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La Constante Sedición en Argentina

por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

El fantasma de la sedición ha preocupado siempre a los políticos, tanto es así que hasta se tomaron el trabajo de redactar un Artículo completo en la constitución de 1853 sólo para este tema, y que nadie se atrevió a modificar hasta nuestros días

Artículo 22 - El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición.

Parece que la gente no tiene muy claro qué es la sedición. Las enciclopedias la definen como sigue:

Sedición: (Del latín, seditio, -tionis, discordia, rebelión) f. Delito contra la segu-ridad interior del Estado que comete quien se alza públicamente contra ciertas autoridades estatales o clases sociales, o bien, intenta atacar violentamente a miembros del Gobierno o cargos destacados, destruyendo sus bienes. Este delito se consuma en el momento de iniciarse el alzamiento, aunque no se consigan los fines previstos. /* Sublevación de las pasiones.”

Fueron muchos y variados los ejemplos de sedición en la Argentina pos-1850, cuando representantes de las provincias argentinas decidieron conformar una Nación aceptando una larga serie de normas de convivencia que permitiesen el entendimiento entre sus habitantes y el pacífico progreso de la naciente república. También se ha olvidado el primitivo concepto que define a una Constitución: se trata, además de una serie de normas que permite fijar la extensión y los límites de los derechos personales de cada habitante del país, de una poderosa herramienta que fija los límites a los privilegios de los gobernantes para evitar que se atropellen y vulneren inicuamente los derechos de los ciudadanos a quienes dicen representar.

Las sucesivas reformas de la Constitución siempre han sido disfrazadas de “avances y mejoras para la población de la Nación”, cuando en realidad han sido para ir derogando todas y cada una de aquellas trabas que limitaban los privilegios de los políticos erigidos por turnos en dueños del gobierno -y amos y señores de las fortunas y libertades de los habitantes de la Argentina.

Durante la década del 90 se comenzó con la práctica del corte de calles y rutas, quemando neumáticos de autos para llamar la atención hacia algún reclamo vecinal no atendido por las autoridades. El miedo de las autoridades a ser catalogados de “represores” por las fuerzas de una izquierda envalentonada y prepotente, permitía que la protesta se mantuviese hasta que las cámaras de la televisión hubiesen registrado todo y los bomberos procedían a apagar el fuego de las barreras. El asfalto del pavimento había resultado dañado por el fuego y poco tiempo después las municipalidades o Vialidad Nacional debían reparar los daños. ¿Los gastos? Los paga el pueblo, por supuesto, ¿cuál otro idiota hay que se deje robar con tanta tranquilidad?

La crisis económica de diciembre de 2001 trajo a primer plano los desmanes y saqueos más terribles que se hubiesen vistos en muchos años (similares a los ocurridos durante el Cordobazo del 69) y permitió a algunos personajes políticos darse cuenta de que las bandas sediciosas podían organizarse y ser usadas como muy efectivas herramientas de presión política para conseguir cualquier cosa que a sus dirigentes (los dueños del movimiento piquetero) se les ocurriese.

A su vez, el actual gobierno Kirchnerista dio un paso más y se convirtió en moderador y principal usuario del movimiento piquetero, usándolo para sus propios y mezquinos fines electoralistas. Y finalmente se cae en la desgraciada situación en que la moda y la costumbre de alzarse en sedición piquetera por cualquier motivo, pone a dos naciones hermanas en un conflicto inútil y peligroso. Las plantas procesadoras de pulpa de celulosa, son “una espina clavada en la columna vertebral de la América Latina,” como diría con poca originalidad Eduardo Galeano. O en el costado izquierdo y derecho de Uruguay y Argentina.

Pero la actitud pasiva y temerosa de las autoridades con respecto a los piquetes no ha sido gratis y sin consecuencias. En los cortes de los sediciosos de Gualeguaychú la Gendarmería Nacional recibió órdenes de “proteger a los piqueteros”, es decir, están protegiendo a los sediciosos de las iras de las víctimas de la sedición, los camioneros que han sido tomados como rehenes por los ambientalistas “anti-papeleras”. Si alguien me hubiese dicho que vería algún día a los Gendarmes argentinos protegiendo a delincuentes a plena luz del Sol, me habría reído a carcajadas. Hoy tengo razones para preocuparme por el rumbo que nuestra Argentina está tomando: la obligada “obediencia debida” de los Gendarmes parece ser hoy una calle de una sola mano dictada desde una casta gobernante poco prudente y con demasiadas (y no muy claras) ambiciones.

Hemos llegado, finalmente, a “Argentina Año Rojo,” porque la de Año Verde se refería a una Argentina en que todo anda bien, y la burocracia no existe, los políticos no roban, la gente trabaja con alegría y paga los impuestos, los empelados públicos trabajan con eficiencia y atienden a la gente con cortesía, la Justicia realmente administra Justicia, los gobiernos proveen de educación, salud y seguridad pública, y cientos de otras cosas que están establecidas en la Constitución Nacional y otras miles de leyes complementarias, que los muchos gobiernos que hemos sufridos habían “olvidado”.

Pero en el Año Rojo, la justicia y los gobiernos miran sólo por el Ojo Izquierdo, también llamado el Ojo Castro-Chávez Cubano, y las cosas están de cabeza, con “las patas para arriba”. Y así sucede que en la propia cuna gubernamental, la Provincia de Santa Cruz, un piquete de petroleros que campeaba por sus fueros, sin control alguno, ataca una comisaría para rescatar a un dirigente detenido por orden de una jueza por haber provocado un corte de ruta. Un claro caso de sedición. Por primera vez en la Argentina pos-2001, un juez ordena una acción anti-piquetera basada en los preceptos más básicos de la Ley y de la Constitución Nacional. Los piqueteros mataron a un policía. ¿Y ahora qué? ¿Dirá el gobierno que los piqueteros pueden matar en defensa de legítimos reclamos? ¿Que pueden tomar rehenes? ¿Qué cortar rutas es un derecho constitucional? A lo mejor, ahora que cuenta con una Corte Adicta le den la razón en una acordada histórica.

Como dije en artículos anteriores, el pantano en el que el gobierno se ha ido metiendo se está haciendo cada vez más hondo y más “pegajoso,” y cada vez más sin posibilidad de regresar a terreno firme y seguro. Dice el refrán “Cría cuervos y te sacarán los ojos.” Los cuervos piqueteros, entre los de Gualeguaychú, los de Santa Cruz o los del Puente Pueyrredón, terminarán por sacarle los ojos al gobierno –a menos de que por fin caiga en cuenta de que existe una Constitución que debe ser respetada por todos los argentinos –aún por los aliados del gobierno, y por supuesto, por el gobierno mismo en primer lugar.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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