Radiación Ionizante
por John D. Boice, Sc.D.
Del Radiation Epidemiology Branch, Division of Cancer Etiology,
National Cancer Institute, Bethesda, Maryland
(Aquí el artículo original... )




NOTA DE FAEC: Este artículo parece contener información un tanto desactualizada, y no nos parece adecuado que alguien, para apoyar sus conclusiones, se cite a sí mismo como referencia, aunque en líneas generales resulta informativo e interesante, por ello lo reproducimos aquí. En algunos puntos con los que discrepamos, hacemos nuestras propias observaciones y proporcionamos las referencias a estudios más recientes.



Las radiaciones ionizantes son una causa conocida de cáncer y otros efectos adversos. Es uno de los cancerígenos humanos más estudiados y podrían tomar cuenta del 3% de todos los cánceres (NAS, 1990). La radiación ionizante es capaz de retirar electrones de los átomos y cambiar la estructura molecular de las células. Son estos cambios celulares los que pueden provocar el desarrollo del cáncer. Se cree que el DNA genético en el núcleo de las células es el blanco crítico para el daño inducido por la radiación.

Alguna radiación proviene de fuentes naturales, tal como los rayos cósmicos y las sustancias radioactivas en la corteza de la Tierra. Todos y cada uno de nosotros está expuesto a esta radiación "de fondo" a una tasa de 1 a 2 mGy anuales. (El Gray [Gy] es una unidad de medición para la cantidad de energía radiante absorbida por los tejidos del cuerpo. Es igual a 100 rad, y es actualmente la unidad de las dosis.)

Dosis muy altas de radiación (decenas de gray) recibidas todas juntas en un instante, pueden resultar fatales, pero distribuidas a lo largo de un período de tiempo, las altas dosis pueden ser menos perjudiciales a los tejidos sanos. Por ejemplo, una única dosis de 5-Gy de irradiación de cuerpo entero causaría la muerte de la mitad de las personas expuestas a ella dentro de los 30 días. Pero los pacientes que reciben tratamientos de radioterapia y reciben dosis diarias de 2 Gy dirigidas a un área pequeña del cuerpo, pueden ser expuestos a decenas de gray durante un período de semanas. Es difícil medir los efectos de la radiación de bajos niveles (menos de 0,25 Gy) de las fuentes comunes como los rayos-X médicos.

NOTA DE FAEC: Sobre este tema se han hecho muchos estudios desde entonces, y sus resultados aclaran las dudas que tiene el Dr. Boice. Para enterarse a fondo de ello, rogamos leer: "Los Significantes Beneficios de la Radiación Nuclear" por Jerry M. Cuttler, D.Sc.,.

Algo de lo que conocemos sobre los efectos de la exposición a la radiación se aprendió estudiando pacientes tratados con radiación en el pasado. Algunas de las primeras evidencias cuantitativas de que la radiación provoca cáncer vino de los estudios de pacientes que recibieron terapia de radiación para la espondilitis anquilosante, un desorden de la columna vertebral, antes de 1954 (Darby et al., 1987). Se encontró que estos pacientes tenían más leucemia y cánceres de pulmón, esófago, huesos, y otros órganos dentro del campo irradiado, que lo que sería esperable en una población saludable. Los segundo cánceres siguiendo a un tratamiento de radioterapia son raros, pero ocurren. La más extensa investigación llevada a cabo entre pacientes con cáncer cervical concluyó con que, como máximo, el 5 por ciento de los segundos cánceres podrían ser atribuidos a la terapia de radiación. (Boice et al., 1988).

Entre 1935 y 1954, se usó la fluoroscopía, un procedimiento con rayos-X, para controlar el tratamiento de pacientes con tuberculosis; las mujeres que fueron así tratadas podían recibir una dosis de 1 Gy en el pecho. De 10 a 15 años más tarde, estas mujeres tuvieron una alta incidencia de cáncer de mama. (Boice et al., 1991).

Existe un alto riesgo de cáncer de tiroides muchos años después de la exposición a la radiación durante la niñez para el tratamiento de condiciones no cancerosas de la cabeza y el cuello. La exposición durante la niñez puede ser particularmente perjudicial porque las células en rápido crecimiento de los niños, pueden ser más sensibles que las células de crecimiento más lento de los adultos, a las exposiciones en períodos posteriores de la vida. Antes de 1950, los individuos con la glándula del timo agrandado fueron tratadas con intensa radiación. Desde entonces se ha descubierto un elevado riesgo de leucemia y cáncer de tiroides en esta población (Shore et al., 1985). Similares aumentos se han observado después de la irradiación durante la niñez para la irradiación de la tiña del cuero cabelludo (Ron et al., 1989). Aquellos que pudiesen haber recibido radioterapia para condiciones del timo u otros problemas en la niñez, tales como la tiña o amígdalas agrandadas, deberían alertar a sus médicos.

A causa de que los riesgos de la radiación no fueron reconocidos antes de los años 20, los radiólogos que usaban intensamente los rayos-X --y sin protección de delantales y guantes de plomo-- durante los primeros años del siglo 20, desarrollaron una elevada tasa de leucemias.

Un clásico estudio de mujeres que, antes de los años 30, pintaban con radio los diales luminosos de relojes, mostró un alto índice de sarcoma óseo y cánceres de la cabeza. Ellas habían ingerido grandes cantidades del radio radioactivo al lamer sus pinceles para afinarles las puntas;se ha estimado que la dosis promedio que llegaba a sus tejidos óseos era muy alta --en el orden de 17 Gy.

