Hora de Córdoba
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Greenpeace y el gobierno
matan gato con mercurio

Por Eduardo Ferreyra

Hemos recibido el e-mail de un lector relatando la muerte de su gato –asesinado por su vecina- mediante el mercurio de una lamparita de bajo consumo. Respetando su privacidad mostramos el mensaje que dice así:



De: bxxxxdiego@xxxxx.com
Para: funareco (a) gmail.com
Fecha: Fri, Mar 21, 2008 at 12:36 AM
Asunto: Me mataron el gato

Soy Diego Pxxxxxxo de 17 años, tengo una vecina que no tolera mucho a mis gatos motivo por el cual (en broma) les ofreció carne con pedacitos de vidrio, todo delante de mis ojos. Un poco molesto por su humor negro agarré la carne, le saqué los trozos de vidrio y se la di a “Tuqui”. La cuestión es que aun sin vidrios mi mascota murió y gracias a ustedes me enteré de la causa: A pesar del odio a los gatos, mi vecina es ecologista, así que ni bien salió el tema de la “maldita bombita” cambió todo el alumbrado de su casa. ¿De dónde eran los vidrios de la carne? ¡De una lamparita de bajo consumo! ¡El mercurio mató a mi gato! ¡Greenpeace mató a mi gato!

Le adjudico los cargos a mi vecina por hacer el chiste de mal gusto, a Greenpeace por ponerle ideas nocivas en la cabeza, a la Argentina por comprar bombitas a Cuba, a Cuba por vender bombitas a Argentina, a China por vender a Cuba…

Me gustaría ampliar mi lista de culpables, ¿Puede ser Europa por ponerle impuestos antidumping a las importaciones chinas?

http://agroar.info/aduana/barreras-aduaneras-para-lamparas-chinas.html

El trabajo que hacen me parece fascinante, Tuqui desde el cielo está orgulloso de ustedes.



Nuestro deseo es que Tuqui se encuentre gozando del Valhalla de los felinos, y que su antiguo amo no lo extrañe demasiado. Sic transit mundi y a otra cosa. La vida continúa y hay mucho trabajo por hacer...

Pero tarde o temprano tenía que ocurrir. Ya podemos contar un muerto entre las primeras víctimas de las lamparitas de bajo consumo propuestas por Greenpeace y el gobierno nacional. Por lo menos es la primera que puede fehacientemente ser atribui-da a esa causa. ¿Cuántas otras existirán ya por un mal manejo de estos artefactos y que han sido atribuidas a otras causas?

Hoy es un gato. Quizás mañana será algún niño que no sabe del peligro que repre-sentan estas lámparas y trate de limpiar los restos de una lamparita que acaba de romper para evitar la reprimenda de sus padres. No usará guantes ni máscara, aspi-rará el polvillo microscópico que se levantará durante la operación, se meterá los dedos en la boca, o comerá pan o golosinas sin haber lavado sus manos de manera adecuada. Claro que no morirá en el acto como el gato, pero el daño ha sido hecho.

Tanto la EPA en los Estados Unidos como las autoridades inglesas o las alemanas y otras europeas tienen recomendaciones expresas para el manejo de estas verdaderas bombas de tiempo, las regulaciones para su uso son estrictas y el público ha sido advertido del potencial peligro de envenenamiento que se desprende de su manejo sin los cuidados y conocimientos imprescindibles. Este tema ya lo analizamos en enero de 2008 en "Greenpeace instala mercurio en el ambiente" donde se abunda en detalles técnicos.

¿El Principio Precautorio no vale aquí?

Si existe alguna razón en el mundo para aplicar el famoso Principio de Precaución de los ecologistas, este es uno de los casos. Hay otras tecnologías alternativas para reemplazar a los tubos fluorescentes y a las lámparas de bajo consumo, como ya hemos advertido en un artículo anterior sobre este tema: la tecnología LED, --o simplemente no prohibir a las lamparitas incandescentes que hasta la fecha no han causado más problemas que emitir calor mientras funcionan, quemarnos los dedos al intentar sacar una sin dejar que se enfríe, y no tener una relación watts/lux tan favorable como las fluorescentes o las LED.

No somos partidarios del alarmismo ni mucho menos, y hemos informado sobre las exageraciones sobre los peligros del mercurio cuando ese peligro no está presente. Leer el informe sobre "El TopTen de los Miedos Infundados" para comprobarlo. Cree-mos que el Riesgo Cero –tan alabado y perseguido por los ecologistas y sus aconse-jados burócratas reguladores- es una utopía inalcanzable. Pero creemos firmemente que los riesgos pueden ser reducidos en cuanto hayan sido debidamente identificados y sobre todo cuantificados. Los ecologistas hacen normalmente un énfasis desmedido en riesgos que no lo son tanto, y para lograr sus agendas retardatarias del progreso y el desarrollo deben exagerarlos hasta el límite de lo increíble –o directamente inven-tar pruebas y evidencias para conseguir la prohibición de productos o tecnologías que sirvieron o que siguen siendo útiles para el desarrollo de los países del tercer mundo.

