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La irracional campaña anti-glifosato
El horror hacia el "yuyo malo"

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Abril 25, 2009

Desde el rechazo masivo de la población hacia la Resolución 125 de marzo del 2008, que subía de manera escandalosa las retenciones a la exportación del grano y subproductos de soja, se inició una campaña tendiente a eliminar a este cultivo de la República Argentina. Una notoria venganza.

Son varios los aspectos a tener en cuenta en este asunto que es de importancia vital para los habitantes del país y es necesario clasificarlos y analizarlos con la mente fría y los datos en la mano. No parece fácil la tarea de quienes deberán hacerlo.

  1. Consecuencias económicas de mantener o prohibir a la soja.

    • Análisis de estudios científicos, (no anecdóticos) sobre las consecuencias -positivas o negativas- de este cultivo.
    • Análisis de cifras y datos sobre los efectos económicos producidos en Argentina a partir del "boom" de la soja.
    • Análisis de las posibles consecuencias que tendría una reducción del área de siembra en el sector agropecuario y en las arcas del Estado.
    • Análisis del beneficio o perjuicio para la economía personal de la población causada por un aumento o disminución del área sembrada.

  2. Beneficios y prejuicios que ese cultivo produce en la Argentina y en otras partes del mundo.

    • Estudios científicos sobre el resultado del uso de la soja, original o transgénica, en otros países como Estados Unidos, Brasil, China, India, etc., y determinar los efectos benéficos o perjudiciales para la economía, el ambiente, la salud de los humanos y otros seres.

  3. Aspectos relacionados con el uso de los herbicidas empleados y posibles consecuencias sobre la salud humana y del ambiente.

    • a) Análisis de todos los estudios científicos sobre los efectos del glifosato en el ser humano y animales.
    • Análisis de los estudios al respecto, emitidos por organismo reconocidos a nivel mundial como la EPA (Agencia de Protección del Ambiente de EEUU), OSHA, Administración de Seguridad Ocupacional y Salud, del Departamento de Trabajo de EEUU), American Cancer Society; OMS, (Organización Mundial de la Salud);
    • b) Análisis de los datos reunidos en Argentina sobre su uso.
    • c) Análisis de estudios científicos a escala mundial sobre los efectos observados.

  4. Posibles consecuencias de una prohibición del herbicida glifosato en la economía y su impacto sobre la sociedad. Beneficios y perjuicios.

Hay opiniones sosbre este tema que varían desde una inminente catástrofe ecológica por desertización, pérdida de fertilidad del suelo a consecuencia del monocultivo, pérdida de bosques nativos, colapso de hospitales por una población que está siendo envenenada por el glifosato –hasta opinones sentadas en estudios científicos irrefutables que demuestran que nada de los anterior tiene asidero por carecer de fundamentos científicos. Una opinión que resulta escuchable, es la del periodista y ensayista Roberto Subirama, autor del newsletter Radiografía, que dice en la parte casi al final de la misma (el destacado del texto me corresponde):

LA ¿ULTIMA? EMBESTIDA

Fuera de la nada clara decisión de la ministro de Defensa, Nilda Garré , en esta última semana circuló la noticia de que, sobre la base de un estudio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) que le asignaría características perni-ciosas al agroquímico glifosfato, de uso casi exclusivo en el cultivo de la soja y, en consecuencia, daría por resultado la prohibición de su uso por parte de las autoridades.

Lo curioso es que nadie, ni siquiera presentándose ante el CONICET en compañía de un escri-bano, ha logrado acceder a dicho estudio. Por lo tanto, nadie -más allá del ámbito oficial- puede saber cómo ha sido desarrollada la investigación, ni de sus características ni dónde ni por qué sería peligroso. Como así tampoco que se haya hecho mención alguna a otros agroquímicos aplicado al cultivo de otras especies vegetales.

Por el contrario, sí sabemos que ese agroquímico lleva décadas de aprobado por el organismo oficial correspondiente, décadas de aplicación y décadas de ser recomendando por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), organismo oficial cuya seriedad, solvencia y auto-ridad en la materia nadie puede poner en duda. Ello, además de que el glifosfato, tras cumplir su función de protección del cultivo, se degrada espontáneamente por la acción de microbios y bacterias aéreas y terrestres, sin consecuencias para seres vivos.

Viene tomando cuerpo, cada vez con mayor fuerza, que detrás de este asunto está una verdadera "ven-ganza" de los miembros del elenco presidencial, por la negativa del senado a convalidar lo que es, de manera indiscutible, un despojo inaceptable al fruto del trabajo de un porción mayoritaria de la población argentina. Sólo mencionaré que Argentina parece ser que sigue nadando contra la corriente mundial por ser un Estado que pone gravosos impuestos a sus exportaciones agropecuarias, mientras el resto del mundo subsidia a sus productores de manera escandalosa.

