Hora de Córdoba
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Tolerancia Zero: Ignorancia
Infinita, Honestidad Cero

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Junio 14, 2009

El sentido común y la prudencia son raras cualidades que pocos seres humanos poseen. Por supuesto están ausentes en dictadores y tiranuelos a la violeta, intolerantes y fun-damentalistas. Las frecuentes expresiones de intolerancia de estos personajes por lo general están basadas en una ignorancia casi absoluta de la manera en que el mundo funciona, y sobre todo de la ciencia –o conocimiento humano.

¿Qué lleva a los dictadores a comportarse como lo hacen, aún a riesgo de hacer el ridículo y acelerar una tan ansiada y rápida desaparición? Un principio de clasificación de las “cualidades” que adornan a esos insoportables, como está caracterizado por Emilio Temprano, investigador en este campo, es la siguiente:

  • Autoritarismo.
  • Insolencia y arrogancia.
  • Fácil elocuencia, con un don innato a la persuasión.
  • Narcisismo unido a una pedantería insoportable.
  • Es violento y provocador nato.
  • Excelente "comunicador" para convencer a las masas.
  • No duda jamás, vive de afirmaciones y negaciones rotundas.
  • Se alimenta generalmente de tópicos vulgares.
  • La difamación y la calumnia suelen ser a veces sus armas predilectas.
  • Recurre, si es preciso, a la emoción inflamada.
  • Utiliza la ironía retadora o el humor bufonesco.
  • Su oratoria se asienta en los prejuicios más rastreros.
  • Desprecia cualquier opción alternativa, aunque hable difusamente de derechos humanos.
  • El reduccionismo histórico está presente en su discurso.
  • Emplea la mentira de forma descarada y sin parpadear.
  • Adulador de los sentimientos populares.
  • Utiliza con naturalidad las técnicas de la intriga.
  • Recurre a gestos y expresiones bajas y chabacanas.
  • Manipula a su conveniencia el vocablo "pueblo".
  • Le gusta rodearse de gente sumisa para que lo adulen y admiren.

No era de extrañar entonces que el Gran Bufón Bolivariano, en sus histéricos des-plantes a los Estados Unidos, haya determinado que un producto de origen yanqui, la Coca-Cola Zero no puede ser vendida en Venezuela porque tiene un componen-te que “es nocivo para los humanos.” Se trata del ciclamato sódico, el edulcoran-te artificial que está presente en cientos de miles de productos en todo el mundo.

A muchos les resultará un misterio que la razón invocada es que “está prohibido en los Estados Unidos”, precisamente el país del que Gran Chávez quiere que Venezuela se diferencie de manera total, adoptando un argumento del Gran Demonio del Norte para sus políticas de salud. Pero para otros el asunto es bastante más claro: La Coca-Cola es el símbolo de los Estados Unidos, y por extensión, del capitalismo. La conclusión es lógica, y el decreto de prohibición se traduce como “delenda est Coca Zero!; delenda est USA”. Del petróleo que Venezuela le vende a USA no se habla.

Tampoco se habla de que el ciclamato sódico está autorizado para venta y uso en más de 55 países del mundo, Inglaterra, Suiza, Austria, Noruega, Francia, y en muchos de los aliados ideológicos del Bufón Mayor de Latinoamérica como España, Cuba, Ecuador, Bolivia y Argentina.

Pero menos todavía se habla de la historia del ciclamato de sodio y su absurda e irracional prohibición en los Estados Unidos en 1969. ¿Qué nos cuenta la historia?

Historia del Ciclamato

Según la inefable Wikipedia y varias otras fuentes de información más confiables que Wiki, el ciclama-to de sodio fue sintetizado por primera vez en 1937, y se utiliza como edulcorante artificial desde 1950. Su uso fue suspendido en los Estados Unidos en 1970, debido a un estudio donde se utilizaron ratas de laboratorio, y que arrojó la presencia de cáncer en algunos de estos animales. Hoy en día quedan en todo el mundo quienes asocian el producto con esta enfermedad.

Muchas opiniones acabaron desestimando el valor de las pruebas con animales de laboratorio, pues fueron hechas con dosis que exceden en mas de 100 veces la dosis normal ingerida por humanos, y aún así el edulcorante no se demostró cancerígeno en sí, sino que fueron otros mecanismos secun-darios los que provocaron el aumento de tumoraciones, mecanismos que de ningún modo se darían con el uso alimentario actual que se le da al producto.

