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La Creciente Amenaza de
las Falsas Alertas de Salud

por la Dra. Elizabeth M. Whelan

Presidente de ACSH – American Council on Science & Health

(Abril 29, 2004)

El progreso tecnológico de Norteamérica y su envidiable alto nivel de vida están ahora bajo un asalto sin precedentes de una serie de auto nombrados "defensores de los consumidores" que claman que nuestros alimentos, agua, aire y productos para el consumidor nos están enfermando.

Los miedos y alertas sobre temas de salud no son nada nuevo en nuestra sociedad, sólo recuerde el gran miedo a los arándanos de 1959, el pánico por los edulcorantes artificiales ciclamatos de 1969, o el Alar en 1989, sólo para mencionar unos pocos. Pero la carnicería de los miedos por la salud ha empeorado en los últimos dos años. ¿Por qué? Porque los alarmistas se dan cuenta que, aún con un Republicano en la Casa Blanca, ellos no tienen una oposición efectiva.

No me refiero aquí a la interminable pero usualmente breve serie de rumores en la Internet (ligando al aspartane con la esclerosis múltiple, los antitranspirantes con el riesgo de cáncer de mama, etc). En vez de ello, me refiero a las alertas extremas de salud que están recibiendo legitimidad por parte de los principales periódicos de nuestra nación — alertas que exigen inmediatas acciones reguladoras o amenazas de litigio que causan que los fabricantes retiren los riesgos alertados.

Considérese sólo unos pocos de esos "miedos del día" que están recibiendo titulares, bajo la forma de pretendida relación entre niveles insignificantes de sustancias químicas y el cáncer, defectos de nacimiento, capacidad de aprendizaje, u otras morbilidades.

Estos miedos reciben gran atención en los medios y no sólo tienen un predecible efecto sobre los consumidores neuróticos sino que causan que los fabricantes, con una creciente frecuencia, retiren del mercado o reformulen sus productos, (el Wall Street Journal, notando las "preocupaciones sobre la salud" acerca del esmalte de uñas, informó que Procter & Gamble y Estee Lauder están reformulando sus productos para hacerlos presuntamente "más seguros").

Lo que no se informa es que estos clamados riesgos son puramente hipotéticos: no existe ninguna evidencia de que jamás nadie haya se haya enfermado por la exposición a bajas dosis de ninguna de estas sustancias. Ciertamente, los riesgos de exposiciones de alto nivel al plomo en las pinturas, al mercurio en pescados, o al arsénico de ocurrencia natural en el agua potable (esto último en algunos lugares de Asia) están bien documentados y son reales. Pero los miedos de la prensa están basados ya sea en exposiciones humanas a muy bajos niveles — o simplemente en la observación de que elevadísimos niveles causan cáncer en las ratas de laboratorio.

H.L. Mencken estaba en lo cierto: "Todo el objeto de las practicas políticas es mantener a la población alarmada (y de allí clamorosa para ser guiadas a la seguridad), amenazándola con una interminable serie de fantasmas, todos ellos imaginarios." En verdad, los radicales ecologistas, sus colegas en la arena reguladora y los medios de prensa están allí para "conducirnos a todos hacia la seguridad" — lejos, por supuesto, de estos riesgos fantasmas.

Esta innecesaria y derrochadora "protección" significa más leyes y regulaciones con costos incrementados para nosotros, los consumidores. Por ejemplo, el miedo a los PCB emprendido por la EPA para demandar que la General Electric gastase $500 millones para remover todo el PCB del Río Hudson — costos que eventualmente le serán pasados a los consumidores en la forma de precios más altos para los productos y servicios de la GE. Las ansiedades y neurosis sobre los efectos de los pesticidas sobre la salud están llevando a los consumidores a los "productos orgánicos" — pagando precios sustancialmente más altos con un beneficio cero para la salud. La prensa negativa sobre los presuntos efectos negativos sobre la salud de los retardadores del fuego hicieron que los fabricantes los eliminaran y usen alternativas de mayor costo.

