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El Calentamiento Global Ilusorio
por Zbigniew Jaworowsky, M.D., Ph,D., D.Sc.

(Traducción del Inglés de Eduardo Ferreyra)

A pesar de los miles de millones de dólares en estudios y millones de titulares de propaganda, el calentamiento global profetizado por la industria del modelado climático computarizado no es científicamente real.

La cantidad de dinero que se gasta en los estudios sobre el clima en todo el mundo, ha llegado a la asombrosa cifra de 5.000 millones de dólares al año (1). Sólo en los Estados Unidos, se gastan más de $ 2.000 millones, sin incluir el costo de satélites, barcos y construcción de laboratorios (2). Los climatólogos han obtenido esta fabulosa cantidad de dinero al inventar una visión catastrófica a escala planetaria, provocada por el hombre.

En las décadas del 70 y 80, los modelos computados profetizaron una duplicación del contenido de CO2 de la atmósfera para los próximos 60 años. El efecto invernadero de este aumento del CO2, junto al de otros gases liberados por el hombre a la atmósfera -CH
4, N2, CFC-11 (freones), y CFC-12- suponía que incrementaría la temperatura global de la superficie en 5oC. En las regiones polares, el aumento proyectado llegaba a los 10°C (3-5). Más tarde, los climatólogos truncaron las estimaciones de los modelos computados del aumento de temperatura causado por el hombre para el año 2100 a 3,5°C (6) , primero, y luego a 2,3°C. (7)

El calentamiento del clima causado por los gases de invernadero provocados por el hombre es presentado de manera normal como una sombría catástrofe que inducirá la extinción masiva de animales y plantas, epidemias de enfermedades contagiosas y parasitarias, sequías e inundaciones y aún invasiones de insectos mutantes resistentes a los insecticidas. Se predice que el derretimiento de los glaciares provocará una elevación de 3,67 metros del nivel de los mares, inundando islas, áreas costeras densamente pobladas y grandes metrópolis (6, 8).

Sobrevendrán migraciones en masa y una cantidad de otras consecuencias sociales y ambientales -siempre perjudiciales, nunca beneficiosas. Según un climatólogo norteamericano, la táctica de "asústelos a muerte" parece ser la mejor para conseguir los fondos para los estudios del clima. El Dr. Stephen Schneider, un importante profeta del calentamiento global lo ha declarado muy claramente:

"Para capturar la imaginación del público... debemos hacer... declaraciones simples y dramáticas, y muy poca mención de las dudas que podamos tener... Cada uno de nosotros debe decidir cuál es el correcto equilibrio entre ser efectivos y ser honestos".(9)

Grandes organizaciones internacionales como la Organización Mundial de Meteorología (WMO), el Programa de las naciones Unidas para el Ambiente (UNEP), el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), y otras, dirigen el enorme flujo de dinero para los estudios del clima. Las fuentes de estos fondos son los gobiernos de muchos países, la Unión Europea y el Banco Mundial. El IPCC, fundado en 1988, se convirtió en el principal consejero científico para los países que forman parte de la Convención de Trabajo sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas, adoptada en 1992 en Río de Janeiro, y conocida como el "Tratado sobre el Clima".

Los informes del IPCC, que se han convertido en la Biblia de burócratas y fanáticos ecologistas, acusa a la civilización de ser la responsable de un calentamiento global, y repetidamente declara que ellos reflejan un verdadero "consenso" en la comunidad científica. Esta declaración sobre el consenso es absolutamente falsa: las evaluaciones, conclusiones, y aún el método de trabajo del IPCC son criticados en la actualidad por numerosos científicos. Una descripción más precisa de la actual situación sería la de
controversia. La ciencia no progresa mediante un proceso de consenso o votación. No hubo un consenso sobre la idea de Copérnico, en su tiempo, sobre que la Tierra orbitaba alrededor del Sol. El consenso no es necesario en la ciencia; es útil para los políticos.

Muchos notables y competentes han expresado sus opiniones criticando a los informes del IPCC. Por ejemplo, el Dr. Frederick Seitz, ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias de los EEUU y de la Sociedad de Físicos Americana, presidente emérito de la Rockefeller University, antiguo presidente del Defense Science Board, y ex Consejero Científico de la OTAN ha declarado:
"Jamás he presenciado una corrupción más perturbadora de un proceso de revisión de los pares (peer review), que los eventos que condujeron a este informe del IPCC" (10) .
El Dr. Keith Shine, uno de los principales autores de los informes del IPCC, describió el proceso de edición del informe de 1996 del IPCC como sigue:

"Nosotros producimos un borrador, y luego los que hacen las políticas lo repasan línea por línea y cambian la manera en que fue presentado... no cambian los datos sino la forma en que están presentados. Es algo muy peculiar que ellos tengan la última palabra en lo que contiene un informe científico" (11).

Cerca de la mitad de los científicos que tomaron parte en la preparación del informe del IPCC de 1996 no están de acuerdo con sus conclusiones (12) , y eso difícilmente es un "consenso". Hasta los más importantes publicaciones del establishment científico, Science y Nature, han expresado la falta de consenso del IPCC y su errónea metodología. Nature dedicó dos editoriales al tema, (13,14) y un editorial en Science dijo que "Si se examinan algunos artículo científicos sobre el tema (modelado del calentamiento climático) se encuentra un acuerdo virtualmente unánime de que los modelos computados son deficientes". (15) La incompatibilidad que existe entre los procedimientos del IPCC con las normas usuales de la investigación científica llevó a Science a decir que "la reputación del IPCC por corrección en procedimientos y construcción de consenso alrededor de la precisión científica estará permanentemente comprometida". (16)

El Foro Europeo de Ciencia y Ambiente (ESEF), una organización independiente, publicó recientemente dos monografías en las cuales algunas docena de científicos (incluyendo a Sir Fred Hoyle) presentan estudios que contradicen las conclusiones del IPCC (17,18). Más de cien científicos firmaron la Declaración de Leipzig, protestando por el alegado consenso del IPCC y la implementación del Tratado de Río.