Gran parte de la información que tenemos sobre los efectos de la radiación proviene de los estudios sobre los sobrevivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, entre quienes se hallaron incrementados niveles de lecucemias y cáncerers de pecho, tiroides, pulmón, estómago, y otros órganos (NAS, 199). Se encontró que las mujeres sobrevivientes que recibieron una única dosis de radiación por la explosión, tenían el mismo riesgo de cáncer de mama que las mujeres con tuberculosis que habían repetido exposiciones fluoroscópicas durante un período de 3 a 5 años. Esto sugiere que, en el caso del cáncer de mama -pero no necesariamente en otros cánceres- las pequeñas dosis repetidas durante varios años pueden ser tan riesgosas como una única dosis grande. El riesgo, sin embargo, parece estar inversamente correlacionado con la edad al tiempo de la exposición a la explosión, sin aumentos aparentes entre las mujeres mayores de 40 años.

NOTA DE FAEC: El tema de los sobrevivientes de las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki ha sido bien estudiado, y actualmente el consenso entre los especialistas es que la población sobreviviente que estuvo expuesta a la única y elevada dosis de radiación, tuvo mayores índices de longevidad que el resto de la población japonesa que no fue exuesta a la radioactividad. Un excelente artículo sobre este tema y los efectos beneficiosos de la radioterapia de cierto número de bajas dosis anteriores al tratamiento local de dosis elevadas, se encuentra en esta página. Los pacientes con linfomas que se les dio una irradiación de cuerpo entero de 10 centigray con rayos-X, tres veces a la semana, añadido al tratamineto standard de irradiación de altas dosis, tuvieron una tasa de sobrevida del 90 por ciento a los 6 años, mientras que el grupo de control, que recibió sólo el tratamiento local de altas dosis, tuvo el 36 por ciento de sobrevida a los 6 años.

Actualmente, muchas mujeres en riesgo de desarrollar cáncer de mama son examinadas periódicamente con bajas dosis de rayos-X, conocido como "mamografía". Para las mujeres de alto riesgo, párticularmente mayores de 50 años, los beneficios de la detección del cáncer de mama son mucho mayores que el pequeño riesgo de desarrollar cáncer a partir de las repetidas mamografías.

Aunque las exposiciones a bajos niveles de radiación antes del nacimiento están asociadas con el desarrollo de cáncer durante la niñez, especialmente leucemias, (Bithell and Stewart, 1975), no todos los investigadores están convencidos de que la irradiación prenatal sea la causa del cáncer en la niñez. Los individuos expuestos prenatalmente durante las explosiones atómicas en Japón, no tienen mayores índices de cáncer. La actual práctica es el uso de ultrasonido, en lugar de rayos-X, durante el embarazo, siempre que ello sea posible.

Existen otras exposiciones ambientales y ocupacionales a la radiación. El "fallout" radioactivo, por ejemplo, se produce durante los ensayos nucleares en la atmósfera, cuando las partículas aéreas radioactivas se asientan en la tierra. Un estudio mostró que las personas que habían sido expuestas accidentalmente a muy altos niveles de "fallout" tenían un incrementado riesgo de cáncer de tiroides. (NAS, 1990).

NOTA DE FAEC: Se deben tener en cuenta en el tema del "fallout", los estudios y las comprobaciones que se expusieron en el congreso internacional "Una Década Después de Chernobyl: Resumiendo las Consecuencias del Accidente", llevada a cabo en Viena, Austria, en 1966. Todo lo referente a lo sucedido en Chernobyl y sus consecuencias comprobadas, se encuentra en el excelente informe presentado por el Dr. Zbigniew Jaworoski, ex presidente del UNSCEAR, (Comité Científico de las Naciones Unidas sobre el Efecto de las Radiaciones Atómicas), que se encuentra haciendo click aquí.

Los mineros del uranio inhalan gas radón radioactivo producido subterráneamente por la natural descomposición del uranio y tienen altos índices de cáncer respiratorio (Lubin et al., 1994). Es posible que una interacción entre el gas radioactivo inhalado y el fumar incremente el riesgo de la exposición al radón.

NOTA DE FAEC: Se trata de los estudios sobre los mineros Austríacos de la mina de uranio de Joachinostat, Austria, donde los mineros morían casi indefectiblemente de cáncer de pulmón --especialmente los fumadores-- pero lo hacían después de los 70 años de edad. Como la expectativa de vida de la población en ese tiempo, en esa región, era de 60 años, se comprueba que la exposición al radón hará que se muera de cáncer de pulmón --pero diez años después que el resto de la población que no había aspirado radón. Esto está bien explicado en el Capítulo 5: "Energía Nuclear y Radioactividad", del libro "Ecología: Mitos y Fraudes".

El radón se está tornando una preocupación de la salud pública en algunas localidades porque su presencia en el agua subterránea y los materiales de construcción. Basado en extrapolaciones de estudios en los mineros de galerías, se ha estimado que hasta un 10 por ciento de todas las muertes por cáncer de pulmón podrían estar relacionadas con la exposición al radón del interior de las casa (Lubin and Boice, 1989).

En general, las mamas, la tiroides, y la médula de los huesos son muy sensibles a los efectos de la radiación ionizante. Parece existir un mínimo retraso del tiempo después de la exposición de unos dos años antes de que se desarrolle la leucemia, y de 10 a 15 años antes de que se desarrolle el cáncer.

Evitar innecesarias exposiciones a los rayos-X médicos es la mejor manera de reducir la exposición a la radiación ionizante. Sin embargo, en muchos casos, los beneficios sobrepasan a los riesgos, como en el caso de las mamografías para algunas mujeres, como una herramienta de diagnóstico de diferentes enfermedades o heridas, y como una efectiva manera de tratar algunos cánceres.




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