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    Las lecciones que podemos aprender de Kerala,
    la región más radioactiva de la India

    Por Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC
    Enero 27, 2015

    Desde hace muchos años se conoce la existencia de regiones en el mundo donde la radioactividad natural de fondo tiene valores elevados que obligarían –de acuerdo con las normas de protección radiológica que se establecieron a partir de la teoría “Lineal sin Umbral” (o LNT = Linear No Threshold)- a la evacuación forzada de sus habitantes, sin importar que hubo allí habitantes durante varios milenios, que vivieron en pleno uso de una salud envidiable. ¿Por qué envidiable? Porque quienes viven esas regiones demuestran estar beneficiados por el conocido –pero negado- efecto de Hormesis, el mismo efecto que es la base de las vacunas: pequeñas dosis de una toxina o una baja dosis de radiación ionizante producen un efecto revitalizante y reforzador del sistema inmunológico de nuestro organismo.

    No es nueva la teoría, que mereció una declaración del UNSCEAR, Comité Científico de las Naciones Unidas sobre Efecto de las Radiaciones Atómicas, cuando el insigne científico en radiaciones, profesor Zbigniew Jaworowski era su presidente allá por 2004. Jaworowski había sido durante años, y lo siguió siendo después de su cargo en el UNSCEAR, el director del Laboratorio de Protección Radiológica de Varsovia, Polonia. La declara-ción del UNSCEAR reconociendo la existencia del efecto Hormesis afirmaba que las dosis de bajo nivel de radia-ción ionizante durante largos períodos potenciaban al sistema inmunológico y conferían una acentuada resisten-cia a las enfermedades, un aumento de la fertilidad humana, y un aumento en la longevidad de las poblaciones. Pero los partidarios de la Teoría LNT no aceptan ninguna evidencia en contra de su dudosa teoría.

    La base original de la teoría lineal-sin-umbral surgió a mediados del Siglo 20, y era muy simple: “Una única partícula de radiación que incide sobre una única molécula de DNA en el núcleo de una única célula del cuerpo humano, puede iniciar un cáncer.” La probabilidad de iniciación de tal cáncer es, por consiguiente, proporcional a la cantidad de tales impactos, que son proporcionales al número de partículas de radiación, que es proporcio-nal a la dosis. Esta es la teoría “Lineal sin Umbral,” o LNT. La demuestran ubicando un punto en un sistema de coordenadas X/Y, donde una cierta cantidad de radiación provoca un cáncer, y luego trazan una línea recta hasta el cero afirmando: “Ven? Cualquier cantidad de radiación causa cáncer. El gráfico es bien claro.” Se saltan por encima del Axioma de Oro de la toxicología enunciado hace más de 500 años por Paracelso: “Todo es veneno; nada es veneno. Sólo la dosis hace al veneno.”

    Así es que a los proponentes de la teoría LNT les molesta sobremanera cuando se les solicita una explicación coherente sobre hechos que contradicen a su teoría, tal como la elevadísima radioactividad del Morro de Ferro en Brasil, una loma de mineral radioactivo donde los niveles de radón son descomunalmente altos, pero que no afecta en absoluto a miles de ratas que viven en un laberinto de cuevas que hay ahí. Y la vegetación es sana y floreciente a pesar de que las hojas de las plantas producen “autoradiografías” cuando son ubicadas sobre una placa fotográfica.

    Pero es Kerala, un estado al suroeste de la India el que les pone de verdadero mal humor. Los habitantes de Kerala son una contradicción viviente y andante de la teoría LNT.

    Geoff Russell, del sitio web Brave New Climate nos proporciona amplia información sobre Kerala y sus posibili-dades económicas, su energía, su oblación y comercio, pero la parte que nos interesa es su relato sobre la elevada radioactividad de fondo que tendría que haber matado a sus habitantes, o por lo menos inducirles una tasa de cánceres espeluznante. Ha sido al revés. Nos cuenta Russell sobre Kerala:

    Kerala y sus playas de arenas oscuras

    Kerala estuvo bajo el estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante más de 50 años y las razones no tienen nada que ver con la población o el arroz, o el cocinar con fuego alimentado con madera, o información confusa sobre sus bosques. Kerala tiene un fondo natural de radioactividad sumamente alto debido a las arenas que contienen torio. Los niveles varían desde cerca del 70% por encima del promedio mundial hasta unas 30 veces más altos que el promedio mundial.

    Durante miles de años parte de la población de Kerala estuvo bañada en radioactividad a más del triple del nivel que haría que lo evacuaran compulsivamente en Japón, Los japoneses han establecido un nivel anual de radiación de 20 miliSieverts alrededor de Fukushima mientras que algunas partes de Kerala han tenido un nivel de 70 miliSieverts… para siempre.

    Los científicos estuvieron durante décadas buscando los impactos de la radiación sobre los Keralitas, (o pobladores de Kerala). En 1990 se estableció un moderno registro de cáncer y en 2009 un estudio informó acerca de la incidencia de cáncer en 69.958 personas seguidas durante un promedio de más de una déca-da. Las estimaciones de las dosis de radiación se hicieron usando exposiciones en exteriores e interiores y el tiempo usado dentro de los hogares y fuera de ellos.

    Los Keralitas no sólo estuvieron bañándose en radioactividad durante miles de años sino también la estu-vieron comiendo. Un temprano estudio de 1970 descubrió que la población en Kerala estaba comiendo 10 veces más radioactividad que en Estados Unidos o en Inglaterra, incluidos emisores de partículas alfa (de pescados).

    La incidencia de cáncer en Kerala es muy similar a la tasa general de la India; que más o menos es la mitad que de la de Japón y la tercera parte de la australiana. Unos 95 nuevos casos cada 100.000 personas al año comparado con 323 cada 100.000 en Australia (edades normalizadas).