La Declaración de Leipzig calificó a los términos de este tratado como
"políticas drásticas carentes de apoyo creíble de la ciencia subyacente- ...mal asesorada, plena de peligros económicos y probablemente resultará contraproducente." En 1998, 17.000 científicos firmaron la Petición de Oregon, protestando por los acuerdos de Kyoto en 1997.(19) Estos acuerdo demandaron, entre otras cosas, la reducción del 35% en la producción de energía de los Estados Unidos en una década.

Cuán sensitivos son los jefes del IPCC y organizaciones relacionadas a la amenaza de perder credibilidad (y, por ende, los fondos), puede ser visto en un reciente artículo del ex presidente del abiertamente político IPCC, Bert Bolin, y cuatro importantes funcionarios del Cambio Global y Ecosistemas Terrestres (GCTE) y del Programa Internacional Geosfera-Biosfera (IGBP). Bert Bolin, escribiendo en Science, septiembre 14, 1999, comentando el estudio de DeLucia et al., (Science, mayo 14, 1999, p. 1177), que proyectaba que para el año 2050 los bosques absorberían el 50% del CO
2 producido por el hombre -es decir, que no existe un inminente calentamiento global. Bolin et al. declaraban: "En el actual clima político post Kyoto, las afirmaciones científicas sobre el comportamiento del ciclo del carbono terrestre deben hacerse con precaución. . ."

Esto es un abierto intento de incluir un criterio político en las declaraciones científicas, y una limitación a la libertad de la ciencia. Tal declaración evoca al pagano espíritu del políticamente mentalizado académico soviético, Trofim Lysenko.

Ambas ideas, la del calentamiento global inducido por el hombre y la limitación al consumo de combustibles fósiles fueron politizadas hace mucho tiempo.(20) El calentamiento global se convirtió en una conveniente justificación para la ahora popular propuesta neo-Maltusiana de limitar el crecimiento de la población en los países del Tercer Mundo, y los impuestos excesivos sobre la quema de combustibles. El llamado "impuesto BTU" sería de 500 dólares por tonelada de carbón, (21) causando un aumento de ocho veces en el precio del carbón bituminoso y una drástica reducción de la actividad económica. La industria nuclear aplaude esto, creyendo de manera ingenua que, de algún modo, el miedo al calentamiento global hará que la opinión pública sea más favorable para la energía nuclear.

Maurice Strong, Secretario General de la Conferencia sobre Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas, realizada en Río de Janeiro en junio de 1992, demarcó el escenario para la lucha política: "Podemos llegar al punto en que la única forma de salvar al mundo será el colapso de la civilización industrial"
(12) . Strong fue secundado por Timothy Wirth, Subsecretario de Estado para Asuntos Globales: "Tenemos que montarnos sobre el tema del calentamiento global. Aún cuando la teoría del calentamiento esté equivocada, estaremos haciendo lo correcto en términos de política económica y ambiental". Richard Benedick, otro representante del Departamento de Estado, declaró: "Se debe implementar un tratado sobre el Calentamiento Global aún cuando no exista evidencia científica que respalde al efecto invernadero". Maurice Strong avanzó sobre su idea del "desarrollo sustentable" que, según dijo, puede ser implementado "por una deliberada búsqueda de la pobreza... reducido consumo de recursos... y establecer niveles de control de la mortalidad". Esta sentencia de muerte se hace eco de las recomendaciones de Thomas Malthus en el siglo 18, que aconsejaba:

"Todos los niños que nazcan, más allá de lo que es requerido para mantener a la población a este nivel, deben necesariamente perecer, a menos de que se les haga lugar mediante la muerte de personas adultas... Por consiguiente, debemos facilitar, en vez de tonta y vanamente intentar impedir las operaciones de la naturaleza para producir esta mortandad".(22)

Beneficios y Costos del Catastrofismo

Las exhortaciones de los climatólogos sobre temas catastróficos son amadas por los ministerios de protección del ambiente, porque justifican su misma existencia. También son amadas por los ministerios de economía, ávidos de incrementar los presupuestos de sus gobiernos por medio de nuevos impuestos. Así, los intereses de los climatólogos en conseguir fondos para sus trabajos son concurrentes con el interés de los gobiernos. De hecho, los gobiernos pueden ganar 500 veces más que los climatólogos: poner impuestos a todas las emisiones industriales de CO2 a la atmósfera (5 gigatoneladas de carbón anuales) puede llegar a los 2,5 billones de dólares por año. Sin embargo, las pérdidas en la economía mundial serán varios órdenes de magnitud más grandes, arruinar a toda la industria del mundo y causar un empobrecimiento masivo -tal como lo propuso Maurice Strong en Río de Janeiro. Según Sir Fred Hoyle, esto puede tener el efecto de hacernos volver a la Edad de las Tinieblas del Medioevo.(23)

Hace apenas 25 años, en la década de los 70, el calentamiento del clima era llamado "mejoramiento", es decir, un clima más benigno, y los períodos cálidos del pasado se conocían como "óptimos climáticos". El Dr. Stephen Schenider, el más notorio de los profetas de la catástrofe del calentamiento, nos advertía en los ´70 que las emisiones industriales inducirían un drástico enfriamiento -que poco después del año 2000 traería una nueva Edad de Hielo (24) . En esa época, el enfriamiento era un mejor proveedor de fondos para el ataque contra la industria que el calentamiento.