Pero dejando de lado el aspecto político y las irracionales políticas que se llevan a cabo en este terreno, nos toca hoy iniciar un breve análisis del aspecto científico de la peligrosidad del glifosato, analizando informes de organismos internacionales de seriedad reconocida y aceptada -aunque apa-rentemente no por los autores del secreto informe del Conicet -si es que realmente existe alguno.

Los científicos que sabían de verdad

En el Capítulo 7 de mi libro, "Ecología: Mitos y Fraudes," disponible en este sitio, reproduzco un artículo del desaparecido experto mundial en toxicología, Dr. Aaron Wildasky, titulado “Wildavsky: La Agenda Ecolo-gista es Insana”, que recomiendo por entero su lectura. De allí extracto algunos pocos párrafos que sirven como una tentación para que los lectores vayan al link indicado más arriba. Dice Wildavsky:

Una taza de café tiene, groseramente, mil substancias químicas. De éstas, sabemos algo acerca de unas 25 o 27 de ellas. Se ha calculado que cada taza de café ­ como las dos que bebí esta mañana ­ tiene unos 15 mg de cancerígenos o material venenoso. ¿Cuánto son 15 mg? Es aproximadamente el equivalente a lo que todos y cada uno de nosotros obtendría de los residuos de pesticidas, de la industria, de la cadena alimentaria en un año entero.

La cantidad de cancerígenos naturales ­ en cualquier cosa que crece y espera sobrevivir en la evolu-ción (la mayoría de las plantas son fábricas de substancias químicas), comparadas a la cantidad de substancias químicas sintéticas que recibimos de la industria, es ínfima. La relación entre ambos cancerígenos, los naturales y los sintéticos, es de aproximadamente 99,99999 a 1.

Puesto de otra manera, los cancerígenos naturales son de 10 a 15.000 veces más, por peso y potencia por día, que los cancerígenos sintéticos. La primera pregunta que cada niño debería hacer no es "cómo besar a una ballena esta mañana", sino ¿Qué demonios estamos haciendo? Todo el asunto de las regulaciones es una bestialidad, del principio al fin. No hay ninguna verdad en ellas porque no existe ningún perjuicio en los muy bajos niveles de nuestra preocupación. En lo que usted debe concentrar su atención y nunca quitarle el ojo de encima ­ en este juego de las cáscaras de nuez ­ es el asunto técnico llamado «evaluación de riesgos» o «criterio». Es el criterio lo que importa. Si pudiésemos alterar de manera sensible el criterio que emplea la EPA para regular, todo lo demás encajaría en su lugar con facilidad.

De manera que si usted dice «¿A qué debemos prestar atención?» Ponga atención en el criterio elegido. En los momentos actuales, la EPA usa el criterio siguiente: regula 374.000 veces por debajo de cualquier daño a los humanos o a los roedores.

Los ensayos con roedores

El grueso de las regulaciones gubernamentales ­ muy por encima del 90% ­ están basadas en tests de cánceres de animales realizados sobre roedores. […] Mi posición es muy clara y no quiero que nadie se equivoque al respecto. Estos tests no tienen ningún valor ­ absolutamente, sin misericordia, son total y definitivamente inútiles. […] La mayoría de ustedes han oído hablar de algunas de las fallas de estos tests, de modo que las mencionaré ­ pero no me internaré en ellas para poder hacer foco sobre otras cosas de las que ustedes no han escuchado hablar y que son más importantes. Sabemos que los animales de ensayo son alimentados con las máximas dosis que puedan tolerar.

Esto es muy importante, porque cuando comparamos una rata a un hombre, ella es muy pequeña y nosotros somos muy grandes. Las ratas reciben dosis gigantescas ­ a veces decenas de miles de veces mayores que las que ingerimos nosotros ­ de modo que es necesario tener un control sobre ello. […] Ellos consideran que un tumor benigno es lo mismo que uno canceroso, porque el benigno podría volverse canceroso. Pero ello no es la esencia del asunto. La esencia del asunto reside en el argumento estadístico. Para poder extrapolar de un ratón a un humano, es preciso controlar la dosis y el tamaño. Existen varias docenas de modelos estadísticos, pero a menos que usted sepa cómo se produce el cáncer, a menos que se tenga una explicación de la mecánica involucrada en las causas del cáncer, no existe ninguna manera de elegir un modelo estadístico. […] La EPA usa lo que denomina «un modelo por omisión» (default). Le voy a dar mi ácida visión de esto: Se trata de una omisión de entendimiento. Pero les hago a ellos un flaco servicio, porque ellos sí saben lo que están haciendo, como explicaré en seguida.