    Los expertos en cáncer saben mucho acerca de las causas de estas grandes diferencias, pero la radiación no está en la lista.

    El estudio de Kerala tiene numerosas ventajas sobre otros estudios de bajas dosis de radiación. Ellos están tratando con poblaciones principalmente rurales que es muy probable que esté menos expuesta a otros cancerígenos que podrían complicar a los análisis. También están tratando con una genuinamente baja tasa de exposición a la radiación. Esto refleja lo que sería el caso de Fukushima si el gobierno no hubiera forzado la evacuación de la población. La mayoría de las normas de protección radiológica se derivan de los estudios realizados sobre los sobrevivientes de las bombas atómicas que recibieron cualquier cantidad de radiación en un tiempo muy corto. Esas víctimas podían haber recibido una dosis que se ajusta a la definición de baja (menos de 100 milisieverts), pero a una tasa sumamente rápida. Ser bombardeado no es exactamente lo mismo que vivir en un campo con radiación ligeramente elevada. En Kerala están recibien-do una baja dosis de radioactividad durante un tiempo muy largo.

    Con tasas muy altas de velocidad de recepción de la radiación, como las que ocurren con un arma atómi-ca, es obvio que la capacidad de reparación del ADN puede ser abrumada. Necesito mencionar aquí que las armas atómicas no matan de manera primaria con la radiación, ellas matan de manera exactamente igual que las otras bombas; con una onda de impacto, escombros que vuelan y fuego. La radiación puede, por cierto, matar a gente fuera del área letal de explosión, pero la dosis requerida es enorme. A medida de que uno se aleja del centro de impacto, las personas pueden recibir 100 milisieverts a hasta miles, pero recibir una radiación tal en esa situación no es como recibirla en un período de uno a diez años; es lo mis-mo que una simple exposición de 1 o 10 horas al sol de verano es muy diferente a recibir la misma exposi-ción en dosis muy pequeños aumentos durante un mes. A pesar de los claros problemas metodológicos, la información de las víctimas de las bombas atómicas domina a las normas de la protección de la radiación, principalmente porque durante muchos años fue la única información disponible.

    La información de Kerala contradice de manera clara con las suposiciones que están detrás de todas las normas de protección radiológica. Las personas que reciben dosis de 500 mSv deberían de mostrar un medible aumento en la tasa de cáncer. Ellos lo tuvieron cuando la dosis fue recibida rápidamente como durante las explosiones atómicas. No la tuvieron en Kerlala.

    Las arenas oscuras de las playas de Kerala, India.

    De manera que la información de Kerala confirma lo que es obvio desde una compresión moderna de la reparación del ADN. Concretamente, que el daño de la radioactividad no es acumulable a dosis normales de fondo de radiación y que tampoco son acumulables aún a 30 veces las dosis normales de radioactivi-dad. Ello significa que 70 milisieverts al año durante toda un vida no significa nada. El mismo concepto de “dosis anual” o “dosis cumulativa” es simplemente engañoso en tal situación. La mejor evidencia disponible es que una exposición anual de 100 mSv resulta en una dosis real de CERO porque está por debajo de la capacidad de la persona de una reparación perfecta del ADN.

    Cuando los expertos discuten estos asuntos ellos siempre distinguen la exposición, medida en Grays, de la medida en Sieverts, pero no timan en cuenta de la tasa de recepción o de la reparación del ADN porque la potencia y los mecanismos de la reparación del ADN eran desconocidos en esa época y pro la gente que formulaba la teoría LNT y las normas de protección radiológica. Es tiempo de que ellos pongan la casa en orden.

    Los sufrimientos causados por una ciencia claramente obsoleta ha sido y sigue siendo inmensa. Investiga-dores del MIT confirmaron en 2012 que el daño por radiación no es acumulativo hasta 400 veces más que el fondo natural de radiación durante 6 meses. Pero ellos hicieron ese trabajo sobre ratas, y mientras que las ratas son más propensas al cáncer que los humanos, significando que los resultados deberían mante-nerse para la gente, las ratas no son humanas y la extrapolación de ambas especies y del tiempo introdu-ce incertidumbre. La información de Kerala es sustancial e inequívoca y respalda un reciente juicio hecho por el experto británico en radiación, Malcolm Grimston, de que la evacuación de Fukushima fue, y lo sigue siendo, “una locura de atar”.

    Cuando el gobierno japonés levantó recientemente las órdenes de expulsión de sus hogares de la gente en la ciudad de Minamisoma, en la prefectura de Fukushima, porque ellos estimaron que el nivel anual de radiación había disminuido 20 milisieverts por años, los funcionarios de la ciudad reconocieron que el 80% de los residentes no regresarán a causa de su miedo a la radiación.

    Quizás los japoneses deberían de haber mirado lo que estuvo sucediendo en Kerala durante miles de años antes de decidir sobre su límite de 20 milisieverts; nada.

    La implicación es clara, Los accidentes nucleares no son diferentes de otros accidentes industriales. Hay una clara necesidad de preocuparse por isótopos radioactivos de corta vida genuinamente peligrosos de la misma manera en que nos preocupamos por las llamas y humo denso de otros accidentes o calamidades naturales como los incendios forestales. Pero no necesitamos perder tiempo, energía y dinero limpiando niveles de contaminación radioactiva que no causan daño. Arenando árboles, techos, entradas a las casas, y especialmente poniendo valiosas capas de tierra fértil en bolsa de plástico negro, como estuvie-ron haciendo en Japón desde 2011, tiene tanto sentido como lo sería enviar al ejército al bosque para arenar los troncos de árboles ennegrecidos por las llamas después de un incendio forestal.



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