Las Bases Científicas para
las Teorías Climáticas

El calentamiento global, supuestamente causado por las emisiones humanas de CO2 y otros gases de invernadero, es una hipótesis basada en modelos por computadora y argumentos teóricos. Las bases más importantes para esta hipótesis es el análisis de gases de invernadero en las probetas de hielo de Groenlandia y la Antártida. De los resultados, los glaciólogos han inferido que el contenido de CO
2 en la atmósfera preindustrial era un 26% menor que hoy. En muchos estudios publicados en la última década se demostró que los estudios de las muestras de hielo están manchadas por la manipulación de los datos, el rechazo ilegítimo de resultados que no convenían, e interpretaciones unilaterales -lo que descalifica estos estudios como una fuente confiable de información sobre los cambios de la atmósfera durante eras pasadas.


Figura 1
Variación de la Temperatura en la Superficie de la Tierra
Las tres curvas muestran variaciones de la temperatura en la superficie de la Tierra durante el último millón de años (a), los últimos 10.000 años (b) y los últimos mil años (c). La línea punteada horizontal representa la temperatura al comienzo del siglo 20.
Fuente: IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático), 1990 (Nota 6)

La baja concentración de CO2 y otros gases encontrados incluidos en el hielo, son artefactos resultantes de una variedad de más de 20 procesos químicos y físicos que ocurren, ya sea en las capas del hielo polar o como consecuencia de la perforación del hielo. No son las verdaderas concentraciones de la atmósfera preindustrial. La mayoría de estos procesos tienden a disminuir la concentración de CO2 en los gases de las inclusiones. Estos hechos fuero totalmente ignorados por los glaciólogos en su unilateral interpretación de sus resultados analíticos (25-33) . Por otra parte, un análisis minucioso de las abundantes mediciones de CO2 de la atmósfera hechas en el siglo 19, muestran que la concentración promedio antes del 1900 era 335 partes por millón en volumen (ppmv) (34) -es decir, similar a la concentración de CO2 en 1978.

Recientemente se descubrió que existe una relación inversa entre las concentraciones de CO2 atmosférico y la frecuencia de estomas en las hojas de los árboles, y que este método provee un método preciso para detectar y cuantificar las fluctuaciones del CO2 durante los siglos pasados. Las hojas de arce recuperadas de depósitos de la era del Holoceno de un lago de Dinamarca por un equipo de científicos holandeses, por ejemplo, demuestran que 9.600 años antes de nuestra era las concentraciones atmosféricas de CO2 eran de 348 ppm -igual que las concentraciones de 1987. Desde 9.600 años antes que hoy (AAH) hasta 9.400 AAH los niveles se mantuvieron entre 333 y 347 ppmv. De modo que, muy en contra de las famosas estimaciones de hielo, la señal de la frecuencia de estomas muestra que las concentraciones de CO2 en el Holoceno temprano eran similares a las del final del siglo 20.

Los autores del estudio holandés declararon "Nuestros resultados contradicen al concepto del CO2 relativamente estable del Holoceno de 270 a 280 ppmv hasta la revolución industrial" (35). El estudio de las hojas de árboles corroboran la crítica de los estudios de muestras de hielo y destruyen los cimientos mismos de la hipótesis del calentamiento global.

Cambios de Temperatura: Los Ciclos largos

El contenido atmosférico del CO2 y las temperaturas nunca han sido estables; han estado fluctuando desde los albores de la historia. La evidencia geológica muestra que la concentración atmosférica de CO2, que ahora es de unas 350 ppmv, era de 5.600 ppmv al final del Ordovicio, hacen unos 450 millones de años (36) ; en el período Carbonífero, 340 millones de años antes que ahora, era de 4.000 ppmv; y en el período Cretácico -90 millones de años atrás- el nivel era de 2.600 ppmv. Estas concentraciones sumamente altas no estaban, de manera obvia, asociadas con ningún "descontrolado efecto invernadero", el mantra de los propagandistas del calentamiento global.

Durante los últimos 100 millones de años, la temperatura media superficial y la concentración de CO2 atmosférico han estado diminuyendo sistemáticamente
(37). 50 millones de años atrás, la concentración de CO2 (2.000 ppmv) era casi 6 veces más grande que ahora, pero las temperaturas eran apenas 1,5°C más altas! En el período Ordovicio, cuando el contenido de CO2 en el aire era 16 veces más alto que hoy, la temperatura de los trópicos no aumentó, y en las altas latitudes se registraba la glaciación de Gondwanaland. (36)



Figura 2
Temperatura superficial del Mar de los Sargasos
Las temperaturas de superficie del Mar de los Sargasos -al este de las Indias Occidentales- han sido determinadas por un período de 3000 años analizando la relación de isótopos de oxígeno de organismos fósiles en los sedimentos del fondo. La información corre hasta el año 1975. Durante l período de calentamiento -hacia 580 D.C.- los países del Mediterráneo, el subcontinente Indio y la China gozaron de una bonanza sin precedentes. Hacia el 500 D.C., un período de enfriamiento estuvo asociado con una declinación en la economía y civilización Europea, de la que se recuperó en un nuevo calentamiento hacia el año 1000 D.C. Desde el fin de la Pequeña Edad de Hielo, la temperatura no ha vuelto a ser tan alta como durante el Óptimo Climático Medieval.

