un modo de vida decente, aunque precario.

Y toda este desastre a escala global está provocado por la falta de conocimiento que tanto los políticos como la gente común tienen de la ciencia y sus conceptos básicos. La educación científica ha sido cuidadosamente borrada de los programas de estudio y ha sido reemplazada por una falsa ciencia "ecológica", con connotaciones religiosas. Gaia, la diosa de la Tierra, Madre Naturaleza, la Pacha Mama, etc., se les inculca a los niños desde su más corta edad, convenciéndoles de que la ciencia y la tecnología son cosas maléficas.

Por ello, la gente y sus representantes, los políticos no son capaces de ver la falsificación que se hace de las "investigaciones" que profetizan catástrofes Apocalípticas para la humanidad si no se interrumpe el progreso y el desarrollo económico de las naciones. Y se recurre entonces a los más escandalosos fraudes científicos para amedrentar a la gente y conseguir los objetivos de consolidar a una pequeña elite dominante reinando sobre un mundo de desarrapados y pordioseros.

La ciencia se encuentra indefensa ante el ataque conjunto de la ignorancia y la corrupción. La solución comienza por una educación donde los conocimientos básicos de la ciencia sean la piedra angular del quehacer humano. Luego debe seguir por una actitud enérgica contra los corruptos y aprovechados que lucran con las "alertas ecológicas" sin bases científicas, destinadas a detener el progreso, el desarrollo y el bienestar de las sociedades.

Recomendaciones Finales

Saber catar vinos es una actividad que lleva muchos años de estudio y práctica intensa, además de un cierto e innegable talento natural. Saber descubrir fraudes científicos también requiere de algún tiempo de estudio y práctica. Pero sobre todo, requiere de un gran amor por la Verdad y un raro talento para olfatear al "gato encerrado". Si se le hace dificultoso distinguir entre la verdad y el fraude en materia científica, recurra a un científico honesto para que lo asesore. Pero recuerde: nunca recurra al vendedor para saber si el producto que le quieren vender es bueno.

Eduardo Ferreyra,

Córdoba, 29 de Julio de 2000,
Actualizado: 25 de junio de 2001.


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