Hora de Córdoba
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Un debate sobre el HIV/SIDA

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Mayo, 11, 2009

El artículo publicado el 7 de mayo pasado: 66 razones por las que damos positivo al SIDA sin tener HIV: por Luís Carlos Campos, a suscitado un debate entre algunos lectores que han tomado el artículo como una afrenta, y el periodista Campos.

Lamentablemente no pude participar del debate por haber perdido mi conexión inalámbrica a la red, situa-ción que todavía perdura hasta que se cambie el “access point” en la torre de mi antena. Mis últimos ar-tículos fueron publicados desde la computadora de mi hijo –que vive a 35 kilómetros de distancia- y no siempre tengo la oportunidad de visitarlo.

Como en todo debate, creo que hubo un exceso de vehemencia en defender las propias creencias y ha derivado en algunos ataques “ad hominem” muy comunes cuando se cae en la práctica de “matar al men-sajero” sin llegar a leer el mensaje completo. Como es notorio, este sitio de Internet lleva el tácito título de “Mitos y Fraudes”, y por ello es que el artículo del señor Campos ha sido publicado como un aporte de infor-mación que considero válida porque abre las puertas a la investigación que alguien picado por la curiosidad desee hacer.

Campos escribe con vehemencia, casi con furia, y su estilo de “contraperiodista” no será del agrado de muchas personas susceptibles o de sensibilidad delicada. Su blog me resulta muy divertido porque contiene temas que yo no me los creo ni borracho que estuviese, a pesar de la amistad que nos une desde hace algunos años. Me gusta disentir con algunos amigos porque siempre se consiguen conversaciones esclare-cedoras. Quizás si Luis escribiese con menos palabrotas (que escandalizarían a mi Tía Carlota), a lo mejor sus lectores serían diferentes, o si tuviese un blog propio que no fuese objeto de las críticas justificadas de quienes intervienen en el debate del artículo.

Pero me ha llamado la atención de la crítica que se me hace a mí por haber publicado el artículo de Campos, que induce a los críticos a dudar de la seriedad y veracidad del resto del contenido de este sitio. Curioso argumento ese de “culpable por asociación,” que es más o menos igual de desechar un estudio científico sobre el clima porque el investigador tuvo su estudio publicado por una organización que tiene conexiones con las petroleras o con las tabacaleras. Creo que el razonamiento está al nivel de poner en duda el conte-nido científico o político de un sitio web escrito por alguien que es, además, un hincha de Boca Juniors porque el lector es partidario del River Plate. Como diría un amigo mío que sabe mucho: “¿Qué tendrá que ver el piano con la alpargata.”

El artículo de Luís Carlos Campos tiene este único y breve comentario al inicio:

Los propios prospectos de los test del sida dicen que no sirven para detectar el VIH. Nadie ha demostrado que el VIH destruya las células de inmunidad. El test es inespecífico y cualquiera puede dar positivo por tener gripe, hepatitis o CMV-citomegalovirus, un virus que todos tene-mos, que es muchas veces el verdadero causante de la inmunodeficiencia. He aquí algunas de las causas:

Y presenta una lista de 66 causas que de acuerdo a su opinión, demostrarían que no existe la relación entre el HIV y el SIDA. Vuelvo a repetir: abre una puerta a la investigación del tema. Provee una lista de 61 estu-dios científicos relevantes, de seriedad comprobada, publicados en journals con peer review, que por lo menos debería hacer que almacenemos a la teoría del HIV/SIDA en el casillero de nuestra mente que dice: “Pendiente de verificación.” Eso es lo que la metodología científica exige. El primer deber de un científico no es probar que su teoría es correcta sino intentar descubrir por qué no lo es. Es muy difícil probar que una teoría o hipótesis es correcta, y ya lo decía Alberto Einstein: “Cien experimentos no probarán que mi teoría es correcta; pero un solo experimento puede probar que está errada.” La historia está repleta de casos donde cientos de científicos sostenían una teoría como la verdad absoluta, hasta que un solo audaz y soli-tario personaje echó por tierra con todo el edificio “científico” que la sostenía.