Fuente: Adaptado de: L.D. Keiwin, 1996, Science, Vol. 274, pp. 544-546
La razón para la falta de correlación entre los cambios de temperatura y las concentraciones de CO2 en épocas pasadas es que el principal gas de invernadero no es el CO2 sino el vapor de agua. También es el caso de que el aumento de las concentraciones de CO2 por encima de un nivel más bien bajo no puede causar un aumento de la temperatura (ver más abajo). No fue el CO2 quien determinó las permanentes oscilaciones del clima terrestre, sino los cambios en la constante solar que están en perfecta correlación con las oscilaciones climáticas de una periodicidad de unos 2.500 años. Esto está sugerido por los depósitos glaciales en el fondo del Atlántico del Norte, depósitos de sal en los glaciares, en los sedimentos oceánicos y en el contenido de carbono-13 en los anillos de los árboles.

En la escala de tiempo más larga, la duración de los alternados y asimétricos ciclos de largas glaciaciones y mucho más cortos períodos interglaciales cálidos, fue de 20.000 a 400.000 años (39) . Desde hace cerca de 2 millones de años, un ciclo ha durado típicamente 100.000 años, con ciclos glaciales de 90.000 años de duración, y períodos cálidos de unos 10.000 años (6, 40, 41) . Durante los últimos 850.000 años se dieron 7 u 8 de tales ciclos. (Ver Fig. 1). La diferencia de temperatura entre las fases cálidas y frías es de 3°C. (42)

El actual período cálido comenzó hace 10.500 años (6), por lo que se puede esperar muy pronto el comienzo de una nueva glaciación, quizás en los próximos cien o mil años. Después de un Óptimo Climático alrededor del 1.100 DC, vino una Pequeña Edad de Hielo entre 1550 y 1700, cuando la temperatura promedio del planeta fue 1
°C más baja que ahora (Fig. 1 y 2). Después de 1750, el clima volvió a calentarse, pero no hemos alcanzado aún el nivel del siglo 12 (Fig. 2). Alrededor de 1938 se produjo una aceleración del calentamiento, y en los 40 años posteriores, hasta 1976, el planeta se ha estado enfriando. Entre 1978 y 1984 se dio un rápido aumento de la temperatura global en superficie. El período de 40 años de enfriamiento entre 1938 y 1976 ocurrió cuando el 75% del total del CO2 producido por el hombre fue liberado a la atmósfera (Fig. 3). Es obvio que todos estos cambios no dependieron de las emisiones antropogénicas de CO2.


El período de 40 años de enfriamiento de la atmósfera global entre 1938 y 1976 ocurrió cuando cerca del 75% de la masa total de CO2 producido por el hombre fue liberado a la atmósfera. Las emisiones anuales de CO2 antropogénico (línea de puntos) son ploteadas contra los cambios de temperatura cerca de la superficie de la tierra (línea llena).

Fuente: Notas 96, 97, y 98.



En la escala regional europea, las mediciones de nueve estaciones meteorológicas representativas no muestran calentamiento entre 1780 y 1989. Excepto por los años cercanos a 1940, el clima de Europa se ha estado enfriando durante los últimos 200 años (Fig. 4). Por ejemplo, entre 1780 y 1980, la temperatura de verano en Varsovia disminuyó 0,39
OC; en Viena, 0,91°C; en Praga y Budapest, 0,53°C. En Varsovia, los dos períodos más cálidos fueron los años 1899-1919 y 1934-1954; en Viena, 1788-1817, 1943-1963 y 1970-1990; en Praga, 1797-1817 y 1943-1963; en Budapest, 1788-1808, 1934-1954 y 1971-1991. La máxima desviación de la temperatura media de la región fue de +0,82°C, y se observó en los años 1797-1817 (43).


Excepto para los años cercanos a 1940, el clima de Europa se ha estado enfriando durante los últimos 200 años. Aquí se muestran las tendencias de las temperaturas veraniegas de Europa, 1780-1989, en nueve estaciones meteorológicas de ciudades representativas: Budapest, Inglaterra central, De Bilt, Edimburgo, Hohenpeissenberg, San Petesburgo, Trondheim, Uppsala, y Varsovia.

Fuente: G.R. Weber (ver nota 43).



En los Estados Unidos, las temperaturas medias anuales no muestran grandes cambios entre 1895 y 1997. La tendencia de cien años fue de sólo +0,022
OC por década, y para el período 1940-1997 , 0,008OC por década (44) . Todas estas fluctuaciones regionales no pueden ser relacionadas a la emisión de gases de invernadero causadas por el hombre.

Las mediciones satelitales de las temperaturas de la troposfera baja nos da evidencia contra la teoría del calentamiento global provocado por el hombre. Entre 1979 y 1997, estas mediciones (270.000 lecturas diarias sobre el 95% de la superficie del planeta) revelan una ligera tendencia al enfriamiento de -0,04°C por década (Fig. 5). En el mismo período de tiempo, las mediciones a ras del suelo sobre tierra y mares mostraban un calentamiento de +0,15°C por década, mientras que los modelos computados hablan de 0,18°C por década (46). Las mediciones satelitales se dan en la Fig. 6. La diferencia entre las mediciones de satélites y globos, por un lado, y las de tierra firma, por otro, se explican usualmente como el resultado de la influencia que tiene el calentamiento local de las ciudades sobre las mediciones de tierra firme, y por cambios en los métodos de las mediciones oceánicas.


