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General Electric, PCBs. Y Ciencia Torcida

Esta semana, la Agencia de protección del Ambiente (EPA) y la General Electric (GE) –descrita por Bloomberg.com como “la segunda compañía del mundo en valor de mercado” – llegaron a un acuerdo sobre los planes de remover bifeniles policlorados (PCBs) del lecho del Río Hudson, en Nueva York. De manera específica, la GE acordó con cumplir las demandas de la EPA de remover el 10% de los PCBs a lo largo de un trecho de 60 kilómetros del río en la parte superior del estado de Nueva York. Las negociaciones continúan en relación a la limpieza del restante 90% y la EPA demandará judicialmente a la GE si no acuerda una segunda fase del proceso de remoción.

Los ecologistas piensan que este acuerdo es una parodia. Como lo declara ayer un funcionario del Sierra Club, “Es como si un oncólogo acordase en retirar solamente el 120% de un cáncer.”

En verdad, el acuerdo es una parodia ridícula, pero no por la razón expuesta por el Sierra Club.

Mientras que la EPA mantiene que los PCBs, particularmente en los peces del Río Hud-son, imponen un riesgo de cáncer, no existe ninguna evidencia científica de que exista el menor riesgo. La dura verdad es que no existe ni el más ínimo beneficio público en ordenar que trazas de PCBs sean retiradas del lecho del río. Existen, sin embargo, descomunales costos –los cuales serán pagados por los consumidores.

Algunos antecedentes: hasta 1977, los PCBs fueron usados en la fabricación de trans-formadores, adhesivos, y condensadores eléctricos, entre muchas otras cosas. La GE se libró de ellos derramándolos en el río al norte de Albano. Los PCBs están ahora empotra-dos en el lodo bajo el río y no están dispersos en el agua.

La afirmación de la EPA de que los peces imponen un riesgo de cáncer para los humanos se basa únicamente en observaciones de que largas exposiciones a altas dosis de PCB causan tumores en animales de laboratorio. El National Cancer Institute, al revés que la EPA, está equipada con los mejores epidemiólogos del mundo, y el NCI, cuando le pregunté a uno de esos miembros, me respondió que “no conocen evidencias” de que comer peces del Río Hudson representa un riesgo de cáncer para los seres humanos.

De modo que una compañía privada está siendo ordenada por el gobierno, bajo la ame-naza de elevadas multas, de retirar niveles minúsculos de trazas de PCBs que habían sido depositadas legalmente, cuando no hay ninguna evidencia de que este esfuerzo masivo resulte de ningún beneficio para la salud pública. La EPA requiere que la GE gaste por lo menos $700 millones en esta insana e inútil tarea. Estos costos les serán transferidos a los accionistas de la GE en la forma de menores dividendos y precios deprimidos de las acciones, y serán afrontados por todos los consumidores bajo la forma de mayores precios de venta de los productos y servicios de la GE. Enormes, descomunales costos, beneficios cero.

¿Cómo llegó a suceder esta científicamente descabellada orden de la EPA?

Tres razones acuden a la mente. Primero, durante muchos años, la General Electric luchó valientemente contra el mandato de la EPA armada con resmas de literatura científica que probaban que los PCBs del Río Hudson no imponían ningún riesgo a la salud humana –pero la compañía eventualmente se rindió. Quizás bajo la presión de la opinión pública y eligió cumplir con la orden.

Segundo, expertos en cáncer en el NCI y otros centros médicos en los Estados Unidos hicieron poco o nada para protestar esta pésima orientación en la prevención del cáncer dirigida a una amenaza fantasma –los científicos permanecieron mudos y permitieron que la pantomima continuase. Tercero, el temor al cáncer de los norteamericanos es tan intenso que existe una visión prevaleciente de que deberíamos hacer cualquier cosa y todo para evitar la enfermedad, aún cuando no haya evidencia de que nuestros esfuerzos serán efectivos.

La fuerte (pero errónea) creencia de que lo que a grandes dosis causa cáncer en los roedores tiene también que provocar cáncer en los humanos a mínimas dosis, se mantiene hoy como lo hizo durante los últimos 50 años. Realmente, nos aferramos a los experimentos sobre animales de laboratorio de la misma manera que los hacemos con las supersticiones. Como me dijo un epidemiólogo del cáncer recientemente, “por supuesto que los experimentos sobre roedores no predicen de manera adecuada el riesgo de cáncer en los humanos, pero la mayor parte de los americanos perciben que no tenemos otra manera de protegernos del cáncer, de manera que, aún cuando estos experimentos no son útiles para predecir nuestros riesgos, todavía los abrazamos y respondemos a ellos –de la misma manera en que sabemos que caminar por debajo de una escalera no nos traerá mala suerte, nos hacemos a un lado, sólo por si acaso.”

La tragedia aquí es que verdaderamente tenemos alternativas al uso de experimentos sobre animales para prevenir el cáncer: la ciencia de la epidemiología ha definido claramente los factores que imponen reales riesgos de cáncer (entre estos el fumar cigarrillos, obesidad, y la sobre exposición a los rayos del Sol). Y mientras más malgastamos nuestro tiempo y recursos en riesgos inexistentes –como trazas de PCBs en el Río Hudson- menos tiempo y recursos tenemos para enfrentar a los reales factores de riesgo.

La Dra. Elizabeth Whelan es Presidente del Consejo Americano de Ciencia y Salud (ACSH.org) HealthFactsAndFears.com

Esta información está en línea en: http://www.acsh.org/factsfears/newsID.646/news_detail.asp


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