Los académicos del establishment, encerrados en su Torre de Marfil, se burlan despiadadamente de los neó-fitos y aficionados que desafían a “la ciencia establecida.” Pero aparecieron los Copérnicos, los Kepler, los Galileo y los Giordano Bruno, los Leibnitz y los Otto von Guericke, los Gregor Mendel, los Schliemann, los Pasteur, los Wegener, los Einstein, los Nils Bohr y cientos más, y reescribieron la historia de la ciencia, de-sairando a la Academia y sus vanidosos capitostes. Pero mientras tanto, miles de sinceros creyentes en la “autoridad científica” de los dinosaurios del Establishment vivieron engañados toda su vida. Doloroso y amargo despertar para muchos, por cierto, como lo está siendo de a poco el despertar a la realidad de los partidarios de las catastróficas consecuencias del calentamiento global catastrófico y la destrucción de la capa de ozono, y varios mitos más.

¿Seguirá el HIV/SIDA el mismo camino a un desenmascaramiento como fraude científico –o por lo menos como un gran error en la metodología científica en general- o se comprobará finalmente que es una hipó-tesis válida? Personalmente, tengo mis muy serias dudas.

Desde hace muchos años he seguido el debate que se mantiene sin resolución entre partidarios y detrac-tores de la teoría de la conexión entre el virus HIV (o VIH en castellano), el “virus de la inmunodeficiencia humana”, que de acuerdo con sus postulantes, atacaría las células T y causaría su destrucción abriendo las puertas a toda clase de infecciones que son las que en último término causan la muerte del paciente. No sé si tengo un talento especial para “oler” los mitos y los fraudes, pero a mí nunca me terminó de convencer la idea, como nunca me convencieron las decenas de otros mitos que expongo en este sitio.

Desde un principio me llamaran la atención una serie de hechos que se mantienen firmes e inmutables en esta teoría. Primero, que el Dr. Peter Duesberg, el descubridor de los retrovirus, recipiente a la distinción del científico del año por sus trabajos, se haya mantenido como un fuerte opositor a lo que él considera hoy un mito y un fraude científico de enormes proporciones. Aquí debo aclarar que estoy seguro de que existen miles de médicos e investigadores que creen a pie juntillas que el virus HIV es el causante del síndrome de la depresión del sistema inmunológico y que es en verdad una enfermedad que puede tratarse mediante me-dicamentos como el AZT. Son personas honestas que quizás están demasiado cerca del árbol como para ver el bosque.

En este asunto hay una inmensa cantidad de preguntas que quedan sin una respuesta válida, y hay gran-des lagunas que no han podido ser llenadas con evidencias sólidas. Mis sospechas se vieron acrecentadas cuando supe que el Dr. Eduardo Leschot, médico investigador de Buenos Aires, había realizado investiga-ciones de campo en África donde recogió muestras de sangre entre 5000 prostitutas en Zanzíbar, y analizó las muestras.

Confirman sus estudios que las personas portadoras del plasmodio de la malaria, el vivax y el falciparum, rinden falsos positivos cuando son ensayados por el test de comprobación de anticuerpos. De las muestras de sangre se comprobó que el 60% de las mujeres eran portadoras de esos plasmodios y de allí el falso positivo -que es una cifra generalizada en el Sahel, lugar donde existe la mayor cantidad de enfermos de malaria en el mundo, cifra igual a los portadores del HIV.

De las muestras de sangre sujetas a diversos exámenes, se comprobó que de las 5000 mujeres sólo el 5% contenían realmente el virus HIV, o lo que parecía serlo –pero no presentaban señales del síndrome de inmunodeficiencia inmunológica. Hay algo que “no cierra” en este asunto del SIDA/HIV. Tampoco “me cierra” el asunto que hasta el día de hoy los enfermos de SIDA mantienen tres grandes grupos de riesgo: los hai-tianos y otros miembros de sociedades donde la desnutrición, la miseria y la ausencia de salubri-dad es rampante, los homosexuales y los drogadictos –en especial morfinómanos).

