Testigos Falsos
por Sallie Baliunas
Febrero 4, 2002

Las probetas o "testigos" de hielo extraídos en la Antártida y Groenlandia guarda un tesoro de información sobre las visicitudes de los tiempos antiguos, y de la interacción del dióxido de carbono del aire y su temperatura. Pero, al revés de la creencia popular, esos registros que llegan hasta 400.000 años en el pasado no pueden apoyar la hipótesis de que los recienets aumentos del dióxido de carbono causarán un catastrófico calentamiento global.

Durante los últimos varios millones de años, el clima estuvo en una edad glacial que exhibe un patrón discernible. Hay períodos glaciales de unos 100.000 años aliviados por breves pausas de calor. Durante los períodos glaciales, la temperatura global promedio se mantiene 8 grados centígrados por debajo de la que hay durante los interglaciales. El reciente período interglacial –conocido como Holoceno– está llegando a su fin.

El patrón de alternantes condiciones glaciales e interglaciales surgen de los regulares cambios del eje de rotación de la Tierra, y de cambios geométricos en su órbita alrededor del Sol. Pero, la manera en que el frío extremo es "gatillado", enviando a las masivas capas de hielo del norte a envolver a Canadá y gran parte del norte de los Estados Unidos, no está muy bien comprendido.

Mediante la información obtenida de los "testigos" de hielo, los científicos notaron una correlación entre la temperatura del aire y el dióxido de carbono del aire durante los grandes avances y retrocesos de las inmnesas capas de hielo –el contenido de CO2 es bajo durante los períodos glaciales, y elevado durante los interglaciales.

Al Gore hizo la pregunta retórica en "Earth in the Balance",
"¿Quiere decir eso que los cambios dramáticos en CO2 que ocurren ahora ... llevarán a rápidos cambios de la temperatura hacia un lado caliente de una magnitud tal como como el lado frío producido por las edades de hielo?" (p. 95)

En otras palabras: La correlación observada entre el CO2 del aire y las temperaturas observadas vistas en los "testigos" de hielo ¿apoyan la noción de que las recientes acciones humanas que aumentan la concentración de CO2 del aire causarán un severo calentamiento global?

La retórica pregunta de Gore es un buen punto de partida para un estudio científico. Pero Gore abandona la ciencia cuando continúa:
"Vista la aparente correlación entre el CO2 y las temperaturss del pasado, parece muy poco razonable –y aún ético– suponer que probablemente está bien que sigamos elevando los niveles de CO2".

Por el contrario, la ética en ciencia significa que uno
no supone cómo es que funciona la naturaleza, sino que trata de descubrir cómo funciona. Y las nuevas mediciones de los "testigos" de hielo menoscaban la idea de que los niveles de CO2 nítidamente explican los climas fluctuantes de las edades de hielo. Para ver cómo, miremos los fascinantes registros de hielos que permiten a los científicos decodificar su firma química, específicamente, para las temperaturas del aire.

Un reciente artículo en la revista The New Yorker ("Ice Memory", o La Memoria del Hielo), cuenta de la difícil vida de perforar "testigos" de hielo en Groenlandia, tan valiosos para los investigadores del clima. Ahora bien, si hay algo que la Antártida y Groenlandia tienen, es muchísimo hielo. ¿Qué es los que hace tan valiosos a esos cilindros verticales de hielo, perforados en la helada corteza, amontonada allí durante varios cientos de miles de años?

Es, precisamente, las capas de años de hielo que hacen de estos testigos un tesoro. El hielo en la superficie de la Antártida y Groenlandia se ha estado acumulando allí durante más de 100.000 años. Como una parte de cada nevada anual se niega a derretirse, forma una base para la próxima nevada y la próxima capa de hielo. Un testigo de hielo de 3200 metros de profundidad puede ser recuperado y analizado para revelar los cambios en su contenido de aire. El registro de Groenlandia se extiende por más de 120.000 años, y en la Antártida, los testigos han ido mucho más allá, hasta los 420.000 años.