Pero no es algo que debamos apoyar. ¿Qué diferencia hace el modelo que se elija? A «grosso» modo, esta es la diferencia: Una vez que se haya completado estos tests (de 1 a 3 millones de dólares por test), y se hayan seguido los procedimientos puntillosamente (lo cual no es nada fácil porque es necesario sacrificar a los animales, poner substancias en las platinas, y es muy largo, tedioso, caro, y posiblemente lleno de errores), aún después que todo esto ha sido hecho, ¿qué es lo sabemos?. Le daré mi traducción: sabemos, entre 4.000 y 4 millones de veces, lo que puede estar correcto. Ese es el margen de error. Así es como manejamos las incertidumbres. Caballeros de la EPA, ciudadanos de América, esto es una locura!

Necesito decir una cosa más. Bruce Ames y Lois Gold tienen una teoría llamada mitogénesis que funciona de esta manera: Los tests que les damos a estos animales están creando los cánceres que encontramos. Es decir, estamos envenenando a estas pobres criaturas con dosis tan elevadas, que ellos entran en tremendo proceso de división celular. Es muy sabido entre los especialistas de cáncer y en la literatura científica que altas tasas de división celular conducen al cáncer. De manera que podemos decir: «Usted obtiene lo que ha introducido.» Y esta teoría, aunque no está todavía probada, está ganando cada día más adherentes. ¿Cual es el razonamiento que da la EPA para estos tests? «Bien, es lo mejor que tenemos» De modo que tengo noticias para ustedes, caballeros: Si lo mejor que tienen está entre 4.000 y 4.000.000, no sirve para nada!

Lo que prefiero hacer es decir: «Detengamos el romance con las causas minúsculas y los efectos infinitesimales» Reemplacémoslo con lo que sabemos cómo hacerlo, con estudios mecanísticos y con epidemiología. Los ecologistas se están volviendo ahora en contra de los estudios mecanísticos. ¿Cómo pueden volverse en contra del estudio de las causas del cáncer? No es fácil, pero ellos se han dado cuenta de algo importante. Mientras más sabemos, menos peligrosas aparecen las cosas. Ustedes preguntan: “¿Cuál es el resultado de todos estos estudios?” Estudios, estudios, hagan menos estudios, eso es antiecológico, verdad? Entonces debemos enfocar sobre la cuestión clave, la cuestión de la elección del criterio.

El paradigma ambiental

Quiero terminar poniendo énfasis en el contexto del paradigma ecológico: Me hice la siguiente pregunta: ¿Por qué la Ciencia parece ser tan pobre? Pensé de inmediato que los científicos están haciendo un pésimo trabajo. Pero no se trata de eso. Se trata de que el paradigma ecologista ha desvalorizado a la Ciencia. No directamente; nadie dice, «estoy haciendo esto por brujería.»

La primera proposición es el reemplazo de probabilidades por posibilidades. Antes, cuando había que demostrar cualquier daño probable, había que demostrar evidencia palpable. Ahora, el asunto es ”la posibilidad”. Si cualquier cosa pudiese ser dañina, entonces tiene usted que regularla o prohibirla. La única manera de probar que algo no es posible, es a través de un teorema de imposibilidad científica, no a través de la lectura de la borra del café. De manera que ésa es la primera proposición ecologista: reemplazar las probabilidades con posibilidades.

La segunda proposición del paradigma ecologista es el reemplazo de la evidencia positiva por la evidencia negativa. Muéstreme que NO va a causar daño. Eso no es fácil de hacer, como lo saben todos los que han intentado alguna vez defenderse de alguna acusación, como ser, «cuando dejó de pegarle a su madre?» o «donde estaba usted la tarde del 23 de abril de 1971 entre las 3 y media y las 5 menos cuarto,» alguna otra tontería parecida.

La tercera es: ningún nivel de respuesta a la dosis. Como les enseño a mis estudiantes, en este negocio, la dosis lo es todo. Jamás se permita pronunciar una frase acerca de la contaminación sin decir «qué» y «cuánto», comparado «con qué». Es difícil disciplinarse a uno mismo, pero es esencial hacerlo. La tercera proposición ecologista es entonces que «toda exposición es perjudicial». Existe una enorme riqueza de evidencia en toxicología ­ el estudio de la ciencia de los venenos ­ de que en una inmensa mayoría de los casos hay un nivel por debajo del cual no se produce daño alguno, y que aún es posible que haya un beneficio. Esto es negado por los ecologistas.

Juntando estas proposiciones, los ecologistas han substituido a la evidencia por la aseveración. ¿Cuál es la posibilidad? La Ciencia podría decir cosas como «yo creo que es posible» o «existe la probabilidad de que...» Eso no funciona más. Usted tiene ahora que demostrar perfección. Ellos han invertido el peso de la prueba. Usted tiene que estar el 100% seguro.