Figura 5

CAMBIOS DE LA TEMPERATURA GLOBAL MEDIA EN LA TROPOSFERA INFERIOR


Las mediciones satelitales de las temperaturas de la tropósfera inferior entre 1978 y 1997 (30.000 lecturas diarias sobre el 95% de la superficie de la Tierra), revelan una ligera tendencia hacia el enfriamiento de -0,4°C por década. Los cambios en la temperatura promedio de la atmósfera terrestre que se muestran aquí son de las mediciones satelitales de la tropósfera inferior (linea llena), y las cercanas a la superficie en línea de puntos.

Fuente: Adaptado de A.H. Gordon (ver nota 99).



Los datos de 107 estaciones en California para el período 1940-1996 muestran que la temperatura aumenta con el aumento de la densidad poblacional en las áreas donde están ubicadas las estaciones. En una estación rural que no está cerca de ninguna "isla urbana de calor" se registró una tendencia negativa durante el mismo período 1940-1996. (47)


Figura 6

MEDICIONES SATELITALES DE LA TEMPERATURA EN LA BAJA TROPOSFERA

Mediciones satelitales de las temperaturas de la tropósfera inferior entre 1978 y 1999 (Desviaciones del promedio)

Fuente: J. Christy, R. Spencer, y W.D. Braswell, 1999 (ver nota 46).


La Influencia del Sol

Recientes estudios de varios grupos de oceanógrafos, meteorólogos y astrofísicos muestran una excelente concordancia entre las temperaturas de la superficie de lo océanos y la actividad del Sol. Durante los últimos 50 años las partes tropicales y subtropicales de tres océanos se han estado enfriando y calentando 0,1
OC, ajustándose perfectamente con el ciclo solar de once años. Esto es asombroso, ya que las diferencias en el brillo solar alcanzan sólo al 0,1%, lo que no es suficiente para causar los cambios de temperatura observados. Parece ser que la señal del Sol dispara un efecto climático por medio de algún factor amplificador. Durante la Pequeña Edad de Hielo, hace unos 300 años, la radiación solar era un 0,25% menor que la actual (48). Desde 1750, la temperatura del aire sobre Europa ha estado cambiando constantemente al ritmo de los ciclos solares, pero no al ritmo del cambio de los gases de invernadero. Cuando el Sol era más activo, la troposfera de la Tierra era más cálida (Fig. 7). (47, 49, 51)

El mecanismo que amplifica la señal solar sea probablemente un fenómeno como El Niño/Oscilación del Sur (ENSO), una anomalía de las aguas ecuatoriales del pacífico oriental: El Niño, calentamiento, La Niña, enfriamiento. Las anomalías ENSO ocurren como ciclos irregulares de 2-7 años, asociados con cambios a gran escala de la presión atmosférica en los trópicos, entre el Pacífico sudoriental y occidental. ENSO influencia al clima de todo el planeta. (52). Las mediciones satelitales que durante el período de observaciones de los últimos 20 años, El Niño de 1998 causó las anomalías térmicas más fuertes en la atmósfera de la Tierra. En Abril y Mayo de 1998, la desviación de la temperatura global del promedio 1982-1991 alcanzó los +0,7
OC.

Durante los últimos 20 años, El Niño se produjo varias veces, pero en 1997-98, se desarrolló sin erupciones volcánicas simultáneas. En dos oportunidades anteriores, el Niño estuvo asociado con grandes erupciones volcánicas que inyectaron a la estratosfera enormes cantidades de polvo: El Chichón, en 1982, y Monte Pinatubo en 1991 Estas erupciones provocaron un enfriamiento de la atmósfera global, que enmascararon los efectos termales del Niño. (Ver Figura 6, más arriba).


Figura 7

TEMPERATURA DE LA TROPOSFERA Y CICLOS SOLARES

Desde 1750, la temperatura del aire sobre Europa ha estado cambiando constantemente al ritmo de los ciclos solares, pero no al ritmo del cambio de los gases de invernadero. Cuando el Sol era más activo, la troposfera de la Tierra era más cálida

Fuente: Notas 47, 49, y 51).


Parece que El Niño es probablemente el factor más fuerte de la variabilidad natural del sistema climático global (53). Desde 1958 se han observado anomalías negativas y positivas de la temperatura global asociadas con el Niño (54) (y algunas se remontan hasta 1610) (52). Numerosas observaciones sugieren que el fenómeno ENSO depende de la actividad solar: las grandes explosiones solares provocan dramáticos aumentos del viento solar, y disminuyen la intensidad de los rayos cósmicos que llegan a la atmósfera terrestre. Como los rayos cósmicos suministran centros de condensación para las nubes, las grandes explosiones solares permiten la formación del Niño, a través de una disminución del 2 a 3% de la cobertura nubosa, a corto plazo. (52, 55, 56)

Los Modelos Computados son Sólo Opiniones

Los modelos computados del clima son nada más que opinión formalizada de sus creadores, acerca de la operación del sistema climático global (57). Si estos modelos fuesen capaces de proyectar acertada-mente los cambios climáticos, deberían pasar la prueba de reconstruir con precisión los climas del pasado, o por lo menos reconstruir el clima actual.