¿Cuánto le cuestan a los consumidores los miedos inducidos sobre la salud, en precios e impuestos más altos? La cantidad se desconoce, pero con seguridad son varios miles de millones de dólares. ¿Cuántos casos de enfermedades prematuras y muerte son prevenidos por la regulación y el pontificado sobre estos riesgos hipotéticos? Esa cifra no se conoce, pero con toda seguridad es "ninguna".

¿Cómo es que aquellos especializados en las hipérboles de riesgos se hacen con la suya — en gran medida impunes — con su letanía de miedos y terrores sobre la salud y sus asociadas demandas de regulaciones? Ellos tienen éxito porque:

(a) El riesgo es un tema altamente emocional,

(b) Los consumidores son muy raramente capaces de distinguir entre riesgos reales y los falseados,

(c) La mayoría de los científicos se han mantenido en silencio cuando se han distorsionado los hechos sobre la salud (durante el reciente miedo al salmón de criadero, por ejemplo, ni el nacional Cancer Institute ni la American Cancer Society intervinieron para decirles a los consumidores que no existía ningún riesgo conocido),

(d) Los alarmistas argumentan exitosamente que cualquiera que disienta con sus reclamos sobre riesgo debe ser necesariamente un agente pagado por la "industria" y por ello no creíble, y

(e) El "ecologismo" se ha transformado en algo así como una religión, y hasta los más osados políticos no se atreven a evaluar de manera crítica sus premisas. De esta forma, los activistas, sus motivaciones, y sus enormes recursos económicos permanecen sin ser examinados.

Si seguimos permitiendo que estas alertas y miedos infundados sobre la salud permanezcan sin ser desafiadas y denunciadas, tanto nuestra economía y nuestro nivel de vida se deteriorarán. A medida de que continuemos cazando riesgos falsos tendremos menos tiempo y recursos para enfrentar a los verdaderos, incluyendo el fumar y la obesidad. Les incumbe a los médicos y científicos de nuestra nación ingresar al tema ahora, para confrontar públicamente y desenmascarar a los "científicos chatarra" que nos están matando de miedo — y cargándonos con "remedios" caracterizados por costos elevadísimos sin ningún beneficio para la salud.

Elizabeth M. Whelan, ScD, M.P.H, es fundadora y presidente del Consejo Americano de Ciencia y Salud (ACSH)



Comentario de FAEC: Todo lo expresado por la Dra. Whelan es aplicable a la Argentina, en donde desde hace unos años se ha comprobado un avance impresionante de los "terroristas profesionales" de las alertas sobre riesgos de salud, encabezados por organizaciones como Greenpeace, FUNAM, RENACE, y una verdadera legión de pequeñas ONGs ecologistas que siguen las directivas de las mencionadas.

Los miedos más comunes que conforman esta campaña son los PCB, la radioactividad de las centrales nucleares y actividades conexas, el tratado con Australia, el bromato de potasio en el pan, los pesticidas, las líneas de alta tensión, las antenas de la telefonía celular, entre otras neurosis que se le ha instilado a la población.

Los costos que tiene afrontar el país a causa de estas alarmas infundadas son muy elevados (sólo pensar en lo que cuesta el reemplazo de cientos de miles transformadores con PCB nos pone la piel de gallina), y el dinero así malgastado podría haber sido mejor invertido en el mejoramiento del sistema de salud argentino, ampliando instalaciones, creando hospitales y dispensarios en lugares alejados que no los tienen, mejorando sueldos del personal, proveyendo de equipos, instrumental, insumos y medicinas, realizando campañas contra enfermedades endémicas como el Chagas, (o viejas plagas que nos vuelven a visitar como la malaria y el dengue), proveer de agua potable a las poblaciones que no la tienen, y cientos de otras cosas prácticas y tangibles que sí se ha comprobado que tienen un positivo efecto beneficioso sobre la salud de la población.

Ya es hora de que la nación y su gente se dejen de perseguir fantasmas y pongan manos a la obra en el verdadero cuidado de la salud pública.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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