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Reflexiones sobre el Colesterol

El colesterol es una sustancia que la medicina tradicional considera un veneno para la salud. Sólo que, como casi todas las cosas que comentamos en este sitio, es imprescindible para seguir con vida, y por detrás del mito siempre hay más negocio que ciencia. Una historia repetida.

El Doctor Cesáreo Rodríguez es un médico argentino radicado en Rosario, especializado en obesidad. Es importante aclarar desde el comienzo que no es dietólogo, es decir, no provee dietas a sus pacientes para bajar de peso. Tiene una larga experiencia en esta tan complicada especialidad, que le permite emitir una serie de teorías que después de un buen análisis nos ha convencido que bajar de peso no sólo es difícil, requiere de un profundo convencimiento de querer realmente hacerlo, sino que lo más probable es que volvamos a ganar el peso perdido. Hay que saber algunas cosas para evitarlo.

El Dr. Rodríguez tiene publicado unos seis libros la respecto de la obesidad, y el último de ellos, El Secreto de la Obesidad que está disponible en la web –gratis- en entregas semanales que él llama “hipótesis”. Siga el link indicado e ingresará al extraño mundo de la medicina de la gordura y la mala alimentación. Claro que, como el material de este sitio, no es apto para los que creen en el Establishment científico y el material que el Dr. Rodríguez le irá explicando chocará de manera violenta contra casi todo lo que usted creía acerca de alimentos sanos, vegetarianos, calorías, grasas, proteínas, colesterol y esas cosas que le amargan la vida a los excedidos de peso.

Hace unos meses atrás, me escuchó hablar en una radio de Rosario (88.1 FM), sobre algunas co-sas que dice otro disidente de la medicina, el Dr. Cambpell Douglass. Hablaba yo en una especie de columna semanal que tengo todos los jueves a las 11:30 horas, en una audición llamada “Agenda Abierta” que conduce el periodista Luis D'aloisio. Después de escuchar mis herejías, el Dr. Cesáreo Rodríguez me envió un ejemplar de su libro, que he leído, lo he vuelto a leer y sigo releyéndolo de manera constante porque hay cosas que hay que decantarlas para poder absorberlas en su totali-dad. Les dejo por ahora, con un extracto de su décima entrega del blog, para que les vaya “pican-do la curiosidad”. En el blog El Secreto de la Obesidad podrán hacer los comentarios que se les ocurran y disentir con el autor –o simplemente decirle: gracias!

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



Es ahora el momento de hacer algunas
reflexiones con respecto al colesterol.

por el Dr. Cesáreo Rodríguez

Para casi todo el mundo el colesterol no es menos que un peligrosísimo virus, una sustancia casi tan ominosa como un veneno.

Es más, y esto es lo peor, hay quienes se encargan de que esta idea se difunda y se acepte como otro axioma. De esa manera gran parte de la industria farmacéutica se beneficia con el masivo consumo de medicamentos destinados a disminuir sus niveles (medicamentos que la mayoría de las veces tienen más contraindicaciones que el mismo colesterol, especialmente por las enormes dosis que se prescriben).

Veamos como es la verdad de todo, según mi modo de ver las cosas (primero me basaré en la lógica, y luego en la evidencia):

El colesterol es otro de los elementos fundamentales para nuestra existencia.

A partir de él se elaboran las hormonas sexuales femeninas y masculinas, por lo que es el respon-sable directo de la perpetuación de las especies. Es la base en la fabricación de una hormona sin la cual en muy pocos minutos moriríamos: la cortisona. Basándose en su estructura, nuestro organismo, con la incomparable ayuda de la luz solar, puede fabricar la vitamina D, gracias a la cual nuestros huesos pueden capturar el calcio que los eburnifica.

Con él se fabrica la bilis, humor fundamental en nuestros procesos digestivos. Es el colesterol el que forma las membranas de los miles de millones de células que dan forma a toda nuestra anatomía. E interviene en una enorme cantidad de funciones más.

Pero desechemos todo lo último. Supongamos que no sirviera más que para la primera función que enumero: la fabricación de las hormonas sexuales. ¿Puede alguien creer que tan vital función, como es la de procrear para así mantener la perpetuación de todas las especies animales que habitan nuestro planeta, pueda depender de la mayor o menor facilidad conque se disponga de alimentos que lo contienen?

Y si alguien llegase a sostener eso, cómo podría explicar que las vacas y los toros, por ejemplo, pudiesen llegar a engendrar terneros, si tan solo se alimentan con vegetales, en los que jamás está presente el colesterol (él es una molécula que solo se encuentra en la materia orgánica de origen animal). Pues la solución a este supuesto enigma es extremadamente sencilla: Las vacas y los toros, y todos los demás representantes del reino animal, fabricamos nuestro propio colesterol, y lo hacemos, TODOS, a partir de una molécula muy elemental y omnipresente en toda la naturaleza viva: la glucosa.

Ella es el ladrillo con que se edifican cada una de las enormes moléculas del vital colesterol. Podría usted pretender retrucar mi hipótesis con el argumento de que los leones también se reproducen, entonces ¿Cuál es la materia prima para elaborar su colesterol, si ellos no consumen carbohidra-tos? Pues la respuesta también es simple: los leones, y los demás carnívoros, por supuesto (estric-tos o no), primero elaboran su propia glucosa y con ella su fundamental colesterol; y la capa de grasa que los proveerá de energía si no encontrasen, aun durante muchos días, materia orgánica con la que alimentarse.