Normalmente, para las proyecciones del impacto humano sobre el clima se usa una de las muchas versiones del MCG (Modelo de Circulación General) La prueba de las varias versiones ha demostrado que los modelos son incapaces de reconstruir con acierto ni siquiera el clima actual. Todos los modelos tenían un 100% de error para las predicciones de las precipitaciones atmosféricas, y un error de 2°C para las estimaciones de la temperatura global. Para las regiones árticas, el error llegaba a 10°C y para la Antártida, el error era de 20°C. (58) En una prueba, cuando se alimentó a 14 modelos diferentes con los mismos parámetros climáticos, se obtuvieron 14 res-puestas diferentes que iban desde calentamiento hasta enfriamiento de la temperatura global de la atmósfera (59) .

Un test similar se hizo sobre otros 17 MCG produjeron similares resultados (60). Esto explica por qué las predicciones del cambio de temperatura del IPCC, basado en modelos MCG están en total desacuerdo con las temperaturas reales medidas por los satélites (Figura 8).


Figura 8

DIVERGENCIA ENTRE LAS TENDENCIAS DE TEMPERATURAS
EN LA BAJA TROPOSFERA Y LAS PREDICCIONES DEL IPCC

La tendencia de los cambios anuales de temperatura en la baja tropósfera, tal como han sido medidos por satélites entre las latitudes 83°N y 83°S, divergen de la correspondiente línea de tendencia pronos-ticada por los modelos computados del IPCC. La línea descendente coresponde a las temperaturas realmente observadas, mientras que la abrupta línea ascendente es la "profecía" del IPCC

Fuente: A.R. Robinson, S.A. Baliunas, W. Soon, y Z.W. Robinson, 1988 (Nota 47).



Los modelos computados proyectan el mayor calentamiento de la atmósfera del Hemisferio Norte sobre el Ártico, en 8°C a 10°C (15). Estas proyecciones no han sido confirmadas por las mediciones "in situ". En Spitzbergen, estación donde Noruega ha realizado mediciones desde 1912, la temperatura no muestra una tendencia positiva (61). También se observó una ausencia de calentamiento en otras cinco regiones Árticas (62) , en la península Escandinava, en Dinamarca y Groenlandia (63, 64).

Una larga serie de mediciones de 10 estaciones meteorológicas que forman un arco alrededor del Ártico, demuestra que no hubo ningún calentamiento, sino un enfriamiento de la región (65). El análisis de los datos de estas regiones que cubren un sector canadiense del Ártico, Groenlandia, Islandia y Eurasia, muestra que alrededor de 1920 ocurrió un gran calentamiento en el Ártico. Entre 1912 y 1920, aumentó la temperatura en Spitzbergen y Groenlandia occidental entre 3,5°C y 5°C. Después de 1950, las estaciones canadienses Resolute y Alert observaron una tendencia decreciente. En este período, la temperatura en Groenlandia occidental disminuyó en 1,5°C. También se observó una tendencia declinante en el Ártico ruso, registrándose en Franz Josef Land la máxima disminución de temperatura, a corto plazo, con 4°C a 5°C.

Nueve estaciones meteorológicas Danesas en Groenlandia observaron cambios similares a largo plazo, con enfriamientos en estas regiones entre 1940 y 1985 (65, 66). Durante la década de 1955-1964, en un sector del Ártico entre Groenlandia, Noruega, Spitzbergen y Novaya Zemlya, la temperatura del agua superficial del mar disminuyó 0,1°C a 0,6°C en invierno, y 0,1°C a 0,25°C en verano. Entre 1945 y 1975, también se registró una disminución de la temperatura del agua superficial de 1°C alrededor de las Islas Faroe, y la temperatura media del Atlántico al norte de 35°N disminuyó 0,5°C entre 1940 y 1987 (64). Una revisión de las temperaturas de la Capa de Hielo de Groenlandia muestra una disminución de la temperatura del aire durante los últimos 30 años, y un 15% de disminución en las precipitaciones. Ambos efectos son totalmente opuestos a lo que los modelos computados proyectan. (67)

Más hacia el sur, mediciones dendrológicas indican un sistemático enfriamiento del verano de 3,°C en la región al norte de Quebec, entre 1800 y 1950. (68) En la parte sur del planeta, en la Península Antártica, el clima se ha enfriado gradualmente en 2°C desde 1850. (69) En comparación con el siglo 9, la temperatura en el Ronne Shelf disminuyó 0,7°C, y en unos 4°C en los años 80. (70) En la escala global, las mediciones de temperatura muestran una falta sistemática de aumento de temperatura después del óptimo de los años 40; en su lugar, hay una tendencia al enfriamiento durante las siguientes tres décadas. (57, 71) Desde los años 40, el mayor enfriamiento del clima se observó en las altas latitudes del norte (72), es decir, exactamente donde las hipótesis del calentamiento global proyecta el mayor aumento de temperatura.

