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ACERCA DE PAPELERAS, PAPELONES
Y SUBDESARROLLO AUTOINDUCIDO

 
Por Carlos A. Ortiz
Docente Universidad Nacional de Misiones
9 de mayo, 2005

Con muy fuerte componente mediático recientemente tomó estado público una protesta pública realizada en Entre Ríos, en contra de la instalación de fábricas papeleras en Uruguay, a la vera del río homónimo.

Tal como es una ya inveterada costumbre de la amplia mayoría de los medios televisivos, cuando de un tema ambiental se trata, “los medios” tienen una acentuada tendencia a mostrar solo un enfoque, constantemente favorable a todo tipo de reclamos, sin analizar la lógica, la fundamentación, y menos aún intentar hacer oír “la otra campana”.

Resultó muy claro observar que la metodología de protesta es la típica de Greenpeace: muchas pancartas, muchas frases rimbombantes, muchas “denuncias” de peligros potenciales casi nunca demostrados, muchas “frases hechas” muy pegajosas que “enganchan” a mucha gente de buena voluntad pero no entendida en el tema, etc. Hasta en los estadios de fútbol de Bue-nos Aires se vieron las consabidas pancartas de “No a las papeleras”.

Pero tal como decía Don Arturo Jauretche, hay que intentar “verle las patas a la sota”, o “ver que se traen abajo del poncho”. Tal como siempre repito a mis alumnos, es imprescindible utilizar la metodología de la duda permanente como base de los análisis, no dando por supuesto nada hasta que se haya sometido a análisis, así sea el del más elemental sentido común.

Los ultra ambientalistas por definición, y acordes a los dogmas del “Club De Roma” se oponen a todo lo que implique desarrollo socio económico, siendo de hecho partidarios y “punta de lanza” de la aplicación de la terrible filosofía del “crecimiento cero”...aplicable justamente y con la mayor crudeza a los países subdesarrollados. Eso en buen romance significa ni más ni menos que condenarnos al subdesarrollo crónico, lo cual equivale a la miseria crónica en su más abyecta dimensión de degradación humana. Ni más ni menos que un genocidio masivo a escala planetaria...excepto en los opulentos países de la “Sociedad Post Industrial”.

Tal como puede constatarse, los movimientos ultraecologistas se oponen prácticamente a toda nueva industria, a toda nueva gran obra pública, a la soja transgénica (“casualmente” hoy la mayor fuente de divisas de Argentina) y un largo etcétera. ¡¡¡Pero no ofrecen ninguna alternativa válida para el desarrollo y la creación de nuevas fuentes de empleos, excepto la remanida frase de los supuestos “extraordinarios potenciales turísticos”, como si solo con eso podría asegurar-se trabajo digno para todos!!!.

Podemos constatar que los países serios por supuesto explotan el turismo, pero no por ello se niegan al desarrollo industrial ni a la creciente modernización y ampliación de sus obras de infraestructura. Así lo demuestran Brasil, España, Suiza, otros países de la Unión Europea, EEUU, y un largo etcétera.

En el otro extremo podemos citar a países con condiciones naturales excepcionales para el turismo, como República Dominicana y otros estados isleños del Caribe, que explotan el turismo pero carecen de otras alternativas importantes de generación de empleo. En la mayoría de esos países la miseria socio económica es la constante; pues sus desarrollos tecnológicos e industriales son bajísimos o inexistentes. Es decir que el turismo por si solo no es suficiente para generar trabajo abundante para todos, así sea complementado con otras “alternativas ecológicas de producción”.

En Misiones tenemos tres grandes fábricas celulósicas y papeleras. Cada una de ellas es un factor de primerísima importancia para la generación de muchos puestos de trabajo en sus zonas de influencia; trabajos que por lo general –al ser especializados- tienen niveles de retri-bución bastante por encima de la media salarial vigente en esta querida pero empobrecida provincia.

Aquí que conocemos los efectos positivos de estos grandes conglomerados industriales, con seguridad a ninguno de los empedernidos y dogmáticos ultraecologistas (que también hay por estos lares) se les ocurriría montar una marcha de repudio contra las papeleras, ¡pues sería un verdadero papelón! (valga el juego de palabras), pues de seguro no contarían con muchos adeptos.

Menos aún se les ocurriría esa parodia de democracia que son los plebiscitos prearmados, en los que a la gente se la satura con una sola idea fija del NO a todo lo nuevo y NO al progreso.