Cada una de las capas contiene información del aire en ese año. Por ejemplo, un volcán puede lanzar una nube de partículas, alrededor de las cuales se forman los copos de nieve. Llevando los inequívocos detritus químicos de un volcán, la capa de hielo de ese año marcará esa erupción. Más aún, las burbujas de aire atrapadas en las capas de hielo tienen la información de la concentración de CO2, mientras que el agua en la nieve contiene la firma química que señala la temperatura del aire.

El gran físico experimental Ernest Rutherford (1871-1937) ayudó a quebrar el secreto de los testigos de hielo, porque Rutherford "fracturó" al átomo. En ausencia de una evidencia definitiva, el átomo había sido considerado durante miles de años como una esfera dura e indivisible. Para 1911, Rutherford había inequívocamente demostrado que la mayor parte de la masa atómica se encontraba en el improbalemente minúsculo núcleo, más de diez mil veces más pequeño que el átomo, que sólo tiene una 50 millonésima parte de una pulgada.

El núcleo contiene a los protones, cargados postivamente, y a los neutrones, de carga neutra. Un elemento de la familiar Tabla Periódica de los Elementos se diferencia de otro principalmente por el número de protones empaquetados en el núcleo, y esa cantidad es el número atómico que le corresponde en la Tabla. Por ejemplo, un átomo de hidrógeno (número atómico 1) tiene un protón, y ningún neutrón, mientras que un átomo de oxígeno (número atómico 8) tiene 8 protones y 8 neutrones.

El oxígeno en el agua de cada capa de un testigo (o probeta) de hielo puede revelar la temperatura contemporánea del aire, capa por capa, yendo hacia atrá en el tiempo. La clave es que también existe una rara, pero natural forma de oxígeno, con ocho protones y DIEZ neutrones, llamada oxígeno-18, por su peso atómico, es decir, la suma de sus protones y neutrones. Este isótopo es ligeramente más pesado que el normal isótopo oxígeno-16, la forma común del oxígeno.

Cuando el aire se calienta, las más pesadas moléculas de agua que contienen un oxígeno-18 se condensan más fácilmente (para formar la nieve que cae en la capa de esa estación) que cuando hace más frío. De esta manera, las capas de los testigos que tienen una relación enriquecida de O-18 y O-16, indican tiempos de temperaturas del aire más calientes. Midiendo los cambios en la relación de los isótopos de oxígeno, los científicos infieren las fluctuaciones en la temperatura del aire, cientos de miles años hacia atrás. Otros isótopos --hidrógeno y nitrógeno, por ejemplo -- pueden ayudar a confirmar los cambios de temperatura inferidos desde las mediciones del oxígeno.

Y los últimos registros de las probetas de hielo confirman que la temperatura del aire y el contenido del dióxido de carbono del aire tienden a variar juntos. Pero el avance de los nuevos registros es el detalle del tiempo en que sucedieron los cambios entre la temperatura del aire y el contenido de dióxido de carbono: a menudo la temperatura cambia primero , luego le sigue el aumento del dióxido de carbono,
con un retraso promedio de varios cientos de años. Esto significa que las concentraciones de dióxido de carbono en el aire responden a --pero no lo causan -- a las fluctuaciones de la temperatura.

Y existen ejemplos en los registros de las probetas de hielo cuando las concentraciones de dióxido de carbono
permanecieron elevadas, mientras las temperaturas descendían de manera continuada , como sucedió entre 130.000 y 110.000 años atrás, cuando el previo período cálido, el Eemiano, se desvanecía en la el período glacial más reciente. Los investigadores del Scripps Institute of Oceanography esperan que tanto los oceanos como la vida vegetal absorban y liberen dióxido de carbono en respuesta a las cambiantes temperaturas del aire.

Los registros de los "testigos" o probetas de los hielos polares destacan la complejidad sobe cómo es absorbido el dióxido de carbono, y cómo interactúa con el sistema climático -- incluyendo los entrelazados reservorios del océano, los suelos y la vegetación. El tópico sigue siendo una frontera para investigar. Pero está claro que la duramente ganada información preservada en las probetas de los hielos polares
no apoya para nada la idea un catastrófico calentamiento global causado por el aumento del dióxido de carbono del aire.



La Dra. Sallie Baliunas is Directora Diputada en el Mount Wilson Observatory, co-huesped de TechCentralStation.com, Científico Seniordel George C. Marshall Institute y Astrofísica del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics.


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