Así pues existen otros organismos, como la EFSA (European Food Safety Authority), encargado de regular los riesgos relacionados con sustancias en los alimentos, que avalan el uso del ciclamato en cantidades que no excedan la ingesta máxima recomendada –lo mismo que cualquier otro producto que podamos ingerir, sea aspirina, azúcar, sal, agua, vino, o kerosene, lo que importa es la dosis y no la sustancia. Como nos advirtió (inútilmente) Paracelso en el siglo 15, “La dosis es el veneno”.

Como lo explica bastante sucintamente Wikipedia (las negritas son nuestras):

“...en los Estados Unidos, la FDA prohibió la venta de ciclamato en 1970 después de que una prueba de laboratorio en ratas que usaba una mezcla 1:10 de ciclamato y sacarina indicó que el sometimiento a elevadísimas dosis de ciclamato causó cáncer de vejiga, una enfermedad a la cual las ratas son particularmente susceptibles. Los hallazgos de este estudio han sido deficientes y algunas compañías han solicitado una reactivación para el ciclamato. Los cicla-matos están aún en uso como edulcorantes en muchas partes del mundo y son usados con la aprobación oficial en más de 55 países.

El deficiente estudio quería hacer creer que el ciclamato causaba cáncer, pero no mencionaba que para que eso sucediese sería necesario que una persona bebiese 350 latas de 330 cc de Tab, o Diet Pepsi, o Coca-Cola Zero por día durante 70 años, lo que se considera la extensión de la vida huma-na. Este tipo de exageración desinformadora es muy común entre quienes regular y prohibir todo aquello que tenga alguna utilidad importante para la humanidad, como los CFC, los PCBs, el DDT, los PVC, el cloro, el CO2, etc., basándose en estudios deficientes que, aunque han sido desenmascara-dos y desechados como verdaderas patrañas, siguen ejerciendo una influencia poderosa entre los políticos y demás poseedores de una ignorancia abrumadora.

Por ejemplo, hay sustancias y compuestos que fueron prohibidos o fuertemente regulados gracias a estudios que no valían i el costo del papel en que imprimieron, y que causarían problemas en la salud si se ingieren en las cantidades que se muestran abajo:

DOSIS NECESARIAS PARA PROVOCAR
LOS EFECTOS OBSERVADOS EN RATAS

  • ALAR (Regulador de crecimiento para manzanas): 19.000 litros diarios de jugo de manzana – durante 70 años seguidos.

  • ROJO No. 2 (colorante p/golosinas y gaseosas): 7. 500 latas diarias de gaseosas - durante 70 años.

  • 4 mmpd (Tintura para cabellos): beber 47 frascos de tintura diarios – durante 70 años.

  • CICLAMATOS (Edulcorante): 350 latas diarias de gaseosas Diet = 115,5 litros.

  • DES (hormona dietil-stilbestrol) Para recibir una dosis equivalente a la recibida durante un tratamiento de embarazo comer 62.500 kilos de hígado de vaca.

  • AMINOTRIAZOLE (regulador de crecimiento):7.500 kilos de arándanos diarios durante 70 años.

  • RADIOACTIVIDAD: del agua de lluvia que cayó en Los Angeles en 1986, procedente del "fallout" de Chernobyl, histérica alerta de "peligro" advertido por Greenpeace. Para igualar la dosis de radioactividad recibida durante un examen rutinario de la glándula tiroides: 250.000 litros en un solo día.

  • VIVIR CERCA de un fábrica de combustible nuclear: para contrarrestar la radiación extra recibida, comparada con la recibida por los rayos cósmicos: usar tacos de zapatos 1 cm más bajos que lo usual, o sino

  • Para contrarrestar la dosis recibida por respirar gas Radón del interior de nuestras casas: permanecer 30 segundos más POR AÑO fuera de nuestras casas.

Hay que diferenciar entre las prohibiciones basadas en la ciencia dura y las basadas en la más pura y repugnante política. La experiencia científica de todo el mundo, basados en hechos comprobados y sin discusión, demuestra que las razones que aduce la FDA (Food and Drug Administration) de EEUU para mantener una prohibición que es desmentida por estudios y declaraciones de Academias de Cien-cia de todo el mundo son nada más que razones políticas. Tanto a la FDA como al Sr. Chávez se les ha demostrado que están equivocados. Un sabio pensador dijo en el siglo 19: “Cuando a un hom-bre se le demuestra que está equivocado, o bien deja de estar equivocado, o deja de ser honesto.”

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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