Los Glaciares Crecientes

Las mediciones altimétricas por radar satelital sugieren que, entre 1978 y 1985, estaban creciendo a un ritmo que se correspondía con la disminución del nivel de los océanos, de 0,20 a 0,45 mm por año, de manera principal, por la acumulación de hielo en Groenlandia (73, 74) . Durante estos ocho años, el espesor de la cobertura de helo de Groenlandia se incrementó unos 1,5 metros, lo que corresponde a 23 cm por año. La precisión de estas mediciones fue cuestionada en base a ser "información militar secreta" (75). Sin embargo, los resultados originales de Zwally et al., fueron confirmados por mediciones posteriores realizadas durante la Geosat Exact Repeat Mission (76), y por resultado de mediciones por láser. (77)

Las mediciones llevadas a cabo en Groenlandia a ras del suelo por la
Expedition Glaciologique Internationale au Groenland (EGIG), y por otros grupos en el sur de Groenlandia, muestran un aumento promedio del hielo de 3 a 9 cm por año (74). Desde 1968, los frentes de seis de nueve pequeños glaciares estudiados en la Groenlandia occidental han comenzado a avanzar (66). Las mediciones de EGIG demostraron que entre 1959 y 1968, la superficie de la capa de hielo de la Groenlandia central había aumentado 1 metro su altura. Alrededor de 1950, la mayor parte de la capa de hielo del borde sur y occidental de Groenlandia se estaba retirando y disminuyendo de espesor. Pero alrededor de 1985, numerosas partes del hielo que se retiraba habían comenzado a avanzar nuevamente. A comienzos de 1990, el área de progresión se había extendido desde las tierras altas hacia las tierras bajas (78). Estudios recientes sugieren que "No hay evidencia convincente de un aumento de condiciones de balance negativo que puedan, a priori, ser esperadas a partir de un calentamiento inducido por el hombre". (79)

De los 18 glaciares estudiados en el Ártico, 15 de ellos (77%) tienen ahora un coeficiente positivo de balance de masa/ pendiente. Algunos de los glaciares muestran una tendencia a un balance de masa menos negativo, y muchos otros muestran una fuerte tendencia positiva. Gran parte de los glaciares escandinavos alcanzaron su máximo histórico en el siglo 17, durante la
Pequeña Edad de Hielo. Después de un intenso derretimiento a principios del siglo 20, 17 glaciares escandinavos redujeron de forma dramática su retroceso y entraron en un proceso de aumento de su masa. (80, 81). Cambios similares se encontraron más tarde en Escandinavia y Spitzbergen. (82)

En la Antártida, el hielo está creciendo tan rápidamente que, para el 2050 habrá producido un descenso de los océanos de 30 cm. (83) La medición de la acumulación de hielo indica que en gran parte de la Antártida el incremento de la capa de hielo corresponde a un 5 a 25% de la precipitación global, y a una disminución de los niveles del océano de 1,0 a 1,2 mm por año. (84) Tal comportamiento de la criósfera no apoya ningún reclamo de que el clima se esté calentando, ni de la catastrófica visión de un aumento del nivel de los océanos provocado por el hombre, se pueda cumplir.

El Efecto Invernadero

Sólo cerca de la mitad de la energía solar que llega a la Tierra es absorbida por la atmósfera. El resto es dispersada y devuelta al espacio y, en cierta medida, absorbida por la atmósfera o reflejada por el suelo. La Tierra misma irradia a longitudes de onda infrarrojas, mucho más largas que las radiación solar. La radiación infrarroja de la Tierra, al revés que la radiación solar, es fuertemente absorbida por la atmósfera. La absorción está provocada, de manera principal, por el vapor de agua y las nubes, pero también por algunos gases de escasa concentración en la atmósfera. Sólo una muy pequeña parte de la radiación emitida por la superficie alcanza a escapar hacia el espacio exterior De esta manera, la atmósfera se calienta y devuelve energía radiante a la superficie de la Tierra, donde es absorbida otra vez y nuevamente re-irradiada. Así, un notable intercambio de energía térmica se produce entre el suelo y la baja atmósfera. Este proceso, conocido como el Efecto Invernadero, es el responsable de la relativamente alta temperatura promedio del planeta.

Sin el efecto invernadero, la temperatura media cerca de la superficie sería de -18°C, y no de +15°C, como es ahora. La diferencia de 33°C es el resultado de la absorción de radiación infrarroja por los gases de invernadero atmosféricos. El más importante de los gases de invernadero es el vapor de agua, responsable del 96 a 99% del efecto invernadero. Cualquier lector del Informe 1990 del IPCC (la Biblia de los adherentes al calentamiento global inducido por el hombre) puede creer, incorrectamente, que el CO2 produce el 25% del efecto invernadero.

Lo que resulta impactante, en este informe del IPCC, es que el agua no ha sido mencionada en ninguna de las ocho tablas que comparan el efecto invernadero de diferentes componentes de la atmósfera! Si los correspondientes valores del agua se hubiesen incluido en estas tablas, se habría visto con toda claridad la falta de importancia que tiene, en el balance térmico de la atmósfera, el CO2 producido por el hombre. Si el CO2 fuese el único gas de invernadero de la atmósfera, contribuiría con el 22% del efecto invernadero actual. Sin embargo, el real efecto invernadero del CO2 es mucho menor, a causa de la superposición o solapado de fuertes líneas de absorción de 12 a 18 ?m en la región espectral.
Análisis detallados de la atmósfera de verano en latitudes medias indican que, al efecto total de invernadero de 342 watts/m2, el vapor de agua (líneas de absorción continuas y discretas) contribuye con 330 watts/m2 -esto es, 96,5%, mientras que el CO2 contribuye con 12W/m2, o sea el 3% .(85, 86) Otros estudios que tienen en cuenta al vapor de agua, al agua líquida y transporte de calor por convección, estiman la contribución del CO2 como el 1 al 5% del total del efecto invernadero. (87, 89) El resto de los gases de invernadero tienen una importancia marginal.