¿Y cuál es la fuente de glucosa de los carnívoros?, pues simplemente la capa de grasa y las pro-teínas musculares de su oportuna presa. Ellos, los carnívoros tienen la capacidad (de la que nosotros carecemos, salvo necesidades extremas) de transformar, en su hígado, las grasas (y los músculos) de los animales, generalmente herbívoros estrictos (que, como dijimos más arriba, transforman en grasa de depósito los hidratos de carbono que consumen en exceso) de transfor-marlos, decía, en glucosa. Luego de conseguida, la usan como fuente de energía, o de sustancias químicas, plásticas o de reserva (tal cual como nosotros lo hacemos con los azúcares y los almido-nes).

Pero esto no es más que otra de mis hipótesis. Si otro mejor dotado puede explicarme con otros argumentos (basándonos ahora en la evidencia) por qué a mis pacientes, a los que les indico no consumir en forma cotidiana alimentos que tengan una gran cantidad de hidratos de carbono por unidad de medida, les baja el colesterol LDL, se les elevan los niveles de HDL, descienden sus valores de triglicéridos y ácido úrico, y, fundamentalmente, adelgazan (disminuyen sus grasas de reserva), y su explicación me convence, juro defender su hipótesis con el mismo entusiasmo con que defiendo ahora la mía.

Sin embargo a los hipercolesterolémicos a los que se les restringe la ingesta de grasas por tiem-pos prolongados, su problema aparentemente les mejora. Esto, según mi opinión no debiese ocurrir, pero, sin embargo, sucede en realidad. Mas no es ningún misterio. Es más: la respuesta es muy simple.

No solo comemos grasas animales porque son agradables al paladar y permiten diversificar nues-tra práctica gastronómica, sino porque son, fundamentalmente, “sustancias plásticas” (y muchos de sus componentes,”esenciales”) que están destinadas a elaborar elementos de reemplazo y repa-ración, y ayudar a fabricar un sinfín de productos químicos vitales.

Si a una persona se priva fuertemente de su ingesta durante un lapso suficientemente largo, como emergencia tendrá que echar mano a las ya fabricadas que forman parte de su estructura, y reci-clarlas. El colesterol y los triglicéridos que circulan en su sangre son los lípidos que están más al alcance. Luego, al utilizarlos para menesteres más vitales, sus niveles descenderán.

Lo que nadie asegura es que también descienda el ritmo de fabricación de esas substancias, que, le recuerdo, en los humanos se elaboran a partir de los carbohidratos. Creo que si esos dos ele-mentos son la real causa de la tan temida aterosclerosis, lo son a partir de un aumento en el ritmo de fabricación a nivel de las partes mas internas de las paredes arteriales.

Como consecuencia, me parece más lógico que en lugar de reciclar lo ya fabricado, morigeremos el ritmo de su fabricación, lo que puede conseguirse si se disminuye en forma muy importante el ingreso de la materia prima para esa elaboración: los hidratos de carbono.

Cuando los humanos consumimos una cantidad de ellos (harinas, azúcares, miel...) acorde a nuestras necesidades y sin cometer excesos en forma cotidiana, los mismos son combustionados en su totalidad gracias a nuestra actividad habitual. Pero si comemos más de lo que podemos utilizar (cosa de lo más corriente), el organismo acapara los exceso, como ya hemos visto. Es el hígado el encargado de esa vital operación: transforma los azúcares excedentes en substancias lipídicas y ellas se guardan en los depósitos destinados a ese fin, el tejido graso que tenemos debajo de la piel de casi toda nuestra humanidad, y entre los intestinos, fundamentalmente.

La capacidad de fabricar grasa de reserva en mayor o menor cantidad, es diferente entre una per-sona y otra, aunque consuman lo mismo y realicen la misma actividad física. Existe una predispo-sición genética, que no se puede modificar, mayor en unos que en otros para llevar a feliz ( o infeliz?) término esta adaptación que puede llegar a defendernos de posibles contingencias, de la posibilidad cierta que tenemos todos de tener que pasar largos períodos sin poder consumir ali-mentos en cantidades y calidades suficientes, y sobrevivir al trance.

Todos conocemos a personas que sin importar qué ni cuánto coman, se mantienen siempre delgadas, aunque ni siquiera realicen alguna actividad física de relevancia. Generalmente son envidiados por todos, pero no veo el porqué de la envidia. Ellos han nacido con una genética incapacidad de guardar grasas para alguna futura emergencia. Y les aseguro que cuando las emergencias ocurren, las cosas no les van tan bien.

Después que lea la Sexta Hipótesis entenderá mejor lo que quiero decirle.



Claro que todo lo que venía antes de el tema del colesterol, Décima entrega : "(en donde enten-derá que la gordura en los niños es algo que merece toda la atención del mundo). Novena Hipó-tesis: LA GORDURA EN LA NIÑEZ, lo deberán hallar ustedes en el blog del Dr. Rodríguez: El Secreto de la Obesidad.

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