También alimentaron mis dudas la gran cantidad de personas que han vivido más de 30 años como HIV posi-tivos gozando de una salud envidiable –“Magic” Johnson que de positivo pasó un buen día a ser “negativo” sin medicación ni tratamiento; o datos como que la primera víctima del HIV era un marinero inglés muerto de una septicemia fulminante en un hospital de Manchester en 1953, y muestras de su sangre fueron guarda-das en la heladera del hospital. Recién hacia fines del 80 se volvió a analizar esa sangre y se descubrió que contenía virus del HIV. ¿Tan viejo era el síndrome? Creo que siempre existió ya que una versión del mismo se descubrió en los fósiles de Lucy, el primer homínido descubierto en África, de unos 3 millones de años de antigüedad.

Hay gran cantidad de sitios en la web que exponen lo que ellos consideran un fraude. En uno de ellos, “Alive And Well” o “Vivo y bien”, dicen en su portada:

“Presentamos información que traen a la superficie preguntas acerca de la precisión de los tests para el HIV, la seguridad y efectividad del tratamiento de drogas contra el SIDA, y la validez de las suposiciones más comunes sobre el HIV y el SIDA. Este material hace referencia a un cre-ciente cuerpo de información científica, médica, y epidemiológica, y está designada a inspirar un diálogo muy necesario sobre el tema como también asistir a las personas que quieren tomar una decisión bien informada sobre sus vidas y su salud.

¿Sabía usted que muchos expertos discuten que el SIDA no es una condición fatal, incurable, causada por el HIV? Que la mayor parte de la información que recibimos sobre el SIDA está ba-sada en suposiciones sin fundamentos e improbable predicciones? Que los síntomas asociados con el SIDA son tratables usando terapias no tóxicas que realzan el sistema inmunológico y que han restaurado la salud de personas diagnosticadas con SIDA y que les han permitido a aquellos en verdadero riesgo permanecer en buen estado de salud?

La parte política y la comercial

Desgraciadamente, este tema contiene una porción de ambas cosas que resulta abrumadora y que si quisiera exponerla ahora resultaría en un artículo infinito. Solo mencionaré los intereses económicos de las grandes corporaciones farmacéuticas; la turbia relación entre estas corporaciones y la OMS (Organización Mundial de la Salud) a la que le aportan el 75% de su presupuesto anual –que da por resultado la recomen-dación de una serie de medicamentos y tratamientos de dudosa efectividad; los intereses personales de funcionarios de decenas de organizaciones de salud en docenas de naciones, y los intereses personales de miles de investigadores que hacen su modo de vida en la investigación sobre vacunas y tratamientos –que hasta la fecha no han dado señas de avance positivo; la actitud de gobernantes corruptos en África que exigen (y reciben) dinero a Occidente para "luchar contra una enfermedad que se podría extender a los países industrializados", y luego termina en sus cuentas en Suiza u otros paraísos fiscales del Caribe. Hay más, mucho más, pero no hay espacio aquí para todo lo turbio que abunda en el tema.

A los interesados y a los firmes y honestos creyentes en la seriedad del HIV/SIDA les recomiendo que du-rante algunos días estudien el contenido de algunos sitios web escépticos del SIDA. Está el del Dr. Dues-berg, que sabe “algo” del tema, y podrán leer declaraciones, opiniones, estudios y noticias de científicos que no creen en la conexión HIV/SIDA que quizás les muestre una imagen que les hará poner en movimiento algunas neuronas que estaban algo inactivas.

