Hora de Córdoba
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Sale el Cerdo, Entra La Mexicana
La culpa no es del chancho
sino de los que le dan de comer

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Mayo 1º, 2009

La OMS decidió cambiar el nombre de influenza porcina a Influenza Humana A, mientras que en algunos países le han comenzado a llamar Influenza Mexicana, algo más apropiado para indicar su origen y su preferencia por los mexicanos. Los que terminan pagando la fiesta de los medios son los pobres cerdos de Egipto, condenados a muerte por ignorantes. No los cerdos, pobres, las auto-ridades sanitarias.

Recordemos algo importante:

De acuerdo con las autoridades sanitarias (OMS y amigas), “Podría matar entre 2 millones y 7,4 millones de personas en el mundo, o quizás entre 5 millones y 150 millones". Es como una combinación de “calenta-miento global y HIV”. Podría “desorganizar nuestra sociedad y la economía global de una manera sin prece-dentes” e “impone un peligro tan grande como el terrorismo”. Si las escuelas inglesas permanecen abiertas durante una pandemia, “morirán 100.000 niños,” pero si las escuelas se cierran, “sólo morirán 50.000”.

La gripe porcina? No, la gripe del pollo. Todas esas pavadas espantosas y apocalípticas se nos hicieron creer durante el pico de la fiebre o gripe aviar en 2005.

Conviene recordarlo para que no nos vuelvan a “meter el perro”.

También sabemos ahora que dos modernas drogas antivirales, el Tamiflu y Relenza, son parcialmente efec-tivas, y que muchos países tienen grandes stocks de esas drogas como resultado del último pánico por la “pandemia del pollo” que comenzó en 2004. Aplicando el Principio de Precaución (¿Qué mejor ocasión que esta?), en pocos días terminan con el stock y, en una de esas, haya que comprar más -si la propaganda sigue con la alarma. Farmaffia, agradecida. Espere el cheque.

También sabemos que el tratamiento de cuidados intensivos es más sofisticado que en 1968, durante la última pandemia de gripe –la gripe de Hong Kong- que mató a 30.000 personas en Gran Bretaña y a un estimado millón más en el resto del mundo. Aún la pandemia del virus de Hong Kong no fue nada del otro mundo ni demasiado extraordinaria cuando se considera que en Inglaterra mueren cada año entre 4.000 y 25.000 personas a causa de la gripe, y que hubo una buena cantidad de epidemias desde 1968 a la fecha.

Y aunque el Príncipe Felipe y sus amigos en el WWF se frotan las manos y sueñan con la aparición de nue-vas y exóticas enfermedades que acaben con la humanidad, enfermedades de vieja tradición asesina subsisten sin que se les preste demasiada atención. Por ejemplo, el sitio web de la OMS muestra (lejos de su pagina central con grandes alarmas por la gripe porcina-humana-Mexicana), en el primer párrafo de su informe mundial sobre el paludismo que "En 2006 se registraron según las estimaciones unos 247 millones de casos de malaria entre 3.300 millones de personas en riesgo, produciéndose como resultado casi un millón de muertes, principalmente de menores de cinco años. En 2008 había 109 países con malaria endémica, 45 de ellos en la región de África de la OMS.

¿Y del dengue? ¿Qué noticias hay -porque algo pasa con el dengue en Argentina, Paraguay y Bolivia. Sólo una noticia del 10 de abril sobre el dengue en Brasil, con unos 120.570 casos, con una mortalidad del 50% para los niños entre 0-13 años. Pero el asunto de la fiebre porcina con un muerto en EEUU y 170 en México parece ser mucho más importante.

Pobres chanchitos

Quienes terminarán pagando por el pato de la boda serán los cerdos de Egipto y sus criadores, que son una minoría cristiana en el Cairo. Como el Corán prohíbe comer cualquier cosa que provenga del cerdo, por ser animal impuro –los judíos piensan lo mismo pero andan a las patadas con los musulmanes, y uno piensa, por qué no reconocen que ambos son semitas, se ponen de acuerdo como buenos primos hermanos, y dejan en paz al resto del mundo con sus rencillas internas- a las autoridades sanitarias del Cairo no les importa ni medio pepino que los cerdos desaparezcan de Egipto y que sus criadores cristianos, una ínfima minoría en Egipto, se las arreglen como puedan.

Como los diarios hablaron de “fiebre porcina” y le añadieron que antaño se contagiaban de ella los criadores de cerdos, los burócratas de la sanidad Egipcia aprovecharon para matar dos pájaros de un tiro y decidieron librarse de los cerdos y crearle problemas a la comunidad cristiana. Pero no analizaron bien el asunto (¿qué burócrata lo hizo alguna vez?) y no cayeron en cuenta de que quienes crían cerdos en los alrededores del Cairo son cristianos pobres, pero muy pobres, al punto en que salen todos los días a las cuatro de la mañana a revolver en los tarros de basura del Cairo para levantar la basura aprovechable y subsistir: lo que se puede reciclar lo venden a las recicladoras, y los residuos de alimentos se los dan a sus cerdos. Luego se alimentan de ellos y al resto lo venden para quienes su religión no les prohíbe comer cerdo.

De esa manera resultan beneficiados los cerdos, las recicladoras, los criadores y sus familias y, muy impor-tante, los habitantes del Cairo ya que los cristianos recogen la mayor parte de la basura de la ciudad y se la llevan. Pero si no tienen cerdos para alimentar, como dice uno de los cristianos que crían cerdos: “¿Para qué salir a juntar basura? Los materiales reciclables no nos cubren los gastos y las molestias ya que el principal objeto es conseguir el alimento para nuestros cerdos. Si no salimos más a cumplir con nuestra costumbre diaria, la ciudad se llenará de basura y nadie la recogerá.”

Quizás las próximas noticias sobre alguna epidemia de peste bubónica y tifus traída por las ratas y sus pulgas provengan del Cairo. Y los criadores de cerdos del Cairo quizás sigan el proverbio chino- algo modifi-cado- “Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cortejo fúnebre de tu burócrata enemigo.” Nada esperanzador para una pacificación en Medio Oriente.

Y así hemos saltado de los “cerdos de la gripe”, a la entrada de la gripe Mexicana y la “Humana A”, luego a las estadísticas de las influenzas británicas, a las pandemias del “pollo” (que también mataron a varios millones de ellos, pobrecitos!), a los cientos de millones infectados de malaria y los niños que mueren como moscas, a los niños que mueren por dengue en Brasil y la falta de noticias sobre el dengue en Argentina, a los cristianos y musulmanes del Cairo, y de vuelta a los 300.000 cerdos que asesinarán en Egipto porque a los redactores de los diarios les gustó la palabra “porcino” y nadie se preocupó en decir que los pobres cerdos no tienen ni parte ni arte en el bodrio. Pero siempre terminan pagando justos por pecadores. Es un mundo cruel y burocrático.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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