Lo que debemos hacer es rechazar estas tesis, especialmente la última. La última tesis del ecologismo es el «principio de la precaución» ­ no estar medio seguros. Si existe la menor posibilidad de que alguna cosa pueda causar daño, usted debe detenerla. En un libro llamado La Búsqueda de la Seguridad, he sostenido que esto destruirá al progreso de la civilización occidental; hará a todos pobres y enfermos. ¿Por qué los griegos y romanos vivían sólo hasta los 35 años? Hemos conseguido duplicar esa longevidad porque nunca seguimos el «principio de la precaución». Luego comprendí lo tonto que había sido. Todos sabemos qué es esto. Lo aprendimos en el colegio, no recuerdan? Se llamaba La Prueba de Pascal ¿Deben ustedes creer en Dios, o no? Bien, si ustedes creen y Dios no existe, ¿qué tienen para perder? Pero si ustedes no creen y Dios realmente existe, habrán perdido la Vida Eterna, de modo que es mejor creer...

Este Principio de Precaución...

... es el núcleo del ambientalismo que se usa en todas partes ­ es una falacia en toda su extensión, es una falacia en cada una de sus partes, y puede dejarnos en una condición devastada. Bajo el capitalismo, no hay posibilidad de que tengamos una situación en donde nos quedemos sin recursos; es decir, que tendremos una sociedad sustentable. La única manera en que crearemos un mundo insostenible es si adoptamos al paradigma ecologista.

Debemos rechazar al paradigma ecologista y a los criterios regulatorios que emergen de él, y reemplazarlo por criterios como la evidencia palpable. Es cierto que, en algunos casos, la evidencia está dividida de modo parejo. Pero en la mayoría de los casos podemos ver dónde la Ciencia entra y dice, «Sí, es posible que haya más peligro, o menos peligro, de una forma u otra». Si hiciésemos eso estaríamos en el camino hacia la cordura, y mejoraríamos la salud de la población. Allí hay un real lugar para la regulación, pero no cuando la privamos de todo sentido.

¿Qué más podría añadir yo a lo expresado por un experto de la categoría de Wildavsky? Quizás proveer los links a estudios sobre la toxicología y los mecanismos que producen el exagerado desarrollo celular que conocemos como cáncer. Y los estudios más adecuados, por la eminencia de sus autores y la seriedad y respetabilidad del órgano que los publicó -La Academia de Ciencias de los Estados Unidos en sus famosas "minutas" o "Proceedings of the US National Academy of Sciences", son los de los Dres. Bruce Ames, Lois Swirsky Gold y Margie Profet: "III. SUBSTANCIAS QUÍMICAS NATURALES Y SINTÉTICAS: TOXICOLOGÍA COMPARATIVA.

En próximos artículos publicarems aquí algunas tablas o "Fact Sheets" y estudios sobre el glifosato, publica-dos por diversos órganos de control.

El Cocktail de Pesticidas

En este punto es interesante observar lo que dice el severo y exigente órgano de Alemania que controla el riesgo de pesticidas y otras sustancias químicas, el Instituto Federal para la Evaluación de Riesgos, (BfR) con respecto al famoso “cocktail de sustancias cancerígenas” que es invocado por las ONGs ecologistas para alarmar al público diciendo que, si bien una sustancia puede no ser riesgosa, la suma de varias o muchas de ellas se potencian mutuamente y causan cáncer. Dicen los severos alemanes:

Múltiples residuos

Para la aprobación de los pesticidas y la determinación de un nivel máximo de residuos, se determinad una dosis mediante experimentos para todas las sustancias activas en los pesticidas, por debajo de la cual no se puede determinar un efecto tóxico. Es posible, por lo tanto, estimar el rango de la dosis en el que las sustancias no presentan efectos deletéreos aún cuando varias sustancias estén presentes al miso tiempo como residuos en los alimentos (múltiples residuos).

Como regla hay márgenes de seguridad de dos o tres cifras entre la dosis con un efecto biológico determinado en animales de experimentación, y el valor límite toxicológico derivado del mismo. Los niveles máximos de residuos son establecidos solamente tan altos como sean requeridos por una Buena práctica agrícola. En principio, sin embargo, esos valores no son más de lo que los valores límites toxicológicos de base, ADI y Arad permiten.

Por consiguiente, puede ser prácticamente descartado que el efecto aditivo o sinérgico de varios pesticidas en los alimentos podrían llevar a perjuicios para la salud de los consumidores mientras no sean excedidos los valores máximos permitidos de las sustancias individuales.

Les dejo pensando. Hasta la próxima.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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