Mas aún, en Misiones los usualmente muy ruidosos ecologistas antirrepresas, son notablemen-te callados aún para protestar en contra de los efluentes que las papeleras han volcado por años a nuestro majestuoso Río Paraná.

Esos efluentes contaminantes se volcaron en grandes cantidades al río (los he visto y pude sentir sus penetrantes y desagradables emanaciones de olores, en algún raíd náutico realizado entre Iguazú y Posadas. Pero sin duda que tienen que existir los medios técnicos para impedir el volcado de esos efluentes, tratándolos adecuadamente en las plantas industriales antes de ser liberados a la atmósfera y a las aguas. ¡Pero de allí a pasar al disparate de pedir el cierre de las plantas celulósicas y papeleras, hay una enorme diferencia!

Pretender impedir una importantísima inversión (la mayor que ha recibido Uruguay) y la genera-ción de 4.000 puestos de trabajo directo, en lugar de exigir todas las medidas de cuidados ambientales (que pueden y deben realizarse), evidentemente es una monstruosa incoherencia.

Pero debe hacerse notar que ese “papelón” ha sido también protagonizado por las actuales autoridades de Entre Ríos, y precisamente por el mismo gobernador que pocos años atrás se prestó al juego de política de muy bajo vuelo, perfectamente funcional con el ultraecologismo, que significó la Ley Antirrepresas de Entre Ríos. La misma ley que en su momento abortó la construcción de Paraná Medio, eliminando una enorme fuente potencial de limpia energía hidroeléctrica, la cual, ¡oh paradoja!, tuvo que ser reemplazado por varias usinas termoeléc-tricas alimentadas con petróleo o gas, y por ende mucho más contaminantes; además de quemar recursos naturales no renovables y no abundantes en Argentina.

En todo este aquelarre vergonzoso, deben destacarse algunos hechos muy significativos:

  • El sepulcral silencio de la enorme mayoría de nuestra dirigencia política de nivel nacional, provincial y municipal (estas dos últimas consideradas en las distintas provincias y muni-cipios). En algún caso las opiniones no salieron de los “clichés” preestablecidos y “políti-camente aceptables”, aunque signifiquen barbaridades técnicas sin sustento.

  • Referente a lo anterior, el generalmente muy pobre nivel de información seria y bien fundamentada que maneja buena parte de nuestros diversos niveles dirigenciales (incluyendo a los estamentos políticos, gremiales, académicos, empresariales, de “fuerzas vivas”, etc).

  • La clara tendenciosidad proclive al ultraambientalismo de los medios de difusión de cobertura nacional, principalmente la TV; seguramente muy influenciados por los exten-sos y seguramente muy bien pagos minutos de publicidad directa y encubierta, que deben solventar las transnacionales de la ecología.

  • La carencia –desde hace muchos años– y sólo parcialmente revertida en este período presidencial, de una clara y fuerte política industrialista. A propósito, ¿no hubiese sido mejor que los cuatro mil nuevos puestos de trabajo se hayan creado del lado argentino, en vez de las reclamaciones huecas, que solo ahuyentan inversiones y no generan alter-nativas válidas de trabajo bien remunerado en gran escala?

  • El fundamentalismo ecologista sigue siendo usado como la excusa perfecta para con-cretar el subdesarrollo autoinducido; haciendo olvidar a nuestro pueblo la imperiosa necesidad de concretar un fuerte proceso de desarrollo socio económico autosustenta-ble, para el cual el desarrollo tecnológico e industrial, así como las grandes obras de infraestructura, son piezas vitales e imprescindibles. Lo contrario es condenarnos a la miseria estructural y al subdesarrollo crónico, prolegómenos claros de la subsecuente disgregación nacional; proceso al cual contribuye el pobre nivel actual de la educación argentina en los tres niveles, sobre todo a partir de las nefastas “reformas educativas” implementadas en las últimas dos décadas.

  • ¿Pueden esos señores fundamentalistas de la ecología, los políticos oportunistas que les hacen el juego, y la buena gente que ingenuamente se prende de esos reclamos, explica-rnos como reemplazarán al papel, si se oponen frontal y totalmente a toda planta indus-trial celulósica y papelera? ¿O volveremos a los papiros, las tablillas de arcilla y las escri-turas toscas sobre piedras?

¡Argentina, despierta de tu largo letargo! ¡Argentinos, manos a la obra! ¡Podemos y debemos construir un gran país!
 

C.P.N. Carlos Andrés Ortiz
Docente – Investigador
Facultad de Ciencias Económicas –
Universidad Nacional de Misiones


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