TABLA 1
RESERVORIOS DE CARBONO Y FLUJO DE CO2 A LA ATMOSFERA

Del total de flujo de CO2 a la atmósfera de 169 Gigatoneladas (Gt) de carbono anuales, la actividad industrial y agrícola de la humanidad agrega 6 Gt por años. Esto es similar a la amplitud de la fluctuación anual de la masa total de CO2 atmosférico (5,4 Megatoneladas de Carbono por año). La tabla muestra los actuales reservorios de carbono en la superficie de la Tierra y los flujos anuales de CO2 (expresados como carbono equivalente en gigatoneladas) de 1015 Ton), a la atmósfera.

Actuales reservorios de carbón         gigatoneladas.

Sedimentos                                        60.000.000
Orgánicos marinos disueltos                           1.000
Inorgánicos marinos disueltos                      38.000
Combustibles fósiles (explotables)                  7.200
Atmósfera                                                    727
Suelos                                                       1.300
Biomasa terrestre                                           834
Biomasa marina                                               42

Flujos anuales naturales a la atmósfera

Océanos   106 gigaton
Tierra        63 gigaton
Total        169 gigaton

Flujos humanos anuales a la atmósfera

Comb. Fósiles y uso agrícola        6 gigaton

Fuente: Adaptado de Z. Jaworowski, T.V. Segelstad y V. Hisdal, 1992. (ver Nota 27)


Debemos agradecer a la existencia de los océanos, que emiten vapor de agua, y no al CO2, que la temperatura de la Tierra sea bien superior a los 0°C en la superficie, que sea estable en un rango de sólo unos pocos grados, y que ha permitido la existencia de la vida. Del total de flujo de CO2 a la atmósfera de 169 Gigatoneladas (Gt) de carbono anuales, la actividad industrial y agrícola de la humanidad agrega 6 Gt por años (ver Tabla 1). Esto es similar a la amplitud de la fluctuación anual de la masa total de CO2 atmosférico (5,4 Megatoneladas de Carbono por año) .

Los cálculos isotópicos del equilibrio de masa del carbono-12 y carbono-13 de la atmósfera demuestran que en 1988 la masa de CO2 proveniente de la quema de combustibles fósiles, que se habían acumulado en la atmósfera entre 1860 y 1988, era de unas 30 Gt de Carbono, es decir, cerca del 5% de la masa total de CO2 atmosférico. (31, 90, 91) Se encontraron resultados similares con los estimados del equilibrio de masa de CO2 no isotópico (92). En consecuencia, el agregado humano al efecto invernadero total está entre el 0,05 y el 0,25%.

Pero aún esta ínfima adición es dudosa. Según estudios recientes, toda la radiación infrarroja que podría escapar a la atmósfera terrestre (fuera de la "ventana espectroscópica" en el rango 7,5-14
mm) está ya casi totalmente absorbida. Cualquier aumento de la concentración de CO2 del aire, por encima de su actual nivel, no puede contribuir de manera significativa a una mayor retención de calor en la baja troposfera. (89 ,93)

Las Consecuencias Conocidas de la
Histeria del Calentamiento global

La hipótesis del calentamiento global que sería provocado por el hombre está muy lejos de estar corroborada por observaciones, muchas de las cuales sugieren que es falsa. Los soñadores ambientalistas tratan de que parezca axiomático que los peligros imaginarios de este calentamiento deben ser remediados sin esperar por más pruebas. De hecho, ellos exigen que la incerteza científica debe convertirse en la base para una regulación mundial, lo que pondrá cargas intolerables sobre la población mundial, en especial la de los países subdesarrollados.

F.B. Cross, profesor de regulaciones comerciales de la Universidad de Texas, ha advertido que
"el principio de la precaución es profundamente perverso en sus implicaciones para el ambiente y para el bienestar humano". (94) Para cumplir sus sueños, los ecologistas están dispuestos a que la humanidad pague cualquier costo; empobrecer a naciones enteras y así poner en peligro al ambiente; destruir a la industria creada con el trabajo y sudor de sus antepasados; y estrangular a nuestra civilización. Es asombrosa la credulidad de una gran parte de la sociedad que, una vez expuesta a la concentrada manipulación de los medios, ha aceptado con una inmensa facilidad la mitología del calentamiento global. Se puede comprender las razones psicológicas y sociales para esta aceptación. Sin embargo, las acciones de la Organización de las Naciones Unidas y de muchos gobiernos, que llevan a la comunidad de la Tierra a un desastre eco-nómico y civilizacional, en nombre de un fantasma errante, no parecen ser responsables. ¿Será demasiado pedirle a los políticos que actúen razonablemente en lugar de hacerlo por egoístas intereses a corto plazo?

Zbigniew Jaworowski, M.D., Ph.D., y D.Sc., es profesor en el Laboratorio Central de Protección Radiológica en Varsovia. Científico multidisciplinario, ha estudiado muestras de hielo de glaciares de todas partes del mundo, analizando trazas de metales pesados y radio nucleidos. Es muy conocido como experto en efectos de las radiaciones, y ha servido como presidente del Comité Científico de las Naciones Unidas para el Efecto de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR). Entre sus previos artículos en la revista 21st Century Science & Technology se encuentra "Información de Muestras de Hielo No Muestran Aumento del Dióxido de Carbono", Primavera, 1997, p. 42.

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