La imagen del problema del SIDA está formada por innumerables puntos que hay que ir uniendo con cuidado y paciencia para conseguir verla de manera completa. Si se unen de manera equivocada, dejando afuera puntos fundamentales, el resultado será erróneo. No es fácil. Les dejo a los curiosos algunos links a sitios recomendados por tratar el tema con seriedad y sin sensacionalismos.

Por ejemplo, el sitio web del Dr. Robert Giraldo, cuyos antecedentes son:

Roberto Giraldo es médico y trabaja en el Laboratorio de Biología Molecular e Inmunología  del Medical Cornell Hospital de New York. Tras más de 25 años dedicado al estudio de las inmunodeficiencias, es uno de los científicos que han desmentido la existencia del VIH y señala los factores ambientales y del tipo de vida como los factores responsables del stress celular que causan el S.I.D.A. Actualmente trabaja también junto con la Administración norteamericana en el diseño de experimentos que han de resolver la polémica sobre la existencia del supuesto VIH.

Sitio web: http://www.robertogiraldo.com/

De una entrevista al Dr. Giraldo, extraigo esta curiosidad que estoy seguro que pondrá furiosos a muchos:

Giraldo: En el 87 trabajaba en hospital con enfermos de Sida en la forma en que yo creía que se debían de tratar. En ese momento era la histeria inicial. Había que ponerse guantes, másca-ra, y los enfermos de Sida estaban aislados. Yo comencé a poner en práctica lo que yo venía estudiando desde hacía más de 15 años: prohibí el uso de guantes o máscaras; no dejaba que los enfermos quedasen aislados; no dejaba que les marcaran con el nombre de Sida y en las órdenes médicas ponía el tipo de música que escuchar. En las órdenes médicas ponía, por ejem-plo, "darle helado de vainilla tres veces al día", porque yo venía estudiando la vainilla desde hacía 10 años y sabía que la vainilla era un estimulante del sistema inmune. Y con este tipo de medidas los enfermos comenzaron a mejorarse.

Pregunta: ¿Y cuándo decide venir a los Estados Unidos?

Giraldo: El problema es que yo entré en confrontación con el cuerpo médico colombiano y decidieron hospitalizarme en una institución mental. Mi familia se enteró y me escapé dos días antes de que me internasen. Fue en marzo de 1988. Es que no era para menos. Si ahora a los disidentes se nos llama lunáticos imagínate hace trece años, en Colombia, y yo solo.

Cuando me vine a Miami ocurre una cosa muy triste porque durante un período corto de tiempo pienso que puedo estar loco. Entonces en un principio pensé que a mi se me olvidó todo, de manera que comencé a estudiar epidemiología, virología, biología molecular, bioquímica. Cada una de las cosas para ver si es que a mi se me olvidó todo. Pero mientras más estudiaba más  me convencía de que eran todos los demás los que estaban equivocados. Entonces llegué a pensar de pronto que no era capaz de ver lo que todo el mundo veía, y me acordaba de la pre-gunta clave de mis amigos: ¿quién más dice lo mismo?.

Pero luego sucedió que un amigo me llama a mi y me dice, "Roberto, hay un artículo en la revis-ta Discovery de un tipo de California que se llama Peter Duesberg, le llaman el hereje del Sida. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias y dice cosas muy parecidas a las que usted dice. Le han dicho loco, y le tratan de hereje del sida." Y yo creo que ese ha sido el día más feliz de mi vida. No estaba loco. Ese día yo descubrí que había otro más loco que yo. Ya me salvé. Después, la lista de disidentes se iría incrementando y hoy hay hasta premios Nobel.

En uno o dos días más publicaré esta entrevista hecha al Dr. Giraldo que es demasiado sabrosa como para no compartirla con el resto de mis amigos.

Queda abierto un nuevo debate, y publicaré los artículos que me envíen (si pasan el nivel de seriedad razonable y ausencia de "disparos al mensajero" y ataques "ad hominem" a los otros participantes), para convertirse en un aporte valioso a la discusión. Hacer los envíos a esta dirección de e-mail.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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