Los ejemplos de esa visión tan parcial y prejuiciado del ecologismo son las prohibicio-nes sin base científica demostrada de compuestos tan útiles para la humanidad como el DDT, los PCB, los CFC, numerosos pesticidas, y ahora la pretendida prohibición de las lámparas incandescentes porque “derrochan energía” y contribuyen al calenta-miento global! Porque afirman que para producir energía hay que emitir CO2 al am-biente y si la ahorramos al no tener “bombitas” se emitirá menos CO2. Tonterías! Este sitio web está lleno de estudios científicos que han demostrado hasta el hartazgo que existe una relación perfectamente establecida entre los niveles de CO2 en la atmósfera y el aumento de la temperatura del planeta, y esa relación es: el aumen-to de la temperatura es la que ha causado –y todavía lo sigue haciendo- el pos-terior aumento del CO2 en la atmósfera, y no al revés como pretenden los ecolo-gistas que creamos.

Somos y seremos partidarios de correr riesgos controlados, luego de haber sido iden-tificados, analizados, evaluados y cuantificados. Esa ha sido la manera en que la humanidad fue progresando desde que un antepasado decidió correr el riesgo de bajar de un árbol para beber agua de un río. De haber practicado el Principio de Pre-caución a rajatabla, tal como está enunciado e incorporado en la constitución de la Unión Europea, todavía nos alimentaríamos de frutas y bayas arrancadas de los árboles, para evitar el riesgo de ser cazados por los mamíferos predadores a ras del suelo.

Si aplicamos el Principio Precautorio no habría paracaidistas, ni corredores de moto-cicletas, y lo mejor sería no salir de la cama todas las mañanas y evitar comer ali-mentos que contengan sustancias tóxicas y cancerígenas –es decir, todo lo que comemos. Nunca moriríamos de cáncer, por cierto: primero moriríamos de hambre.

Hoy contamos con conocimientos muy desarrollados y las tecnologías necesarias para analizar y determinar los riesgos para cualquier actividad o cualquier producto que existe en el ambiente, y podemos hacerlo en un grado de perfección rayano con el 100% de exactitud. El riesgo analizado y medido de la presencia de mercurio en el ambiente tiene mucha precisión, por ello es que resulta extraño (y sintomático) que los ecologistas se hayan concentrado en el “peligro” del mercurio hallado en los salmones y otros peces; mercurio proveniente de la quema de carbón de piedra de las centrales eléctricas norteamericanas, canadienses, chinas y europeas, o de las pilas de relojes (que no se fabrican más desde hace 20 años!). Pero han ignorado de manera total al mercurio del recubrimiento interno de las lámparas de bajo consumo y tubos fluorescentes.

Si los tubos y lámparas se manejan con las precauciones debidas, y se toman las medidas necesarias cuando una de ellas se rompe esparciendo sus vidrios rotos sobre la alfombra del hogar, el riesgo es aceptable, y no vemos que sea necesaria una prohibición o limitación de su uso. Sólo se necesita saber que el manejo de una lámpara de bajo consumo implica un riesgo cierto, de la misma manera que una pistola cargada implica un riesgo de una magnitud similar: puede quitarle la vida a alguien. Pero si quienes manejan armas todos los días durante muchos años han podido hacerlo sin tener problemas, lo hicieron porque sabían a fondo los riesgos que se corren en el manejo de las armas de fuego y todo lo que se debe hacer para reducir esos riesgos hasta hacerlos casi inexistentes.

También creemos que las autoridades deben hacerle conocer al público los riesgos reales que corren con el manejo de las lámparas de bajo consumo, sin exagerarlos pero tampoco ignorarlos o minimizarlos porque sería una actitud irresponsable que les haría merecedores de un juicio político por negligencia o mal desempeño en sus fun-ciones, o una denuncia penal por “homicidio preterintencional en calidad de tenta-tiva,” el mismo tipo de denuncia que ha sido hecha contra directivos de la pastera Botnia.

No creemos que las autoridades vayan a hacer una campaña de educación e infor-mación masiva, porque eso sería poner sobre aviso a la gente y le haría considerar si vale la pena correr un riesgo del que estaban libres hasta entonces. Conspiraría con-tra sus intenciones de mostrarse como la Amantísima Madre Protectora del Pueblo que quiere salvarlos del no comprobado riesgo del cambio climático cambiándolo por un comprobado riesgo de envenenamiento.

Dirían nuestras abuelas: “Preferible diablo conocido que Santo por conocer.”

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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